
Vista de Albarracín, con la Torre Blanca al fondo.
Publicado en: Verde Teruel, n º 56, Teruel, 2021, pp. 48-52
Jesús Gerardo Franco Calvo y Antonio Hernández Pardos
Si paseando por Albarracín, una noche de agosto de Luna Llena, nos sorprende una figura fantasmagórica que baja hacia el río no debería de extrañarnos, se den por avisados después de leer las siguientes líneas.
En un tiempo indefinido durante la Edad Media, en la corte aragonesa existía una joven princesa, llamada Doña Blanca, hermana menor del príncipe heredero. Tenía a todos encantados por su bondad y encanto, al mismo tiempo que por su ingenuidad y timidez. Cuando su padre, el rey, murió en una batalla el dolor y la tristeza llenaron su corazón, buscando refugio junto a su madre. El cariño que la corte y el pueblo tenían a la princesa provocó la envidia de su cuñada, la nueva reina al subir su hermano al trono. El Rey tomó una dura decisión, pero sospechamos que necesaria para mantener la paz en su casa; el destierro de su hermana.
La princesa salió acompañada de su comitiva camino a Castilla, el que iba a ser su hogar a partir de ese momento. En el camino se detuvieron en Albarracín, donde las virtudes de Doña Blanca permitieron que fuera muy bien recibida por la población y por los Azagra, familia que gobernaba en aquellos momentos, alojándose en una torre que ocupaba uno de los extremos de la población.
Tras varios días, un séquito triste y silencioso emprendió su marcha, pero sin la princesa y no en dirección a Castilla sino de vuelta a tierras de su Rey.
Los días pasaron y nadie volvió a ver a la princesa. Estaba claro que no había partido con la comitiva, pero tampoco parecía que estuviera en la torre de los Azagra.
¿Qué había pasado con Doña Blanca? ¿Había muerto de dolor en tierras de Albarracín? ¿Qué habían hecho con ella? Los Azagra y todos los que conocían la verdad guardaron silencio y eso originó la leyenda.
Un pastor, que tenía las ovejas junto al río durante una noche de Luna Llena en verano, vio una figura blanca, justo en el instante que sonaban las campanadas en la catedral. La figura correspondía a una mujer, que bajó desde la torre hasta el río, donde tras lavarse volvió a subir hacia el peñón situado en lo alto. Contó el pastor lo sucedido y todos llegaron a la conclusión que aquella figura tenía que tratarse, sin duda, de Doña Blanca, que todavía vagaba por la pena y el dolor con el que murió. No se repitió la escena hasta un año después, siendo muchas más las personas que pudieron contemplar la figura triste de la mujer, deduciendo que tras haber muerto había sido enterrada en el interior de la torre. Desde entonces se conoce como Torre de Doña Blanca.
Su historia
La Torre Blanca se sitúa en el extremo más meridional del peñón en el que se ubica la localidad, a modo de vigía sobre el meandro que conforma el río Guadalaviar, intramuros del recinto urbano. Se trata de una zona donde se encuentra el núcleo principal de Albarracín desde el siglo IX, con edificios tan singulares como la Alcazaba, la Ermita de San Juan, la Iglesia de Santa María, el antiguo Hospital de Albarracín o la propia Muralla del Barrio de San Juan.
Su construcción se realiza sobre un pequeño promontorio recortado para aportarle mayor altura al conjunto, con mampostería de piedra caliza y sillería labrada en sus esquinas. Entre sus piedras, asentadas y rejuntadas con mortero de cal, se incrustan trozos de escoria de metal de tonalidad oscura. Estas escorias destacan con respecto al color de la torre, pero, además, con cierta luz, le hace brillar y adoptar un tono blanquecino, motivo por el que se cree se le dio ese nombre de Torre Blanca. Lo cierto es que esta solución de incorporar escorias en las junturas también aparece en algunos de los tramos de la muralla.
Su planta es cuadrada, de poco más de once metros de lado y con unos muros de más de dos metros de anchura, que le aporta un aspecto sobrio y corpulento. La torre se dividía en tres plantas con una altura considerable en cada una de ellas, rematando con una serie de almenas en su parte superior. En la primera planta se encuentra la puerta, único acceso existente, situada a más de siete metros de altura, dando constancia, con ello, de la función defensiva de la torre. La segunda conserva una serie de saeteras, de forma vertical y estrecha, una en cada lado, excepto en el lado norte en la que aparecen dos. En la tercera planta aparece una última saetera, también en su lado norte, que ha sido rehecha durante la restauración. Toda la torre culminaría en una terraza que serviría como punto de vigilancia y defensa de la torre. No ha quedado ningún testimonio de cómo sería la comunicación entre las diferentes plantas, aunque todo parece indicar que se realizaría con escalas.
Aunque el origen de la torre es desconocido si nos fijamos en la técnica de construcción y el aparejo utilizados podríamos situarla en los siglos XIII o XIV. Quizás podemos relacionarla con el pago que Jaime II manda realizar al tenente Lope de Espejo, por intermediación de Ferrando López de Luna, el año 1310 por los gastos derivados en la construcción de una torre. La posición de esta torre sería fundamental como posible segundo nivel de protección tras las murallas, las cuales en esta zona apenas cuentan con torres defensivas, y con las que parece que no tiene ningún tipo de relación constructiva directa.
