
Castillo de Luesia, que en 1532 contaba con una bombardeta de fuslera, ballestas de passa y tornos de fierro para la carga.
Publicado en: Castillos de Aragón, Zaragoza, n º 45, 2023, pp. 32-38
José F. CASABONA SEBASTIÁN, Rubén SÁEZ ABAD & Javier IBÁÑEZ GONZÁLEZ
El patrimonio castral de la Mitra zaragozana.
El obispado zaragozano ha sido y es el más importante de entre todas las diócesis aragonesas. A su amplio poder espiritual y económico, la Mitra Cesaraugustana añadió un señorío temporal, sin parangón en comparación con los restantes obispados aragoneses. Dentro del Reino, estuvo formado por 26 localidades[1].Es posible distinguir un primer núcleo, en el área de las Cinco Villas (que, curiosamente, se encontraba adscrita a la diócesis de Jaca-Pamplona), y otro en el entorno de Zaragoza, con puntos intermedios hacia los importantes señoríos en el área de Teruel.
El origen de la formación del señorío en el territorio turolense[2] se vincula con el papel desempeñado por las autoridades episcopales durante el proceso de conquista y la posterior repoblación del territorio. Muy diferente es la procedencia del núcleo de las Cinco Villas zaragozanas, que es adquirido y alcanza su configuración definitiva a mediados del siglo XV[3].
El protagonismo de los arzobispos zaragozanos en la vida política y militar del Reino fue constante hasta la segunda mitad del siglo XVI. Lope Fernández de Luna tuvo un papel relevante en la defensa del Reino durante la Guerra de los Dos Pedros; su sucesor, García Fernández de Heredia, murió alanceado (1411) por el urgelista Antón de Luna, durante las luchas internas desatadas tras la muerte del rey Martín I (1410). Décadas después, se sucedieron los mitrados procedentes de la Casa Real de Aragón, como Juan de Aragón (1458-1475), destacado militar, hijo del rey Juan II; Alonso de Aragón (1478-1520), hijo de Fernando el Católico, y gran apoyo político y militar de su padre.
Esta influencia se mantendrá hasta el final de los arzobispos de la Casa Real de Aragón, coincidiendo con la progresiva pérdida de peso del Reino en la política hispana y los enfrentamientos con el poder real.
La Mitra zaragozana dispondrá de excepcionales recursos para la protección de su patrimonio, que le permitirán acudir a la defensa del Reino, reflejando al mismo tiempo también su estatus principesco. Sin embargo, a principios del siglo XVI, muchos de los castillos con que cuenta la Mitra están en avanzado estado de deterioro. Este acelerado proceso, apenas se paliará parcialmente en época del arzobispo Hernando de Aragón (1539-1577), nieto de Fernando el Católico y el último arzobispo perteneciente a la familia real.
Es en este último periodo, bajo el episcopado de Fadrique de Portugal (1532-1539), también emparentado con la Casa Real aragonesa, cuando se realiza la visita a las fortalezas de la Mitra zaragozana. El objetivo perseguido con ella es la de analizar su estado y aplicar partidas testamentarias del anterior arzobispo para proceder a su reparación, en el caso de ser necesario[4]. Este documento es el punto de partida para el presente trabajo.
Por sus características, esta visita difiere de las visitas pastorales, realizadas a las parroquias; y también de las que las órdenes militares realizan de forma periódica a su patrimonio, en el que muestran un especial interés por el estado de sus castillos (y monopolios feudales), especialmente tras las usurpaciones sufridas en el siglo XV, ante su progresiva debilidad. Estas visitas, con descripciones someras y pequeños inventarios de armas, difieren de los excepcionales arsenales que encontramos en el siglo XIII para la Orden del Temple.
El panorama de los castillos de las órdenes militares a finales de la Edad Media resultaba desolador, en lo que a materia de equipamiento militar se refiere. En los del Hospital, principal orden de Aragón y heredera de todas las posesiones del Temple, el armamento referido en los inventarios tiene un carácter completamente residual y, en la mayor parte de los casos, refleja encontrarse en estado de abandono[5]; algunos, como los de Ambel y Caspe, habían adoptado un carácter residencial, como sede de encomiendas; y la vieja Zuda zaragozana servía de sede administrativa a la Castellanía de Amposta. La gran fortaleza conventual santiaguista de Montalbán estaba vacía y se había iniciado el proceso de ruina de parte de sus estancias[6].Otras órdenes, detentadoras de castillos, como los cistercienses del Monasterio de Rueda (Sástago), cuyo abadiado está en 1532 en manos de los arzobispos, carecen de cualquier equipamiento militar en los suyos, según el mismo documento notarial al que vamos a referirnos. Fuera de Zaragoza, sólo Calatrava mantendrá dignamente su castillo de Alcañiz, sede de la Encomienda Mayor, centro administrativo de la Orden en Aragón, sin que dispongamos de datos de su equipamiento militar.
