Las posiciones fortificadas de la batalla de Teruel y del Alfambra

Situación de los mapas 1º a 17º

Publicado en: 2024, Actas XI Jornadas de Castellología aragonesa, Calatoraro (Zaragoza), 57-160

Rubén Sáez Abad & Javier Ibáñez González

 

A modo de introducción

Cuando se produjo el estallido de la sublevación militar contra el legítimo Gobierno de la República el 17 de julio de 1936, la ciudad de Teruel no ocupó un lugar destacado en el desarrollo de estos acontecimientos iniciales. Ello se debió al carácter limitado de la fuerza militar destacada en la capital; consistía únicamente en el personal adscrito a la Caja de Reclutas n º 34, cuyo número se reducía a dos jefes, dos oficiales, un suboficial y siete soldados. Se trataba de un número insuficiente para que pudiera tener algún tipo de influencia en los acontecimientos que se estaban desencadenando a nivel nacional. De ahí que sólo el 20 de julio, cuando la Guardia Civil y de Asalto de la ciudad se sumó al alzamiento, Teruel pasara a quedar alineada con el bando sublevado.

Tras estos dubitativos momentos iniciales, desde la capital turolense se hicieron intentos por tratar de extender la sublevación al resto de la provincia. Pero este objetivo se vería imposibilitado a causa de la llegada de columnas militares leales a la República, procedentes de Cataluña, Levante y Castilla.

Tras estas rápidas intervenciones armadas procedentes de los territorios colindantes, la situación en la provincia quedó más o menos estabilizada, quedando la mayor parte de su territorio en poder de la República. Únicamente la mitad de los distritos judiciales de Teruel y Albarracín y el de Calamocha al completo, permanecieron en poder los sublevados.

Este frente se mantendría más o menos estable, con ligeros cambios, hasta que se inició la Batalla de Teruel a mediados del mes de diciembre de 1937. Esta ambiciosa operación lanzada por la República culminó con la conquista gubernamental de la capital turolense durante los primeros días de enero de 1938. Y, a la postre, sería el desencadenante de la ofensiva franquista a gran escala, que se saldaría con su recuperación por parte de los sublevados el 22 de febrero. A ella le seguirían una serie de operaciones que terminarían por expulsar durante los meses siguientes a las tropas republicanas de todo el territorio turolense y que acabarían por precipitar el fin de la guerra

De cara a facilitar la comprensión de los acontecimientos y de los numerosos conjuntos fortificados que se van a abordar en este artículo, se ha procedido a su organización dentro de las diferentes líneas de combate de las que formaban parte. Para ello tomaremos como epicentro la ciudad de Teruel, estableciendo una serie de círculos en torno a ella[1] (mapa 0º).

  • La línea defensiva nacional en torno a Teruel, erigida para proteger la ciudad frente a la República. Desde el sector suroeste (El Campillo y San Blas) hasta el Noroeste (Concud y Caudé).
  • La línea de frente nacional que enlazaba con retaguardia: Santa Bárbara (Celadas), Villarquemado y Torrelacárcel.
  • Posiciones republicanas de bloqueo en torno a Teruel: de la Loma de Casares (Celadas) a La Aldehuela.
  • La línea de cobertura a Sierra Palomera o segunda línea de defensa republicana: Argente, Camañas y Alfambra.
  • La última defensa republicana: El Cerro del Pino Redondo y Cabizgordo (Corbalán), El Portachuelo (Escorihuela) y Castelfrío (El Pobo). Villel (en el frente sur).

La línea defensiva nacional en torno a Teruel erigida para proteger la ciudad frente a la república. Desde el sector Suroeste (El Campillo y San Blas) hasta el Noroeste (Concud y Caudé).

Teniendo en cuenta que la ciudad de Teruel se encontraba rodeada en su mayor parte por territorio que permanecía en poder de la República, una de las prioridades para los mandos de su guarnición fue la de erigir una serie de posiciones defensivas exteriores. Estaban destinadas a proteger la plaza y mantener a un posible atacante lejos del recinto urbano, al menos el tiempo suficiente como para dar tiempo a que pudieran acudir refuerzos en socorro de la plaza atacada. No obstante, y dado el reducido número de efectivos disponibles, no se trataba de una línea continua, sino que se apoyaba tan sólo sobre las alturas y los puntos fuertes de mayor valor estratégico.

De cara a poder facilitar su comprensión, iniciaremos el recorrido de esta línea defensiva en sentido contrario a las agujas del reloj. Comenzaremos por el sector suroeste (El Campillo y San Blas) para a continuación seguir por el sur (Villaspesa y Castralvo) continuar por el sureste (Puerto Escandón), el Este (Valdecebro), dirigirnos a continuación hacia el norte (posiciones de Santa Bárbara y el Cementerio) y terminar nuestro recorrido en las localizadas al Noroeste (Concud y Caudé).

 

La “Batería Fantasma” (El Campillo).

El primer enclave que debemos destacar en El Campillo es la “Batería Fantasma”, a la cual se accede por el Camino de las Corralizas (mapa 1º, punto 1; fot. 1). Cuando se produjo la alineación de Teruel con el bando sublevado, y a pesar del envío de refuerzos procedentes de Zaragoza, dentro de la capital se disponía de reducidos equipos artilleros para garantizar el apoyo de fuego necesario. Tan sólo se contaba con 3 baterías de artillería de 75 y 155 mm para cubrir todo el perímetro defensivo que rodeaba la ciudad, escaso número de piezas teniendo en cuenta la considerable extensión de terreno a proteger.

Con el objeto de engañar a las fuerzas republicanas desplegadas en torno a la línea de bloqueo y hacerles creer que los defensores de Teruel disponían de más piezas de las que en realidad tenían, una de las baterías se movía constantemente de un punto a otro de la línea de frente. De ahí el nombre que recibió de “Batería Fantasma”, pues cada vez se encontraba en un lugar diferente. Al comienzo de la Batalla de Teruel la 1ª batería de obuses del 10º Regimiento Ligero de Artillería, que operaba a las órdenes del capitán Fernando Llorens, emplazó en esta posición una batería de 75 mm. Sus piezas disparaban sobre las tropas republicanas, que se encontraban desplegadas al otro lado del barranco del Mojón Blanco.

A pesar del despliegue artillero con que contaba esta posición, las fuerzas nacionales no lograron mantenerla en su poder por mucho tiempo, debiendo cederla ante el avance de la 64ª División. Al igual que el resto de las unidades desplegadas en misiones de cobertura en las líneas exteriores, ante la imposibilidad de hacer frente a un enemigo que resultaba muy superior en número, terminarían replegándose sobre Teruel para contribuir a su defensa. Como ya se ha apuntado, la consistencia de las líneas exteriores era limitada. Si bien eran capaces de hacer frente a ataques de pequeño alcance, no así a ofensivas con la participación de muchos miles de hombres, como era el caso.

La posición de la “Batería Fantasma”, tras la conquista republicana de mediados de diciembre de 1937, pasaría a quedar bajo control de la 81ª Brigada Mixta de la República. A esta unidad gubernamental se le había asignado el cometido de frenar a las tropas nacionales del general Varela, que ya avanzaban desde el 22 de diciembre en socorro de la guarnición sitiada de Teruel. Nada podrían hacer los hombres de la 81ª Brigada frente al ataque de las fuerzas sublevadas, viendo rotas sus líneas el 29 de diciembre, prosiguiendo Varela su avance en dirección a La Muela de Teruel.

La posición de la “Batería Fantasma” está formada por un conjunto de trincheras dotadas de parapetos de piedra, siendo apreciable todavía el lugar desde el que el observador corregía el fuego de las piezas de artillería. Éstas se encontraban situadas en los campos de labor que se localizan en la hondonada, de modo que quedarían ocultas a los enemigos, al situarse a contrapendiente. En un ribazo de esos campos se conservan restos de las pilastras de piedra y cemento, que formarían parte de los apoyos de la techumbre que servía de protección a los cañones y, al mismo tiempo, también hacía que pasaran desapercibidos para la aviación enemiga.

Dentro del conjunto destaca el puesto de mando de la batería. Se trata de un pequeño habitáculo rectangular construido con gruesas paredes de hormigón y ladrillo y que cuenta con un único acceso. Desde él se dirigía el fuego de la batería, en combinación con la información aportada por el observador dispuesto en la parte alta de la posición y que era el encargado de proporcionar las coordenadas de fuego precisas para los artilleros.

 

El Aljibe de las Eras (El Campillo).

En El Campillo también se conserva un aljibe construido durante la Guerra Civil. Se localiza en las eras situadas al sur del casco urbano (mapa 1º, punto 2; fot. 2). Contaba con una zona de captación subterránea y con una zona de servicio que se encontraba descubierta. Estaba protegida por tres paredes de hormigón, de alturas y formas similares las laterales y mayor la posterior. Esta infraestructura hidráulica se compone de dos elementos bien diferenciados:

- Zona de captación de aguas subterránea. Se situaba en la parte posterior del aljibe y adoptaba la forma rectangular, con unas dimensiones aproximadas de 11 x 2,6 m. La estructura está construida en ladrillo trabado con cemento, con las paredes interiores lucidas del mismo material. Por otro lado, las exteriores se apoyan sobre el terreno natural excavado, que funciona como depósito de aguas para alimentar los dos caños presentes en la zona principal de servicio.

- Zona de servicio. Con una anchura de 2,74 m. y una longitud de 3,6 m., se encuentra separada de la anterior por el muro de cierre, que sigue una orientación en dirección norte-sur. Sobre él, se abren en la parte inferior dos caños de desagüe, que evacuan en una cubeta cuadrangular excavada en el terreno y revestida de ladrillo y cemento como medida de impermeabilización. Está protegida por muros de hormigón en los lados norte y sur, de aproximadamente 30 cm de grosor, que van ganando altura progresivamente hasta enlazar con el muro de separación con el depósito de captación (a una altura de 2,2 m), que alcanza la mayor altura de todo el conjunto (3,2 m). En él todavía se observa en la zona rectangular superior un campo de texto de 2,8 m x 92 cm, que se encuentra enmarcado por dos líneas rebajadas con inscripciones realizadas con pintura negra. La zona de la cubeta de recepción de aguas tiene dos pasadizos laterales de 40 cm cada uno, a modo de pasarelas de servicio y se encuentra colmatada. Como elemento ornamental toda la estructura, en su cara interior y a excepción del espacio ocupado por el texto, se encuentra decorada con un esgrafiado simulando sillares de 90 x 44 cm de módulo.

 

Costado o Pozo Nuevo 1 y 2 (El Campillo).

La última posición por resaltar en El Campillo es la del Costado o Pozo Nuevo. Se localiza al norte de la localidad, siguiendo el camino de la Ermita de Santa Ana (mapa 1º, punto 3; fot. 3). Este enclave formó parte, en primera instancia, de las posiciones erigidas por las tropas que guarnicionaban Teruel, actuando como una de sus posiciones avanzadas exteriores. No obstante, y al igual que sucedió con la “Batería Fantasma”, también este reducto fue tomado por las fuerzas gubernamentales en su ofensiva de diciembre de 1937 al comienzo de la Batalla de Teruel. Sus exiguos defensores se verían obligados a replegarse en dirección a Teruel.

Fue, a raíz de esta conquista, cuando los soldados de la 16ª Brigada Mixta de la República, llevaron a cabo una serie de obras de mejora de las defensas existentes en este lugar. El objetivo de estas mejoras era reforzar las capacidades defensivas del enclave para conseguir impedirle el paso a las fuerzas del general Varela, que avanzaban en dirección a Teruel siguiendo el eje Gea de Albarracín-San Blas-La Muela. Fueron estas obras las que permitieron que esta posición se convirtiera en el último punto de resistencia republicano del sector en ser tomado por el enemigo.

En el conjunto destacan varios parapetos construidos con fábrica encofrada de hormigón y piedras de mediano tamaño. Su espesor es de 40 cm y forman pasillos de 1,16 m de anchura y 3,5 m de longitud, que se encuentran repartidos a lo largo de toda la loma. Próximos a ellos hay restos de trincheras, que se encuentran en peor estado de conservación, así como refugios o espacios de vida. En este enclave se detecta en superficie la presencia de latas de conserva y de metralla, lo que nos da información de los dos polos opuestos de la vida en las trincheras: la vida y la muerte.

En una loma contigua hay también trincheras y posibles pozos de tirador, muy desdibujados y colmatados, formando un anillo perimetral.

Las Pedrizas (San Blas).

Ya en San Blas, la primera posición a destacar es la de Las Pedrizas. En este lugar la guarnición de Teruel había instalado un campamento, destinado a servir de reserva a las unidades desplegadas en ese sector de la línea de frente. Cuando dio comienzo la ofensiva republicana sobre la capital turolense de diciembre de 1937, la 1ª Centuria de la Falange fue trasladada hasta este lugar, con el objeto de prestar apoyo y cobertura a las unidades desplegadas en la primera línea situada en El Campillo. Al empeorar la situación en ese sector del frente, estas fuerzas recibieron la orden de regresar sin pérdida de tiempo a Teruel. Pero, cerca de la localidad de San Blas se vieron sorprendidas por las fuerzas republicanas. Quedaron copadas y sin posibilidad de escapatoria, siendo la mayor parte de sus integrantes apresados.

Los restos de esta posición se encuentran a ambos lados de una pista que parte de la carretera (mapa 1º, punto 4; fot. 4). En cuanto a las estructuras situadas al norte de ella, la principal construcción del conjunto es un edificio de tres alturas levantado unos años antes de la Guerra Civil. Está construido con mampostería trabada y revocada con mortero de yeso, con posterior revestimiento de ladrillo y cemento y empleo masivo de hormigón. Poseía un tejado a doble vertiente, que se encuentra totalmente arruinado, al igual que los forjados y las estructuras divisorias interiores. Pudo ser destruido durante la Guerra Civil, pues ya aparece en ruinas en el Vuelo Americano (Serie B) de 1956.

Además, había otro pequeño edificio de planta cuadrada, delimitado por muros trabados con yeso. Entre las operaciones de fortificación del enclave, se excavó en su interior una depresión por debajo de su antiguo nivel de suelo. También se detectan diversas depresiones excavadas en el terreno que cuentan con parapetos de tierra. Y, por último, un aljibe circular, revestido de cemento y con la cubierta (plana de ladrillo y hormigón) hundida.

En cuanto a las estructuras situadas al sur del camino, destaca una construcción excavada en la ladera con fachada de mampostería trabada con yeso, con dos ventanas y una puerta. Y un refugio subterráneo, relleno actualmente de tierra.

 

Puesto de mando de La Magdalena (Caudé).

Partiendo de la localidad de San Blas, si tomamos la pista que nos lleva al embalse del Arquillo y tomamos el camino situado junto a una cantera que discurre paralelo al embalse, llegaremos al Corral de la Dehesa (mapa 1º, punto 5). Cerca de este lugar se sitúa el puesto de mando de La Magdalena. Lo empleó el general Varela durante los últimos días de diciembre de 1937 y los primeros de enero de 1938, en el marco de la dirección de las operaciones de auxilio a la guarnición de Teruel. También se utilizó, aunque de forma mucho más esporádica, a lo largo del mes de febrero. En esta posición se conserva una cueva artificial, excavada en el sustrato rocoso. Utiliza como techo el nivel de gravas cementadas de una antigua terraza fluvial.

 

Los Pozos de Caudé y otros enterramientos de soldados y represaliados. Estelas y monolitos conmemorativos de soldados fallecidos existentes en el entorno de Teruel[2].

En la actual Plataforma Logística de Teruel (PLATEA) se localiza el monumento conmemorativo (mapa 5º, punto 6; fot. 5) para honrar la memoria de un mínimo de 1.005 personas “desafectas” represaliadas por las fuerzas sublevadas durante la pasada Guerra de España 1936-1939, desde los primeros días de agosto de 1936 hasta diciembre de 1937. El monumento está ubicado junto a un pozo artesiano que anteriormente formaba parte de una antigua venta, y del que tan sólo queda el brocal. Este pozo sirvió de fosa natural para enterrar los cadáveres de las personas ajusticiadas, así como otras más distribuidas en el entorno inmediato, algunas de las cuales han sido descubiertas al realizar movimientos de tierra durante la urbanización del complejo logístico.

Tenemos referencias a otros posibles enterramientos asociados ya sea a los enfrentamientos bélicos o a represaliados en distintos puntos situados al norte de la ciudad, como en el Cementerio Viejo de Villalba Baja[3] (mapa 9º, punto 7; fot. 6), la Iglesia de San Pedro de Valdecebro[4] (mapa 10º, punto 8; fot. 7), el Muletón[5] (mapa 9º, punto 66), el Blanquizar[6] (mapa 9º, punto 69) y el Cementerio de Teruel[7] (mapas 2º y 4º, punto 9; fot.), además de otros muchos emplazamientos dispersos por la comarca[8]. Son más escasas las menciones a enterramientos situados al sur de Teruel, destacando el Cementerio de Villaspesa[9] (mapa 2º, punto 11; fot. 9). También hay referencias a juicios sumarísimos y fusilamientos en una casilla de ferrocarril situada en este último sector[10] (mapa 3º y 4º, puntos 12 y 13; fot. 10).

La mayor parte de las estelas y monolitos conmemorativos también se concentran en la parte septentrional de la ciudad. La de Enrique Millán Morga[11], localizada junto a un campo de labor de Celadas (mapa 6º, punto 14; fot. 11), se asocia a la ofensiva realizada por el ejército republicano en abril de 1937, en la que consiguió tomar el pueblo y las posiciones del Cerro de Santa Bárbara, aunque la conquista fue efímera, por la contraofensiva franquista.

Otras dos estelas corresponden a sendos miembros del Grupo de Artillería Antiaérea de la Legión Cóndor F/88, formada por cañones ligeros de 20 y 37 mm, y pesados de 88 mm. Ambos fallecieron en la ofensiva de las tropas franquistas en auxilio de los defensores de Teruel de finales de 1937 y principios de 1938. Cerca de la pista que va de San Blas al Embalse del Arquillo se encuentra la estela de Arno Lampe[12] (mapas 1º y 5º, punto 15; fot. 12); junto a la carretera A-1512 que va desde la N-234 a Albarracín, estaba la estela de Heinrich Finger[13] (mapa 5º, punto 16; fot. 13).

También hay otras dos lápidas asociadas a pilotos alemanes de la Legión Condor, que cayeron en los combates asociados a dicha ofensiva. La estela de Gerald Klein[14], se sitúa junto a la carretera N-420, que va de Teruel a Alcañiz, cerca de la bifurcación de entrada a la ciudad (mapa 9º, punto 17; fot. 14). La de Heinrich Torner[15] se situaba en Valdecebro (mapa 10º, punto 19; fot. 15), habiendo sido retirada recientemente por el Ayuntamiento de Teruel, en cuyos almacenes se guarda.

Casi el mismo día que falleció el aviador alemán, cayo el español Tomás Ybarra Dávila[16], cuya estela se situaba en la vega de Villalba Baja, junto al camino que unía este pueblo con Corbalán (mapa 9º, punto 20); y Rafael Tejero Saerina[17], cuya lápida conmemorativa se encuentra en la “cota 962”, cerca de los restos de unas trincheras muy colmatadas, a escasa distancia de la N-420 a su salida de Teruel (mapa 4º, punto 21; fot. 16). Cerca de la lápida anterior se encuentra el monumento conmemorativo en honor a los defensores de las posiciones de las Lomas del Cementerio[18] (mapa 4º, punto 18; fot. 17), acontecimiento que tuvo lugar un año antes de la Batalla de Teruel.

Al sur de la ciudad de Teruel, el número de estelas y monolitos es más reducido. Destaca la de Carlos de Haya González[19], en el Vértice Coronillas (mapas 3º y 11º, punto 22), por la fama que alcanzó este piloto. Al sur del casco urbano de Castralvo se conserva un modesto monumento dedicado a José Maicas Conejero[20] (mapas 3º y 11º, punto 23; fot. 18).

No podemos dejar de mencionar en este rápido repaso por elementos que, sin ser estructuras construidas con fines defensivos, fueron escenarios de enfrentamientos bélicos durante la Guerra Civil y aún guardan testimonios de ésta. Tal y como sucede con las estelas, este tipo de elementos abundan más al norte de la ciudad, destacando el caso de Villalba Baja, en el que se encuentran ligados al inacabado ferrocarril de Teruel a Alcañiz[21] (fot. 19), a un antiguo almacén situado junto a la carretera[22] y a unas cuevas excavadas en la roca de remoto origen andalusí[23] (mapa 9º, punto 27; fot. 20); en las proximidades de la ciudad también hay testimonios del uso de la conocida como Cueva de las Tres Puertas (mapas 2 y 4º, punto 28; fot. 21), excavada con anterioridad a la Guerra Civil y muy cercana a la posición de Santa Bárbara de Teruel; o de explosiones en la Mina de la Caguera o del Collado (mapa 4º, punto 29), perteneciente a la Traída renacentista de las aguas[24]. Pese a la brutal destrucción de la ciudad durante la Batalla de Teruel, son limitados los testimonios materiales conservados de estos acontecimientos; entre ellos destacan los impactos de bala conservados en la fachada del edificio de la avenida de Sagunto nº 12, esquina calle San Vicente de Paul nº 28[25] (mapas 2 y 4º, punto 30; fot. 22), aunque también son de gran interés la red de túneles construida durante la misma y el uso de los aljibes de la Plaza Carlos Castel como refugio antiaéreo (mapa 4º, punto 31; fot. 23), elementos estos últimos que, por su extensión, dejamos para futuros trabajos.

