
Vista aérea del Castillo de Alcalá de la Selva.
Publicado en: Verde Teruel
Javier Ibáñez González & Rubén Sáez Abad
1174-2024. El 850º aniversario de la donación de Alcalá de la Selva a la Abadía de La Sauve-Majeure.
El legado de la Selva Mayor en el casco urbano de Alcalá.
A pesar de que han pasado seis siglos y medio de la marcha de Alcalá de los monjes de la Selva Mayor, aún se conservan relevantes construcciones en el casco urbano, de las que fueron titulares.
La más visible es el Castillo, que anteriormente había sido una fortaleza andalusí. Las excavaciones arqueológicas han permitido identificar parte de las estructuras pertenecientes a su etapa de castillo conventual. Los monjes de la Selva Mayor reutilizaron durante varias décadas las antiguas construcciones hispanomusulmanas, hasta que, a mediados del siglo XIII, erigieron un edificio de nueva planta, perfectamente adaptado al espolón rocoso sobre el que se asienta. Contaba con un estrecho y alargado patio central, que debió servir de claustro, dentro del que se conservó un aljibe andalusí, forrado de una excelente sillería. En torno al patio estaban los edificios que acogían las distintas dependencias conventuales: sala capitular, refectorio, habitaciones de los frailes, capilla y dependencias auxiliares. Aunque el arrasamiento de la construcción septentrional impide establecer su función, en el edificio meridional, mejor conservado, se han identificado cuadras, almacenes y/o bodegas.
Al Sureste se mantiene la base de la torre del homenaje, que sobresalía en planta y altura del resto del conjunto; posteriormente, sobre ella se asentó el edificio principal del castillo de los Fernández de Heredia. En el extremo occidental había un aljibe de grandes dimensiones tallado en la roca, que también debió ser de origen andalusí.
Además del Castillo, los monjes de la Selva Mayor también construyeron las murallas que protegían la villa de Alcalá. Aunque al principio debieron reutilizar también el antiguo recinto del asentamiento hispanomusulmán, pronto levantaron unos potentes muros que rodeaban toda la población. Del recinto se conserva un pequeño portal, contiguo a la oficina de turismo. También una alta torre, situada en la esquina Suroriental del recinto, así como un imponente lienzo de muralla; pero, a pesar de su considerable altura, cuesta diferenciarlo por las casas adosadas al mismo.
Dentro de este recinto amurallado, junto a la subida al Castillo, se encontraba la antigua iglesia parroquial de San Simón y San Judas. Fue construida a finales del siglo XII o en las primeras décadas del XIII. Aunque únicamente se conserva la portada románica, tenemos mucha información documental sobre la configuración del templo; tenía tres tramos más el presbiterio, separados por los arcos que soportaban la cubierta. Contaba con una torre en la que, además de cinco campanas, había un pequeño cuarto para conjurar nublados, alejar las tormentas para que no arrasasen los cultivos.
Además, los monjes de la Selva Mayor establecieron la traza urbana de la parte antigua de la villa de Alcalá. El espolón sobre el que se asentaba el casco urbano tenía una fuerte inclinación, lo que obligo a crear una intrincada red de callejuelas, articuladas por dos calles principales (las actuales Castillo Alto y Castillo Bajo) que seguían las curvas de nivel, con algún paso cubierto que comunica los viales principales.
Unas huellas dispersas por todo el término municipal.
Ya fuera del casco urbano, el Santuario de la Virgen de la Vega también fue creado en los tiempos en los que los monjes de la Selva Mayor regían los destinos de Alcalá. Pero el templo que ellos levantaron no se corresponde con el edificio actual. La construcción antigua fue descubierta en las excavaciones arqueológicas realizadas con motivo del cambio de pavimento, en 2009. Parte de los restos detectados se pueden ver gracias a las “ventanas arqueológicas” cubiertas con cristales pisables.
El edificio data de fechas avanzadas del siglo XIII o ya de principios del XIV. Tenía unas considerables dimensiones, parecidas a las de la iglesia parroquial; al igual que ésta, era un templo de una única nave, dividida en tres tramos más el presbiterio y con cubierta sustentada mediante arcos diafragma. Su cabecera era recta y su altar se situaba en el lugar en el que la tradición indicaba que se había aparecido la Virgen sobre un espino. Tenía dos puertas, una a los pies del templo y otra más ancha en el lateral meridional. La talla de la Virgen de la Vega, sedente, con el Niño y una manzana en la mano, también es de ese momento, aunque ha sido objeto de múltiples transformaciones.
Pero la presencia de los monjes está patente en muchos más rincones del municipio. Es posible que durante las dos centurias que permanecieron en Alcalá se construyera la Ermita de Santa Quiteria (posteriormente de San Antón), situada en la elevación en la que se encuentra la famosa Piedra del Sapo. También puede datar de ese momento alguno de los molinos situados al pie del casco urbano, en las primeras hoces del río. Estas estructuras hidráulicas constituían una importante fuente de ingresos para los titulares del señorío, ya que todo el trigo cosechado en los campos del municipio debía ser molido en esas instalaciones. Pertenecerían a los monjes, que seguramente arrendarían su explotación.
Su impronta también trasciende a la organización del paisaje rural tradicional, cuyos principales ejes articuladores se crearon durante el tiempo en que ellos ejercieron su señorío. Otro tanto se puede decir de una importante proporción de las masías que han subsistido hasta nuestros días; aunque éstas fueran construidas por los masoveros, se establecieron en el lugar asignado por los monjes, dentro de las tierras más alejadas de la villa, en fechas avanzadas del siglo XIII y durante la centuria siguiente. Algunas de estas masías estaban fortificadas, siendo necesaria la autorización de los titulares del señorío para su construcción.
A pesar de que ya han trascurrido casi seis siglos y medio de la marcha de los monjes de la Selva Mayor, todo el territorio permanece aún impregnado de esa pretérita presencia, que tan importante resulta para entender el pasado y el presente de Alcalá de la Selva.
Las Salinas de la Salobreja: la impronta de la Selva Mayor en Monteagudo del Castillo.
A finales de agosto de 1208, Pedro II de Aragón concedía los diezmos y primicias de su heredad de Salobreia al monasterio de la Selva Mayor y a sus monjes establecidos en Alcalá. Algo más de seis décadas después, en febrero de 1270, el rey Jaime I entregó, entre otras, las salinas de Alcalano al Concejo de la villa de Teruel.
En realidad, la heredad de Salobreia y las salinas de Alcalano son una misma cosa: las antiguas salinas de las Casas de la Salobreja, en el término municipal de Monteagudo del Castillo, en el límite con Alcalá de la Selva. Ambas concesiones son compatibles, ya que a la Selva Mayor le entregó las rentas eclesiásticas y al Concejo de Teruel la explotación de las instalaciones a cambio de una renta anual. El topónimo de 1208 corresponde a una fuente salinitrosa, pero en 1270 ya se hace referencia a una instalación en la que se explotaría sistemáticamente este recurso, muy importante en una zona de clara vocación ganadera.
En las Casas de la Salobreja aún se identifican dos “tablares” de 1.000 y 2.500 m2, que agruparían un número no precisado de “eras” (receptáculo donde se evapora el agua salinitrosa); junto a éstos, hay dependencias que suman los 1.300 m2 de superficie, con almacenes de grandes dimensiones; y toda una red de antiguos canales que llevaban el agua a los tablares y recogían los sobrantes. A 40 m. del conjunto hay una ermita, dedicada a San Juan. También se detecta la presencia de cerámica común bajomedieval. Aunque la configuración de estas instalaciones difícilmente se puede remontar a los tiempos de la Selva Mayor, sin duda este emplazamiento es el mismo que estaba vinculado a estos monjes, y en su subsuelo podrían conservarse evidencias arqueológicas de este periodo.