El equipamiento militar de los castillos arzobispales en 1532[7].
En primer lugar, es necesario señalar que se documenta la existencia de un posible arsenal en el palacio del arzobispo en Zaragoza. Comprendería los equipos militares que se encontraban en mejor estado de revista y que constituirían la dotación principal e inmediata con la que se procedería a armar a las tropas susceptibles de ser movilizadas por el arzobispo, en caso de conflicto. Sin embargo, los visitadores no entraron a ver esta estancia, que quedaba al margen de sus competencias.
Los castillos y, dentro de ellos las dependencias visitadas por los maestros de obras, los comisarios y el notario, con presencia también de representantes locales, se encuentran en estado muy desigual. Algunos castillos menores, prácticamente han desaparecido o se encuentran en avanzado estado de ruina; el resto presentaba parte de sus estancias muy deterioradas, siendo el utillaje y el mobiliario que albergaban en todos los casos escaso. Es significativo señalar que los visitadores en su recorrido se encontraron con algunas piezas vinculadas con la justicia señorial, como podían ser los cepos y grilletes. Entre los edificios que evidenciaban en ese momento un mejor estado se encontraban los castillos-palacio de Albalate del Arzobispo y de Valderrobres; otros, hoy en día desaparecidos, como el de Andorra, se encontraban por aquel entonces todavía en un estado aceptable y evidenciaban un pasado más brillante.
De la totalidad de posesiones de la Mitra, tan sólo en ocho castillos existían depósitos de carácter militar. A efectos de su descripción, hemos agrupado las armas en tres bloques independientes, para poder facilitar su interpretación:
- Equipamientos de carácter individual: corazas, petos, espaldares, brazales, capacetes, rodelas y paveses.
- Ballestas, así como los elementos necesarios para facilitar su proceso de carga y sus respectivas municiones: cureñas, tornos y proyectiles.
- Artillería y su munición: cañas, servidores y proyectiles.
Es, sin duda alguna, este último aspecto, el de la artillería de pólvora, el que más llama la atención por el número de piezas y su dispersión. También da la sensación de que es el único que parece estar todavía en condiciones de cumplir con una cierta función defensiva en las fortificaciones que la albergaban.
Cuadro de la distribución del equipamiento militar por categorías:
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Localidades |
Equipamiento individual |
Ballestas y sus equipos |
Artillería de pólvora |
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Rodén (Zaragoza) |
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Cureña de ballesta quebrada y sin nuez |
Falconetes con sus servidores |
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Luesia (Zaragoza) |
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Ballestas de passa Tornos de fierro para la carga |
Bombardeta de fuslera |
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Biel (Zaragoza) |
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Ballestas de passa de acero y sin cuerda |
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Cutanda (Teruel) |
Corazas Paveses |
Ballestas de passa. Tornos de fierro para la carga. Proyectiles |
Tiros de fierro |
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Andorra (Teruel) |
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Tiros de fierro |
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Miravete de la Sierra (Teruel) |
Paveses |
Ballestas de passa Proyectiles |
Tiros de fierro Servidores para tiros de fierro |
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Linares de Mora (Teruel) |
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Ballestas de passa |
Tiros de fierro Servidores para tiros de fierro |
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Puertomingalvo (Teruel) |
Rodelas |
Ballestas de passa. Tornos de fierro para la carga |
Tiros de fierro Servidores para tiros de fierro |
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Albalate del Arzobispo (Teruel) |
Peto, espaldar, brazales, capacetes, paveses |
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Tiros de fierro Proyectiles de piedra |
En el momento de la visita, el armamento se encuentra depositado en dependencias que, en líneas generales, presentan un buen estado de revista. Sin embargo, resulta curioso que ninguno de los lugares donde se encontraban almacenadas, desempeñara las funciones de armería como tal. Es más, en algún caso, como en el de la fortaleza de Miravete de la Sierra, las armas se hallan depositadas dentro de la ermita de San Francisco, en el interior del reducido castillo. Quizás ello se debiera a que era el edificio mejor conservado del conjunto.
