Masía de la Torre o Torre de Espejo, un ejemplo excepcional de mas fortificado

Situación de la Masía de la Torre respecto a Villaspesa y su vega, a la antigua Dehesa del Carrascalejo y al límite actual e histórico de Villastar.

Publicado en: 2021

Javier Ibáñez González, Rubén Sáez Abad & José F. Casabona Sebastián

 

Junto a la vega del río Turia, a poco más de 5 km. al Sur del Casco Histórico de Teruel, se localiza la Masía de la Torre, conocida en los siglos XVIII-XIX como Torre de Espejo. Se trata de un conjunto que reúne una serie de características poco habituales, que lo singularizan y lo colocan en los propios límites del fenómeno del mas fortificado

El conjunto ocupa la parte alta de una pequeña loma, ubicada en la margen derecha del río Turia, en la zona de contacto entre la vega y el monte. Junto a ella discurre la actual carretera N-330, que une Teruel con Cuenca y el Rincón de Ademuz. El caserío está formado por varios edificios adosados, destacando el robusto cuerpo de la torre fortificada por encima de todos ellos.

 

Referencias bibliográficas y documentales.

Pese a la visibilidad de la estructura, contigua a una carretera muy transitada, a su proximidad a la capital de provincia y a su buen estado de conservación, desde el ámbito de la investigación se le ha prestado escasa atención a la Masía de la Torre. Es posible que esta circunstancia sea parcialmente atribuible a la aparentemente escasa información documental sobre la misma, que podría obedecer, en gran medida al obstáculo ocasionado por los posibles sucesivos cambios del topónimo con el que se la ha conocido a lo largo del tiempo.

José Luis Gordillo (1974), en su estudio sobre las fortalezas templarias del Sur de la Corona de Aragón, planteó la posibilidad de que esta torre fuera de origen templario y que estuviera asociada con "Bellestar" (Villastar), alquería incluida en el espacio asignado por Alfonso II para la repoblación de Villel (1180). En 1187, este territorio pasó a manos de la Orden de Monte Gaudio; y en 1196 a las del Temple. Esta última orden, otorgó carta de población a "Bellestar" en junio de 1264, en la que se reservaba, entre otras dependencias y derechos, la "torre et casa" señoriales; estas estructuras son las que Gordillo indicó que podrían identificarse con la Masía de la Torre (que erróneamente nomina “Torre de Villastar”), aunque con un amplio margen de dudas: “resulta difícil comprometerse a asegurar que esa fuera la torre de los templarios; pero no hemos encontrado otra y su tipo de construcción no la contradice” (GORDILLO, 1974, 77). Cristóbal Guitart (1986, 138-139; 1999, 74) dio por buena esta hipótesis, considerando que data de “los tiempos inmediatamente posteriores a la reconquista de Teruel” (GUITART, 1987, 74).

Sin embargo, esta identificación es sumamente improbable, ya que la Masía de la Torre se localiza fuera de los términos asignados a Villel por Alfonso II en febrero de 1180; de hecho, se localiza a más de 1,5 km. al Norte de la “rambla del mont” que “sube a somo del Champiello” (actualmente conocida como Rambla del Molino), límite marcado entre Villel y Teruel en 1180. Tras la segregación de Villastar de Villel con los templarios, el límite se mantuvo, según queda reflejado en las sucesivas amojonaciones y en los reiterados pleitos entre los de Teruel y los de Villastar-Villel, que en algún caso llegaron al enfrentamiento armado por temas jurisdiccionales. Dichos límites han perdurado hasta la actualidad.

Por ello, la primera referencia segura a esta estructura data de 1744, momento en el que aparece representada en el detallado “Mapa de los términos de Villastar y Villaespesa y sus alrededores, junto al río Guadalaviar” (AHPZ - C/MPGD/000165), firmado por Cipriano de la Plaza (posible autor del mismo), Pedro Gerónimo Rubio e Ildefonso Joaquín Pérez. Esta interesante representación cartográfica forma parte de la documentación incorporada a un pleito instruido en la Real Audiencia de Aragón a instancias de la Ciudad y Comunidad de Teruel contra la villa de Villastar, por la construcción de un azud (AHPZ - J/014595/000004).

