Recuerdos de la Selva Mayor

Alcalá de la Selva se sitúa al inicio de las hoces del río Alcalá.

Publicado en: Verde Teruel, n º 65, Teruel, 2024, 86-90

Javier Ibáñez González & Rubén Sáez Abad

 

1174-2024. El 850º aniversario de la donación de Alcalá de la Selva a la Abadía de La Sauve-Majeure.

El devenir del siglo XII fue esencial para la actual provincia de Teruel. Durante esa centuria, este territorio pasó de estar dividido entre varios reinos de taifas andalusíes (Zaragoza, Valencia y Albarracín), a pertenecer en su mayor parte al Reino de Aragón. Entre estos dos hitos, nuestra provincia fue testigo de la expansión del califato almorávide, de la conquista de gran parte de ella por Alfonso I El Batallador, de la reconquista almorávide tras la muerte de este monarca aragonés, de los segundos reinos de taifas, de la definitiva incorporación al Reino de Aragón y de la amenaza del Imperio almohade.

Sin duda, una centuria muy ajetreada, que supuso la casi total despoblación del territorio por parte de sus habitantes hispanomusulmanes y el inicio de la implantación de repobladores del Norte de Aragón, Navarra y Francia. Y como fruto de este proceso, la creación de los actuales pueblos, algunos asentados sobre antiguas alquerías andalusíes; el establecimiento de las bases del paisaje rural tradicional, que ha subsistido hasta nuestros días; y, como efecto secundario (que no menor), el reparto del territorio entre villas de realengo (como Teruel, Daroca o Albarracín) y señoríos de la nobleza laica, órdenes militares (templarios, sanjuanistas, Monte Gaudio, santiaguistas, calatravos…) y distintas mitras (Zaragoza, Tarazona o Tortosa). A finales del siglo XII, la parte de la provincia de Teruel en la que el Reino de Aragón había consolidado su dominio, se había transformado en un complejo mosaico jurisdiccional que perduró, con paulatinos pero muy significativos cambios, hasta 1837.

Durante esta crucial etapa de nuestra historia, una parte de las tierras turolenses pasó a pertenecer a una lejana abadía francesa, en cuyas manos estuvo durante casi doscientos años.

 

La Abadía de la Selva Mayor.

Para dar comienzo a nuestra historia, todavía tenemos que retroceder un siglo más; concretamente hasta el año 1079, en el que fray Gerardo de Corbie funda un nuevo monasterio gracias al apoyo del duque Guillermo VIII de Aquitania. Con ello, fray Gerardo quería promover una nueva comunidad religiosa que se ajustase mejor a sus ideas religiosas, más estrictas que las existentes en otros monasterios en los que había estado. El lugar elegido para la nueva abadía fue un extenso bosque cercano a Burdeos, conocido como la Silva Maioris.

Muy pronto, este lugar pasó a ser un importante hito dentro del tramo francés del Camino de Santiago; lo que favoreció una estrecha relación con el Reino de Aragón, por entonces un pequeño estado pirenaico cuya principal ciudad era Jaca. Su rey Sancho Ramírez, que ascendió al trono poco antes de la fundación de la nueva abadía, le donó distintas posesiones en la zona de las Cinco Villas y Monzón.

Fray Gerardo falleció en 1095, siendo canonizado un siglo después. A su muerte dejo una próspera e influyente abadía, que llegó a contar con 51 prioratos distribuidos por Francia, España e Inglaterra.

 

La frontera Sur de Aragón, un complicado escenario.

Alfonso I El Batallador fue el primer gran artífice de la expansión del Reino de Aragón por lo que ahora es la provincia de Teruel. En 1118, de forma simultánea a la conquista de Zaragoza, incorporaba a su reino diversos enclaves en el Sistema Ibérico, entre los que se encontraba el Castillo de Alcalá. La Batalla de Cutanda (1120) le permitió consolidar ese dominio. Pero a su muerte, la frontera se derrumbó y perdió una parte del territorio conquistado, incluido Alcalá.

Medio siglo después, Alfonso II, nieto del hermano de Alfonso I, protagonizó la segunda gran expansión por tierras de Teruel. Pero si la situación al principio parecía favorable, la incorporación del reino taifa de Valencia al califato almohade en 1171, generó una gran preocupación. Los almohades tenían una visión más rigorista del Islam que los dirigentes de los reinos taifas; y estaban dispuestos a recuperar todos los territorios que anteriormente habían estado en manos musulmanas. Tenían un gran poder, controlando todos los antiguos estados hispanomusulmanes, además de Marruecos, Argelia, Túnez y parte de Libia; y habían conseguido derrotar en varias batallas a castellanos y portugueses. Además, el domino aragonés de las tierras de Teruel era muy frágil, ya que se trataba de un espacio casi totalmente despoblado, sin gente para defenderlo.