De entre los ocho castillos que almacenaban armas en 1532, son los señoríos turolenses los que guardan la mayor parte del armamento. Pero, tan sólo en un caso se puede hablar de un arsenal en el sentido estricto de la palabra y es el de Albalate del Arzobispo, a tenor del número y variedad de piezas acumuladas en sus dependencias. En este castillo turolense se menciona la presencia de cinco tiros de hierro, que los de la localidad reclamaban como suyos. Este hecho lleva a pensar que se trataba de piezas que todavía estaban en un buen estado de uso, pues en caso contrario no habrían generado ninguna disputa.
Igualmente, tan sólo en el caso de Albalate, de entre todos los que cuentan con artillería de pólvora, se menciona la presencia de los proyectiles para su uso. En el inventario se habla de bolas de piedra grandes y pequeñas, lo que nos demuestra la existencia de varios calibres de piezas de artillería, quizás algunas de reducidas dimensiones y otras un poco más grandes. Por lo tanto, armas destinadas a cumplir diferentes funciones, algunas de carácter más defensivo y otras ofensivo. También se habla de un “banquico para adobar las armas y la artillería”; o lo que es lo mismo, para poner las piezas en marcha y proceder a su montaje en los afustes.
Tampoco resulta escaso el equipamiento individual para la tropa. Aunque se habla de dos paveses, uno viejo y el otro quebrado, y que resulta algo anecdótico, sí que se almacenaba una importante provisión de piezas. Así, encontramos referidos 23 capacetes y 74 pares de brazales para soldados, lo cual supone equipamiento defensivo suficiente como para poder armar un considerable contingente. Sin embargo, vuelven a ser residuales, pues se necesitaría proporcionar a los soldados escudos y armas ofensivas para que pudieran estar en condiciones de combatir. Únicamente se habla de un peto y un espaldar, por lo que tan sólo un soldado tendría el equipamiento defensivo completo, quizás el oficial al mando.
La ausencia de proyectiles, junto a las piezas en los otros castillos, haría que, además de anticuadas, no pudieran emplearse de forma momentánea en caso de ataque. No obstante, en ocasiones los proyectiles se preparaban cuando estallaba un conflicto armado y se hacían necesarios. En el caso de cañones obsoletos, como es la sensación que transmite la visita, quizás sea lógico no disponer de munición, pues sólo se recurriría a ellos de forma excepcional.
Además, en el castillo de Albalate existen dependencias específicas para conservan las armas: Item subiendo mas arriba a mano ezquierda hay una estancia con su puerta rexada, la qual era para tener la artilleria, esta buena/Item mas adentro una estancia pequenya donde estaba escondida la artilleria. Item entrando por la puerta una entrada en la qual havia cinco tiros de fierro, los quales dezian eran de la villa de Albalate del Arçobispo de Caragoca….
En el resto de los castillos, las armas almacenadas parecen corresponder a un depósito inespecífico y en algunos casos de carácter residual. Esto parece quedar en evidencia, tanto por el estado de las armas, como por la frecuencia con la que se habla de la antigüedad de las mismas. Se suele hablar de ballestas de passa de acero sin sus cuerdas de tensado, de cureñas de ballesta quebradas y que no tenían nuez, de corazas viejas rotas o de paveses quebrados y hechos trozos, mencionando, como el caso de Miravete, que estos escudos no servían para nada.
De mayor interés resulta el elevado número de piezas de artillería repartidas a lo largo de los almacenes de los diferentes castillos. Todos ellos, con la salvedad de Biel, disponen de alguna pieza de artillería. Una “bombardeta de fuslera” en Luesia; dos falconetes en Rodén; dos tiros de fierro sin servidores y de cinco servidores de fierro en Puertomingalvo; tres tiros de fierro en Cutanda[8]; cuatro tiros de hierro viejos, de los que tres estaban encabalgados y uno sin encabalgar, en Linares de Mora[9]; dos tiros de fierro, el uno grande y el otro pequeño, con tres servidores de fierro para el tiro mayor en Miravete de la Sierra; y tres tiros de fierro en Andorra.