 

La Muela y Muela Pequeña del Rajo (Teruel).

Si hay un enclave que resulta emblemático en el sector suroeste que rodea la capital, ese es La Muela. Se trata de una de las posiciones, sin las que es imposible entender la Batalla de Teruel. Desgraciadamente, buena parte de las numerosas posiciones que albergó han desaparecido, a causa del progresivo proceso de urbanización a que se ha visto sometido este espacio, especialmente a partir de los años 40 del siglo XX.

En este estratégico emplazamiento las tropas nacionales que guarnicionaban la ciudad de Teruel establecieron unas primeras posiciones defensivas ya en los primeros compases de la guerra. Cuando se produjo la ofensiva republicana de diciembre de 1937 el lugar fue reforzado con el despliegue de contingentes militares adicionales, debiendo combatirse en medio de duras condiciones meteorológicas. En última instancia, y sin poder prolongar la resistencia por más tiempo, sus defensores se vieron obligados a replegarse sobre Teruel para engrosar su guarnición.

Pero La Muela no permanecería por mucho tiempo en poder republicano, pues fue recuperada por la 1ª División de García Valiño durante los últimos días de diciembre, en medio de la ofensiva nacional lanzada por el general Varela y que le había permitido, previamente, apoderarse de las posiciones republicanas de El Campillo y San Blas. Pero, durante la tarde del último día del año, la intensa nevada caída paralizó las operaciones militares y permitió que el Estado Mayor republicano consiguiera reorganizarse. El contraataque de unidades de reserva republicanas, como la 47ª División del mayor Durán, obligó a la 1ª División a retroceder, librándose duros combates por la posesión de este enclave. Muchas víctimas fueron causadas por las bajas temperaturas.

Las fuerzas republicanas reconquistaron, efímeramente, las posiciones el 1 de enero de 1938, siendo reocupada por los franquistas poco tiempo después. La Muela se convertiría a partir de este momento en un sector estabilizado (aunque no exento de combates), hasta que se produjo la ofensiva nacional final del 17 de febrero.

Los restos más interesantes de todo el conjunto, ampliamente afectado por el fenómeno de la antropización, se sitúan junto al vértice geodésico, en el extremo occidental de La Muela (mapa 2º, punto 32; fot. 25), dando vistas hacia la rambla de Barrachina y a las laberínticas barranqueras de La Guea, con San Blas al fondo. En la parte más alta se conserva un anillo de trincheras. También hay una caseta de mampostería, construida previamente a la guerra y utilizada como refugio por las tropas. A ellos se le suman los restos de una cueva excavada en la roca. También se conservan evidencias de la contienda en el sector que da a la antigua carretera del Carburo.

La Muela Pequeña del Rajo (mapa 2º, punto 33; fot. 26) formaba parte del conjunto de La Muela, siendo una prolongación de ella en dirección sur y corriendo, por tanto, una suerte parecida a la de su hermana mayor. También formaba parte del sistema defensivo creado por la guarnición nacional de Teruel. Cuando se produjo el ataque republicano de diciembre de 1937, la dotación de este enclave resultaba escasa, consistiendo únicamente en un grupo de obuses, algunos guardias civiles y ametralladoras. Estos reducidos medios materiales y humanos impidieron que el lugar pudiera ser conquistado ya el día 18.

Sin embargo, la ocupación fue efímera, pues el día 31 la recuperaron las tropas franquistas de la 1ª y la 4ª División de Navarra del II Cuerpo del Ejército creado para socorrer Teruel. Un día después la 47ª División de la República intentó recuperar la Muela, sucediéndose los intensos combates hasta el día 8, en el curso de los cuales se ocupó la posición. Los enfrentamientos en torno a este enclave volvieron a reproducirse en febrero de 1938, durante la operación de reconquista de la ciudad por parte del ejército franquista. Finalmente, el día 20 la 61ª División nacional conquistaba de forma definitiva la posición.

La posición constituye un pequeño bastión natural rodeado por imponentes escarpes que superan los 50 m de altura. La mayor parte de las estructuras de la Guerra Civil se sitúan en la parte occidental del espolón, junto al estrecho cordón de tierra que lo une con La Muela; el resto de las laderas son inaccesibles, por la presencia de los citados escarpes. En el conjunto destaca una línea de trincheras que siguen un trazado en zig-zag. También se aprecia una gran depresión, que parece ser fruto del colapso de diferentes estructuras. En ella debían existir dependencias auxiliares, además del espacio destinado a asentar las ametralladoras que defendían el enclave.

 

Cerro Galiana I y Cerro Galiana II o la Cueva de la Ametralladora (Villaspesa)

Villaspesa y su entorno fue también de la máxima importancia para la guarnición nacional de Teruel. En ese sector se dispusieron posiciones defensivas de gran entidad, destinadas a frenar la aproximación de las fuerzas gubernamentales en las potenciales ofensivas que lanzaran sobre la capital desde el sector sur

La primera de estas estratégicas posiciones es el Cerro Galiana, muela situada al sureste del casco urbano de Villaspesa cuya defensa corrió a cargo en primera instancia del VI Batallón del Regimiento de Infantería Gerona 18. En concreto, la dotación de este enclave ascendía a 34 soldados al mando de 2 sargentos y equipados con 34 fusiles y una ametralladora. En el marco de la ofensiva de diciembre de 1937, esta posición fue conquistada por los soldados republicanos de la 219ª Brigada, encuadrados dentro de la 68ª División al mando del mayor Trigueros. Posteriormente, el guarnicionamiento de este enclave lo asumieron los carabineros de la 40ª División, que serían los encargados de tomar Teruel.

En la parte suroriental de la Muela Galiana se encuentra Cerro Galiana I (mapa 2º, punto 34; fot. 28), también conocido como el Alto del Soldado. Se trata de un estrecho espolón orientado de norte a sur, que se proyecta sobre la rambla de Maraño, encontrándose delimitado por abruptos escarpes por todos sus flancos, salvo por el septentrional. Esta posición consiste en una línea ramificada de trincheras y espacios de servicio-cobijo, con partes excavadas en el terreno natural y otras levantadas con piedra seca. Protege parte del flanco oriental de la muela, además de parte del meridional y del septentrional, estando enlazada por un ramal que cruza transversalmente la plataforma. En superficie se detecta la presencia de latas de conserva, así como de metralla, lo que evidencia el intenso bombardeo a que fue sometido el lugar durante los sucesivos intentos de conquista en que se vio envuelto.

La posición occidental del Cerro Galiana es conocida como Cerro Galiana II o la Cueva de la Ametralladora (mapa 2º, punto 35; fot. 28); se sitúa en la franja occidental de la Muela Galiana, desde las barranqueras que descienden hasta el casco urbano de Villaspesa a la cabecera del barranco de la Umbría. Este emplazamiento fue construido por las fuerzas gubernamentales, una vez conquistada la Muela Galiana, con el fin de controlar el valle del Turia y la carretera de Cuenca. En los días próximos a la reconquista de Teruel por parte de las tropas franquistas, estaba defendida por un batallón de Carabineros de la 87ª Brigada y por otro de la 11ª División de Líster. Un ataque aéreo sufrido el 23 de febrero provocó la huida en desbandada de la guarnición que custodiaba el enclave, que fue tomado por las fuerzas sublevadas.

El elemento más destacado de todo el conjunto es el nido de ametralladora, que se sitúa en el escarpe rocoso y que tiene una sección aproximadamente semicircular. Está excavado en el terreno natural, aprovechando como techo el nivel de conglomerados. Su frente está cerrado por un muro de mampostería y hormigón, que queda bien mimetizado dentro del entorno, de modo que pasaba inadvertido frente a un posible atacante.

El nido de ametralladora tiene unas dimensiones aproximadas de 1,5 m de ancho por 1,8 m de largo (desde la zona de mirillas hasta la puerta de acceso a las dependencias de refugio anexas), y una altura variable que alcanza en algún punto 1,75 m. Posee una tronera abocinada orientada al oeste, de 1,15 m aproximadamente por 35 cm en su parte interna. Sobre el enlucido inferior de la tronera se pueden leer las inscripciones grabadas por las tropas republicanas que conquistaron estas posiciones en diciembre de 1937: “No Pasarán” y “U.H.P.” (acrónimo de Uníos Hermanos Proletarios).

La zona de refugio está conectada con el puesto fortificado por dos puertas de acceso en la parte trasera del nido. Sus dimensiones son de aproximadamente 1,3 m de altura y unos 64 cm de anchura. Estas dos puertas son los puntos extremos de un corredor semicircular excavado en el terreno natural, en cuyo punto medio se abre un acceso a una cámara de refugio también excavada. En ella no se aprecian fábricas de acondicionamiento, salvo refuerzos en ladrillo en la zona de apertura. En el paño entre estas dos puertas exteriores hay inscripciones realizadas en el cemento fresco del enlucido. Son alusivas a la unidad que construyó esta obra: “40-Divón / 87. B. mixta-Compañía Zapadores / 1ª Sección”. Debajo de ella, dibujaron un barco visto en perspectiva, navegando en un posiblemente añorado mar.

 

La Muela de Villaspesa y Peña Rubia (Villaspesa)

Entre el Cerro Galiana de Villaspesa y El Castellar de Castralvo, que era la otra posición principal sobre la que pivotaba toda la defensa de este sector, existía una densa malla de enclaves fortificados. Se situaban a distintas alturas de la línea de frente y todos ellos corrieron suertes parejas. Durante los primeros años de la guerra fueron posiciones en poder de la guarnición sublevada de Teruel, destinadas a proteger el flanco meridional de la ciudad. Con la ofensiva gubernamental de diciembre de 1937, cayeron en manos de la República. Y con la contraofensiva franquista, fueron reconquistadas, para quedar a retaguardia cuando se produjo el avance nacional en dirección a Levante.

Al norte del Cerro Galiana, al otro lado de la rambla de la Aldehuela, se encuentra la Muela de Villaspesa (mapa 2º, punto 36; fot. 29). Situada al este de la localidad, la mayor parte de las defensas se encuentran en la parte más oriental de la cumbre, controlando el paso de una barranquera que desciende al barranco de Aldehuela, por donde discurría el Camino de Villaspesa a la Aldehuela, en torno a cuyo tramo inicial se disponía buena parte de la citada malla de enclaves fortificados. Esta posición, que permanecía en poder de la guarnición de Teruel desde el estallido de la guerra, fue tomada el día 20 de diciembre de 1937 por la 219ª Brigada Mixta, perteneciente a la 68ª División republicana. Al final de la Batalla de Teruel, las posiciones próximas a Villaspesa pasaron a quedar a cargo de las tropas de la 11ª División de Líster. Tras la reconquista franquista de Teruel el 22 de febrero, las tropas del general Varela avanzaron a lo largo de los días siguientes por el valle del Turia para recuperar la Muela, junto al resto de posiciones próximas.

Las defensas de este enclave se sitúan en la parte oriental de la cumbre. Es posible apreciar una línea de trincheras bastante colmatada, desde la que se controlaba el acceso al pueblo y al valle del Turia. Destaca la presencia de un túnel, que va desde la línea de trincheras hasta la parte posterior de la montaña y que queda, en todo momento, a resguardo del fuego enemigo. Aunque se conserva en todo su trazado, la posterior está casi totalmente cegada. La presencia de restos de metralla en superficie evidencia el violento bombardeo a que fue sometido el lugar en medio de las operaciones de conquista.

Desde esta posición se divisa al norte la de Peña Rubia (mapa 2º, punto 37; fot. 30), en uno de los puntos más elevados de la Muela de Morante. Desde este punto se tiene un magnífico control visual de todo este sector y de las posiciones que lo defienden. En ella, las estructuras se concentran en la parte superior de la ladera meridional y oriental, en la zona de contacto entre el escarpe rocoso y el talud de la ladera. Dentro del conjunto destaca la presencia de varias cuevas artificiales excavadas en las arcillas. Aunque resulta fácil llegar a la parte alta de Peña Rubia, las cuevas tienen un acceso bastante complicado desde la misma.

 

Las posiciones de Las Albarizas y Santa Ana (Castralvo)

El paisaje aplanado que se extiende al sur de Castralvo, se encuentra jalonado de multitud de pequeñas elevaciones, en muchas de las cuales se conservan restos de posiciones defensivas, aunque generalmente de pequeña entidad. Siguiendo el citado primer tramo del camino de Villaspesa a la Aldehuela nos encontramos con el Puntal de las Albarizas (Posición Castralvo-Aldehuela 1, mapas 3º y 11º, punto 38; fot. 31), posición vinculada a la defensa franquista de la ciudad de Teruel que se extiende a ambos lados del camino. En la parte meridional hay un pequeño cerrete, en cuya cumbre hay un anillo de trincheras, en el que es posible apreciar varios pozos de tirador. Al norte del camino hay otra elevación más extensa, en la que también se conservan trincheras y varias depresiones, posiblemente vinculadas a la existencia de un puesto de mando y de espacios de vida, a tenor de la ubicación en la que se localizan con respecto a las trincheras.

Siguiendo por el mismo camino, a medio kilómetro de la posición anterior se localiza Las Albarizas (Posición Castralvo-Aldehuela 2, mapas 3º y 11º, punto 39; fot. 32). Se trata de una irregular loma que presenta múltiples alturas. El emplazamiento está ocupado por una densa malla de trincheras en zig-zag, que se complementan con la presencia de pozos de tirador y varios espacios de vida excavados en covachas, que se encuentran rellenas de tierra. También se detectan múltiples hondonadas, que podrían corresponderse con cráteres provocados por el impacto de proyectiles. Al igual que en la posición anterior, se detecta en superficie la presencia de restos de metralla, evidencia de que ambos lugares fueron sometidos a un intenso bombardeo.

Abandonando ya el citado camino y dirigiéndonos hacia el norte en dirección a Castralvo, se encuentra Santa Ana (mapas 3º y 11º, punto 40; fot. 33). Se trata de un cerro testigo en cuya cumbre se encontraba la ermita homónima, que resultó arrasada durante la Guerra Civil y posteriormente reconstruida. Esta última intervención supuso la desaparición de casi todas las evidencias de la posición allí existente. En los prolegómenos de la Batalla de Teruel, la guarnición franquista de la ciudad había desplegado allí 13 hombres equipados con 2 ametralladoras.

 

El Castellar (Castralvo)

La Muela de El Castellar (mapas 3º y 11º, punto 41; fot. 34) se sitúa al sureste del casco urbano de Castralvo, resaltando en altura respecto a los espacios circundantes. La elevación está partida casi en dos por el encajamiento de un barranco que asciende hasta la cumbre, lo que le confiere una cierta forma de “herradura”, nombre este último con el que se conoce a su vértice principal. En este relieve se localizó uno de los principales vértices sobre los que pivotaban las defensas exteriores tejidas por la guarnición de Teruel; las demás posiciones existentes hasta Cerro Galiana eran meros emplazamientos de apoyo. A él se le oponían el conjunto de fortificaciones levantadas por la República en Aldehuela y el Puerto de Escandón, lugar este último por el que también se extendían las defensas franquistas de la ciudad. De su importancia da buena cuenta el hecho de que llegó a ser portada incluso de la publicación italiana Il Mattino Illustrato.

Las primeras fortificaciones erigidas en el lugar lo fueron por la guarnición de Teruel, con el objeto de proteger el flanco más meridional de la ciudad. Cuando se produjo la ofensiva republicana de diciembre de 1937, el lugar estaba defendido por el V Batallón del Regimiento Gerona, integrado en la 2ª media Brigada mandada por el teniente coronel Ignacio Gasca Laguna. Este destacamento consiguió repeler los ataques gubernamentales del 40º y 68º Regimiento del XX Cuerpo del Ejército, al mando del teniente coronel Menéndez entre los días 15 a 18 de diciembre, a pesar de haber quedado embolsada su guarnición ya el día 17. En última instancia, el día 19 el enclave era tomado definitivamente por los hombres del 40º Regimiento. Esta posición quedó en manos del V Cuerpo del Ejército, hasta la ofensiva franquista de febrero de 1938. El día 22 de ese mes las tropas de García Valiño, con la ayuda de la 150ª División, reconquistaban el enclave.

Su forma de herradura y sus escarpadas laderas obligan a que el acceso hasta esta altura se realice en todo momento a través del barranco o vaguada central. Precisamente, este espacio es el mejor protegido de todo el conjunto y en el que se sitúan buena parte de los refugios, gracias a la buena protección que les proporcionaba la orografía. En el conjunto destacan las trincheras excavadas a lo largo del perímetro exterior de la plataforma norte y de la plataforma del extremo sur, junto a la línea de la cornisa. En esta última plataforma también hay trincheras transversales que comunican las líneas perimetrales, así como refugios y dependencias auxiliares. Se localizan en cuevas o galerías excavadas en los niveles arcillosos de la ladera media-alta del lado oeste.

 

Fortificaciones del Puerto de Escandón (Castralvo)

Ente la Casa del Coscojar y la Venta Rosa hay alguna posición destinada a proteger el camino que comunicaba Castralvo con la Venta Rosa y que era uno de los que ascendían al Puerto de Escandón. En este sector Casas (2023, 31) documenta una obra fortificada realizada con muros de ladrillo, que considera que en su día pudo servir de puesto de mando.

Ascendiendo ya a las alturas del Puerto de Escandón, la guarnición de la ciudad de Teruel también dispuso de unas posiciones avanzadas, de gran importancia para la defensa de la urbe. Se situaban en una loma con varias elevaciones, próxima a la confluencia de los términos municipales de Teruel, Castralvo y La Puebla de Valverde. Esta línea funcionó como avanzadilla de la guarnición de la ciudad de Teruel en dirección a Valencia desde el inicio de la Guerra Civil. Su papel fue fundamental, dado que Levante sería el punto de arranque de las principales ofensivas lanzadas por la República sobre el saliente de Teruel.

Las posiciones del Puerto de Escandón fueron conquistadas por las tropas republicanas el 18 de diciembre de 1937 durante la ofensiva republicana. Su captura se vio facilitada, tras el repliegue de las avanzadillas nacionales sobre las posiciones del Mansueto y las que estaban situadas más próximas a Teruel. Posteriormente, ya finalizadas las batallas de Teruel y del Alfambra, llegó la ofensiva nacional sobre Levante. Fue en ese ese momento cuando la posición fue definitivamente recuperada por los sublevados, situación que se mantendría sin cambios hasta el final de la contienda.

Los restos conservados (mapas 3 y 11, punto 42; fot. 35) consisten en una red de trincheras excavadas en un pedregoso terreno protegidas con parapetos de piedra en seco. Siguen un eje lineal, que se prolonga a lo largo de más de un kilómetro de longitud. En ella se distinguen posiciones de ametralladora y recintos de servicio y cobijo para la tropa. En la ladera este se observa una excavación en el terreno natural, que podría corresponder con la presencia de un aljibe. Dada la orientación que presentan los restos conservados, podrían corresponder mayoritariamente a la fase de dominio republicano de esta posición.

 

Pancho Villa o el Parapeto de la Muerte (Castralvo)

En una loma situada a unos 700 m. al sur de la anterior (mapas 3º y 11º, punto 43; fot. 36), dominando los barrancos que descienden hacia Castralvo y la posición de El Castellar, se encuentra la posición Pancho Villa, también conocida como el Parapeto de la Muerte. Ambos nombres obedecen a un oscuro episodio que tuvo lugar en agosto de 1936, durante el avance de la Columna de Hierro en dirección a la ciudad de Teruel. En un momento de parlamento entre republicanos y sublevados, se inició un tiroteo (existen distintas versiones sobre quien violó la tregua), muriendo los mandos de ambos bandos. Entre los fallecidos se encontraba Rafael Martí, conocido como “Pancho Villa” por los milicianos de la Columna de Hierro.

Las estructuras conservadas en esta posición se corresponden con un puesto de mando, seguramente creado durante el asedio republicano a Teruel, dentro del cual destaca la presencia de dos estructuras. La primera de ellas es una construcción de mampostería trabada con mortero de cemento, que pudo desempeñar las funciones de puesto de mando-observación. La segunda es un fortín, construido con ladrillo, mampostería y mortero de cemento, que integra un nido de ametralladora. Presenta troneras en tres de sus direcciones y un parapeto con aspilleras para fusilería.

Ya en el término de la Puebla de Valverde, pero vinculados con esta posición, también se conservan restos de diferentes elementos fortificados: varios conjuntos de trincheras, un nido de ametralladora de hormigón y ladrillo, un fortín posiblemente utilizado como puesto de mando (con una tronera y entrada en cuña) y una tercera construcción más deteriorada, cuya función resulta difícil de interpretar. Y algo más al sur, en otra de las barranqueras que descienden a la rambla del Puerto de Escandón, hay una serie de zonas de vida y un aljibe de fábrica de ladrillo y mortero de cemento, revestido con este último material, en la que, según Casas (2923, 64), aparecía una inscripción, parcialmente desaparecida de “Cª Carabineros”, sobre el emblema de dicho cuerpo (dos fusiles cruzados sobre un haz refulgente), flanqueado de “Bon” (batallón) y “nº 23”. Por debajo la data de la estructura “15-6-37” y “Pedros”, que Casas interpreta como referencia a los posibles autores.