En este mapa, la Masía de la Torre aparece nominada como “Torre Espejo”, topónimo que vincula el conjunto estudiado con los Espejo, destacado linaje del Sur de Aragón, documentándose la posesión de esta masía por parte de dicha familia en fechas posteriores. Durante la Edad Moderna, los Espejo llegaron a poseer una importante nómina de masías en el entorno de la Ciudad de Teruel (Torre de Vega Dornos) y de la Sierra de Albarracín (Torre Cavero, Mas de Ligros, Mas de Dornaque, etc.), algunas de ellas también fortificadas.

Con la información disponible, no es posible establecer si esta construcción fue erigida por los Espejo o, lo más probable, fuera construida por otro de los muchos linajes con los que éstos se entroncaron (los Dolz, Marcilla, Sánchez Muñoz, Heredia, etc.), pasando a formar parte de su patrimonio por matrimonio o herencia.

En 1865, la posesión de la Masada de Torre de Espejo estaba en litigio en la Real Audiencia de Aragón entre José Vicente de Espejo, marqués de Castejón y Teresa González Castejón, marquesa de González de Castejón (AHPZ - J/015692/000011).

 

Un emplazamiento y un escaso volumen de tierras muy poco habituales.

La implantación de las masías fortificadas puede considerarse como un fenómeno complejo, que aúna el mas, masía o masada, un sistema de poblamiento y explotación del territorio muy extendido en determinados territorios, con la torre, una estructura defensiva y de prestigio. Esta fusión da lugar a una tipología específica, ligada, al menos en origen, a la baja nobleza y a oligarquías rurales y urbanas. Y es en este primer punto de partida, donde surgen las primeras características que singularizan la Masía de la Torre o de Torre de Espejo, colocándola en los propios límites de esta tipología.

La  masía es un pequeño lugar de habitación, generalmente unifamiliar, vinculado a una unidad de explotación económica de carácter agropecuario y, frecuentemente, forestal. Se implantó masivamente en el Sur de Aragón en una fase avanzada del proceso de repoblación cristiana, vinculándose generalmente a la compartimentación y dispersión de recursos agrícolas de las serranías turolenses. En origen, las masías ocupaban los amplios espacios existentes entre las distintas villas y aldeas, favoreciendo la explotación de tierras y el aprovechamiento de pastos y bosque de zonas alejadas de los núcleos concentrados de población. Tenían asociadas extensas propiedades de varias decenas (a veces cientos) de hectáreas de terreno, en las que estaban presentes los campos de cultivo (con un dominio absoluto de secano), los pastos y, frecuentemente, zonas de bosque. Como regla general, las masías fortificadas solían tener un predio más extenso y rico que la media de las masadas del territorio en el que se encontraban.

Sin embargo, la Masía de la Torre se sitúa muy cerca de un núcleo de población concentrada (Villaspesa, aldea de Teruel, a tan solo 1 km. de distancia), entre la Vega de Villaspesa - Río Turia (intensamente fraccionada y explotada por los villaspesinos y los propios turolenses) y la extensa dehesa del Carrascalejo (que durante la Baja Edad Media y la Edad Moderna perteneció al Concejo de Teruel). Por ello, la Masía de la Torre no tenía asociada una heredad lo suficientemente extensa y continua como para justificar la presencia de una “masía tradicional”. Tan sólo incorporaba alguna posible porción de vega y unos campos de secano de mala calidad, ganados a la dehesa; y lo más probable es que buena parte de estos últimos fueran incorporados en fechas tardías.

Aunque conocemos el caso de alguna masía fortificada próxima a una vega y situada relativamente cerca de un núcleo de población (aunque la distancia es más del doble que la de la Torre), el terreno que tiene asociado es sensiblemente mayor y forma un espacio continuo.

En estas circunstancias, no se cumple una de las características esenciales de las masías fortificadas “clásicas”: su integración en una unidad de explotación agropecuaria; aunque sí que reúne las otras tres: lugar de habitación en el ámbito disperso, estructura defensiva y carácter de prestigio.