Por ello, Alfonso II se vio obligado a recurrir a todos los medios a su alcance para controlar el territorio: fundó la villa de Teruel, concediendo a sus habitantes un ventajoso fuero y un extenso territorio (1177), que pronto se fue llenando de aldeas. También entregó señoríos para su defensa y repoblación a las órdenes militares, a la nobleza laica y a varias mitras. En este alarmante contexto, tomó una decisión no exenta de riesgo: entregar el Castillo de Alcalá a la abadía de la Selva Mayor para que lo repoblara y defendiera sus términos. Lo que obligó a estos pacíficos monjes benedictinos, dedicados al ora et labora (“reza y trabaja”), a transformarse en monjes guerreros, dispuestos a combatir con las armas al enemigo sarraceno, al igual que lo hacían los freires templarios, sanjuanistas o de Monte Gaudio. El documento en el que se establece la cesión no deja margen de duda en cuanto a la actitud que tenían que adoptar, refiriéndose expresamente a su contribución a la “destructionem Sarracenorum”,

Y como incentivo para sus operaciones militares, les exoneró del pago de la quinta parte del botín obtenido en el saqueo del territorio musulmán, que habitualmente debía entregarse a la Corona. Aunque los monjes de la Selva Mayor nunca llegaron a tener el estatuto de orden militar, de facto, en el Sur de Aragón se convirtieron en ello. Años después les donaron otras posesiones en tierras turolenses para su repoblación, como las Cuevas de Domingo Arquero (1208), lo que indica que estos monjes consiguieron desempeñar bien su nuevo cometido en esta primera línea defensiva. También debieron participar en la conquista del Reino de Valencia, como lo demuestra que el rey Jaime II les entregase los castillos de Algimia, Almedíjar, etc. El prestigio de los monjes no debió ser menor, ya que incluso un rey castellano, Fernando III, les donó distintas posesiones para su defensa en el valle del Júcar, como el castillo de Alcalá del Júcar; pero no llegaron a implantarse ni en tierras castellanas, ni en las valencianas.

Mientras tanto, en la abadía madre cercana a Burdeos, los monjes siguieron con su ora et labora.

Dos siglos de relación.

Los monjes de la Selva Mayor se mantuvieron en Alcalá de la Selva hasta mucho después del definitivo alejamiento de la “amenaza sarracena”. Fue otro conflicto bélico el que precipitó su partida: la Guerra de los Dos Pedros, entre los reinos de Aragón y Castilla, en la cual su castillo conventual fue parcialmente destruido. A raíz de ello, los monjes decidieron vender el señorío a los Fernández de Heredia (1375). Tras abandonar las tierras turolenses, los frailes de esta congregación ya no volvieron a desempeñar funciones militares.

A la Abadía de la Selva Mayor en Gascuña tampoco le fue muy bien en este periodo. Durante la Guerra de los Cien Años (1337-1453) se ocasionaron importantes daños en la “casa madre”, que entró en decadencia. Posteriormente, distintos acontecimientos (incluido un terremoto) debilitaron aún más su abadía, hasta que fue definitivamente clausurada durante la Revolución Francesa.

Grabado de la abadía de La Sauve-Majeure, de Leo DROUYN (1851), Album de La Grande-Sauve dessiné et gravé a l’eau-forte, Bordeaux (BNF).
Estado actual de la abadía de La Sauve-Majeure, en la comuna francesa de La Sauve (departamento de Gironde).
Mapa de distintas donaciones realizadas a la Selva Mayor, plasmadas sobre el mapa “L’Espagne 1027 a 1212” de Antoine Ph. HOUZE (1844, Atlas historique et geographique de l’Espagne, Paris).
Distintas perspectivas del Castillo de Alcalá, realizadas por Mamfredo Fanti en 1840 (SGE), modificado: “Vista tomada desde el punto 4 (Molinos) al Oeste” (izq.); “Vista tomada desde el punto b (Alto de Tumborrubio) al Norte” (der.).
Alfonso II, obra del escultor José Gonzalvo. Este monarca fundó la villa de Teruel como cabeza de la frontera meridional del Reino de Aragón y baluarte frente a la expansión almohade.
Alcalá de Jucar (Albacete), castillo donado por el rey Fernando III de Castilla a los freires de Alcalá de la Selva en 1224.

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