 

El Mansueto (Teruel - Valdecebro)

El último gran punto fuerte del dispositivo defensor de este tramo del frente era El Mansueto. Se trata de una reducida muela situada en el extremo oriental de una pequeña alineación montañosa que se extiende desde la ciudad de Teruel hasta las proximidades de Valdecebro. Estas elevaciones tenían considerable relevancia, ya que protegían el acceso a Teruel por el sureste, dominando la carretera de Cantavieja, el pueblo de Valdecebro, el paraje de Caparrates y la carretera de Valencia. Junto con la prolongación hacia el oeste de esta pequeña alineación montañosa (La Serretilla y Santa Bárbara) y las elevaciones del sector del Cementerio, eran las posiciones defensivas establecidas por la guarnición nacional que se encontraban más próximas a la ciudad.

Durante la ofensiva republicana de diciembre de 1937 la guarnición de este enclave, junto con la del Cementerio, fue la última en replegarse sobre Teruel, haciéndolo el día 22, una semana después de que diera comienzo el ataque gubernamental. Fue, tras la conquista republicana, cuando en la vertiente que da vista al casco histórico de la ciudad se abrirían algunas nuevas trincheras, permaneciendo en calma este sector hasta el final de la Batalla de Teruel.

La ruptura del frente del Alfambra por la 13ª División nacional el día 17 de febrero de 1938 y su rápido avance hasta la carretera de Corbalán precipitaría la caída del Mansueto tan sólo tres días después. Tras un fuerte bombardeo artillero y aéreo, las fuerzas de la 101ª Brigada de la República, que eran las encargadas de defender esta altura, fueron hechas prisioneras.

El conjunto fortificado ocupa, tanto la parte alta y media de la ladera oriental, como una serie de espolones y salientes, entre los que destaca el Puntal del Mansueto (mapas 4º y 10, punto 44; fot. 37). La mayor parte de los restos se sitúan en la parte superior de las laderas, en la zona que se sitúa más próxima a la cumbre.

En este enclave se identifican diversas estructuras. La más relevante es una estructura fortificada de forma rectangular, con acceso saliente en su parte posterior y que se conecta con la red de trincheras. Está realizada en hormigón armado con hierro y en algún caso este refuerzo férreo consiste en raíles ferroviarios reutilizados como materiales constructivos para aumentar la resistencia de la obra. Presenta mirillas abocinadas al norte, este y sur (de las que se conservan la sur, reforzada con fábrica del ladrillo y la este parcialmente).

Su parte interior se encuentra revestida con fábrica de ladrillo visto trabado con cemento, lo que deja un espacio útil para la tropa bastante reducido. También está construido con este material el lienzo norte de la boca de acceso. La cubierta, también de hormigón armado, está colapsada y se encuentra dispersa por la ladera, posiblemente por amortizaciones ya en Postguerra. A pesar de tener colapsada la cubierta, todavía se aprecian algunas mirillas abocinadas, así como su planta en forma de T.

Esta estructura conecta con una larga línea de trincheras, que se extiende hacia el norte y hacia el sur, con algunas posiciones fortificadas y puestos de tirador. El conjunto, que se extiende a lo largo de 2 km de longitud, tiene un carácter discontinuo, alternándose las trincheras, parapetos, posiciones fortificadas y dependencias de servicio y cobijo de tipología y morfología muy diversa. Las trincheras se realizaron, unas veces excavando el terreno natural y otras creando parapetos en piedra seca. En la parte posterior, dando vistas al actual barrio de la Fuenfresca se instalaron en una antigua paridera las cocinas y otros servicios. En las prospecciones sobre el terreno se hallaron latas de conserva, evidencia de la presencia de la tropa republicana en el lugar durante largo tiempo. Pero, también abundante metralla, procedente de los proyectiles arrojados durante el ataque nacional de finales de febrero.

Las Serretillas y Cerro de Santa Bárbara (Teruel)

Ya en las inmediaciones de la propia ciudad de Teruel encontraremos otras posiciones fortificadas, las principales de las cuales se sitúan en el sector Las Serretillas - Cerro de Santa Bárbara y en el entorno del Cementerio de Teruel.

Las Serretillas son un conjunto de posiciones que median entre Los Mansuetos y el Cerro de Santa Bárbara. De este a oeste, encontramos en primer lugar Las Serretillas 4 (mapas 3º y 4º, punto 45; fot. 38), situado en el extremo meridional de la loma en la que entra en contacto el alineamiento de Las Serretillas con la muela de El Mansueto. Desde esa cumbre se tiene un control visual importante. En ese punto se localiza una trinchera muy colmatada, que rodea una hita o mojón.

Mucha más entidad posee Las Serretillas 3 (mapa 4º, punto 46; fot. 39), situada en la parte intermedia de la larga loma al oeste del Puntal de la Marquesa, sobre la línea de cumbres, en la divisoria de aguas entre el río Seco y los barrancos que cruzan la zona de Las Arcillas hacia el río Turia. Parece corresponderse con un posible puesto de mando excavado en los yesos, de planta cuadrada, con un sector central sin excavar, posiblemente para facilitar el apoyo de la cubierta; tenía una puerta abierta hacia el sur. Se encuentra asociado a una posible línea de trincheras que se encuentra situada ladera abajo.

Las Serretillas 2 se localiza en el cerro central de esta pequeña alineación montañosa (mapa 4º, punto 47; fot. 40), en la parte superior de la ladera meridional y en la zona de contacto con la estrecha y alargada cumbre. Se trata de una línea de trincheras picadas en el sustrato rocoso, conservando algunos parapetos muy irregulares de piedra. También se detecta algún posible cráter provocado por el impacto de proyectiles.

En cuanto a Las Serretillas 1, se localiza en el extremo meridional de una loma alargada que tiene dirección norte-sur, contiguo al Collado de Santa Bárbara (mapas 2 y 4º, punto 48; fot. 41). Se trata de un pequeño anillo de trincheras localizado en la zona de contacto de las laderas con la cumbre.

En el Collado de Santa Bárbara (mapas 2 y 4º, punto 49; fot. 42), sobre una pequeña elevación contigua, hay otro pequeño conjunto de trincheras, que se localizan en la cumbre y en la ladera meridional, y que se encuentran muy colmatas.

Este conjunto de posiciones fortificadas se termina en Santa Bárbara (mapas 2 y 4º, punto 50; fot. 43). Se trata de un cerro testigo que marca la divisoria de aguas entre la Rambla del Río Seco y los primeros barrancos que desaguan en la margen derecha del río Turia a la altura de la ciudad. Esta elevación ha registrado distintas ocupaciones, destacando un asentamiento del Bronce Antiguo-Medio y una ermita construida en las últimas décadas del siglo XV. Durante la Guerra Civil resultó destruida la ermita. Reconstruida en la Postguerra, la posterior instalación de una serie de antenas de telecomunicaciones ha supuesto la lamentable destrucción de la mayor parte de los restos de la Guerra Civil, además del poblado de la Edad del Bronce y de la ermita. Aún se conserva algún tramo de trinchera y se detectan en superficie restos de cuevas colmatas.

 

El Cementerio de Teruel, el Bunker del Planizar y el Nido de ametralladora de Las Atarazanas (Teruel)

Por su ubicación, el Cementerio de Teruel (además de albergar la fosa común a la que ya nos hemos referido anteriormente, (mapa 4º, punto 9), fue una posición muy disputada. Escenario del ataque republicano de diciembre de 1936, volvió a ser epicentro de fuertes combates durante la Batalla de Teruel. Aunque la mayor parte de las estructuras han desaparecido, los testimonios de los fuertes bombardeos de los que fue objeto este sector salieron a la luz en El Planizar, en forma de una decena de proyectiles sin explosionar, durante las obras asociadas al Nuevo Hospital de Teruel.

En un amplio descampado existente en la zona más alta de El Planizar, cerca de un gran poste eléctrico y una antena de telecomunicaciones, se localiza el llamado Búnker del Planizar (mapa 4º, punto 51; fot. 44). Se encuentra perfectamente orientado hacia la carretera de Cantavieja. Se trata de un nido de ametralladora de planta rectangular, aunque con esquinas redondeadas en la parte orientada hacia el este, punto en el que se abría una amplia tronera panorámica. Construido con mampostería trabada con mortero de cemento, tenía la entrada por el oeste. En su entorno inmediato hay evidencias de varias líneas de trincheras. Lo más probable es que fuera una estructura defensiva construida por el ejército franquista, siendo tomada durante la ofensiva republicana. Posteriormente, la posición fue defendida por las tropas de El Campesino y asaltada por las sublevadas del comandante Tejero.

La guarnición nacional de Teruel también levantó una posición defensiva en la cornisa que se alza sobre el actual centro penitenciario, junto al escarpe. Contaba con una excelente ubicación, al situarse frente a la estratégica Muela, de la que ya hemos hablado. Y, al mismo tiempo, también dominaba la antigua carretera de Zaragoza, la vía férrea Teruel-Zaragoza, así como la confluencia de los ríos Alfambra y Guadalaviar. Desde esta posición podía batirse cualquier fuerza militar enemiga que tratara de infiltrarse a través del valle del río Alfambra. De esa línea tan sólo se conserva una única fortificación, el nido de ametralladora de Las Atarazanas (mapas 2 y 4º, punto 52; fot. 45), destinado a actuar como puesto de observación o nido de ametralladora. Se trata de una construcción realizada con gruesos muros de hormigón, de planta rectangular, con pasillo de entrada en recodo. En la zona frontal tiene sendas troneras horizontales, orientadas hacia la carretera y la vía férrea que se sitúa a sus pies y sobre la que ejerce una posición dominante. No se conservan restos de la cubierta. Este enclave fue tomado al comienzo de la Batalla de Teruel por el ejército republicano y posteriormente recuperado por el ejército nacional.

 

Cerro Gordo (Caudé) y El Cedrillar (Concud)

Para evitar un posible envolvimiento de la ciudad de Teruel por parte de fuerzas republicanas en su sector noroeste, se levantaron las posiciones de Cerro Gordo (Caudé) y El Cedrillar (Concud).

El conjunto de Cerro Gordo fue construido por las tropas franquistas en torno al mes de junio de 1937. Desempeñó un papel destacado en los intentos de infiltración de la 11ª División republicana de Líster, sobre Concud y la carretera de Zaragoza del 15 de diciembre de 1937, operación que permitió a la República tomar Teruel. Posteriormente, a finales de ese mes la 8ª y 12ª bandera de Aragón, contando con el apoyo de una batería de artillería de 75 mm trataron, sin éxito, de romper el cerco republicano sobre Teruel. Para ello, libraron duros combates con las tropas republicanas que se encontraban desplegadas en las cotas próximas a este enclave.

Posteriormente, en enero de 1938 este lugar sirvió de punto de concentración de las tropas nacionales, de cara al lanzamiento de sus ofensivas sobre las posiciones republicanas que se erigían frente a él. Tras intensos combates, las fuerzas franquistas recuperaron estas alturas y buena parte del llano, lo que les permitió entrar en la población de Concud. Cerro Gordo se convertiría en un observatorio privilegiado desde el que dirigir el ataque de mediados de enero. Desde las inmediaciones de Caudé hasta Santa Bárbara de Celadas se instalaron cerca de 500 piezas de artillería, muchas de ellas en los alrededores de Cerro Gordo, tomando parte en las operaciones iniciales de la Batalla del Alfambra.

Este enclave se encuentra en la conocida como Sierra del Cerro Gordo, a caballo entre el monte que le da nombre al pequeño conjunto montañoso (el Cerro Gordo propiamente dicho) y la segunda cota más elevada (Monte de Santa Bárbara), comprendiendo también una pequeña vaguada que sirve de cabecera del Arroyo de Concud. Esta articulación contribuye a su articulación en dos conjuntos diferenciados:

Conjunto Sur – Cerro Gordo (mapas 5º y 6º, punto 53; fot. 46). Grupo complejo de trincheras, fortificaciones y dependencias de servicio-cobijo, en el que destaca un observatorio. Este último es de planta rectangular y se encuentra excavado en la roca. Está construido con fábrica de mampostería, hormigón y ladrillo, y revestido interiormente de cemento. A él se accede por su parte trasera con una entrada acodada y presenta aspilleras en todos sus laterales. De él parte una red de trincheras que lo une con distintos espacios de refugio. En este lugar se localiza un peirón levantado con posterioridad en honor a Santa Bárbara, y que reutiliza materiales procedentes de las estructuras, entre los que destaca un raíl procedente de las vías férreas.

Conjunto norte - Monte de Santa Bárbara (mapas 5º y 6º, punto 54; fot. 47). Grupo de mayor entidad que el anterior, está formado por trincheras, fortificaciones y dependencias de servicio-cobijo. En este enclave también se localiza un observatorio similar al anterior. Más al sur hay un gran espacio de servicio o cobijo, de planta rectangular, con su base también excavada en la roca, paredes de mampostería y revestimiento interior de cemento. En su interior tiene grabadas 3 inscripciones visibles: dos de ellas rezan “ZAPADORES”, y una tercera “TRABAJADORES”. Una de estas inscripciones de Zapadores incluía la fecha de realización de la obra (1-6-1937), que actualmente se encuentra perdida. Estas estructuras se completaban con una amplia red de trincheras de cobertura. En el lugar abundan las latas de conserva y la metralla, algo habitual en los lugares ocupados durante mucho tiempo y posteriormente sometidos a violentos bombardeos artilleros.

En cuanto a la posición de El Cedrillar de Concud (mapa 5º, punto 55; fot. 48), es una continuación de la de Cerro Gordo (en las estribaciones meridionales de esta pequeña sierra), aunque aislada de ella por el profundo barranco del Monte. En este enclave tan sólo se distingue alguna línea de trincheras de escasa profundidad excavada en la roca y con parapetos de piedra seca. También en sus proximidades se aprecia algún emplazamiento artillero para piezas de montaña de pequeño calibre. La suerte de esta posición sería idéntica a la corrida por el cercano Cerro Gordo de Caudé. En su parte posterior los soldados nacionales levantaron precarios refugios, en vísperas de que se produjera el asalto sobre las fortificaciones republicanas que tuvo lugar a mediados de enero de 1938.

Más al sur, en las alturas que dominan Caudé, Casas (2023, 85) recoge referencias a una fortificación realizada con muros de hormigón, muy deteriorada[26].

 

La línea de frente nacional que enlazaba con retaguardia: Santa Bárbara (Celadas), Villarquemado y Torrelacárcel.

Una vez estabilizado el frente en torno a Teruel, tras el estallido de la guerra, la ciudad quedó casi completamente rodeada por territorio que permanecía en poder de la República. Su única vía de comunicación con el resto de las posiciones nacionales era el corredor que unía la capital turolense con la retaguardia ubicada en el Jiloca y, en último extremo, con Zaragoza. Esta línea, por la que discurría la carretera y la vía férrea Teruel-Zaragoza, podía considerarse el cordón umbilical de Teruel, pues de su conservación dependía la supervivencia de la guarnición de la capital turolense, al ser la única vía a través de la que podían recibir refuerzos y víveres con los que sostenerse.

Esta línea, encargada de prestar soporte a Teruel, pivotaba sobre una serie de puntos estratégicos. Todos ellos resultaban vitales, pues se escalonaban en el espacio y una ruptura en cualquiera de ellos podía comprometer la situación general de todo el frente. En estos últimos años hemos tenido la posibilidad de excavar en tres de ellos.

 

Santa Bárbara de Celadas

El más próximo de estos puntos estratégicos a la capital era el de Santa Bárbara de Celadas (mapa 6º, punto 56; fot. 49). Este enclave ocupó un papel fundamental en el frente de Teruel durante toda la Guerra Civil. Ello se debió, en buena medida, al hecho de que ejercía un control total sobre los accesos a la encrucijada de comunicaciones sobre la que se asienta la capital turolense. Desde allí se gozaba de una visión privilegiada de muchos kilómetros a la redonda, tanto del frente republicano situado en la Loma de Casares como de todas las líneas propias situadas a su espalda. Buena muestra, de la importancia que revestía este enclave para los dos bandos, resultan los continuos intentos republicanos por apoderarse de él.

Con el fin de aliviar la presión que estaban ejerciendo las fuerzas nacionales sobre el frente norte, el Gobierno de la República decidió lanzar a lo largo del mes de abril de 1937 una ofensiva a gran escala sobre el saliente de Teruel. El plan operativo republicano consistía, en esta ocasión, en practicar una serie de ataques principales sobre la carretera que unía Teruel con Zaragoza y sobre la línea Santa Bárbara-Celadas-Cerro Gordo. La maniobra se completaba con otros ataques de carácter secundario en la Sierra de Albarracín. Si bien estos últimos sectores estaban alejados de la capital turolense, con ellos se buscaba distraer tropas enemigas del esfuerzo principal, evitando que pudieran acudir en socorro de la plaza atacada.

Tras la ejecución de un bombardeo aéreo de gran intensidad sobre los objetivos a atacar, la ofensiva republicana dio comienzo el 16 de abril sobre Gea de Albarracín y Celadas de forma simultánea. En esta última localidad los atacantes lograron apoderarse al día siguiente de las estratégicas posiciones de San Roque y de Santa Bárbara. En este último enclave quedó establecido el puesto de mando de la 22ª Brigada Mixta, que operaba al mando del comandante Francisco Galán.

El día 20 un primer contingente de tropas nacionales trató de recuperar Santa Bárbara, aunque fracasó en su intento. Los atacantes, una vez frustrada su tentativa, se vieron obligados a replegarse de forma desordenada en dirección a Caudé, batidos en todo momento por la aviación y por los carros de combate republicanos. En medio de la confusión reinante, el bando nacional también cedió al enemigo la localidad de Celadas. Las pérdidas de los sublevados, tanto en lo que a medios materiales como humanos se refiere, resultaron muy elevadas. La situación alcanzó tintes dramáticos, viéndose obligados los derrotados a reorganizar de forma precipitada sus unidades para tratar de frenar el desastre y reorganizar la línea de frente. En los partes republicanos de esa jornada se cita la captura de más de 100 prisioneros, así como la de abundante material militar, entre el que destacan 5 piezas de artillería, 5 morteros y 17 ametralladoras.

Los combates del día 21 alcanzan menos intensidad que en las jornadas precedentes. Sin embargo, la jornada del 22 las tropas republicanas volvieron de nuevo a la acción, apoyadas por los carros de asalto y la aviación. Por cuatro veces consecutivas atacaron las posiciones vecinas de Cerro Gordo (Caudé). En todas ellas fracasaron, dejándose un elevado número de bajas en los sucesivos intentos. La ofensiva se repitió a lo largo del día 24 con idénticos resultados.

El 26, y después de un intenso bombardeo aéreo, las fuerzas nacionales consiguieron recuperar el cerro de Santa Bárbara. La posición fue objeto de un violento contraataque republicano a lo largo de la jornada siguiente, que no logró hacer cambiar de manos el lugar. El interés demostrado por ambos bandos, por mantener en su poder este enclave, revela la trascendencia que nacionales y gubernamentales le otorgaban a su posesión.

El coronel Velasco, jefe del Sector norte, había instalado su puesto de mando en una de las casas próximas a la iglesia de Celadas. El bombardeo de un grupo de aviones alemanes acabó con su vida y también con la del comisario de la 22ª Brigada Mixta. A consecuencia de estas inesperadas muertes, los mandos republicanos tomaron la decisión de abandonar el pueblo de Celadas aprovechando la oscuridad de la noche. Con este último episodio terminaba la ofensiva republicana de abril de 1937 y que tenía como objetivo tomar Teruel.

Desde ese momento la posición de Santa Bárbara desempeñó un papel fundamental como observatorio para el bando franquista. Desde allí se controlaban visualmente 16 kilómetros de la línea de frente republicana y, especialmente, posiciones tan vitales para las fuerzas gubernamentales como lo era la Loma de Casares, situada justo enfrente.

Santa Bárbara fue clave como observatorio a la hora de tratar de frenar las contraofensivas republicanas de finales de enero de 1938, lanzadas por las tropas gubernamentales de forma previa al comienzo de la Batalla del Alfambra. Estaban destinadas a tratar de recuperar las estratégicas posiciones del Alto de Celadas y del Muletón, perdidas pocos días antes. Pero, donde verdaderamente las fuerzas nacionales podrán explotar al máximo las capacidades de la posición de Santa Bárbara será al comienzo de la Batalla del Alfambra.

Allí instaló el general Aranda el puesto de mando avanzado del Cuerpo de Ejército Galicia, integrado por cinco divisiones (13, 83, 84, 85 y 150). También contaba con el apoyo de 56 Baterías, de las cuales 8 tenían calibres superiores al 105. Fue desde Santa Bárbara desde donde se coordinó el fuego artillero y la ofensiva que les permitió a las fuerzas nacionales romper las líneas republicanas y alcanzar el río Alfambra en las proximidades de Villalba Baja entre los días 5 y 7 de febrero de 1938.

Son numerosos los vestigios de la Guerra Civil que se conservan en esta posición, dada la importancia que adquirió. El primero de ellos es un refugio subterráneo excavado en la roca (fot. 50) y que cuenta con dos accesos, de modo que se facilitaba el refugio de las tropas en su interior de forma rápida y segura. Se localiza a contrapendiente, lo que hace imposible que pudiera ser alcanzado por el fuego de la artillería enemiga, efectuado desde las posiciones republicanas situadas justo enfrente, en la Loma de Casares.

En sus inmediaciones se observa en el suelo, escrito con letras de grandes dimensiones, el rótulo “VIVA ESPAÑA”. Para su elaboración fueron utilizadas piedras blanqueadas con cal. Dado su tamaño, era posible observarlo desde el aire. Su finalidad era que los pilotos nacionales pudieran distinguir con claridad las líneas propias de las republicanas. Hay que tener en cuenta que en este sector del frente las líneas de los dos bandos estaban relativamente cerca entre sí, lo que podía conducir a error y que se pudiera producir fuego amigo.