 

Las características de la torre.

El elemento más visible del conjunto es la torre, parcialmente envuelta por el resto de los edificios de la masía. Posee planta rectangular, de 7,35 por 5,40 metros; su situación junto a un pequeño escarpe de la terraza fluvial (recrecido con un relleno de tierra), conlleva importantes diferencias en la altura de la fachada, que va desde los 12 m. de la fachada occidental, a las 13,5 m. de la meridional y los más de 15 m. de la oriental; consta de cinco plantas (una de ellas subterránea) más la plataforma superior almenada, con una altura total estimada de entre 16,5 y 17 m. (incluida la planta subterránea).

En su construcción se combinó la fábrica de ladrillos en las esquinas, con los encofrados de calcina en la parte central del paramento. También se documenta el uso de la mampostería en la planta subterránea, en el muro contra el escarpe de la terraza fluvial.

A media altura se aprecia un cambio de fábrica en todas las fachadas visibles (a unos 4,8 m. en la fachada occidental, 6,3 m. en la meridional y más de 7,8 m. en la oriental). Coincide con la parte inferior del cuarto nivel. Aunque se aprecia una cierta corrección en el alineamiento y un cambio en el aparejo de las fábricas de ladrillo y el módulo de los encofrados, se mantiene el tipo de materiales empleados y apariencia general.

En la parte inferior de la torre (hasta el cambio de fábrica), los ladrillos empleados son de 30 x 14,5 x 3,5 cm., medidas similares a las habituales en la villa de Teruel y ligeramente más estrechos que los indicados en el Fuero de Teruel. Están colocados a soga y trabados con una gruesa junta de calcina en la mayor parte de las esquinas visibles; igualmente, la mayor parte de las esquinas que conforman tienen una disposición “en cremallera” respecto a la fábrica encofrada, lo que facilita su trabazón con la misma. Sin embargo, en la parte inferior y media de la esquina Noroccidental, los ladrillos están dispuestos a soga y tizón, trabados con mortero de yeso y con una junta algo más fina; además, la esquina carece de la disposición “en cremallera”, disponiéndose como una fábrica vertical. Estas diferencias en la esquina Noroccidental, y su posible trabazón con la arquería de la que hablaremos más adelante, permiten apuntar la posibilidad de que se trate de una fábrica realizada con anterioridad a la de la propia torre, aunque, posiblemente, dentro de la misma etapa constructiva.

La fábrica encofrada de la parte inferior de la torre parece ser similar en todas las fachadas, con cofres de unos 94 cm. de altura. También parece ser común la composición de la fachada, con un vano central en la tercera planta. Los de la fachada meridional y occidental se encuentran tapados por un revestimiento de cemento, pero las irregularidades en el mismo y las fotografías existentes anteriores a las obras de finales de los años 80, nos permiten conocer sus dimensiones (110 cm. de anchura por 230 cm. de altura máxima) e identificarlos como puertas; la integración de los ladrillos del arco rebajado que las conforma en la propia fábrica encofrada de calcina (al menos en el de la fachada meridional), indica que fue realizado de forma simultánea a la construcción de la torre. Más difícil resulta analizar el vano de la fachada oriental, que se encuentra profundamente remodelado y que en las fotografías previas a la reforma de los años 80 tenía una configuración de ventana, cerrada con una rejería. En dichas fotografías también se observa la existencia de una posible aspillera en la parte inferior de la fachada meridional.

La parte superior de la torre, por encima de la línea de cambio de fábrica, mantiene la misma alternancia de fábricas de ladrillo y encofrado (no sabemos si de calcina o de tapial calicostrado), y la composición en cremallera de las esquinas. No obstante, en las fábricas de ladrillo el aparejo es distinto (alternancia de hiladas a soga y tizón, aunque con muchas irregularidades), las piezas parecen tener algo menos de espesor y las juntas de mortero (posiblemente de yeso) son más finas. También hay diferencias en los cofres empleados, que eran más pequeños (unos 70 cm. de altura); y las agujas de encofrado, prácticamente invisibles en la parte inferior, quedaban patentes hasta el revestimiento parcial realizado a finales de los años 80.