Plano de las estructuras identificadas de la fase del Castillo de la Gran Selva, incluidas las estructuras anteriores reutilizados en esta fortaleza.

Detalle del aljibe andalusí que los monjes de la Selva Mayor conservaron en la parte central de su castillo.

Sucesión de muros y fases constructivas conservadas en el ala meridional.

Zona central del Castillo durante el proceso de excavación: patio (A); entrada al aljibe pequeño (B); edificio Sur (C); y edificio Norte (D).

Vista meridional del Castillo: torre del homenaje de la etapa de la Selva Mayor (A); muro meridional de esta misma fase (B); y torre del homenaje de los Fernández de Heredia (C).

Vista aérea del Castillo y de la parte más antigua del casco urbano de Alcalá: Castillo (A); afloramiento rocoso utilizado como muralla (B); segundo recinto fortificado (C); y antigua iglesia románica de San Judas y San Simón.

La muralla alcanza su máxima altura (unos 12 m.) en la esquina de la C/ Castillo Bajo nº 5, donde debía existir un torreón sobresaliendo sobre el alzado (esquina de sillería).

Portal de la calle Castillo Bajo.

Antigua portada románica de la parroquial de San Simón y San Judas.

Plano de los recintos amurallados de Alcalá de la Selva.

Planta del Santuario barroco de la Virgen de la Vega (muros en color beige), dentro del cual aparecieron los restos del templo de la etapa de la Selva Mayor (muros de colores rojizos y vanos y altar de color amarillo).

Vista general de los restos arqueológicos descubiertos en la nave central del Santuario de la Virgen de la Vega, durante el proceso de excavación.

Fachada principal del molino de Villanueva, en la que se ve el cárcavo de salida de una de sus dos muelas. Se sitúa en una hoz del río Alcalá, al pie del Castillo.

Masía del Carrascalejo. Al fondo, la Muela y el Chaparral.

Masada de Fuendelala de Arriba (Alcalá de la Selva), actualmente en un lamentable estado de ruina.

Masada del Collado de las Fuesas (Alcalá de la Selva), mas fortificado del que se conserva la base de una torre. Podría datar de una fase muy avanzada de la etapa de la Selva Mayor.

Restos del caserío de la Salobreja (Monteagudo del Castillo), donde se situaba la Salobreia o las salinas de Alcalano.




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