En el transcurso de las excavaciones arqueológicas realizadas en el año 2019 se ha sacado a la luz un conjunto de elementos, que ayudan a clarificar la función de esta posición (fot. 51). El primero es una trinchera principal excavada en la roca, en torno a la cual se articulan y distribuyen el resto de las posiciones. Tiene un trazado rectilíneo en su tramo inicial que se dirige hacia las posiciones situadas a contrapendiente. Y adopta la forma en zig-zag, cuando desciende hacia la ladera situada frente a las posiciones republicanas de la Loma de Casares.

Uno de sus ramales se comunica con el refugio subterráneo y otro con una estructura cuadrangular, que se encuentra rodeada de trincheras destinadas a prestarle cobertura. Esta estructura está completamente excavada en la roca, en algunos puntos incluso a más de dos metros de profundidad. En su acceso se encontraron abundantes vainas de balas y en su interior una tapa de caja de municiones con agujeros de bala (fot. 52). Estas evidencias corroboran que se libraron violentos combates por la posesión de esta estructura, llegándose al combate cuerpo a cuerpo y al intercambio de fuego a corta distancia. Casi con total seguridad, estos enfrentamientos se podrían fechar durante el mes abril de 1937, cuando la posición fue conquistada efímeramente por las tropas republicanas. Se trata del único acontecimiento, en el que tenemos constancia de que se llegó al combate cuerpo a cuerpo en este enclave.

El material fotográfico conservado de la posición de Santa Bárbara en la Biblioteca Nacional también ayuda a entender la función de este singular espacio. En una fotografía del 6 de febrero de 1938 es posible apreciar esta estructura (fots. 53 y 54). Aparece cubierta con ramajes para pasar desapercibida frente a la aviación y a los observadores de artillería enemigos. Fuera de ella varios oficiales nacionales de alta graduación observan el bombardeo artillero que se está efectuando sobre la cercana Loma de Casares. Esto nos lleva a pensar que la estructura excavada podría ser un puesto de mando o un observatorio para artillería.

Esta estructura cuadrangular no es la única conservada en la posición, aunque sí la única que ha sido excavada. En el extremo opuesto encontramos un espacio similar, aunque en este caso relleno de piedras por el colapso de sus paredes hacia el interior. Su función es imposible de determinar sin llevar a cabo las pertinentes excavaciones. No obstante, quizás pueda tratarse de un segundo observatorio de artillería, pues desde él podría verse un sector del frente republicano que no se puede ver desde la estructura que ha sido excavada. En la Biblioteca Nacional todavía aparece otra tercera estructura (fot. 55), que por el momento ha sido imposible localizar dentro de esta posición, dado lo colmatadas de piedras y tierra que se encuentran todas las trincheras y estructuras.

En las excavaciones se detectó la presencia de piquetas de hierro (fot. 56), de las utilizadas para la instalación de las alambradas. Pero, en este caso su empleo fue para el entibado de alguna pared, especialmente la de la trinchera auxiliar que comunica la trinchera principal con el puesto de mando. También en este punto se hallaron evidencias de haberse realizado fuego, además de aparecer cucharas, latas y botellas rotas. Con seguridad, en este punto sería donde los soldados que hacían guardia en este sector o que servían dentro del puesto de mando, llevarían a cabo sus recesos para alimentarse.

 

Las posiciones de Villarquemado[27]

Desde Santa Bárbara, y en dirección a Calamocha, el primer escalón en importancia dentro del dispositivo de la retaguardia nacional, las líneas se apoyaban sobre los pueblos situados en el llano. Es el caso, por ejemplo, de Villarquemado, cuyas principales alturas estaban jalonadas de posiciones fortificadas, entre las que ocupaba un lugar destacado Montón de Tierra. A ellas se oponía la posición republicana de Cerro Montero (mapa 7º, punto 58; fot. 57), situada a escasa distancia. Esta línea estuvo estabilizada hasta la Batalla del Alfambra, a principios de febrero de 1938; al frente de la defensa de Cerro Montero se encontraban tropas de la 151ª Brigada Mixta, que nada pudieron hacer frente al avance de la 85ª División del bando sublevado.

Por su parte, la función de la republicana posición del Cerro del Piojo I y II (mapa 7º, puntos 59 y 60; fot. 58) tenía la función de proteger el corredor que unía el valle del Jiloca con el del Alfambra, por el que actualmente discurre la carretera TE-V-1008, que va de Santa Eulalia a Alfambra. Tampoco pudo hacer nada para rechazar el avance de la 85ª División franquista. El puesto de mando del sector se localizaba en las inmediaciones de Patagallina.

Fortines de Torrelacárcel y el Cabezo Alto

Desde las posiciones de Villarquemado el frente proseguía en dirección a Torrelacárcel, población que constituía otro de los puntos clave dentro del sistema defensivo nacional de esta línea. Allí se situaba la principal vía que comunicaba el Jiloca con las posiciones bajo control republicano situadas en el Altiplano. Esto convertía este cruce de comunicaciones en el punto idóneo para que las fuerzas gubernamentales pudieran llevar a cabo cualquier intento de infiltración destinado a cortar las líneas logísticas nacionales, pues se contaba con la carretera para el rápido desplazamientos de tropas y vehículos que permitieran llevar a cabo una ofensiva de forma rápida.

Torrelacárcel cuenta con un primer conjunto de posiciones en las afueras de la propia localidad (mapa 8º, punto 61). Se localizan en el principal camino de acceso que se dirigía hasta ella y su cometido era proteger a la población, en el caso de que cayeran en poder enemigo las defensas que jalonaban las alturas y que debían actuar como un primer escalón de intercepción. Este conjunto se compone de dos refugios y de dos nidos de ametralladora de hormigón, que adoptan una disposición en cremallera y se encuentran perfectamente conservados.

Mayor entidad presenta el conjunto de los fortines del Cabezo Alto (mapa 8º, punto 62; fot. 59), localizado en el extremo noroeste de la población, en una posición dominante sobre el entorno circundante. El “Búnker Alto” (fot. 60) está compuesto por una construcción principal de hormigón. Adopta la forma rectangular y sus dimensiones son de 9,5 m de longitud por poco más de 4 m de anchura, y se encuentra dividido en dos estancias separadas entre sí por un grueso muro.

La primera de ellas, curiosamente orientada en dirección a la carretera y a la propia localidad de Torrelacárcel, y no hacia el lugar desde el que podría llegar un hipotético ataque republicano como sería lo más lógico, es un pasillo de tiradores (fot. 61). En él se abren nueve posiciones para el disparo de fusilería. La segunda, situada a espaldas de la primera, y comunicada con ella únicamente a través de dos estrechos pasos situados en sus extremos, debió servir como refugio y zona de descanso para los combatientes que guarnicionaban la posición (fot. 62). Aunque hoy en día esta posición se encuentra descubierta, al haber perdido la cubierta que la protegía, durante la Guerra Civil contaba con un techo, que otorgaba una protección adicional a sus ocupantes en caso de ataque. También los protegería de las inclemencias meteorológicas y en especial del intenso frío.

Son numerosos los grafitis conservados en esta estructura, varios de ellos alusivos a la 8ª Compañía del 5º Regimiento de Zapadores, que sería la unidad que construyó esa posición.  En los muros interiores de esta estructura es posible apreciar la presencia de abundantes impactos de bala. También encontramos impactos en el exterior de los puestos de tirador. Dada su localización, tuvieron que ser efectuados desde las posiciones nacionales que se localizaban en los alrededores de la población de Torrelacárcel. De todo esto se deduce que el enclave fue tomado por las tropas republicanas en algún momento, quizás en los intentos de infiltración de enero de 1938 con los que se buscaba generar una maniobra de distracción sobre las operaciones que se estaban desarrollando en torno a Teruel. Y que, por tanto, se combatió intensamente por su posesión.

En torno a este enclave principal se localizan otras dos posiciones, construidas también en hormigón (fot. 63). Se sitúan en posiciones estratégicas, desde las cuales es posible divisar amplios sectores de la línea de frente, de modo que también son capaces de prestarse apoyo de fuego mutuo y divisar la carretera que unía el Jiloca con el Altiplano. Ambas son muy similares y adoptan la planta cuadrada, delimitada por gruesos muros en los cuales se abren troneras de rediente o escalonadas (fot. 64 y 65). No obstante, el occidental es un poco más grande que el meridional (algo más de 3 m. y poco menos de 3 m., respectivamente).

En la más próxima a la estructura cuadrangular, y uno de cuyos frentes está orientado hacia el pueblo de Torrelacárcel, se encontraron abundantes vainas. Su presencia seguramente esté vinculada con los combates anteriormente mencionados y en los que la posición debió pasar de forma efímera a manos de la República. En la otra estructura cuadrangular también aparecen grafitis, en este caso alusivos al general Franco.

Todas las construcciones de esta posición se encontraban comunicadas entre sí por medio de líneas de trincheras, que se prolongaban por el límite perimetral de la cumbre. En ellas se detectan, al menos dos puestos de tirador excavados en la cantera. Este dispositivo permitía que los soldados quedaran protegidos en todo momento durante sus desplazamientos entre los diferentes sectores, pudiendo acudir a los puntos donde fuera necesaria su presencia sin ser detectados sus movimientos.

 

Posiciones republicanas de bloqueo en torno a Teruel: de La Loma de Casares (Celadas) a la Aldehuela.

En las inmediaciones de Teruel existían numerosas posiciones republicanas, destinadas a bloquear la capital y su entorno más inmediato. Su cometido era mantener una presión continua sobre su guarnición nacional, convirtiéndose también en los enclaves destinados a servir de punto de partida para las ofensivas lanzadas por las tropas gubernamentales de cara a tratar de apoderarse de la capital turolense. Para facilitar su comprensión haremos un recorrido desde el noroeste hasta el sureste, empezando por las posiciones existentes en el término municipal de Celadas y concluyendo en La Aldehuela.

 

Loma de Casares (Celadas)

La primera de estas posiciones es la Loma de Casares (Celadas), que ocupaba una serie de elevaciones contiguas a la Ermita de San Cristóbal (mapa 6º, punto 63). Las líneas de trincheras gubernamentales se prolongaban casi hasta las inmediaciones del pueblo de Celadas. Se oponían a la posición nacional de Santa Bárbara, ubicada en el mismo término municipal y de la que ya hemos hablado cuando nos hemos referido a la línea de enlace nacional de Teruel con sus posiciones de retaguardia.

La posición de Loma de Casares fue el último reducto republicano del frente de Celadas en ser tomado por las tropas nacionales durante la Batalla del Alfambra. Era uno de los principales vértices sobre los que se sustentaba la defensa republicana en este sector y el que mejores capacidades defensivas poseía de todo el conjunto de esta línea defensiva. Cuando se produjo el ataque nacional de principios de febrero de 1938, su custodia le había sido encomendada al 233º Batallón, uno de los tres batallones de que se componía la 59ª División republicana.

La Loma de Casares quedó al margen de los primeros combates de la Batalla del Alfambra, cuyo inicio tuvo lugar el día 5 de febrero de 1938. Los mandos nacionales se inclinaron por no lanzar un ataque directo contra esta posición, operación en la que con seguridad habrían sufrido cuantiosas pérdidas. Así pues, optaron por llevar a cabo una maniobra de flanqueo para provocar su caída, atacando otras posiciones vecinas que tenían unas capacidades defensivas mucho más limitadas. La 84ª División franquista culminó con éxito esta operación de flanqueo el día 6 de febrero, logrando romper el frente en otro sector contiguo (fot. 66).

Al día siguiente tuvieron lugar una serie de operaciones de distinta envergadura, todas ellas destinadas a crear tres cabezas de puente en la orilla izquierda del río Alfambra. Frente a Perales debía establecer una el Cuerpo de Ejército Marroquí. En Alfambra y en Villalba Baja debían ser creadas las otras dos por diferentes unidades encuadradas dentro del Cuerpo de Ejército de Galicia. La más interesante, por la importancia que reviste para la posición de Celadas que nos ocupa, es la que tenía como protagonista a Villalba Baja, y cuya ejecución le correspondió a la 13ª División nacional.

A lo largo de esa jornada la 13ª División, que se había beneficiado de la maniobra envolvente protagonizada por la 84ª División, logró tomar la Loma de Casares y la Losilla. En las posiciones enemigas, duramente castigadas por el fuego de artillería efectuado de forma previa, los asaltantes apenas encontraron resistencia. Allí hallaron los cadáveres de 300 soldados republicanos y fueron tomados otros 34 prisioneros. Estos últimos, seguramente al encontrarse heridos no pudieron escapar del lugar junto al resto de sus compañeros de armas. Entre el botín aprehendido en la posición tomada se incluían 100 fusiles, 2 fusiles ametralladores y un mortero. Más de la mitad de los efectivos con que contaba el 233º Batallón habían caído en combate o habían sido apresados en la ofensiva. Al caer la tarde los supervivientes de esta maltrecha unidad se replegaron de forma precipitada en dirección al río Alfambra.

Los trabajos arqueológicos realizados en el año 2019 en este enclave han sacado a la luz diferentes estructuras (fot. 67), que han resultado claves para entender las extremas condiciones de vida de los soldados que guarnicionaban esta posición. Los elementos más originales de todo el conjunto son cuatro estructuras de refugio y vida. Se disponen a retaguardia de la posición, en el sector situado a contrapendiente con respecto a la posición nacional de Santa Bárbara. Están comunicadas con la línea avanzada por medio de una trinchera auxiliar, que desemboca en la trinchera principal (fot. 68) y que sirve de elemento articulador de toda la posición.

Dos de estas estructuras de vida estaban excavadas en la roca y eran subterráneas (fot. 69), aunque una de ellas apareció completamente colapsada (fot. 70). Se desconoce si el colapso se produjo por causas fortuitas, a causa del paso del tiempo, o se debió al impacto provocado por algún proyectil durante los fuertes bombardeos a que fue sometida la posición durante el día 7 de febrero. Los miles de fragmentos de metralla que todavía se pueden apreciar en superficie, así como los muchos hallados en las excavaciones arqueológicas efectuadas, corroboran que la Loma de Casares fue objeto de un bombardeo a gran escala por parte de la artillería nacional, extremo también confirmado por las fuentes documentales.

Todos estos espacios de habitación contaban con un minúsculo hogar cerca de la boca de entrada. Ha sido atestiguado por la presencia de marcas de fuego en el suelo. También por los numerosos clavos de pequeño tamaño calcinados hallados entre medio de los fragmentos de carbones y madera conservados. Con seguridad, las frías noches que debieron soportar los soldados del 233º Batallón les obligarían a hacer fuegos con los que calentarse. Esos pequeños clavos se encontrarían en las maderas quemadas para tal efecto, probablemente cajas de madera utilizadas para el transporte y luego empleadas como combustible, en una zona en la que sería muy escasa la madera y habría que recurrir a cualquier recurso posible.

El Habitáculo nº 4 incluso presenta una especie de chimenea excavada en la roca. que permitía expulsar los humos (fot. 71). Éstos resultarían especialmente molestos en espacios reducidos y que carecían de ventilación. En cuanto al resto de habitáculos, carecen de chimenea, aunque no es descartable que la tuvieran en origen. Esta ausencia puede deberse al colapso de parte de su techo, como sucede en el caso del Habitáculo nº 2, pues se ha perdido parte de la cubierta en la zona de entrada, que es donde debía situarse este sistema de evacuación de humos. En los otros dos casos no sabemos si tendrían sistemas de evacuación de humos, dado que presentaban cubierta artificial y los fragmentos de fibrocemento hallados han sido escasos, como para poder apreciar la existencia de agujeros destinados a este fin.

Se documenta el uso de generalizado de fibrocemento en las cubiertas de las cuatro estructuras excavadas, incluso en las excavadas en la roca. En el caso de estas últimas, el hallazgo se ha producido en el exterior, en su espacio de acceso. Incluso alguno de los fragmentos hallados presenta agujeros de bala. Se trata de una protección excesivamente pobre, como para afrontar en este desprotegido páramo, el invierno más duro que habría de soportar el territorio turolense durante el siglo XX.

Otro aspecto que destacar es que los refugios, tanto los subterráneos como los excavados en la roca y que carecían de techo natural, presentan varias repisas o alacenas labradas en la roca. En estos espacios de vida se han encontrado diversos efectos personales de higiene (cepillos de dientes, cuchilla de afeitar, fragmentos de peine). Incluso uno de los cepillos de dientes apareció colocado en una de las repisas del Habitáculo nº 1. El hecho de que todavía se hallara en el lugar que fue dejado por su dueño, es una evidencia reveladora del rápido abandono de la Loma de Casares por sus ocupantes.

Esto también viene confirmado por la presencia de objetos, que resultan poco habituales en los lugares que han podido ser abandonados de forma ordenada por la tropa y que jamás son dejados atrás por sus portadores. Así, se han encontrado elementos tan dispares como un gemelo, dos monedas o incluso una bota. Pero también numerosas botellas, botes de medicamentos, latas de comida, una cantimplora y un sinfín de elementos de uso diario. Todos ellos nos proporcionan una visión mucho más humana de lo que fue el día a día de la guerra y de los soldados en las trincheras. Hay que tener en cuenta, que lo habitual en la mayor parte de las posiciones, ha sido el hallazgo únicamente de material de carácter militar o de latas de comida, no de objetos personales.

También se han hallado numerosas evidencias de la intensidad alcanzada por el bombardeo, más allá de los numerosos fragmentos de metralla que se prodigan a lo largo de toda la posición. El suelo de algunos sectores de la trinchera de comunicación que une los habitáculos entre sí, en concreto la que comunica el Habitáculo nº 1 y el nº 2, presenta fragmentos de cierto tamaño arrancados. Probablemente, estas destrucciones se debieron al impacto de proyectiles de artillería, pues han sido numerosos los fragmentos de metralla hallados en las inmediaciones. Su presencia corrobora que el lugar resultó alcanzado por los disparos efectuados por las baterías nacionales situadas en la Ermita de Santa Bárbara.

Estos cuatro habitáculos o espacios de vida se encontraban comunicados entre sí por medio de una trinchera auxiliar. A su vez, se comunicaban con una trinchera principal que descendía desde lo alto de la loma y, siguiendo un trazado en zig-zag, descendía hasta las posiciones de combate ubicadas a media ladera. En ese sector de primera línea tan sólo se ha excavado un pozo de tirador, que se sitúa en el extremo de la trinchera. No obstante, ésta continúa rodeando toda la loma, siempre dispuesta a una altura de media ladera, de modo que no se dejaran ángulos muertos sin batir en su base.

Resulta curioso que en todo ese sector de la ladera, y que se oponía al lugar donde se situaban las baterías nacionales, la mayor parte de las piedras se encuentran trituradas y hechas casi arena. Y los bloques de piedra que se encuentran, en su mayor parte son de grandes dimensiones, fruto del colapso de estructuras o de las viseras de piedra caliza. Ello se debió al intenso bombardeo sufrido por toda la línea de frente.

Así pues, la Loma de Casares constituye un entramado en el que todas las posiciones, tanto las de vida como las de combate se encuentran intercomunicadas (fot. 73), de modo que las fuerzas gubernamentales desplegadas en la posición gozaban de una adecuada protección. Sin embargo, y a pesar del esfuerzo constructivo que supondría erigir este conjunto, se tornaría insuficiente frente a un bombardeo de dimensiones descomunales y frente al que se carecía de obras de hormigón capaces de ofrecer una mínima resistencia.

A pesar de haber sido excavados únicamente estos cuatro habitáculos, a lo largo de la extensa Loma de Casares se intuye la presencia en el accidentado paisaje de muchas más de estas estructuras. Al menos es posible apreciar evidencias de otra docena de ellas, amén de todas las que se encuentren completamente colapsadas a causa del paso del tiempo o de los bombardeos sufridos por la posición durante los primeros días del mes de febrero de 1938 y que, por tanto, resultan más difíciles de detectar. También es posible intuir con bastante precisión el trazado que seguían las posiciones de combate que discurren a media ladera por la loma, así como su enlace con las que se encontraban ubicadas más atrás en retaguardia.

Todavía están pendientes de ser localizadas algunas posiciones claves para entender el despliegue general del 233º Batallón en la Loma de Casares. Así, falta por identificarse el puesto de mando del batallón, así como los de las diferentes compañías desplegadas en la posición.

Esta irregular muela se prolonga por el término municipal de Teruel, estando jalonada de posiciones defensivas aisladas en buena parte de su perímetro, como la de Loma de Casares – Teruel (mapa 6º, punto 96), situada en el extremo meridional de un largo saliente, asentada sobre un enclave arqueológico de cronología anterior.

 

Alto de Celadas y El Rochon (Tortajada)

Junto con la Loma de Casares, las posiciones republicanas de Tortajada resultaban claves para el sostenimiento de la línea de bloqueo que la República tenía impuesto sobre Teruel en su sector noroeste. Nombres como el Alto de Celadas o El Muletón han quedado en la memoria colectiva unidos de forma indisoluble a la Batalla de Teruel, como símbolo de resistencia de sus guarniciones. Se oponían a las posiciones nacionales de Cerro Gordo (Caudé) y El Cedrillar (Concud).