En las fotografías históricas de la fachada meridional se aprecia la existencia un posible pequeño vano abierto en la planta bajo cubierta, alineado con la puerta y la aspillera. Por encima de éste, una serie de canes de madera, destinados a soportar una especie de cadalso de madera, aparentemente añadido en fechas posteriores a la construcción de la torre (como se desprende del hecho de que rompa la propia fábrica); ambos elementos (el vano y los canes), fueron eliminados en la reforma de finales de los años 80, en la que también se retiró el tejado que cubría la planta almenada de la torre y que había sido colocado en fechas aparentemente tardías.

La torre conserva su coronamiento almenado original, con cuatro merlones de ladrillo haciendo esquina y dos o tres merlones centrales por cada lado (según si se trate de lateral corto o largo), realizados mediante encofrado de calcina; estos últimos estaban perforados por saeteras, actualmente cerradas.

El uso combinado de fábricas encofradas y de ladrillos en las torres de los mases fortificadas es excepcional en la provincia de Teruel, con el único paralelo de la utilización del tapial de tierra en algún caso aislado (Masía de la Torre, de Fuentes de Rubielos), pero sin que, en este caso, se integre ladrillo en la fábrica de sus muros. Sin embargo, enlaza perfectamente con la práctica constructiva de la villa de Teruel, especialmente durante los siglos XIII y XIV, si bien en este caso el mortero más utilizado era el de yeso.

La existencia de puertas abiertas en el paramento en dos o tres de las fachadas, tampoco tiene parangón en otras torres de masías fortificadas; la disposición en alto de una de las puertas podría explicarse como sistema de protección, con una entrada en alto como en Torre Piquer de Berge; pero la única explicación plausible para la repetición de estos vanos en varios laterales es la intención de que éstos comunicaran la torre con otras construcciones anexas a la misma, que seguramente nunca llegaron a erigirse o de las que, al menos, no se detecta ninguna huella de las mismas en la fábrica de la torre. En este contexto se enmarca una de las estructuras más peculiares del conjunto: la formada por una alineación de seis arcos de ladrillo, de la que hablaremos en el siguiente apartado.

En la actualidad, la articulación espacial de la torre ha sido profundamente transformada, al abrirse nuevos vanos de comunicación desde el caserío anexo, además de algunas ventanas. En la planta semisubterránea, el muro adosado al escarpe de la terraza se encuentra perforado por el acceso a una pequeña covacha; la sala situada en el siguiente nivel, se encuentra revocada, lo que impide ver detalles de la fábrica. Los restantes niveles de la torre no han podido ser visitados, debiéndose indicar la referencia a la existencia de una supuesta escalera de caracol, que no ha podido ser corroborada y que parece difícil de asimilar a las fábricas visibles.

 

La arquería y la ermita.

Menos vistoso, pero no menos interesante que la torre, es el conjunto de arcos conservados en la fachada occidental del caserío, actualmente cegados y semiocultos por enlucidos. Están realizados con fábrica de ladrillo de un módulo muy similar al de la torre, aunque son de una coloración más amarillenta. Se disponen en un aparejo a soga y tizón y están trabados con mortero de yeso, con una junta similar a la de la parte inferior de la esquina Noroccidental de la torre, con la que parecen trabar. Pese a estar semiocultos, se identifica un total de seis arcos de medio punto de 159 cm. de luz (unas 2 varas), sustentados sobre pilares casi totalmente ocultos (por el recrecimiento del terreno) de 60 cm. (2 ladrillos de 1,5 palmos), menos en la zona de contacto con la torre, que sería una pilastra de 1 ladrillo integrada en la fábrica que conforma la esquina NW de la misma.