Sin embargo, a pesar del elevado número de piezas de artillería que almacenaba la Mitra en sus castillos, una de las primeras dudas que asalta es la de saber cuál era su estado y si se trataba de piezas modernas o ya obsoletas. Lo más probable es el segundo de los supuestos. Las piezas de mejor calidad solían formar parte de los trenes de sitio, quedando los modelos antiguos, de segundo orden, acantonados en fortificaciones de menor importancia o que no se preveía que pudieran ser atacadas. La sensación de deterioro que se desprende de las fortificaciones visitadas es casi generalizada, lo que parece corroborar la consideración de que la artillería conservada en ellas era de escasa calidad. Bajo ningún concepto, piezas modernas serían almacenadas en lugares que no reunían las mínimas condiciones de seguridad o de conservación.
La conclusión a la que se puede llegar, tras analizar el equipamiento conservado en los diferentes castillos de la Mitra, es que respondía a antiguos depósitos de material, pero que en ningún momento constituía una provisión de garantía para acometer la defensa de las fortificaciones en las que se hallaba. Tan sólo, el caso de Albalate del Arzobispo parece alejarse de esta premisa y responder a un arsenal de cierta consideración, capaz de ofrecer a su guarnición un mínimo de eficacia o, como mínimo, suponer un aporte sustancial para el equipamiento de un pequeño contingente armado.
Reflexión final.
No es sorprendente la presencia de armamento en espacios de carácter militar, como son los castillos de la Mitra. Sin embargo, en el periodo tratado, al comparar con otras instituciones que cuentan con información documental de carácter sistemático, se evidencia una gran diferencia. En las visitas a los castillos de las órdenes militares aragonesas apenas se conservan algunas armas de tipo individual. Y el panorama era similar en la mayor parte de las fortalezas, algo lógico si pensamos en la desaparición de las fronteras militares tras la unión dinástica de los reinos de Castilla y de Aragón.
El equipamiento artillero arzobispal no parece responder a una distribución estratégica, sino a depósitos circunstanciales, más allá del señalado de Albalate, situado en el epicentro del señorío episcopal, o de aquel armamento que pudiera existir en el propio palacio zaragozano. Todo ello parece derivarse del papel militar que los arzobispos de la Casa de Aragón habían desempeñado en la política del Reino desde mediados del siglo XV hasta las primeras décadas del siglo XVI. Habían respondido a un planteamiento militar de carácter “estatal”, que facilitaba la ejecución de la política real; y que se custodiaba en dependencias de fidelidad garantizada, algunas de las cuales debieron pervivir de manera residual hasta fechas posteriores, como es el caso del que se guardaba en el castillo-abadía de Montearagón (Huesca)[10], cuyo abadiado también fue detentado por los mismos miembros de la Casa Real aragonesa.
También el depósito de los falconetes de Rodén (Zaragoza), que se encuentran junto con sus servidores, podría desempeñar un papel disuasorio, al tratarse de una población de moriscos, que en algunos momentos van a ser el origen de problemas. Algo similar debía ocurrir en Calatorao, otra población de moriscos (en este caso del Cabildo del Pilar), que también contaba con armas de fuego[11].
También hay que tener presente que a principios del siglo XV, en Linares de Mora (dentro del propio señorío de la Mitra), existía una industria artillera de cierta consideración[12]. Era capaz de abastecer con garantías a la ciudad de Teruel; y los artesanos del entorno estaban acostumbrados al montaje y mantenimiento de estas piezas, pues los concejos y, especialmente los de mayor tamaño y que cumplían una función fronteriza, eran poseedores de interesantes arsenales artilleros desde el siglo XV[13].
Es evidente que las necesidades militares privativas del Reino se fueron reduciendo con el paso del tiempo. Y la dotación militar de los arzobispos zaragozanos debió desaparecer; máxime, cuando tras la muerte de D. Hernando de Aragón (+1577) desaparecen los arzobispos de la Casa Real, y se reduce su importancia política y militar, en un contexto de Contrarreforma plena tras el Concilio de Trento.
Probablemente, buena parte de este equipamiento artillero fuera incorporado a las campañas expansionistas del nuevo contexto político de los reinos peninsulares. Un indicador de esta posibilidad es el embarque de la artillería real que, a través del río Ebro, se realizó en dos barcas en dirección a Tortosa, en 1535[14], quizás para la campaña de Túnez.