El primero de los enclaves al que nos referiremos es el Alto de Celadas de Tortajada (mapas 5º y 6º, punto 64; fot. 74), también conocido como Cota 1.177. Era el punto más elevado de la línea republicana que ascendía desde El Muletón. Desde allí, la línea hacía un quiebro y se dirigía hacia la Losilla, pasando por la Cota 1205. Esta posición sería objeto de un violento ataque del ejército franquista el día 17 de enero de 1938. Sobre este enclave abrieron fuego por espacio de dos horas 6 baterías de 155 mm, 9 baterías de 65, 75, 100 y 105 mm, además de 6 baterías de 100 y 150 mm. Estas piezas recibirían el apoyo eventual de obuses de 210 y morteros de 260 mm. Sobre la obra defensiva situada a la derecha cayeron en torno a 1.500 proyectiles, recibiendo otros 500 más una de las obras situada las alturas. A ello se le sumó el bombardeo y posterior ametrallamiento de toda la posición, protagonizado por más de 200 aviones. Al intenso bombardeo le siguió el asalto por parte de las tropas de la 5ª División nacional, que no tendrían dificultades para apoderarse de la posición, dadas las numerosas bajas sufridas por sus defensores y el pánico que se había extendido entre los supervivientes.

Esta línea había permanecido durante largo tiempo en poder gubernamental, lo que permitió la creación de un sólido conjunto defensivo. Los restos se concentran en la zona de contacto de la ladera suroccidental (la que se encuentra orientada hacia Teruel) con la cumbre, aunque también hay líneas trincheras en los restantes flancos.

Las trincheras todavía conservan hoy en día una cierta profundidad, además de contar en su parte frontal con parapetos de piedra seca, a lo que se sumaría la presencia de sacos terreros. Su trazado se encontraba reforzado con la presencia de nidos de ametralladora, que también estaban excavados en la roca. A pesar de su importancia para la República, el conjunto carecía de obras de hormigón, lo que podría haber garantizado una mayor capacidad de resistencia durante los ataques de que fue objeto.

Delante de la línea de trincheras se colocaron piquetas con alambradas, con el objeto de dificultar el asalto de la infantería. Sin embargo, estas defensas avanzadas, destinadas a ralentizar el avance de la infantería, no servirían de nada, pues el bombardeo artillero y aéreo nacional se encargaría de hacer el trabajo de los soldados a pie. Las trincheras se completaban con la presencia de refugios para la tropa en la parte alta y a retaguardia, que hoy en día se encuentran completamente arruinados. Todavía hoy se pueden contemplar los numerosos embudos provocados por los impactos de los proyectiles y las bombas de aviación.

Otro enclave republicano asociado al Alto de Celadas es El Rochón (mapas 5 y 6º, punto 65; fot. 75), que corrió una suerte similar a la anterior. Se trata de una pequeña posición avanzada situada en una pequeña elevación flanqueada por dos suaves vaguadas, al pie de la Muela del Alto de Celadas. Los restos de trincheras se concentran en el sector de la cumbre y en la parte alta de las laderas, descendiendo hasta la base por la ladera norte y este, lo que hace que se cree una especie de anillo. También se detecta la presencia de una covacha colapsada, además de depresiones circulares correspondientes a cráteres provocados por el impacto de las bombas.

 

El Muletón y Paracuellos (Tortajada)

Si hay un lugar emblemático en la contienda, por todo lo que supuso y por convertirse en un símbolo de resistencia, ese es El Muletón (mapa 9º, punto 66; fot. 76). El Muletón formaba parte de la misma línea republicana dentro de la que se incluían las dos posiciones del apartado anterior.

El Muletón sirvió de punto de partida para la 116ª Brigada Mixta, unidad encuadrada dentro de la 25ª División anarquista, y que fue la primera en entrar en el casco urbano de Teruel el día 21 de diciembre. Tras los fracasados intentos nacionales de avanzar a través de este sector durante los primeros días de enero de 1938, el 17 de ese mes era bombardeada masivamente la línea republicana Alto de Celadas-El Muletón, tal y como ya se ha apuntado.

Los soldados de la 216ª Brigada que defendían El Muletón, reforzados con la llegada de combatientes internacionales, lograron resistir por espacio de dos días, hasta que el lugar fue ocupado el día 20. Y ya, con la conquista de las Pedrizas, pasaba a dominio nacional todo el curso inferior del Alfambra.

Este enclave se sitúa en el extremo suroriental de la sierra de Cerro Gordo - Alto de Celadas. Ocupa una alta muela, concentrándose las estructuras defensivas en el perímetro de la cumbre y en la parte alta de las laderas. Comenzó a fortificarse ya a principios de la guerra, alcanzando la plenitud de sus obras en el verano de 1937, de modo que el conjunto se prolongaba por espacio de 16 ha de extensión. La posición contaba con una trinchera continúa ramificada, que se extendía por toda la ladera que daba vistas a Teruel.

Al resguardo de los parapetos, había cuevas destinadas a servir como refugio, sobre todo en las laderas oeste, este y sur. Algunas de estas cuevas todavía conservan parte de su constitución inicial, aunque sus bocas se encuentran colmatadas. Estas cuevas, presentan grandes piedras dispuestas verticalmente en sus accesos y que habían sido extraídas de la cantera sobre la que se abren las posiciones. En lo alto de la planicie se detectan posiciones aisladas y huellas de impacto de los proyectiles caídos el 17 de enero de 1938.

En la parte trasera, hacia el barranco de las Gilochas, se conservan los restos de un puesto de mando. También de un aljibe, localizado en la pendiente este del cerro, aunque se halla arruinado y colmatado. Es una estructura realizada en piedra trabada con cemento, con la zona del depósito de aguas revestida para su impermeabilización también con cemento. Tiene una inscripción grabada sobre el cemento (fot. 77), situada en una cartela rebajada, en la pared que separa la zona de depósito de aguas de la de servicio. A pesar de haber recibido tres impactos de bala todavía puede leerse:

1ª Compañía

84ª Brigada Mixta

1º Batallón

Agosto 1937

Al este de El Muletón, como continuación de esta misma línea, se encuentra la posición de Paracuellos (mapa 9º, punto 67; fot. 78). Este enclave se encuentra ya muy próximo al río Alfambra y a la carretera, ocupando un espolón con orientación este-oeste, perpendicular al río. Las trincheras rodean todo el perímetro del cabezo, detectándose la presencia de varios ramales y pozos de tirador.

 

Loma norte Mas de Chantre (Teruel)

Interesante resulta también la posición Loma norte Mas de Chantre (mapas 4º y 9º, punto 68; fot. 79), como una prolongación de las anteriores. Se localiza en las proximidades de la masía homónima, en su parte oriental. Las estructuras se extienden por la cumbre y la parte superior de las laderas de la loma del cerro de la Dehesa del Chantre, en la divisoria de aguas entre el arroyo de Concud y el barranco de las Ramblillas. La posición está formada por un anillo en la elevación meridional, a la que se suma un ramal que desciende hasta la base de la ladera occidental. El complejo está formado por diferentes líneas de trincheras, refugios o espacios de vida anexos y puestos de tirador, dispuestos en lugares estratégicos.

 

El Blanquizar y Las Paradas (Tortajada)

Un poco más retrasadas, con respecto a la primera línea de bloqueo republicana se sitúan una serie de posiciones localizadas en las inmediaciones de la localidad de Tortajada. La primera de ellas es El Blanquizar (mapa 9º, punto 69; fot. 80), ubicada en la cumbre de una loma situada en la parte nororiental del casco urbano, al pie de la Muela o Loma del Toconar. Consiste en un conjunto de líneas de trincheras situadas en la parte alta de la ladera que da hacia el río Alfambra. Su trazado es en zig-zag y en ella se aprecia la presencia de varios pozos de tirador. Estas posiciones republicanas fueron sistemáticamente bombardeadas por la aviación sublevada. Y, a decir de algunos informantes, en ellas fueron enterrados los soldados muertos, una vez que se produjo la conquista nacional del enclave.

Sobre una cota más elevada que El Blanquizar, pero sobre este mismo conjunto de relieves se encuentra el conjunto de Las Paradas (mapa 9º, punto 70; fot. 81). Se sitúa en un cerro testigo de este abrupto espacio, ocupando la cumbre y la parte superior de las laderas, donde se aprecian trincheras con un limitado desarrollo.

 

Cerro del Pericón (Villalba Baja)

Todavía un poco más a retaguardia de Tortajada se localizan las posiciones republicanas de Villalba Baja, que actuaban como una especie de segunda línea en ese sector. La mayor parte de ellas adquirieron verdadera importancia durante la Batalla del Alfambra, especialmente tras el colapso de las posiciones de Celadas y Tortajada, que se encontraban ubicadas justo por delante de ellas. Así pues, de la noche a la mañana durante los primeros días de febrero de 1938, Villalba Baja pasó a primera línea y a convertirse en escenario de los combates.

En esta localidad son numerosas las posiciones conservadas. La primera de ellas es el Cerro del Pericón (mapas 6º y 9º, punto 71; fot. 82). Tras la ofensiva de mediados de enero había quedado incorporada al territorio nacional toda la línea republicana, que se prolongaba desde la Estación de los Baños hasta la Cota 1205, así como parte de la Losilla. También Los Navajos y Las Pedrizas, en este caso ya próximas al río Alfambra. Por este motivo, el Cerro del Pericón había pasado a quedar en primera línea, convirtiéndose en la última barrera que se interponía entre el enemigo y el valle.

Ante el complicado momento que se estaba atravesando, el alto mando republicano decidió lanzar una ofensiva para tratar de revertir la situación. El día 27 de enero la 46ª División republicana trató de recuperar la Cota 1.205 y los Altos de Celadas, tomando como punto de partida La Losilla, desde donde pretendía descender a continuación hasta El Muletón. Mientras tanto, la 66ª División se aproximaría desde el Cerro del Pericón hasta las líneas enemigas para tratar de fijar a las fuerzas rebeldes en sus posiciones. No obstante, la ofensiva resultó completamente infructuosa, siendo imposible llevarla a buen término.

Ya iniciada la Batalla del Alfambra, y tras la ruptura del frente de Celadas, la 13ª División nacional avanzó en dirección a Villalba Baja. La 66ª División de la República, se retiró al otro lado del río Alfambra sin ofrecer apenas resistencia, abandonando esta posición en manos del enemigo. El Cerro del Pericón sería utilizado a partir de ese momento por las fuerzas nacionales para emplazar piezas de artillería con las que batir el monte de Villalba Baja próximo al término de Corbalán. Ya posteriormente, serviría de apoyo a las fuerzas de infantería que partirían el día 17 de febrero desde la cabeza de puente de Los Yesares.

La posición de Cerro del Pericón se encuentra en la cumbre y la parte superior de las laderas de esa elevación. Las trincheras forman un anillo defensivo que es de mayor entidad en los sectores occidental y meridional. En la parte norte y oriental se detecta la presencia de líneas secundarias, así como algunas estructuras de vida, además de cuevas y abrigos excavados en el terreno natural. No obstante, todos ellos se encuentran parcialmente colmatados.

En el camino que desciende desde el Corral del Campo (Cota 1205), hay un promontorio alargado que va desde el barranco de la Cordillera hasta el de los Balsones. En su cresta se abrió una trinchera, que presenta algunos puntos más densamente fortificados. Estaba destinado a prevenir un posible ataque desde la parte alta, algo que se antojaba fundamental tras la toma nacional de los Altos de Celadas, Los Navajos y Las Pedrizas.

En la ladera que da vistas al valle se concentran multitud de abrigos, aprovechando las formaciones rocosas en algunos casos, o excavando pequeñas cuevas en otros. Al otro lado del camino, en el espolón que se orienta hacia el norte, las fortificaciones se limitan a pequeñas trincheras y restos de chabolas, de las que apenas se conservan algunas paredes de piedra.

 

Las posiciones de la Sierra de la Ermita.

Al este del Cerro Pericón hay una pequeña sierrecilla con múltiples elevaciones, algunas jalonadas por posiciones defensivas de muy limitada entidad, como las trincheras del Cabezo de la Ermita de San Cristóbal (mapa 9º, punto 72; fot. 83). En su parte más oriental, ya sobre la vega del río Alfambra, se encuentra el Cabezo sobre el Cementerio Viejo (mapa 9º, punto 73; fot. 84), irregular espolón en el que hay una línea de trincheras en la ladera meridional. Inmediatamente al sur, al otro lado del barranco de San Cristóbal, se encuentra el Cerro del Castillo de Villalba Baja (mapa 9º, punto 74; fot. 85), que domina la localidad. En los restos de una torre medieval se instaló un nido de ametralladora y un pequeño puesto de vigilancia, que completaba las defensas de este sector de la margen derecha del río Alfambra. A sus pies, en un pequeño barranco, el conjunto de cuevas artificiales excavadas en la roca a las que ya nos hemos referido anteriormente, utilizadas como refugio y espacio de vida y que conservan alguna inscripción de este momento.

 

Los Yesares (Villalba Baja)

Ya en la margen izquierda del río Alfambra, casi enfrente del casco urbano de Villalba Baja, se encuentra la posición de Los Yesares (mapa 9º, punto 75; fot. 86), que puede considerarse continuación de las anteriores. Situada en la zona de la línea de cumbres, divisoria entre el barranco de Galliboca y el propio valle, fue disputada durante la Batalla del Alfambra, sirvió de cabeza de puente para la fase final de la batalla. Desde allí partió la 13ª División nacional para escalar las alturas que llevan a la carretera de Cantavieja.

La posición está formada por una línea de trincheras, que discurre desde el otro lado del camino que lleva a Corbalán hasta la Cota 1.096, que se encuentra más próxima al río. La trinchera principal recorre la línea de cumbres con un trazado en zig-zag y tramos secundarios que descienden por la ladera occidental y que presentan pozos de tirador. También hay alguna covacha y, en la parte meridional, alguna posición un poco más compleja, con varias líneas de trincheras concéntricas.

 

Alto de la Torana (Corbalán - Teruel)

Fundamental para entender el bloqueo republicano sobre la ciudad de Teruel resulta el Alto de la Torana, a caballo entre los términos municipales de Teruel y Corbalán (mapa 10º, punto 76). Se sitúa en la parte alta de la ladera oriental de la amplia Loma de El Chopo. En esta posición se efectuaron excavaciones arqueológicas en 2022-23 (fot. 87).

La importancia de esta posición radicaba en el control que ejercía sobre la vía de acceso hasta ella a través de la carretera de Cantavieja. Los primeros combates de entidad en torno a este enclave ya tuvieron lugar durante los últimos días de la Batalla de Teruel, cuando esta posición fue atacada por el Cuerpo de Ejército de Galicia, que alineaba un total de 5 divisiones. A pesar de la superioridad numérica con que contaban los asaltantes, fueron incapaces de romper la férrea defensa protagonizada por la 67ª División republicana.

Durante los últimos días de la Batalla del Alfambra la posición fue objeto de violentos enfrentamientos. En última instancia, las fuerzas republicanas que la custodiaban se vieron obligadas a replegarse sobre la segunda línea, que pivotaba sobre las alturas de Cabizgordo, Castelfrío y la Sierra de El Pobo, ante el temor a quedar completamente copadas por un enemigo muy superior en número.

El elemento sobre el que gravita la posición es el puesto de observación para artillería construido en hormigón armado (fots. 88 y 89). Se trata de una rareza en el frente de Teruel, pues son muy escasas las fortificaciones construidas por la República con este material constructivo en los alrededores de la capital. Desde él se dispone de una vista privilegiada de la ciudad de Teruel, controlándose visualmente también la vía férrea y la carretera que comunicaban la capital turolense con las posiciones nacionales de retaguardia situadas en el Jiloca, y a las que ya nos hemos referido anteriormente. Esto permitía el batido de las líneas enemigas a resguardo del fuego enemigo y desde una posición dominante.

Durante la Guerra Civil había otra estructura gemela a ésta, que fue destruida al construir la nueva carretera. El acceso al puesto de observación se realizaba por su parte trasera a través de un pasillo excavado en la cantera rocosa y que alcanza los 2 metros de altura en algún punto. De este modo se les proporcionaba una adecuada protección a los soldados, que en ningún caso podían resultar alcanzados por el fuego enemigo.

Esta construcción fue volada, por medio de la disposición de una carga explosiva en su interior, en el marco de la evacuación republicana del lugar o ya durante la Postguerra. Si bien la deflagración no consiguió destrozar la estructura, sí que se pueden apreciar varias grietas y daños en su interior (fot. 90), que han hecho aflorar en algún punto las varillas de hierro que servían de refuerzo al hormigón. Destaca una grieta que atraviesa horizontalmente parte de la estructura.

El segundo elemento en importancia, dentro de La Torana, es una estructura cuadrangular, situada cerca del puesto de observación (fot. 91). Excavada en la cantera, presenta una profundidad que en algún punto alcanza los dos metros. Dada su configuración y la cercanía al observatorio, barajamos la hipótesis de que esta estructura sea un puesto de mando. Desde él, los oficiales republicanos orientarían el fuego artillero del sector sobre las posiciones nacionales ubicadas en la ciudad de Teruel o en su entorno. En algunas de sus paredes fueron labradas alacenas para la disposición de objetos (fot. 92), aunque no se localizó ninguno situado en ellas, a diferencia de lo sucedido en la Loma de Casares.

Una fotografía conservada en la Biblioteca Nacional, en cuyo reverso aparece el nombre de Corbalán y que muestra un cañón de gran calibre, ha podido ser identificada como tomada en las inmediaciones de esta posición (fot. 93). La pieza que se muestra es un cañón de gran calibre francés de la Primera Guerra Mundial, que terminó sus días en Rusia, donde fue reformado. Desde allí fue trasladado a España, para pasar a servir dentro de la dotación artillera republicana.

Es numeroso el material arqueológico localizado sobre el suelo de esta estructura, principalmente munición. Pero, también muchos objetos de uso diario, como latas de diferentes alimentos y abundantes muelles (fot. 94), quizás pertenecientes a un jergón donde poder descansar. Excepcional resultó el hallazgo de una cantimplora (fot. 95), así como los restos de dos bayonetas.

También en las inmediaciones del puesto de observación se hallaron varias piezas de una pequeña estufa (fot. 96), seguramente utilizada por los soldados republicanos para calentarse en medio de los rigores de ese invierno de 1937-1938. La abundante metralla hallada en toda la posición de La Torana nos permite acercarnos a los intensos combates que se produjeron en torno a este enclave para hacerse con su control.

 

Aeródromo de Valdecebro y el Camino de la Gasconilla (Teruel)

Hacia el sector este de Teruel encontramos otro elemento digno de ser reseñado. Se sitúa en Valdecebro y se trata de un aeródromo eventual o de circunstancias, que se localiza a escasos dos kilómetros de la localidad. No tenemos ninguna noticia a que se llegase a utilizar esta instalación durante la contienda.

El enclave se localiza en la parte occidental de la Loma Gorda, comprendiendo los tres principales salientes de ésta. Se pueden diferenciar dos sectores bien definidos:

- Pista de tierra, situada en el Campo de las Salegas (mapa 10º, punto 77; fot. 97). Se encuentra bastante aplanada y tiene unos 530 m de longitud por unos 20 m de anchura. Está delimitada y definida por un camino y por una franja perimetral de acumulación de tierras.

- Línea de trincheras destinada a prestar cobertura a las instalaciones, situadas en El Rebollar y la Corraliza de la Loma Gorda (mapa 10º, punto 78; fot. 98). Algunas de ellas siguen un trazado en zig-zag, estando excavadas en las laderas y/o en la zona de contacto de éstas con la cumbre y presentan un parapeto de tierra. Parte de las trincheras acaban en campos de labor, habiendo sido destruidas por las labores agrícolas.

Al sureste del aeródromo se inicia una sucesión de lomas de materiales arcillosos y yesoso, delimitadas por profundos barrancos, con las laderas acarcavadas. Gran parte de todo este sector fue intensamente aterrazado para una repoblación de pinos, gran parte de los cuales forma en estos momentos una tupida masa forestal (Monte de Utilidad Pública bº 247, “Pinar Grande”). El proceso de repoblación ya estaba avanzado a mediados de la década de los 50 del siglo pasado, como se puede observar en la fotografía aérea de la Serie B del Vuelo Americano. Esta intervención debió suponer la destrucción de muchas de las antiguas posiciones. En el citado vuelo se detecta la presencia de sistemas de trincheras de una cierta entidad en la loma de Los Lemones (mapa 10º, punto 79) y en el Cerro Gordo (mapa 10º, punto 80). Pero, con gran diferencia, el conjunto de posiciones de mayor entidad se extendía por las laderas de la extensa loma del Camino de la Gasconilla (mapa 10º, punto 81), con más de 1 km de longitud. Aún se conservan muchos tramos de este conjunto (como el recogido por Casas (2023, 31, con estructuras de piedra y hormigón y un nido de ametralladora), enmascarados por el denso pinar.

 

Vértice Coronillas (Aldehuela)

Siguiendo en dirección sur se localizan las posiciones republicanas del Puerto Escandón, a las que ya nos hemos referido al hablar de la línea avanzada establecida por la guarnición nacional de Teruel. Interesante resulta mencionar aquí el Vértice Coronillas (mapa 11º, punto 82), la cumbre más alta de esta pequeña sierra (1.462 m.s.n.m.). La ocupación de este emplazamiento está asociada con la ofensiva republicana sobre Teruel de diciembre de 1937, momento en el que se instaló un puesto de observación.

Tras la pérdida definitiva de la ciudad por las fuerzas gubernamentales el 22 de febrero de 1938, el general Rojo intentó reorganizar sus maltrechas fuerzas y evitar que el enemigo pudiera progresar hacia la Puebla de Valverde. Para ello instaló puestos de mando en este vértice y en el Cerro Gordo junto a Formiche. La situación se mantuvo estable en este sector del frente hasta finales del mes de mayo, momento en el que esta posición adelantada de la línea XYZ pasó a manos franquistas durante la ofensiva sobre Levante.