En esta fábrica se detecta la presencia de mechinales cuadrangulares cerrados posteriormente con ladrillos más pequeños (26 x 11 x 2,8 cm.) y de diferente coloración (tonalidad más rojiza), trabados con mortero de cemento; dichos mechinales eran cuadrados, de unos 33 cm. de lado de media y formaban parte de la fábrica original (no se rompieron ladrillos para delimitarlos); distaban entre si 76 cm. de media (1 vara) y alojarían vigas que podían ser de sección cuadrada, de un pie o poco más de anchura, que formarían parte de un forjado

Hay un segundo nivel de pilares, situados por encima de los que sustentan los arcos; son de menor anchura (generalmente 46 cm.), estando formados por un ladrillo a soga y otro a tizón, aunque suele alternarse alguna hilada con los dos ladrillos a soga, sobresaliendo de la vertical. Esta última disposición parece estar relacionada con un intento de mejorar el agarre con la fábrica existente entre pilastras, que parece ser un encofrado de calcina o de yeso con piedra, extremo que no ha podido ser corroborado.

Pese a los enlucidos, se aprecia perfectamente la existencia de una junta de fábrica, situada a la misma altura que la de la torre; por encima de esta junta, se recrece un muro más estrecho, asociado al actual edificio existente y que no parece estar relacionado con la fábrica histórica. La estructura en la que se encuentran integrados los arcos parece prolongarse otros 6,18 m. hacia el Norte, manteniendo la misma junta de fábrica en altura, aunque no se aprecian indicios de la existencia de más arcos.

En función las diferencias ya comentadas de la esquina Noroccidental de la torre respecto al resto de la fábrica de la misma, todo parece indicar que la arquería fue algo anterior a la torre, pero que ambas estructuras se concibieron de forma simultánea. Resulta difícil precisar con total seguridad si la arquería formaba parte de una estructura porticada de la fachada o constituía el eje central del edificio, sirviendo de estructura sustentante de sus dos crujías. Aunque las arquerías en fachada están presentes en otros mases fortificados de la provincia (p.e. Torre Berenguer, en Mosqueruela), parece más probable que corresponda al eje central de un edificio de dos crujías; esta tipología es muy frecuente en las dependencias funcionales de los monasterios cistercienses del siglo XIII y también está presente en las masías fortificadas de la provincia (p.e. sala adyacente a la Torre del Puerto, en Puertomingalvo).

Entre otras edificaciones, el conjunto también incluye una capilla o ermita; se trata de un edificio de unos 50 m2, con bóveda apuntada y tejado a triple vertiente; su portada, abierta hacia lo que actualmente es la carretera, está formada por un arco gótico y está coronada por un pequeño óculo; tanto la fachada, como el interior del edificio, está decorado con un agramilado de sillería. En su configuración actual, data de principios del siglo XX y está realizado en clave historicista (neogótico), con algunos detalles modernistas.

El resto del caserío tienen un interés más limitado, debido, en gran medida, a las sucesivas transformaciones. No obstante, se conservan elementos que demuestran la buena calidad de las construcciones, como las rejerías de forja, los arcos de las puertas de las alcobas o la escalera construida durante la Edad Moderna, que permitía acceder cómodamente al interior de la torre.

 

Cronología de la estructura.

Una vez descartada su vinculación con la torre señorial de Villastar, la construcción estudiada pierde las únicas referencias documentales medievales de las que, aparentemente, disponía.

A falta de documentación o de materiales arqueológicos que permitan fechar la estructura, ésta debe ser datada a partir de criterios formales y paralelos arquitectónicos. Es indudable que se trata de un edificio medieval, que nada tiene que ver con las masías torreadas del siglo XVI. La posible existencia de un acceso en altura es un rasgo arcaico, vinculándose a las etapas más antiguas de este tipo de estructuras, como Torre Piquer de Berge. Sin embargo, la existencia de varios accesos exteriores en una misma planta y su posible relación con estructuras anexas, no tiene parangón en las masías fortificadas conocidas.