Es en el siglo XVI cuando aparece mencionada en un documento en el que se señalan las torres de la Muela, Blanca y del Andador, indicando que entre ellas se pueden realizar señales en tiempos de necesidad, conformando el triángulo defensivo de la ciudad junto con el castillo, situado en la parte más alta de la misma. Aunque pudo tener momentos puntuales de desuso, la torre estará operativa para ese uso defensivo y de vigilancia hasta finales del siglo XVI, en una fecha comprendida entre 1581, que la documentación nos indica que será utilizada por parte del castellán para vigilar la zona conocida como Dotos, y el año 1600, momento en el que se produce la petición del espacio por parte de los dominicos. Cuando los dominicos se establecieron en Albarracín solicitaron al rey Felipe III que les cediese el uso de la torre, algo que autoriza el 27 de julio de 1600 escribiendo una carta al procurador general y a los regidores de la ciudad y comunidad de Albarracín. El efecto de la cesión se lleva a cabo el 24 de septiembre de ese mismo año, quedando la torre anexionada al convento dominico que comenzó a construir el Maestro Alonso de Barrio Dajo el año 1601. Siendo prior dominico Fray Juan Antonio Villalba se transformó la Torre Blanca en biblioteca y librería del convento. Los forjados se eliminaron, dejando un único espacio interior, eso sí de menor altura, ya que se redujo la altura de la torre en más de un estado, lo que equivale a uno dos o tres metros. Ese espacio fue decorado con pilastras y una bóveda vaída, revistiendo el interior con un guarnecido de yeso y cascajo de gran espesor. Se abrieron grandes huecos, entre balcones y ventanas, además de hacer más grande la puerta ensanchando el acceso, y todo ello por solo 400 libras, según los datos que nos aporta Fray García Millares.
La torre quedó abandonada tras la desamortización, mientras el solar se convirtió en cementerio, llegando a construirse nichos pegados en su lado este. El hundimiento de la techumbre arruinó también la decoración de su última etapa, y dejó al edificio a merced del paso del tiempo.
Su recuperación
En el año 2001 comenzaron los trabajos de recuperación por parte de la Fundación Santa María de Albarracín, dentro de su programa de formación, recuperación y activación del patrimonio arquitectónico de la Comarca de Albarracín. La intervención realizada permitió poder recuperar el edificio buscando el aspecto que podía tener antes de la ocupación por parte de los dominicos, excepto por no reconstruir los merlones, posiblemente por no tener constancia de ellos. Los trabajos permitieron recuperar la altura aproximada original, cubrir todos los huecos abiertos en el último uso del edificio y acondicionarlo para su uso actual como sala expositiva. Para esta función se compartimentó el espacio en tres alturas, tal y como los restos de la propia torre indicaban y de la terraza superior, que se ha conformado como uno de los miradores privilegiados para observar el conjunto monumental de Albarracín.
Durante estos trabajos de restauración se realizó la excavación arqueológica del interior de la torre, que permitió corroborar parte de la información que se tenía de la misma. El objetivo con el que se emprendieron las excavaciones fue poder documentar los diferentes niveles arqueológicos aparecidos en el transcurso de las obras, tanto de la propia torre, como posibles restos anteriores a la misma. La retirada de los escombros permitió sacar a la luz el suelo de yeso correspondiente a la biblioteca de los dominicos en el siglo XVII, con unas escaleras que permitían salvar el desnivel con la puerta de acceso. Bajo este suelo el resto de estratos que, contrastándolos con los datos documentales, permiten poder establecer las diferentes fases del edificio. Entre los restos materiales aparecidos entre las grietas, en los niveles más bajos, apareció cerámica andalusí que señala la presencia de los mismos en la zona, bien como restos de hábitat o incluso de alguna posible atalaya anterior, aunque ningún resto estructural haa permitido constatar esta opción. La excavación afectó a todo el interior hasta llegar a la zona de cantera, permitiendo acondicionar un nuevo espacio en el sótano, como espacio de almacén.
El entorno en el que se encuentra la Torre Blanca es realmente privilegiado, pero se trata de una zona que todavía está recobrando su esplendor, gracias a los trabajos de recuperación de la muralla de Albarracín.
La Torre Blanca ha permitido contar con un espacio cultural más en la localidad de Albarracín, con una sala en la que se han programado, por parte de la Fundación Santa María, exposiciones de pintores como Gonzalo Tena, Vicente Pascual o Charo Pradas, entre otros, además de servir de ejercer de Galería de Pintura Paisajística para el Curso Superior de Pintura de Paisaje que la propia Fundación organiza.

Torre Blanca.

Acceso actual.

Lado norte de la torre.

Lado sur de la torre.

Lado oeste de la torre.

Lado este de la torre, con los nichos adosados.

Conjunto de Iglesia de Santa María, Torre Blanca y cementerio.




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