El conjunto está formado por una red de trincheras ramificadas, que forman una especie de anillo en torno al observatorio, elemento principal de la posición. El Observatorio del Vértice Coronillas (mapas 3º y 11º, punto 83; fot. 99), construido aprovechando los salientes rocosos de la cima del cerro y reforzado con hormigón, se encuentra parcialmente hundido y colmatado por el colapso de su cubierta. No obstante, en él todavía puede apreciarse la mirilla principal con que contaba y que se encuentra orientada hacia Teruel. Por su parte posterior, el observatorio estaba conectado con la red de trincheras por medio de dos accesos y con las dependencias fortificadas a través de un pasadizo de piedra cubierto por una bóveda de hormigón, que en la actualidad se encuentra casi totalmente desplomada.

Muy cerca de esta posición, al pie de una sabina, se encuentra la estela del aviador Carlos de Haya González (mapas 3º y 11º, punto 22), a la que ya nos hemos referido anteriormente.

 

“Nido de ametralladora” al pie del cementerio y otras posiciones de Aldehuela

Por último, y ya en el límite sureste de la línea de bloqueo, se situaban las posiciones de Aldehuela. En las inmediaciones de esta localidad, en la ladera que asciende a la Ermita de Santa Bárbara y al Cementerio, se encuentra el puesto de observación o “nido de ametralladora” (mapas 3º y 11º, punto 84; fot. 100). Se trata de una fortificación de hormigón, que presenta una cúpula exterior escalonada. Durante la Guerra Civil debía estar cubierta de tierra para mimetizarla con el terreno circundante y que pasara inadvertida para la aviación enemiga.

Su forma es subcircular, presentando acceso subterráneo por su parte posterior, que conectaría con la línea de trincheras. Presenta tres mirillas abocinadas, alguna de las cuales presenta impactos de bala. Se abren entre los machones que sustentan la cúpula y tienen dimensiones variables, alcanzando la central 100 cm de ancho y 35 de alto por la parte interior, abriéndose hasta los 170 cm por el exterior. Desde ellas se tiene una buena panorámica del frente meridional de Teruel. En la cima del cerro de la ermita se observan restos de una línea de trincheras orientadas hacia el noroeste y que enlazarían esta obra de hormigón con el resto de las posiciones del conjunto.

Aldehuela había sido ocupada al comienzo de la guerra por las milicias republicanas procedentes de Levante. Los meses previos a la Batalla de Teruel, las tropas republicanas los aprovecharon para construir una línea fortificada que se extendía entre el pueblo y el valle del Turia. De ella se conservan numerosas posiciones defensivas, jalonando por sus dos márgenes el Barranco del Reguero, pudiéndose acceder a ellas por el antiguo Camino de Aldehuela a Villastar, que es el que pasa junto al cementerio.

En la margen derecha del barranco, sobre una alta loma, se encuentra el Morrón de Quílez (mapa 11º, punto 85), que presenta trincheras en varios de sus salientes. Frente a él, en la margen izquierda del barranco, está Rama (mapas 3º y 11º, punto 86), loma más pequeña que la anterior, pero con posiciones defensivas de mayor entidad. Presenta varias líneas de trincheras, refugios y algunos nidos de ametralladora muy bien conservados. Todos estos enclaves cayeron en poder de las tropas nacionales a principios del mes de julio de 1938, en el marco de la ofensiva lanzada sobre Levante.

 

La línea de cobertura a Sierra Palomera o segunda línea de defensa republicana: Argente, Camañas y Alfambra

Además de la primera línea de defensa republicana, que se localizaba en torno a Teruel a modo de bloqueo directo de su guarnición para mantener en todo momento su presión sobre ella, la República construyó una segunda línea. Estaba destinada a prestar cobertura a las fuerzas que se encontraban desplegadas en Sierra Palomera, además de a evitar posibles infiltraciones nacionales a través del valle del Jiloca. Pero, al mismo tiempo, también actuaba como enlace entre el frente de Teruel y las Cuencas Mineras, dado que este último territorio constituía uno de los principales baluartes de la República en la provincia.

Esta línea pivotaba sobre una serie de posiciones que se extendían por las poblaciones de Argente, Camañas y Alfambra.  Este sector, dada la misión para la que había sido creado, permaneció al margen de los combates acaecidos durante los años 1936 y 1937, que tuvieron como epicentro la ciudad de Teruel, siendo la conquista de la capital turolense el principal objetivo del Ejército de la República en este lapso de tiempo.

Pero, la relativa tranquilidad existente en la zona se terminaría truncando con la Batalla de Teruel y la conquista republicana de la capital turolense. Esto hacía que, de la noche a la mañana, se multiplicara la importancia estratégica de toda esta línea de frente. Por otro lado, entre los días 25 y 29 de enero este territorio sirvió de punto de partida para una incursión republicana contra la localidad de Singra, con la que la República trató de cortar las comunicaciones de los sublevados del frente de Teruel con sus posiciones de retaguardia. Este fallido ataque condujo a los mandos franquistas al convencimiento de que, de cara a asegurar el éxito de su ofensiva sobre Teruel, resultara vital destruir las posiciones gubernamentales de la Sierra Palomera y tomar también el valle del Alfambra. Sólo de este modo sería posible garantizar la conquista de la capital turolense, al proceder a su aislamiento total.

El día 5 de febrero una parte de la 5ª División de Navarra logró romper el frente republicano en los montes de Argente, iniciándose de este modo lo que se ha dado en llamar la Batalla del Alfambra. A lo largo de la jornada siguiente, la 1ª División de Caballería, compuesta por 3.000 jinetes y al mando del general Monasterio, cargó sobre las llanuras del Campo de Visiedo. Parte de los jinetes avanzaron sobre Lidón y Visiedo por la izquierda, mientras el resto de los jinetes hacía lo propio por la derecha sobre Argente y Camañas. No obstante, la resistencia republicana que encontraron los atacantes a la altura de Lidón, les obligó a modificar sus planes y reorientar su ofensiva. Terminarían avanzando contra Argente y Visiedo, para a continuación concentrarse sobre Lidón y Camañas.

Esta rápida ofensiva por parte de los sublevados les permitió arrollar las defensas republicanas que encontraron en su camino, alcanzando la línea Alfambra-Perales del Alfambra sin excesivas dificultades. Gracias a esta rápida y ambiciosa maniobra, la caballería nacional pudo aislar y tomar de revés a las fuerzas republicanas que guarnecían Sierra Palomera, que quedaron copadas y sin capacidad de articular respuesta alguna. Parte de los batallones republicanos destacados en ese sector del frente se retiraron precipitadamente en dirección a retaguardia, antes de que se cerrara la tenaza sobre ellos. Eso no impidió que fueran hechos prisioneros 3.000 hombres (otras fuentes hablan de 1.600), además de ser capturados 3.600 fusiles, 60 ametralladoras y 5 piezas de artillería. La debacle fue total y acarrearía fatales consecuencias materiales y psicológicas para la República.

El 7 de febrero se podía dar por concluida la fase inicial de la ofensiva del Alfambra. El bando sublevado había conquistado un extenso territorio, dentro del que se incluían un total de 14 localidades que habían permanecido fieles a la República desde el estallido de la guerra. Las tres posiciones, a las que nos referiremos más adelante, fueron conquistadas por las tropas franquistas durante esta ofensiva relámpago.

Las intervenciones arqueológicas realizadas en 2022-23 en esta línea de frente se han concentrado sobre tres posiciones: el Cerro de la Mina (Camañas), la Serretilla (Argente) y el Alto del Capón (Alfambra). En las dos primeras se llevaron a cabo labores de desbroce y acondicionamiento, mientras que en la tercera se procedió a la excavación de uno de sus tramos.

 

Cerro de la Mina (Camañas)

El Cerro de la Mina se sitúa sobre el barranco de Villarrosano, que desciende desde el Altiplano hasta el curso alto del Jiloca, cruzando la parte meridional de la Sierra de Palomera (mapa 12º, punto 87; fot. 101 y 102). La elevación se encuentra enfrente del amplio collado por el que actualmente discurre la carretera que une Santa Eulalia con Alfambra, y de la que parte un ramal en dirección a Camañas. Así pues, se trata de una posición clave, a la hora de controlar las comunicaciones existentes entre el Alto Jiloca, ocupado por los rebeldes, y el Altiplano, que había permanecido en todo momento fiel a la República.

El ataque sobre esta posición no sólo se produjo desde el norte. También avanzó de forma simultánea desde el sector de Villarquemado la 83ª División nacional, que el día 5 de febrero ocupaba la Loma de Patagallina (Celadas) y a continuación iniciaba su aproximación al Cerro de la Mina (Camañas). En el momento de la ofensiva nacional del Alfambra, la posición estaba defendida por los soldados de la 59ª Brigada Mixta. El día 6 el Cerro de la Mina era conquistado por el Tabor de Caballería Mehala de Gomara. De forma simultánea, la 83ª División se dirigió hacia la localidad de Camañas, tomando las alturas de los Mases, mientras que la 84ª, que ya había ocupado la zona de Las Majadillas (entre Alfambra y Celadas), giraba hacia el sur para atacar los vértices Calorina y Corral Blanco.

Las trincheras existentes en esta posición se extienden a lo largo de todo el cerro, siguiendo un trazado en zig-zag, que llegaba a rodear casi por completo su cima. Estaban compuestas por parapetos de piedra seca, con pozos de tirador y que se alternaban con otras posiciones de mayor tamaño, quizás para la instalación de ametralladoras. Actualmente se encuentra rehabilitada aproximadamente la mitad de la extensión total del conjunto, desde el que se dispone de una privilegiada visión del territorio circundante.

 

La Serretilla - Mascarón (Argente)

La Serretilla - Mascarón (Argente) constituía el principal punto de resistencia republicano de toda esta línea defensiva, oponiéndose a las posiciones nacionales de Rubielos de la Cérida y Bueña. En este caso, el ataque sobre este sector de la línea de frente durante los primeros compases de la Batalla del Alfambra estuvo protagonizado por la 5ª División, en combinación con la caballería nacional. Su punto de partida fueron las posiciones nacionales de Rubielos de la Cérida, ubicadas en el flanco noroccidental de este territorio.

Dentro de este conjunto defensivo destaca el Alto de la Serretilla (mapa 13º, punto 88; fot. 103), la posición de Mascarón se sitúa en un cerro que alcanza una considerable altura (mapa 13º, punto 89; fot. 104). Desde él se controlan algunos de los principales pasos que cruzan la parte septentrional de la Sierra de Palomera, en la zona de contacto de ésta con la Sierra de Lidón. En la actualidad, al pie de este amplio relieve discurre la carretera que une Monreal del Campo con Argente, a su paso por Bueña. Y también el ramal que, partiendo de la misma, se dirige hacia Rubielos de la Cérida. Su estratégica ubicación, había hecho de este enclave una de las principales posiciones fortificadas republicanas de todo el sector del frente. Sobre él pivotaba buena parte de la defensa gubernamental, asumiendo el cometido de frenar cualquier intento de infiltración sublevado que pudiera llegar procedente de Rubielos de la Cérida y Bueña, como así terminó sucediendo finalmente.

El conjunto de las posiciones republicanas constituía un frente de más de 4 kilómetros de longitud, dentro del que se incluían, al menos, 16 enclaves fortificados de cierta consideración. Aunque dentro del proyecto Atrinchérate 2022-23 se han realizado labores de mantenimiento en un pequeño tramo de su recorrido (fot. 105), la mayor parte del trazado de esta larga línea defensiva se encuentra parcialmente colmatado por el derrumbe de los parapetos. Está pendiente de que en el futuro se realicen excavaciones arqueológicas que permitan recuperar información y la traza original del conjunto.

Las trincheras se encuentran protegidas por parapetos de piedra seca, que en algunos casos alcanzan los casi 2 metros de altura conservada, algo que resulta excepcional dentro de este tipo obras en la provincia. Poseen un trazado en zig-zag y estaban orientadas hacia las potenciales vías de aproximación que podían seguir las fuerzas franquistas en caso de ataque. A lo largo de su recorrido, se detecta la presencia de puestos de tirador cada cierta distancia, destinados a proporcionar soporte de fuego a los lugares más expuestos.

A pesar del considerable esfuerzo que supuso su construcción, la rápida ofensiva llevada a cabo por las fuerzas franquistas impidió que se pudiera optimizar su rendimiento en combate. El hecho de que se llevara a cabo una maniobra envolvente de gran calado imposibilitó que las tropas que custodiaban estas posiciones pudieran hacer frente al ataque que se estaba produciendo y repelerlo desde estos enclaves, que habían sido diseñados a conciencia para hacer frente a un ataque frontal de envergadura.

 

Alto del Capón (Alfambra)

Mayor alcance han tenido las intervenciones arqueológicas llevadas a cabo en el Alto del Capón (Alfambra). Esta posición está situada en una loma ubicada en la divisoria de los barrancos del Tolmo, las Santanillas y la Covacha, todos ellos cursos intermitentes de agua que confluyen en el río Alfambra (mapa 12º, punto 90; fot. 106). A diferencia de las dos posiciones anteriores, este enclave se encuentra muy próximo a la localidad de Alfambra. Resultaba fundamental (junto con otras como Cerro Cabigordo de Alfambra, mapa 14º, punto 91; fot. 107) para proteger el camino que se dirigía al valle del Alfambra desde Celadas y que podía constituir una posible de penetración de las fuerzas nacionales. También para garantizar la protección del valle en sí mismo, así como la de todas las vías de comunicación que lo recorrían.

En el momento de la ofensiva nacional, todo este sector del frente se encontraba bajo el control de la 39ª División del Ejército Republicano, que nada pudo hacer por evitar la conquista de las posiciones que ocupaba, en un contexto de derrumbe generalizado de toda la línea de frente.

Las defensas republicanas de este sector ocupan una considerable extensión, comunicándose con las vecinas líneas de Cerralba (mapa 14º, punto 92), hasta el punto de superar el conjunto ampliamente el kilómetro de extensión.

La posición, en la que se realizaron excavaciones arqueológicas en 2022-23 (fot. 108), se localiza en un espolón rocoso, que se encuentra rodeado en toda su amplitud por una trinchera perimetral, que se dispone en la parte alta de la ladera y desde la que se tiene una visión privilegiada de todo el territorio circundante (fot. 109). Una trinchera auxiliar transversal comunica las dos laderas del espolón, lo que permitía el trasvase de tropas entre los diferentes sectores de forma rápida y segura, sin tener que recorrer bajo el fuego enemigo todo el recinto perimetral. Para salvar la diferencia de cota entre ambas laderas fue necesario el tallado de varios escalones en la cantera (fot. 110).

El elemento más original del Alto del Capón son los refugios excavados en la roca y que presentan ciertas similitudes con los hallados en la Loma de Casares (Celadas). Para su excavación, los soldados republicanos aprovecharon la alternancia de niveles de arcillas muy blandas, con otros de calizas tableadas, sensiblemente más duras. Los abrigos se excavaron en las arcillas, utilizando como techo los niveles de calizas. Con ello se buscaba impedir que se pudieran producir desprendimientos. Pero, la escasa consistencia de las paredes arcillosas, sumados al escaso espesor y fisuración de las calizas, han favorecido los desprendimientos y el colapso de parte de las obras.

De los numerosos refugios detectados en el Alto del Capón (fot. 111), la mayor parte resultan casi completamente imperceptibles, a causa de los desprendimientos de grandes rocas de las viseras calizas, que tapan casi completamente sus accesos. Únicamente se ha procedido a la excavación de la boca de entrada de dos de ellos, no pudiendo ser vaciado su interior a causa del riesgo de derrumbe. Cerca de la bocana de uno de los que ha sido excavado se localiza una chimenea perforada en la roca (fot. 112), algo similar a lo que sucede en la Loma de Casares. Estaba destinada a facilitar la expulsión del humo de las hogueras que se hicieran cerca de la puerta de acceso. E indirectamente nos transporta al duro invierno de 1937-1938 y donde, con independencia del lugar en el que se encontraran, los soldados debieron hacer frente a condiciones climatológicas extremas.

Los materiales arqueológicos hallados en la excavación son sumamente escasos y consisten en un peine de fusil con sus respectivas balas sin disparar, hallado en la entrada de uno de los refugios subterráneos. La ausencia de otros elementos y restos nos permite aventurar que la evacuación del lugar no debió ser precipitada, gozando los soldados republicanos de tiempo para llevarse consigo buena parte sus pertenencias. Y que tampoco se libraron combates en torno a la posición excavada, al no haberse hallado munición disparada ni tampoco restos de metralla. En las paredes de la trinchera se localiza un grafiti con el nombre “VICENTE”, no pudiendo precisarse si es contemporáneo a la Guerra Civil o posterior (fot. 113).

En las alturas cercanas al Alto del Capón también es posible apreciar la presencia de muchos otros vestigios de la Guerra Civil, hasta el punto de que formarían un conjunto defensivo continuo. Se localizan, aprovechando todas las alturas cercanas a la posición excavada. Por la inmediata posición de Cerralba se extienden numerosos ramales de trincheras, entre los cuales se localizan estructuras cuadrangulares, que podrían corresponderse con espacios de vida. En este caso ya se sitúan al aire libre y no excavados en la roca, respondiendo a un modelo que resulta mucho más común en otras posiciones republicanas.

Por otro lado, en el mismo municipio se conservan los restos de una gran estructura rectangular de hormigón. Está situada a la salida de la población de Alfambra por la carretera TE-V-1008, frente al cementerio, y a 50 metros al norte de esta vía (mapa 14º, punto 93). Con unas dimensiones que rondan los 100 m2, se utilizó como refugio, puesto de mando y polvorín.

 

La última defensa republicana: El Cerro del Pino Redondo y Cabizgordo (Corbalán), el Portachuelo (Escorihuela) y Castelfrío (El Pobo). Villel (en el frente sur)

Tras la captura nacional de buena parte del valle del Alfambra y del entorno del Alto de la Torana (Corbalán) a lo largo de las primeras semanas de febrero de 1938, la situación para la República empezaba a tornarse crítica. Las tropas gubernamentales se vieron obligadas a reorganizarse y a replegarse sobre una nueva línea defensiva, desde la que poder hacer frente al enemigo y que sirviera, al mismo tiempo, para contener su avance cuando éste se reiniciara. Para su trazado eligieron buena parte de las alturas que se erigían en el entorno de la capital en dirección a la carretera de Cantavieja, así como hacia el valle del Alfambra.

Esta nueva línea defensiva partía de las alturas próximas a la población de Corbalán, entre las que se encontraba el vértice Lepos, y proseguía hasta los cerros próximos a la Ermita de Santa Bárbara. Dentro de ella se incluían las fortificaciones del Cerro del Pino Redondo. Desde este lugar, su trazado continuaba por esta margen del río Alfambra en dirección a Escorihuela, siendo los principales puntos fuertes de este dispositivo las alturas de Cabizgordo, Castelfrío y la Sierra de El Pobo. Todos estos enclaves suponían los puntos con mayor altura de este sector del territorio provincial, lo que hacía de ellos auténticos nidos de águilas. La República confiaba en que su altura contribuyera a paliar la insuficiencia, en parte, de obras defensivas adecuadas en algunos de ellos, como para hacer frente a una ofensiva de la envergadura de la que se esperaba.

Después de una breve tregua en el desarrollo de las operaciones, aprovechada para la recuperación de los soldados del bando franquista tras la toma de Teruel (22 de febrero de 1938), el 23 de abril las tropas nacionales iniciaban su ofensiva sobre Valencia. Dio comienzo con un primer avance de los sublevados en dirección a la línea Aliaga-Jorcas. Los combates tuvieron lugar bajo un fuerte temporal de agua, nieve y granizo, lo que dificultó el avance de la 15ª División. El día 25, la 5ª División marchó sobre la Muela de Camarillas, Aguilar del Alfambra y Ababuj. Dos días después, la 85ª División ocupaba Escorihuela y el vértice Batiosa, en el extremo norte de la Sierra de El Pobo.

La defensa republicana pasó a pivotar a partir de ese momento sobre el sector de Castelfrío. Dado lo difícil que se antojaba capturar las numerosas cotas que jalonaban este sector del frente, los mandos sublevados optaron por llevar a cabo un bombardeo a gran escala sobre las posiciones republicanas. Los defensores no tendrían ninguna opción para repeler este ataque. No obstante, las adversas condiciones meteorológicas (incluyendo la nevada del 5 de mayo), terminaron por retrasar la ofensiva. El 11 de mayo, tras nueve días de bombardeos continuados, en los que se arrojaron más de 5.000 proyectiles, las fortificaciones de Castelfrío fueron conquistadas. El Gobierno de la República otorgó la Medalla al Valor a la diezmada 28ª División, por la tenaz defensa de estas posiciones. Pero, de poco serviría este premio, cosechado a costa de tantas pérdidas.

Una vez capturada esta línea defensiva, el ejército franquista estaba en condiciones de poder avanzar desde el norte en dirección a Alcalá de la Selva y Mora de Rubielos. Otro tanto harían otras fuerzas desde Teruel hacia el Puerto de Escandón, siguiendo en este caso la carretera de Valencia. El frente se alejó definitivamente de esta zona de la Comarca Comunidad de Teruel, para discurrir durante un tiempo por el Maestrazgo y la Sierra de Gúdar. Aún quedaban más de 10 meses para el final de la guerra.

En todo este frente se ha intervenido arqueológicamente en 2022-23 en las posiciones del Cerro del Pino Redondo y de Cabizgordo (Corbalán), además de en el Portachuelo (Escorihuela). También se han realizado obras de mantenimiento en los refugios de Castelfrío (El Pobo).

 

El Cerro del Pino Redondo o Ermita de Santa Bárbara (Corbalán)

El Cerro del Pino Redondo se sitúa en la franja montañosa que separa el valle del Alfambra del llano de Corbalán (mapa 15º, punto 94; fot. 114). Desde esta posición se dominaba el collado por el que discurre el antiguo camino de Villalba Baja a Corbalán y que presenta un trazado extremadamente intrincado en este tramo del recorrido. Aunque durante buena parte de la Guerra Civil este emplazamiento no debió tener relevancia alguna, dado su alejamiento de la línea de frente, todo cambió a principios de febrero de 1938. El avance sublevado hasta el río Alfambra y la toma del Alto de la Torana, principal posición avanzada republicana del sector forzó a la creación de una nueva línea de contención a espaldas de la población de Corbalán, dentro de la cual se encontraba esta posición. La unidad que quedó a cargo de su defensa era la 28ª División republicana.

Las posiciones del Cerro del Pino Redondo se prolongan a lo largo de una considerable extensión, hasta el punto de rodear buena parte del monte en el que se asientan. La escasa profundidad que presentan las trincheras se pudo deber a la dureza de la roca con la que se toparon los soldados a la hora de excavarlas, aunque también pudo deberse a la rapidez con la que fue necesario proceder a su excavación (fot. 115).  Probablemente, el resto de la altura necesaria para que los soldados quedaran a cubierto del fuego enemigo se completaría con la presencia de sacos terreros.

En el sector excavado se ha detectado la presencia de una línea principal de trinchera, que presenta un trazado en zig-zag. De ella parte un ramal avanzado que termina en un pozo de tirador y en una posición de mayor tamaño (fot. 116), seguramente para la instalación en ella de una ametralladora. Completa el conjunto un espacio cuadrangular situado a retaguardia de la trinchera principal y destinado a funcionar como espacio de vida o almacén (fot. 117).

Durante las excavaciones efectuadas en el lugar se encontraron numerosos fragmentos de metralla dispersos a lo largo de todo el espacio, siendo también abundantes los hallados en superficie. También los trabajos arqueológicos depararon varias espoletas sin detonar y bandas de proyectiles de artillería. Entre las espoletas halladas destaca la de un proyectil arrojado por un tanque T-26, utilizado ampliamente por la República. Su presencia allí, en unas trincheras gubernamentales, resulta difícilmente explicable. Seguramente, se deba al hecho de que se trate de una pieza capturada por las fuerzas nacionales y que fuera empleada en el ataque sobre esa posición por los captores. También son numerosos los cráteres que se pueden observar en el suelo, derivados de los numerosos impactos provocados por la artillería.

Estas numerosas evidencias confirman el alcance del bombardeo artillero a que fue sometido el lugar durante los combates por su conquista. La cercana Ermita de Santa Bárbara, de traza bajomedieval y contigua a las posiciones, también debió ser alcanzada por ese mismo bombardeo que sufrieron las trincheras, hasta provocar su ruina total. Hoy en día de ella tan sólo sobreviven unos pocos muros.

 

Cabizgordo o la Erilla (Corbalán)

La posición de Cabizgordo también constituía otro enclave fortificado destacado dentro del frente de Corbalán (mapa 15º, punto 95; fot. 118). El conjunto de trincheras se sitúa en el extremo inferior de una larga loma, que desciende desde el cerro de Cabizgordo, situado a 1.623 m.s.n.m. A pesar de que en la actualidad, este emplazamiento puede parecernos que se encuentra alejado de cualquier posible lugar de paso, durante la Guerra Civil no era así. Se localiza junto al antiguo camino de Corbalán a Cedrillas. Y aunque en 1938 este tramo ya había sido sustituido por otro de carretera (que también se encuentra abandonado en la actualidad), todavía debía ser una vía muy frecuentada cuando se iba andando o a caballo, al permitir un ascenso más corto y rápido hasta el Puerto de Cabizgordo, donde enlazaba con la nueva carretera.

Es por este motivo por el que, tras los avances franquistas derivados de las batallas del Alfambra y de Teruel, las tropas gubernamentales se vieron en la necesidad de proteger esa potencial vía de penetración enemiga. Al igual que el Cerro del Pino Redondo, este enclave también cayó en poder nacional cuando se produjo el colapso de toda la línea de frente.

La posición sobre la que se ha intervenido es de reducido tamaño. Consta de una trinchera en zig-zag, cuyo frente está construido con mampostería trabada con cemento, de modo que se le proporciona una mayor consistencia (fot. 119). En su parte trasera destaca la presencia de tres espacios de planta rectangular excavados en la cantera, quizás destinados a desempeñar la función de espacios de vida o labores de almacén (fot. 120). Dada la ausencia de materiales arqueológicos hallados en las excavaciones en estos puntos, resulta imposible precisar más acerca de su funcionalidad.

De la trinchera principal descendía un ramal hasta media ladera y que terminaría en un pozo de tirador. A lo largo de esta posición se conservan varias inscripciones realizadas sobre el cemento de las paredes de la trinchera. En conjunto, han sido muy escasos los materiales arqueológicos hallados en toda la posición y han consistido en unas pocas latas y menos de media docena de vainas de balas. Esta escasez de material nos habla de la escasez de combates de importancia en torno a este enclave durante sus operaciones de conquista.

En recientes prospecciones arqueológicas se ha descubierto una tupida red de posiciones defensivas en distintas lomas y elevaciones que median entre la Loma y Vértice de Cabigordo (Corbalán, fot. 121), La Casilla (Cedrillas) y Peñarroya (en la confluencia de los términos municipales de Peralejos, Corbalán y Cedrillas), que se encuentran actualmente en estudio.

 

El Portachuelo y Pozos Malos (Escorihuela)

Otro de los puntos fuertes del dispositivo republicano era El Portachuelo de Escorihuela (mapa 16º, punto 97; fot. 122). Esta posición se encuentra encaramada en un cerro cercano a Castelfrío, situado a media altura (1.343 m.s.n.m.) entre el valle del Alfambra (1.000 m.s.n.m.) y las cumbres más altas de la Sierra del Pobo y Castelfrío (entre 1.700 y 1.760 m.s.n.m.). Esto le otorgaba un buen control visual sobre el valle. No obstante, resulta significativamente inferior sobre otros espacios de su entorno más inmediato, cubiertos mucho mejor desde otras posiciones situadas a mayor altura.

Pero, para comprender la elección de este emplazamiento, debemos fijarnos en la red de caminos que ascendían desde el valle del Alfambra a los llanos de El Pobo. Aunque en esas fechas aún no existía la carretera TE-V-8002, que discurre desde Escorihuela al puerto de Castelfrío, había distintos caminos, más o menos intrincados, que desempeñaban esa función a la perfección. Todos ellos podían ser utilizados para su ascensión por la infantería enemiga. Uno de esos caminos era el del Portachuelo, que, tras pasar por la masía homónima, enlazaba con el camino que se dirigía desde Escorihuela hasta Cedrillas. Durante los poco más de dos meses que separaron la Batalla del Alfambra y el 11 de mayo de 1938, que marcó el fin de las operaciones en el sector, esta posición resultó clave en la estabilización del frente, al actuar como dique de contención frente a las fuerzas nacionales desplegadas en el llano.

La posición del Portachuelo presenta una cierta complejidad organizativa. El sector, en el que se ha intervenido arqueológicamente, cuenta con dos líneas de trincheras (fot, 123), una situada en la parte alta del monte y otra a media ladera. Ambas líneas se complementaban a la perfección, evitando dejar sectores muertos sin batir a lo largo de las posibles líneas de aproximación. Las dos están construidas con la técnica de la piedra seca y presentan una cuidada factura, en cuanto a su elaboración, lo que denota que sus constructores conocían a la perfección esta técnica constructiva.

La superior presenta una trinchera principal, en un tramo de la cual hay un banco corrido para tiradores (fot, 124), de tal manera que se viera facilitado que los soldados pudieran apoyarse a la hora de disparar para poder hacerlo con una mayor precisión. También cuenta con una posición para ametralladora (fot, 125), de forma rectangular y de mayor tamaño. En su parte delantera hay un banco sobre el que se dispondría el trípode de la ametralladora.

La inferior responde a un planteamiento defensivo diferente. En ese sector los puestos de tirador no se disponen en un banco corrido, sino que presentan una traza semicircular (fot. 126). La posición también cuenta con un puesto para ametralladora, en el costado opuesto al que se sitúa el del nivel superior.

En retaguardia y a contrapendiente, aprovechando la presencia de un cortado rocoso, se localizan varios espacios de vida. Tienen planta cuadrada o rectangular y su tamaño es reducido, nunca por encima de los 4 m2.

Los hallazgos arqueológicos en toda esta posición han sido escasos y han consistido en algunas vainas de balas y peines de munición disparados, así como un recipiente de vidrio (fot. 127). En su mayor parte, se han localizado en el interior del puesto de ametralladora de la línea inferior. Un hallazgo curioso es el de un pico, y cuya punta se encuentra muy desgastada, seguramente a causa de su uso para la construcción de las trincheras (fot. 128).

De la importancia estratégica de esta posición, da idea la presencia de una estructura turriforme de época medieval. Se sitúa en el punto más elevado de la posición y de ella tan sólo se conserva su base.

En el monte contiguo, y tras ascender en torno a 600 metros hasta una cota más elevada, existe la posición republicana de Pozos Malos (mapa 16º, punto 97; fot. 129). Ésta y la excavada se prestarían apoyo mutuo con su fuego, pudiendo coger en un letal fuego cruzado a cualquier enemigo que se adentrara en el valle. En esta posición elevada también se aprecia una extensa línea de trincheras, con un planteamiento defensivo muy similar al detectado en la que se ha excavado. Así pues, cuenta con la presencia de pozos de tirador y posiciones para ametralladora, que se alternan a lo largo de la línea de combate. A retaguardia se localizan los correspondientes espacios de vida y otros de mayor tamaño, que quizás pudieran identificarse como puestos de mando.

 

Castelfrío y La Corraliza (El Pobo)

Mayor dificultad entrañaría para las fuerzas nacionales la captura de Castelfrío (El Pobo), punto clave en la defensa de la carretera de Cantavieja. Aunque la línea de frente republicana no resultaba especialmente fuerte en este tramo, la altura jugaba a favor de los defensores. Por otro lado, las fuerzas atacantes debieron hacer frente a condiciones climatológicas adversas, llegando a nevar a principios de mayo, algo que resultaba poco habitual.

Las posiciones republicanas jalonan las laderas y la cumbre del Cerro de Castelfrío (mapa 16º, punto 99; fot. 130). Al igual que las fortificaciones de la zona de El Portachuelo, las trincheras, pozos de tirador y puestos de ametralladora se encuentran mayoritariamente protegidos por parapetos de piedra seca. Esta técnica también se empleó en los chozos y casetas utilizados como zona de vida. En el sector septentrional de la cumbre se encuentra la posición de mejor factura, en la que se usó mortero de cemento para trabar la mampostería, además de cubrirse con una losa de hormigón.

En la parte noroccidental del cerro se encuentra el extenso saliente de La Corraliza (mapa 16º, punto 100; fot. 131), situado a 1.587 m.s.n.m. Tiene un magnífico control visual, que incluye zonas de las laderas que no se pueden batir desde la cumbre del cerro. Y a sus pies discurre el antiguo camino de Peralejos a El Pobo, otra de las potenciales vías de penetración de la infantería enemiga.

A contrapendiente de este saliente se conserva un interesante conjunto de casetas de piedra seca, cubiertas mediante falsas cúpulas por aproximación de hiladas (fot. 132), en las que el Proyecto Atrinchérate 2022-23 realizó labores de consolidación. Estas construcciones son parecidas a las realizadas para apoyo a la explotación agropecuaria, en distintas zonas de la provincia (especialmente en el Maestrazgo, Gúdar-Javalambre y Matarraña). Se localizan en la parte meridional, la mejor resguardada de los combates y de los rigores meteorológicos. Aunque menos vistosas que las aparatosas fortificaciones que jalonan este cerro, estas humildes estructuras de habitación y refugio nos recuerdan las duras condiciones de vida en el frente. Allí se resguardarían los soldados republicanos en los fríos días de ese mes de mayo de 1938, en vísperas de la caída definitiva del frente gubernamental.

 

El Plano (Villel)

Al margen de las posiciones que la República poseía al norte de Teruel, y destinadas a impedir el avance de las tropas nacionales en esa dirección, se encontraba otra línea defensiva en el flanco sur a cierta distancia de la capital turolense. Pivotaba sobre Villel y constituía un punto clave para garantizar la protección del estratégico corredor del Turia en dirección a Valencia.

En agosto de 1936 la localidad de Villel acogió la llegada de un primer contingente de tropas gubernamentales procedentes de Cuenca, siendo desde este momento un punto clave en la estrategia republicana diseñada en el frente de Teruel. Pero, además de servir como muro de contención frente a un hipotético avance enemigo, también fue punto de concentración de fuerzas republicanas, de cara a lanzamiento de las ofensivas gubernamentales sobre Teruel. La localidad se mantuvo bajo control de la República hasta que se desencadenó la ofensiva franquista sobre Levante.

De la importancia que adquirió la población, da idea el hecho de que sean numerosos los vestigios conservados de la Guerra Civil en la localidad, como los situados en los parajes de La Serretilla, Cerro La Horca y El Plano. La intervención arqueológica se ha circunscrito a este último punto.

La posición de El Plano (mapa 17º, punto 10; fot. 133) cuenta con dos líneas defensivas escalonadas en altura, siguiendo un planteamiento similar a la que presenta El Portachuelo de Escorihuela. La primera se sitúa en la parte más baja de la ladera, junto a los primeros bancales de almendros, y la otra en lo alto del monte.

En la línea inferior destaca la presencia de un fortín de unos 4 m de diámetro (fots. 134 y 135), cuya construcción tuvo lugar en 1938, como atestigua la inscripción conservada en su interior (fot. 136). Está realizado con fábrica de hormigón armado, tiene cimientos de forma poligonal y está cubierto con bóveda semiesférica. Fue utilizado como nido de ametralladora y cuenta con dos posiciones de tiro separadas por un parteluz. A su interior se accede por una pequeña puerta, que se sitúa en su flanco noroeste.

Al puesto de ametralladora se llega desde una trinchera que sigue un trazado en zig-zag (fot. 137). En su punto más próximo a la construcción encontramos rebajes en las paredes de la cantera, destinados a permitir la colocación de postes verticales de madera. La presencia de restos de fibrocemento nos lleva a pensar que ese espacio estaría cubierto con chapas de ese material, como protección frente al fuego enemigo y el frío (fot. 138). En todo caso, se trataría de una exigua protección, de cara a hacer frente a las bajas temperaturas del invierno de 1937-1938. No así para garantizar la protección frente a los bombardeos enemigos, pues, convenientemente cubierto de tierra, conseguiría pasar completamente desapercibido.

Durante las excavaciones arqueológicas realizadas en 2022-23, no se encontró munición ni tampoco restos de metralla. De ello se infiere que el lugar fue evacuado, sin que se llevaran a cabo combates de importancia en sus inmediaciones.

En cuanto a la segunda línea defensiva, situada en la parte alta del cerro, también contaba con otra construcción de hormigón, que debía ser similar a la de línea inferior (fot. 139). Sin embargo, su cubierta se encuentra completamente destrozada a causa de una deflagración de origen interno y sus restos diseminados por el entorno más inmediato. Es posible que esta fortificación fuera explosionada por las tropas republicanas en medio de su retirada. O ya bien, durante la Postguerra, momento en el que no pocas personas se dedicaban a acumular proyectiles en el interior de estas estructuras, para hacerlos explotar y recoger los trozos de metal ocasionados por la deflagración para venderlos. Ello incluía, tanto la metralla de los proyectiles, como las varillas del hormigón armado de la construcción. Esta práctica proporcionaba unos beneficios escasos, para el riesgo que se corría.

La puerta trasera de esta fortificación comunica con una línea de trincheras (fot. 140) que bordea todo el monte y que ocupa una posición dominante con respecto al entorno circundante. A contrapendiente hay una pequeña cueva, que pudo ser utilizada como refugio por los soldados republicanos. Gracias a la excelente disposición de todo el conjunto de El Plano, las sucesivas líneas escalonadas en altura podían prestarse apoyo mutuo, al someter a un hipotético atacante a un campo de tiros cortos y tiros largos, sin que quedara ningún sector muerto sin batir.

 

[1] La numeración establecida para los mapas se establece tomando como referencia el orden de los sectores indicado; el número otorgado a cada posición depende del orden de aparición en el texto. Hay que tenerse en cuenta que alguna posición puede aparecer dentro de varios mapas.

[2] Aunque no se trata de elementos pertenecientes a la arquitectura defensiva vinculada a la Guerra Civil (motivo por el cual los trataremos someramente en varias notas a pie de página), forman parte del Patrimonio Cultural asociado a este episodio bélico que debe ser recogido en este artículo como complemento a las restantes estructuras y episodios bélicos aquí descritos.

[3] El enclave se sitúa muy cerca de la margen derecha del Alfambra y de su vega, entre los barrancos de Las Toscas (norte) y San Cristóbal (sur). Ocupa la base de un irregular espolón, de forma alargada. Tanto los enterramientos ordinarios de las gentes de Villalba Baja fallecidos durante buena parte del siglo XIX y parte del XX, como los enterramientos de la Guerra de España 1936-1939, se localizan en el espacio definido por las tapias del antiguo camposanto; entre estos últimos destaca la fosa común en la que se depositaron en torno a 50 soldados  de la 116ª Brigada Mixta, 25ª División, junto con un vecino de Villalba Baja, que fallecieron en un bombardeo en la boca de un túnel del ferrocarril. El Cementerio Viejo se encuentra delimitado por un recinto perimetral, formado por un muro de mampostería trabada y revestida con yeso, así como varias lápidas y tumbas. Todo el conjunto se encuentra en muy mal estado de conservación.

[4] El templo se asienta en pleno centro urbano, abriéndose al principal espacio público de Valdecebro, una plaza en la que convergen las principales calles del pueblo. A los pies del templo se localiza un pequeño recinto que albergó el cementerio. Está delimitado por una tapia de mampostería de doble hoja, con sillares en las esquinas, construida con posterioridad al actual templo, pero mucho tiempo antes de la Guerra Civil. El acceso al exterior se realiza mediante un arco de medio punto de ladrillo. En este cementerio se conserva una fosa común de la Guerra Civil. Contiene los restos de un número indeterminado de soldados republicanos del 3º Batallón de la 22ª Brigada Mixta. La tumba está ornamentada con una sencilla cruz de madera de unos dos metros y medio de altura muy similar a la existente en el cementerio de Alfambra. Sobre su tronco y sus brazos reza la inscripción “Valencia por la Paz y la Libertad y Aragón a los Combatientes”. Esta frase obedece al origen valenciano de la mayor parte de los soldados que yacen allí y entre los cuales aparecen individualizados con su nombre y una fotografía Rafael Martínez Ortiz, de Ayora, José Villalba García y Pascual Mencheta, de 22 y 19 años respectivamente.

[5] Se tienen constancia de la presencia de restos humanos en esta posición, de la que hablamos en otro apartado.

[6] Se tienen referencias a enterramientos en esta posición, a la que nos referiremos más adelante.

[7] Hay una fosa común de la Guerra Civil sobre la que se alza un monumento funerario realizado con ladrillo, cemento y hormigón, con un muro semicircular de fondo, a modo de cabecera absidial, presidida en su parte central por una cruz en una gran hornacina rectangular, flanqueada a ambos lados por sendos arcos, y delante de la cual hay un altar. Bajo el graderío se encuentran enterradas varios centenares de personas. Se conoce la identidad de 310 turolenses fallecidos del bando rebelde, 70 de ellos muertos en combate y 240 fusilados. Además hubo varios cientos de tumbas en otros sectores del cementerio, cuyos cadáveres, según recoge Casas (2023, 93-94), fueron trasladados en la postguerra al Valle de los Caídos. Este mismo autor hace también referencia a la presencia de metralla en varias tumbas y mausoleos existentes en la calle central, recuerdo de los intensos bombardeos a los que fue sometida la elevación sobre la que se asienta.

[8] Como el cementerio de Alfambra, donde hay enterrados combatientes de la Columna Torres-Benedicto (mapa 14º, punto 10).

[9] Fosa común de la Guerra Civil que contiene los restos de numerosos soldados fallecidos en combate por toda la zona, que fueron enterrados allí en las fechas inmediatas a los enfrentamientos. Según los informantes, se trataría de soldados del bando sublevado, aunque no estaban totalmente seguros al respecto. La fosa común se encuentra en el interior del cementerio, aunque se desconoce su ubicación exacta.

[10] Se trata de una casilla de ferrocarril construida a finales del siglo XIX o principios del XX en la que, tras el avance republicano de la 2ª quincena de diciembre de 1937, se estableció un punto de control y un tribunal popular, en el que se controlaba a los evacuados desde Teruel. Hay referencias a que en las proximidades de este lugar, al lado de la Masía Caparrates, se hicieron ejecuciones.

[11] Este comandante de infantería falleció el 20 de abril de 1937. Su estela es de cemento; pudo estar rematada con una cruz, soportada por una moldura simple; tiene tres caras lisas. En su parte superior aparece el emblema del Arma de Infantería. Debajo, un campo con la inscripción:

Una oración por el alma del Cmte Infantería

  1. Enrique Millán Morga

muerto por Dios y por España en este

mismo lugar de Celadas el día

20 de abril de 1937. R.I.P.