Ya hemos indicado anteriormente, que el uso de fábricas encofradas y de ladrillos en edificios de una cierta entidad, es una práctica constructiva habitual en la villa de Teruel, especialmente durante los siglos XIII y XIV. Dentro del ámbito de la arquitectura fortificada, las fases más antiguas de la muralla de Teruel están realizadas con tapiales de tierra sobre zócalos de mampostería, siendo paulatinamente sustituidas, a mediados del siglo XIV, por encofrados de yeso sobre mampostería; la refortificación de la ciudad tras la Guerra de los Dos Pedros y las reformas del siglo XV ya se efectuaron con mampostería e, incluso con sillería (IBÁÑEZ, CASABONA & SÁEZ, 2020). Dado el indudable carácter de prestigio de la estructura estudiada y el hecho de que la muralla de Teruel sería uno de sus referentes, parece muy poco probable que su construcción se realizase con posterioridad a la Guerra de los Dos Pedros, momento en el que las fábricas encofradas estaban siendo sustituidas (o forradas exteriormente) por otras de mampostería o de sillería.

Pero en la muralla de Teruel no se registra un uso significativo de fábricas de ladrillo combinadas con los encofrados. El paralelo más cercano de la combinación de fábricas de ladrillo y encofradas de mortero en estructuras de carácter turriforme son los campanarios de San Martín y el Salvador, de las primeras décadas del siglo XIV. Aunque tampoco está claro que dichas torres pudieran servir de inspiración a la estudiada, no sólo por las diferencias en su estructura (doble torre en el caso de los campanarios), sino por la total carencia de elementos decorativos que las relacione, a pesar de la amplísima difusión de los “motivos mudéjares” que se registra en ese periodo y de su “prestigio” en la villa de Teruel. La ausencia de estos elementos decorativos no es atribuible al carácter defensivo de la estructura estudiada, ya que las torres de las masías fortificadas son construcciones de prestigio, que incorporan frecuentemente decoraciones claramente emparentadas con la arquitectura formal. Por ello, no se puede descartar la posibilidad de que dicha ausencia obedezca a una datación algo anterior a los campanarios mudéjares turolenses.

En síntesis, estamos ante un conjunto cuya construcción pudo efectuarse en un momento no precisado del siglo XIII o de la primera mitad del siglo XIV, aunque consideramos más probable que su datación pueda corresponder a un momento relativamente antiguo dentro de este periodo.

 

Una estructura singular.

Como hemos señalado anteriormente, hay diversos aspectos que singularizan la Masía de la Torre o Torre de Espejo dentro del fenómeno del mas fortificado en la provincia de Teruel. El primero de estos rasgos es el propio hecho de que, al menos para el periodo en el que se crea, el conjunto no se ajuste a los parámetros definitorios de lo que era una masía, ni en asociación de un lote de tierras que permita la existencia de una unidad de explotación agropecuaria, ni por la distancia al núcleo de población concentrada más próximo, ni por el contexto de vega en el que se localiza.

Su escasa relevancia como unidad de explotación, refuerza las otras tres características primordiales que atribuimos al mas fortificado: su carácter residencial (siempre dentro del ámbito disperso), de prestigio y fortificado. Con estos parámetros, la Masía de la Torre o Torre Espejo podría considerarse como una residencia eventual o estacional, de una importante familia de la oligarquía turolense del siglo XIII (cuya casa solar estaría en la propia Villa), con suficiente poder y prestigio como para obtener el permiso necesario del Concejo para construir una estructura fortificada dentro de sus términos.

Otros elementos, como la presencia de un edificio anexo de entidad con arquerías y de una capilla (aunque no disponemos de datos sobre el momento de su incorporación), están presentes también en otras masías fortificadas, aunque normalmente con una entidad menor.

En tanto no se realicen más amplios estudios documentales o no se efectúe una intervención arqueológica, no se podrá concretar con mayor precisión la datación de la estructura, las características del caserío anexo y si llegó o no a concluirse con el diseño inicialmente planteado.

En suma, Torre Espejo debe incorporarse a la nómina de estructuras que, sin reunir las condiciones para ser considerada una masía fortificada (al menos en sus orígenes), con el tiempo han acabado siendo asimiladas a esta categoría, como sucedió con Torre Espín de Puertomingalvo o con el Castillo de Pradas, en San Agustín.

Bibliografía.

 

ANGULO Y SAINZ DE VARANDA, J. (2018), “Los Dolz de Espejo de Albarracín”, Emblemata RAE, XXIV, pp. 127-152.

