Los castillos de Fortanete

Dos de las torres del castillo del Cid.

Publicado en: Verde Teruel, n º 46, Teruel, 2018, pp. 29

Rubén Sáez Abad y Javier Ibáñez González

 

El completo repertorio de la arquitectura defensiva de Fortanete está formado por dos castillos (de Fortaner y del Cid) y una masía fortificada (Torre Mercadales).

En la cumbre del cerro Fortón, dominando la villa, se encuentra el Castillo de Fortaner. Se sitúa en una encrucijada de caminos, junto al único espacio agrícola de entidad de la cabecera del río Pitarque. Está formado por un pequeño edificio y un amplio recinto amurallado, construidos con mampostería trabada con mortero de cal. El primero consta de dos salas, que estuvieron abovedadas, más una tercera, muy mal conservada. En cuanto al recinto fortificado, protegía la primitiva aldea de Fortanete, que hasta el siglo XVI estuvo situada en la parte media de la ladera del cerro; posee una característica planta triangular, con el edificio del castillo en el vértice septentrional y un potente bastión en el suroccidental.

El Castillo de Fortaner fue entregado por Pedro II a la Orden del Hospital en 1202. Durante la Primera Guerra Carlista fue una posición muy disputada, siendo alternativamente ocupada por ambos bandos. El 4 de agosto de 1836 tuvo lugar un duro enfrentamiento, con más de 80 bajas en el bando carlista. Y en mayo de 1840, el marqués de Armillas reforzó el enclave, convirtiéndolo en la base logística para el asalto a Cantavieja.

El segundo castillo de Fortanete, el del Cid, se localiza en un recóndito paraje, lejos de caminos y núcleos de población. Ocupa un pequeño espolón, oculto dentro de un denso pinar, junto a un barranco que desciende vertiginosamente hacia el río Pitarque. Construido con mampostería trabada con mortero de cal, es de planta trapezoidal, adaptada a su irregular asiento; en su flanco oriental tiene tres torres circulares, sensiblemente más altas que el recinto. Poco sabemos de la historia de tan singular fortaleza, cuyo origen se suele atribuir al Cid. Aparece citada en 1194, en la donación de Alfonso II del "desierto llamado Villarluengo" a la Orden de San Redentor.

Recinto amurallado del castillo de Fortaner, perforado por numerosas aspilleras.

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