[12] Este suboficial berlinés falleció el 5 de enero de 1938, a los 24 años. El monolito se encuentra situado junto a un campo de labor. Tiene 108 cm de alto, 55 cm de ancho y 25 cm de espesor, y está realizado a partir de un único bloque de piedra de Calatorao de color grisáceo. Es un prisma rectangular de bordes irregulares, con la arista superior redondeada también de forma irregular. La decoración general es de abujardado, y en la cara principal se discriminan dos campos ornamentales ocupados por una cruz patada grabada de 18 x 18 cm. en la parte superior, y un cuadro epigráfico de 49 x 56 cm. en la zona central. La inscripción conmemorativa se encuentra en alemán:

Hier fiel am 5 1 1938 im kampf

fur ein freies Spanien

Arno Lampe

6 / F 88

geb 15 5 1913 in Berlin

“Cayó aquí en batalla el 5 de enero de 1938 por una España libre. Arno Lampa de la 6 F[lak, “antiaérea”] 88, nacido 15-5-1913 en Berlín”.

[13] Falleció pocos días después de Arno Lampe, el artillero Heinrich Finger. El monolito es una pieza realizada en piedra caliza blanca, de planta y alzado troncopiramidal, de 70 por 40 cm en la base y 54 por 40 cm en la cimera, con una altura de 164 cm. En su cara principal hay un campo de texto rebajado y liso de forma ovalada, de 53 cm en vertical por 40 cm en horizontal, cuyo extremo superior se encuentra a 30 cm. de la cimera, y en el que puede leerse en epigrafía gótica y en alemán:

Hier Starb um

  1. 12. 37.

Heinrich Finger

  1. 11. 1914

den heldentod im kampfe

für ein nationales

Spanien

“Murió aquí el 30 de diciembre de 1937 Heinrich Finger, [nacido el] 15 de noviembre de 1914, en muerte heroica en la lucha por una España nacional”.

[14] El teniente Gerald Klein era un piloto berlinés que falleció a los 23 años el 18 de enero de 1938, durante la ofensiva en la zona de Altos de Celadas y El Muletón. Pilotaba un Heinkel 51 encuadrado en el grupo de Caza J/88. No fue el único piloto fallecido en esos enfrentamientos; los franquistas aseguraron que habían derribado entre 12 y 17 aparatos enemigos, no diciendo nada de las pérdidas propias; los republicanos indicaron que habían derribado 15 aviones franquistas y que ellos habían perdido 6 aparatos. El monolito de Klein está realizado a partir de un bloque de piedra caliza de Calatorao de color grisáceo. Es un prisma rectangular de bordes irregulares, con la arista superior redondeada también de forma irregular; mide entre 74 y 80 cm de altura, 70 de altura y 25 cm de espesor. La decoración es abujardada, con dos campos ornamentales ocupados, el superior con latina grabada (20 x 14 cm) y el inferior con el epitafio (64 x 40 cm), en alemán:

Hier fiel am 18 1 1938 im Luftkampf

um ein nationales Spanien

Gerhard Klein

neb 22 9 1914 in Berlin

“Aquí cayó el 18 de enero de 1938 en el combate aéreo, por una España nacional, Gerhard Klein, [nacido] el 22 de septiembre de 1914 en Berlín”.

[15] El subsargento Heinrich Torner, natural de Altona, falleció a los 25 años, el 19 de febrero de 1938. Fue abatido por la artillería antiaérea republicana, siendo la última baja de la Legión Condor durante la Batalla de Teruel. Su monolito es de caliza grisácea caliza de Calatorao. Tipológicamente es similar a la estela de Arno Lampe, situada cerca de San Blas, y muy parecida a la de Gerhard Klein, pudiendo ser del mismo taller e incluso del mismo encargo. Tiene forma de prisma rectangular con las aristas irregulares, sobre todo las superiores que adquieren forma subcircular irregular; tiene 98 cm de altura, 70 cm de anchura y 28 cm de grosor, Está abujardada en todas sus caras, y tiene dos campos decorativos, el superior ocupado por una cruz latina (20 x 14 cm) y el inferior por el epitafio (63 x 39 cm), en alemán:

Hier fiel am 19 2 1938 im luftkampf

um ein nacionales Spanien

Heinrich Torner

oeb 26 9 1913 in Altona

“Aquí cayó el 18 de febrero de 1938 en el combate aéreo, por una España nacional, Heinrich Torner, [nacido] el 26 de septiembre de 1913 en Altona∫.

[16] Teniente de 21 años de la 6ª Bandera de la Legión. Según recoge Casas (2023, 201-202), la estela original era de piedra arenisca y se instaló en 1942. Destruida por circunstancias no precisadas, recientemente fue sustituida por un pequeño monumento.

[17] El comandante Rafael Tejero Saerina estaba al mando de la 2ª agrupación de la 1ª División de Navarra. Murió en acción de combate hacia el mediodía del 17 o 18 de febrero de 1938, en un intento de conquistar la cota 962, defendida por los hombres de la 46ª División republicana al mando de Valentín González el “Campesino”. Se trata de un monolito en piedra caliza clara, sobre un pedestal compuesto por tres escalones también de caliza. El monolito está formado por cinco módulos ensamblados a modo de prisma rectangular, y rematado por cuatro almenas en las esquinas. Su decoración, similar en las cuatro caras, está formada por una banda central rebajada con cinco acanaladuras verticales, estando las esquinas biseladas de forma escalonada. Presenta también como remate con una cruz latina de caliza similar al resto del monumento. En la parte frontal había una placa de mármol blanco (actualmente desaparecida) decorada con el escudo laureado de las cadenas de Navarra, en la que figura la inscripción:

A la

memoria

del comandante

  1. Rafael Tejero Saerina

caído gloriosamente

por dios y por España

mandando la II Agrupación de la

Primera División de Navarra

1938

[18] El día 26-XII-1936 se desató la ofensiva de la XIII Brigada Internacional mandada por Wilhelm Zaisser (“General Gómez”), que consiguió ser frenada por los defensores de las posiciones de la Loma del Cementerio, a pesar de su limitado número. Los combates se saldaron con un gran número de bajas por parte de ambos contendientes, especialmente por los republicanos, debido a la descoordinación entre la XIII Brigada y el resto de las fuerzas de apoyo. Por esta acción, se concedió a los defensores una Cruz Laureada de San Fernando, con carácter colectivo. El monolito conmemorativo, situado en el interior de una finca vallada, es de piedra caliza blanca, de dos cuerpos sobre pedestal troncopiramidal de mampostería. Está rematado con una cruz latina también en piedra caliza clara. En el cuerpo superior hay una reproducción en hierro de la Cruz Laureada de San Fernando. En la lápida conmemorativa de mármol aparece la inscripción: “Diciembre de 1936. Defensa heroica baluarte glorioso por Dios y España. Sangre y dolor de los mejores laureados de San Fernando”.

[19] El laureado comandante Carlos de Haya González había nacido en Bilbao el 1-3-1902. Fue el aviador más conocido entre los fallecidos en la Batalla de Teruel. Se hizo famoso por su participación en la Guerra de África y por alcanzar algunos récords aéreos, además de por sus acciones militares en la Guerra Civil. Fue derribado (según distintas versiones) en enfrentamiento aéreo o por colisión con un avión republicano, el 21 de febrero de 1938, víspera de la reconquista de la ciudad por las tropas franquistas. Tuvo dedicadas varias calles (en Madrid, Bilbao, Málaga, Antequera y Santander), así como un monumento (Getafe), dando nombre a un hospital (Málaga) y un instituto (Sevilla). El monumento funerario está realizado en piedra arenisca encalada, con remate semicircular. Tiene una cruz latina, bajo la cual aparece la inscripción:

En memoria del laureado

Comandante de aviación

Carlos de Haya

Caído por Dios y España

En combate aéreo el 21 de febrero de 1938

RIP.

[20] Se trata de un monumento realizado con ladrillo industrial, trabado con mortero de cemento; tiene planta cuadrada, con dos cuerpos diferenciados; debía estar rematado con una cruz de hierro, desaparecida antes de 2009. Tiene una placa cerámica con una cruz en la que aparece la siguiente inscripción:

Aquí murió por Dios

y por la patria

José Maicas Conejero

a los 40 años de edad el

día 19 de febrero de 1937.

Tu esposa e hijos no

te olvidan.

RIP.

[21] Concebido como la gran obra en Teruel de la Dictadura de Primo de Rivera, el ferrocarril entre Teruel y Alcañiz fue proyectada por Bartolomé Esteban y presentada el 22-1-1926. Iniciado en los años siguientes, no llegó a concluirse, aunque se realizaron numerosas construcciones. En esta larga infraestructura civil, se conservan múltiples testimonios de la Guerra Civil. En el caso de Villaba Baja destacan:

Los grafitis referentes a la compañía de ametralladoras del 241 Batallón de la 61ª Brigada Mixta, de la 64º Brigada Mixta, 40ª División y de otros de la FAI y la CNT, conservados en la Estación de Ferrocarril (mapa 9º, punto 24).

El testimonio del uso como refugio antiaéreo de los dos túneles existentes en el tránsito del ferrocarril por la localidad (mapa 9º, punto 25). En uno de ellos se tiene constancia del fallecimiento de decenas de soldados (se suele indicar que unos 50, cifra posiblemente exagerada) de la 116ª Brigada Mixta, 25ª División, y de un civil, por una bomba de la aviación franquista que cayó cerca de la boca del túnel; al parecer, los fallecidos se encontraban casi a la salida del túnel, ya que pensaban que era una falsa alarma y que los aviones que había en el aire eran republicanos. En estos mismos túneles se conservan varios impactos de metralla, aunque se atribuyen a explosiones, más o menos controladas, de artefactos recogidos tras la Guerra Civil por buscadores de chatarra.

[22] Mencionado por Casas (2023, 158-159), conserva varios grafitis; estaba vinculado al mantenimiento de la aviación republicana.

[23] Las cuevas se sitúan al pie del antiguo Castillo. Se trata de cavidades artificiales excavadas en la roca, de posible origen andalusí. Posteriormente fueron ampliadas en sucesivas ocasiones, para utilizarlas como bodegas, almacenes y, en algún caso, como la parte posterior de viviendas. Se utilizaron como refugio antiaéreo y como lugar de descanso de los soldados durante la Guerra Civil. En la cueva CVB11 hay una inscripción realizada dentro de una cartela con las líneas remarcadas:

AÑO. 1938

DIA. 6: ENERO

RAI_U_IO._

En la CVB01 aparece la inscripción M1938M, en la que la primera “M” aparece fusionada con el “1”.

[24] Esta mina era la principal estructura subterránea del tramo rural de la Traída renacentista de las aguas a Teruel (popularmente conocida como Los Arcos). Se trataba de un largo túnel de 240 m de longitud que cruzaba la larga loma que unía la base del Cerro de Santa Bárbara con el Cerro del Cementerio. Disponíamos de testimonios de que la entrada norte de dicha mina (desde la zona de El Planizar) había sido volada para evitar que fuera utilizada por las tropas franquistas en su ofensiva para recuperar la ciudad de Teruel. En una reciente intervención arqueológica se pudo corroborar que dicha entrada estaba colapsada, pudiéndose atribuir el derrumbe a una voladura, aunque no se puede precisar los autores de dicha acción.

[25] En la fachada de este edificio, construido hacia 1930 siguiendo los patrones típicos de la arquitectura del Ensanche del momento, aún se conservan en torno a un centenar de impactos de bala. Estos parecen estar vinculados con la entrada en el Ensanche de Teruel del ejército republicano, el 21 de diciembre de 1937; a media tarde el ejército republicano asaltó la plaza de Toros, situada casi enfrente de este edificio. Pero la cantidad y distribución de los impactos no sugiere que estos provengan del intercambio de fuego entre defensores de la plaza y atacantes de la misma, sino, más bien, de la existencia dentro de este edificio de defensores del ejército franquista y el asalto al mismo del ejército republicano. La mayor parte de los impactos se concentran en torno a las ventanas de menores dimensiones, aunque también hay otros en torno a las restantes. También pudo deberse al intercambio de fuego entre las tropas republicanas destacadas en su interior, tras su conquista, y las nacionales destacadas en el núcleo defensivo nacional de la Glorieta.

[26] Este mismo autor también se refiere a la eventual utilización del aeródromo de Caudé (actual Aeropuerto de Teruel - Caudé) en un momento mucho más tardío, durante las operaciones franquistas sobre Valencia. Estas instalaciones debieron ser profundamente transformadas en las décadas posteriores, momento en el que se siguió utilizado eventualmente como aeródromo, aunque su uso más frecuente y continuado fue el de campo de tiro. En las prospecciones arqueológicas realizadas en el 2006 en el mismo, no se detectó ninguna evidencia conservada que se pudiera atribuir a la Guerra Civil, como si hemos detectado en las prospecciones arqueológicas realizadas en otros aeródromos utilizados de forma más intensiva durante este conflicto bélico y/o menos alterados posteriormente, como en el caso de los aeródromos de Sarrión, Mas de las Matas, Calamocha o Tortajada. Al sistema defensivo asociado a este último nos referiremos más adelante.

[27] Precisamente, en esta localidad se ha abierto recientemente un Centro de Interpretación dedicado a la Batalla del Alfambra, que merece una detenida visita. Se encuentra situado en C/ de la Virgen nº 22, junto a las piscinas municipales (mapa 7º, punto 57)

BIBLIOGRAFÍA.

La bibliografía acerca de la batalla de Teruel es abundantísima, por lo que sólo aparecen en la lista que hay a continuación las publicaciones que han sido consultadas para la elaboración de este artículo.

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- TUÑÓN DE LARA, M. (1986), La batalla de Teruel, Cartillas Turolenses, Instituto de Estudios Turolenses, Teruel.

LISTADO DE ENCLAVES Y MAPA EN EL QUE FIGURAN.

  1. La “Batería Fantasma” (El Campillo). mapa 1.
  2. El Aljibe de las Eras (El Campillo). mapa 1.
  3. Costado o Pozo Nuevo 1 y 2 (El Campillo). mapa 1.
  4. Las Pedrizas (San Blas). mapa 1.
  5. Puesto de mando de La Magdalena (Caudé). mapa 1.
  6. Pozos de Caudé. mapa 5
  7. Cementerio Viejo de Villalba Baja. mapa 9
  8. Iglesia de San Pedro de Valdecebro. mapa 10
  9. Cementerio de Teruel. mapas 2 y 4
  10. Cementerio de Alfambra. mapa 14
  11. Cementerio de Villaspesa. mapa 2
  12. Casilla de ferrocarril (Teruel). mapas 3 y 4
  13. Masía Caparrates (Teruel). mapas 3 y 4
  14. Estela de Enrique Millán Morga. mapa 6
  15. Estela de Arno Lampe (San Blas). mapas 1 y 5
  16. Estela de Heinrich Finger. mapa 5
  17. Estela de Gerald Klein (Tortajada). mapas 4 y 9
  18. Monumento Lomas del Cementerio (Teruel). mapa 4
  19. Estela de Heinrich Torner. mapa 10
  20. Estela de Tomás Ybarra Dávila. mapa 9
  21. Estela de Rafael Tejero Saerina. mapas 4 y 9
  22. Estela de Carlos de Haya González. mapas 3 y 11
  23. Monumento de José Maicas Conejero. mapas 3 y 11
  24. Estación de Ferrocarril de Villalba Baja. mapa 9
  25. Túneles de Villalba Baja. mapa 9
  26. Almacén (Villalba Baja). mapa 9
  27. Cuevas excavadas en la roca (Villalba Baja). mapa 9
  28. Cueva de las Tres Puertas. mapa 2
  29. Mina de la Caguera o del Collado. Traída de las aguas. mapa 4
  30. de Sagunto nº 12 - C/ San Vicente de Paul nº 28. mapas 2 y 4
  31. Aljibes de la Plaza Carlos Castel. mapas 2 y 4
  32. La Muela (Teruel). mapa 2
  33. Muela Pequeña del Rajo (Teruel). mapa 2
  34. Cerro Galiana I (Villaspesa). mapa 2
  35. Cerro Galiana II (Villaspesa). mapa 2
  36. Muela de Villaspesa (Villaspesa). mapa 2
  37. Peña Rubia (Villaspesa). mapa 2
  38. Puntal de las Albarizas (Castralvo). mapas 3 y 11
  39. Las Albarizas (Castralvo). mapas 3 y 11
  40. Santa Ana (Castralvo). mapas 3 y 11
  41. El Castellar (Castralvo). mapas 3 y 11
  42. Fortificaciones del Puerto de Escandón (Castralvo). mapas 3 y 11
  43. Pancho Villa o el Parapeto de la Muerte (Castralvo). mapas 3 y 11
  44. El Mansueto (Teruel - Valdecebro). mapas 4 y 10
  45. Las Serretillas 4 (Teruel). mapas 3 y 4
  46. Las Serretillas 3 (Teruel). mapa 4
  47. Las Serretillas 2 (Teruel). mapa 4
  48. Las Serretillas 1 (Teruel). mapa 2 y 4
  49. Collado de Santa Bárbara (Teruel). mapa 2 y 4
  50. Santa Bárbara (Teruel). mapa 2 y 4
  51. Búnker del Planizar (Teruel). mapa 4
  52. Las Atarazanas (Teruel). mapas 2 y 4
  53. Cerro Gordo – Conjunto Sur (Concud). mapas 5 y 6
  54. Cerro Gordo – Conjunto Norte (Concud). mapas 5 y 6
  55. El Cedrillar (Concud). mapas 5 y 6
  56. Santa Bárbara (Celadas). mapa 6
  57. Centro de Interpr. Batalla del Alfambra (Villarquemado). mapa 7
  58. Cerro Montero (Villarquemado). mapa 7
  59. Cerro del Piojo I (Villarquemado). mapa 7
  60. Cerro del Piojo II (Villarquemado). mapa 7
  61. Fortines (Torrelacárcel). mapa 8
  62. Cabezo Alto (Torrelacárcel). mapa 8
  63. Loma de Casares (Celadas). mapa 6
  64. Alto de Celadas (Tortajada). mapas 5, 6 y 9
  65. El Rochón (Tortajada). mapas 5, 6 y 9
  66. El Muletón (Tortajada). mapa 9
  67. Paracuellos (Tortajada). mapa 9
  68. Loma Norte Mas de Chantre (Teruel). mapa 4 y 9
  69. El Blanquizar (Tortajada). mapa 9
  70. Las Paradas (Tortajada). mapa 9
  71. Cerro del Pericón (Villalba Baja). mapas 6º y 9º
  72. Cabezo de la Ermita de San Cristóbal (Villalba Baja). mapa 9
  73. Cabezo sobre el Cementerio Viejo (Villalba Baja). mapa 9
  74. Cerro del Castillo de Villalba Baja (Villalba Baja). mapa 9
  75. Los Yesares (Villalba Baja). mapa 9
  76. Alto de la Torana (Corbalán - Teruel). mapa 10
  77. Aeródromo de Valdecebro. mapa 10
  78. El Rebollar y la Corraliza de Loma Gorda (Valdecebro). mapa 10
  79. Loma de Los Lemones (Teruel). mapa 10
  80. Cerro Gordo (Teruel). mapa 10
  81. Camino de la Gasconilla (Teruel). mapa 10
  82. Vértice Coronillas (Aldehuela). mapa 11
  83. Observatorio del Vértice Coronillas (Aldehuela). mapas 3 y 11
  84. “Nido de ametralladora del cementerio” (Aldehuela). mapas 3 y 11
  85. Morrón de Quílez (Aldehuela). mapas 3 y 11
  86. Rama. mapa 11
  87. Cerro de la Mina (Camañas). mapa 12
  88. Alto de la Serretilla (Argente). mapa 13
  89. Mascarón (Argente). mapa 13
  90. Alto del Capón (Alfambra). mapa 14
  91. Cerro Cabigordo - Alfambra. mapa 14
  92. Cerralba. mapa 14
  93. Refugio, puesto de mando y polvorín. mapa 14
  94. Cerro del Pino Redondo (Corbalán). mapa 15
  95. Ermita de Santa Bárbara (Corbalán). mapa 15
  96. Loma de Casares – Teruel (Teruel). mapa 6
  97. El Portachuelo (Escorihuela). mapa 16
  98. Pozos Malos (Escorihuela). mapa 16
  99. Castelfrío (El Pobo). mapa 16
  100. La Corraliza (El Pobo). mapa 16

El Plano (Villel).          mapa 17

Mapa 1: El Campillo (Teruel) y San Blas (Teruel).
Mapa 2:  Ciudad de Teruel y Villaspesa (Teruel).
Mapa 3: Castralvo (Teruel) y Aldehuela (Teruel).
Mapa 4: Ciudad de Teruel y entorno al este.
Mapa 5: Caudé (Teruel), San Blas (Teruel) y polígono de Teruel.
Mapa 6: Celadas y norte de Teruel.
Mapa 7: Villarquemado.
Mapa 8: Torrelacárcel.
Mapa 9: Villalba Baja (Teruel) y norte de Teruel.
Mapa 10: Valdecebro y este de Teruel.
Mapa 11: Castralvo (Teruel) y Aldehuela (Aldehuela).
Mapa 12: Camañas.
Mapa 13: Argente.
Mapa 14: Alfambra.
Mapa 15: Corbalán.
Mapa 16: Castelfrío (El Pobo) y zona del Portachuelo (Escorihuela).
Mapa 17: Villel.

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