CASABONA, J. F.; GARGALLO, E.: IBÁÑEZ, J. & MORALES J. J. (1986), “Torre del Puerto (Puertomingalvo). Un ejemplo de arquitectura rural de origen medieval”, Arqueología Espacial 10, Teruel, 205-222.

CASABONA, J. F. & IBAÑEZ, J. (2008), “Torres, residencias y santuarios. Los procesos de “monumentalización de la arquitectura rural dispersa de las Serranías Turolenses”, Hábitat disperso y desarrollo rural, CEDDAR, Teruel, pp. 129-146.

FUERTES DE GILBERT ROJO, M. (2007), "Albarracín: linajes y testimonios heráldicos", Tiempo de Derecho foral en el sur aragonés: los fueros de Teruel y Albarracín, pp. 55-106.

GARCÍA MIRALLES, M. (1965), “La casa de los Dolz de Espejo”, Teruel, 33, I.E.T., pp. 77-123.

GORDILLO COURCIERES, J. L. (1974), Castillos templarios arruinados en el sur de la Corona de Aragón, Prometeo, Valencia.

GUITART APARICIO, C.

(1986), Castillos de Aragón, vol. 1 y 2, Librería General, Zaragoza.

(1987), Los castillos turolenses, IET, Teruel.

IBÁÑEZ, J. & CASABONA, J. F. (2013), Castillos, murallas y torres. La arquitectura fortificada de la Comarca de Gúdar-Javalambre, Qualcina, Teruel

IBÁÑEZ, J. (coord.); CASABONA, J. F. & SÁEZ, R. (2017), Guía de los castillos de las órdenes militares. La Ruta de Teruel y visitas por el resto de Aragón, Qualcina & Arcatur, Teruel.

IBÁÑEZ, J.; CASABONA, J. F. & SÁEZ, R. (2020), “Historia de la muralla de Teruel”, La muralla de Teruel, Qualcina & Arcatur, Teruel, pp. 3-46.

IBÁÑEZ, J. & SÁEZ, R. (2021), “La Masía de la Torre o Torre de Espejo (Teruel), Verde Teruel, 54, Teruel, pp. 90-92.

La Masía de la Torre, a caballo entre la vega y el monte.
Detalle del “Mapa de los términos de Villastar y Villaespesa y sus alrededores, junto al río Guadalaviar”, realizado por Cipriano de la Plaza en 1744 (Archivo Histórico Provincial de Zaragoza).
Detalle de la “Torre de Espejo” recogido en el “Mapa de los términos de Villastar y Villaespesa y sus alrededores, junto al río Guadalaviar”, realizado por Cipriano de la Plaza en 1744 (Archivo Histórico Provincial de Zaragoza).
Esquema del conjunto.
Vista meridional del edificio, en la que se observan las huellas de la antigua puerta tapiada.
Fotografía previa a la reforma de la torre, en la que se observa la antigua puerta, las diferencias existentes en los paramentos encofrados, los canes del cadalso de madera, las almenas perforadas por aspilleras, el tejado instalado en un momento posterior a su construcción y la reja de la ventana de la fachada oriental.
Arquería, en la que se encuentran marcados los mechinales (cuadrado con una M).
Alzado occidental de la torre. En su base se observa la disimetría entre la base de esquina Noroccidental (izquierda) y la Suroccidental (derecha).
Vista parcial del alzado oriental de la torre.
Detalle de la esquina Suroccidental: esquina de fábrica de ladrillos trabada con calcina, junto a la que aparece el encofrado de calcina.
Detalle de la esquina Noroccidental: esquina de fábrica de ladrillos trabada con mortero de yeso, junto a la que se encuentra el encofrado de calcina; el ladrillo que sobresale del alineamiento en la parte superior, refleja la intención de mejorar la traba con la fábrica encofrada que ya estaba prevista en el momento de la construcción de esta esquina.
Vista de la parte superior de la torre desde el Noreste.
Detalle de la arquería y de sus reparaciones.

0 Comentarios

Enviar un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *