Las pinturas templarias de Camañas

Pinturas del ábside.

Publicado en: Aragón es otra Historia, n º 8, Zaragoza, 2023, pp. 39-41

Rubén Sáez, Javier Ibáñez & José Francisco Casabona

 

La antigua iglesia parroquial de Camañas se encuentra en la parte más alta del casco urbano, junto a los restos del antiguo castillo. Sustituida a finales del siglo XVI por un nuevo templo, fue transformada en ermita, bajo la advocación de la Virgen del Consuelo.

Este edificio, al igual que el castillo, nos retrotraen al momento en el que esta población perteneció a las órdenes militares. Frente a la amenaza almohade, Alfonso II  cedió a la Orden de Monte Gaudio el castillo de Alfambra en 1174. Junto a esta fortificación, también le hizo entrega de otras posiciones fronterizas, entre las que se encontraba Camañas, que adquirió el rango de encomienda. 

Sin embargo, la localidad no permanecería mucho tiempo en poder de Monte Gaudio. Alfonso II, temiendo que las disensiones surgidas dentro de la Orden pusieran en peligro sus posesiones fronterizas, decidió transferir en 1196 todas las posesiones de Monte Gaudio a la Orden del Temple. Tras la disolución de esta última (1312), pasó a manos de la Orden de San Juan de Jerusalén. Así pues, fueron tres las órdenes militares que dejaron su impronta en la Camañas medieval.

 

El edificio.

Aunque la parroquial debió existir desde los inicios de la aldea cristiana, debió tardar algunos años en convertirse en un edificio de cierta consideración. No resulta posible precisar cuándo se inició la construcción de la fábrica conservada, quizás en las últimas décadas del siglo XII o principios del XIII.

Como era habitual, la obra debió comenzarse por la cabecera, con planta absidial y bóveda de medio cuarto de horno, enmarcada por un arco ligeramente apuntado. El presbiterio también se prolongó hasta un potente arco triunfal de sillería. Por el exterior, esta fábrica tardo-románica resulta sobria, con una cornisa de piedra sustentada por canecillos sin decoración.

El ábside fue decorado con pinturas tardo-románicas del siglo XIII, con algún detalle de influencia gótica. Está presidido por un Pantocrátor, Jesucristo entronizado bendiciendo con su mano derecha, dentro de la mandorla ("almendra mística"). Está rodeado por un tetramorfos o representación de los cuatro Evangelistas: una figura humana (San Mateo), un águila (San Juan), un león (San Marcos) y un toro (San Lucas). Todos ellos están alados y presentan una cartela con su nombre.  Hasta la instalación del retablo “de pincel” estas pinturas presidirían la liturgia, en un ambiente típicamente románico.

A partir del presbiterio, la estructura del edificio cambia y adquiere una mayor amplitud. Presenta arcos diafragma, que separaban los tres tramos de la nave. De ellos tan sólo se conservan dos, pues el tercero fue demolido posteriormente para ser ocupado por el cementerio. La techumbre es de madera, a doble vertiente; cada tramo descansa sobre tres grandes vigas maestras (la cumbrera y una central por cada faldón). Esta parte del templo, ya plenamente gótica, también resulta sobria al exterior. La portada se abre con un arco rebajado, aunque quizás no sea el original.

Las escasas referencias documentales al edificio dificultan su datación. Sin embargo, sabemos que en 1304 contaba con un único altar, un cáliz de plata, algunos libros litúrgicos y ropas púrpura. En el conjunto destacaba una cinta con esmaltes de Limoges (Francia). La visita pastoral de 1523 describe el estado del edificio “cum decentia”. Se inventarían tres campanas, se ordena hacer un címbalo y poner puerta en el fosar que rodeaba la iglesia.

En la de 1554 se detalla la existencia de un retablo “de pinçel so la invocation de Nuestra Señora”, que ocultaba las pinturas del ábside, y dos altares más dedicados a Santa Inés y Santa Lucía; también se menciona la pila bautismal y una dotación litúrgica más amplia. Se ordenó construir una sacristía y poner llaves al cementerio.

Entre 1580 y 1594 se construyó y consagró la nueva iglesia parroquial, pasando el antiguo templo a la condición de ermita.

 

La decoración pictórica de la nave y la techumbre.

Las pinturas murales se prolongan por las paredes del presbiterio, todavía permanecen ocultas por enlucidos posteriores. Unas catas realizadas permiten reconocer una figura medieval, que porta un instrumento musical.  Posteriormente la nave fue enlucida y recibió un repinte barroco, del que quedan algunas evidencias.

Pero, es el repertorio pictórico de la cubierta de madera de la nave, el que configura uno de los conjuntos más interesante del momento. Lo componen tres ámbitos temáticos, en los que los caballeros, los seres fantásticos y las escenas de la vida cotidiana, se entremezclan con elementos vegetales, geométricos y heráldicos.

El grupo mejor definido es el que tiene un carácter “histórico”. Lo compone un grupo de jinetes moros y cristianos, principalmente templarios. Los jinetes andalusíes montan “a la jineta” (con las piernas flexionadas). Llevan la lanza en alto para arrojarla y se protegen con adargas y escudos circulares. Los jinetes cristianos montan “a la brida” (con las piernas estiradas) y con la lanza en ristre, en actitud de cargar.

A través de la heráldica de los caballeros cristianos se puede realizar una aproximación al momento histórico representado. Uno de los jinetes, lleva las armas reales, tanto en su escudo como en la gualdrapa del caballo, lo que sugiere que se trate del rey. Pero la mayor parte de los caballeros son templarios, con cruces rojas sobre fondo blanco en escudos y gualdrapas. Destaca, por su excepcionalidad, un caballero con una representación esquematizada del Templo de Jerusalén (Cúpula de la Roca), elemento presente en algunos sellos templarios.

Entre los identificables, también hay un caballero con el emblema heráldico de los Cardona (el cardo), familia vinculada a la Orden del Temple, a la que dio dos maestres: Guillermo de Cardona (1244-1252), que participó en la conquista de Valencia y ordenó la repoblación de Camañas de 1251; y Berenguer de Cardona (1292-1307), penúltimo maestre de la Corona de Aragón.

Los caballeros cristianos persiguen y abaten a los musulmanes, que tratan de refugiarse en una fortaleza, mientras un defensor toca el añafil indicando la retirada. Podría tratarse de la narración de un acontecimiento bélico victorioso, quizás vinculado con la conquista del Reino de Valencia, donde participó uno de los Cardona junto a Jaime I, que según el Llibre dels fets, lucía las armas reales, por lo que era fácilmente identificable, incluso por los enemigos.

El segundo repertorio está dedicado a seres fantásticos y tendría un trasfondo común con el anterior: la lucha del Bien contra el Mal, representado en el ciclo anterior por los cristianos y sarracenos. Aparecen un conjunto de seres monstruosos, de carácter negativo (un extraño salvaje sin tronco y con brazos y piernas enlazados; unos siameses peleando que comparten el cuerpo de cintura para abajo; un dragón de cuya boca sale un ser con cara de pez y cuerpo de reptil…).

Frente a éstos, hay otros animales de posible carácter positivo, como las dos aves que beben de una copa (que sería el Santo Cáliz), posiblemente vinculado con la Resurrección. Hay otras escenas de lucha del Bien contra el Mal, como el galgo con collar en el cuello, que persigue a una liebre con rasgos monstruosos y que está enfrentada a un águila. Otros elementos resultan más difíciles de interpretar, como la esvástica formada por cuatro piernas humanas, representación parecida a uno de los “marginalia” del Fuero de Teruel.

El repertorio de “escenas cotidianas” es el que mayores dudas ofrece. Unas hilanderas y un acemilero transportando carga, aparecen junto a seres fantásticos. Otro tanto sucede con la escena de un infante con una lanza que se enfrenta a un toro, escena que también podría reflejar la lucha del Bien contra el Mal.

Otra escena cuestionada es la de dos jinetes cabalgando en el mismo caballo: un varón musulmán, que lleva las riendas, y un personaje indefinido (tal vez una mujer) con un recipiente. Esta imagen se ha vinculado con la leyenda de la “enterrada viva”, documentada en el siglo XV, y que narra las infidelidades de la mujer del conde Rodrigo con el rey moro de Camañas.

Las características formales de las pinturas, sumada a la exaltación del Temple, permiten fecharlas con posterioridad a la techumbre de Santa María de Mediavilla de Teruel (cuya madera se cortó hacia 1261) y con anterioridad a la aprehensión de la Orden (1307). La presencia del escudo de los Cardona, quizás apunte a que la cubierta fuera pintada durante el maestrazgo de Berenguer de Cardona (1292-1307).  Es sin duda un conjunto de intención propagandística, en un territorio donde el Temple mantiene propiedades y en un momento en el que su estrella empieza a declinar.

Uno de los caballeros templarios.
Caballero que porta como emblema el Templo de Jerusalén.
Caballero con las armas de Aragón.

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