[1]Biel, Asín, Farasdués, Orés, El Frago, Isuerre, Longás y Lobera de Onsella, en las Cinco Villas. Juslibol, Rodén y Almochuel en el entorno de Zaragoza. Albalate del Arzobispo, Ariño, Andorra, Valderrobres, Mazaleón, Torre del Compte, Beceite y Fuentespalda, en el área del Bajo Aragón de Teruel, y que constituye quizás el núcleo más importante de todo el conjunto. Hay otro núcleo menos compacto formado por Miravete de la Sierra, Jorcas, Linares de Mora, Castelvispal, Puertomingalvo y, aislada, la población de Cutanda. Vid. una visión general sobre el señorío, con relación de los municipios que lo integran en la Edad Moderna, en: LATORRE CIRIA, J. M. “Los señoríos del arzobispo de Zaragoza en la Edad Moderna. Población y estructura de las Rentas”, en Estudios sobre el Aragón Foral. Zaragoza, 2009, pp. 57-93.
[2] Con carácter monográfico nos hemos ocupado de este tema (IBAÑEZ GONZALEZ, J. et alii. Los castillos turolenses de la Mitra de Zaragoza, Teruel, Qualcina/Arcatur, 2021).
[3]Se realizó mediante la compra de las dos poblaciones principales (Luesia y Biel) y sus respectivas aldeas. A estas compras no fue ajena la descomposición del Condado de Luna, especialmente amplio en época de la Reina María de Luna, (AA.VV. El señorío jurisdiccional de María de Luna. Un registro de cartas de 1409, Ejea de los Caballeros, 1988), a la muerte de Martín el Humano. Vid. algunas referencias de interés en MONTANER FRUTOS, A., La historia de Luesia y las nuevas armas de la Villa. Luesia, 1997, p. 22.
[4] Esta visita se plasma en un documento notarial conservado en el archivo de protocolos notariales de Zaragoza (Protocolo de Salvador de Abizanda, 1532); los maestros de obras Juan de la Mica y Juan de Gali fueron acompañados por el notario, que levantaba acta del estado de cada edificio, estando presentes los representantes locales. Se realizó también una valoración de las reparaciones necesarias.
[5]Sirva como ejemplo el Castillo de Alfambra, que en 1535 almacenaba nueve picas, mientras que en 1443 contaba con no menos de cuatro bombardas. Vid. CASABONA SEBASTIAN, J. F. “El castillo de Alfambra a partir de las fuentes documentales”, en I Jornadas sobre el castillo de Alfambra y la Orden de Montegaudio. Alfambra, 2018, pp 15-22.
[6] Vid. bibliografía actualizada y últimas aportaciones proporcionadas por la arqueología en IBÁÑEZ, J., CASABONA, J. F. & SÁEZ, R. “Resultados preliminares de los sondeos arqueológicos realizados en la fortaleza conventual santiaguista de Montalbán (Teruel). Siglos XIII a XIX”, V Congreso de Castellología, Ciudad Real-Montiel, 1,2 y 3 de marzo de 2023, en prensa.
[7] Una primera versión de este trabajo se presentó en 2019 en el Congreso de Historia Militar “Castillo de Ainsa”, del 25 al 27 de octubre, permaneciendo inédito. Asimismo, en IBAÑEZ GONZALEZ, J. et alii. Los castillos turolenses de la Mitra de Zaragoza, op. cit. se dedica un apartado a este tema (pp. 63-74)
[8]IBÁÑEZ, J., CASABONA, J.F. & SÁEZ, R., Tras las huellas de Alfonso I el Batallador. Teruel, 2019, pp. 27.
[9]CASABONA SEGASTIAN, J.F. & IBÁÑEZ GONZÁLEZ, J., Castillos, murallas y torres. La arquitectura fortificada de la Comarca de Gúdar-Javalambre. Teruel, 2013, pp. 16-17.
[10]A principios del siglo XVII en el castillo-abadía de Montearagón (8 de abril de 1605) aún se conservaba un tiro gruesso, en la torre de las armas, mas alta fuerte y ancha que las demás; al intentar realizar salvas por el nacimiento del Felipe IV, se hizo pieças de puro viejo. SEGURA, Juan de, Discurso de la fundación y estado de la real casa de Montearagón por el Rey Don Sancho Ramírez, intitulada, Jesús Nazareno, sacado de las escrituras auténticas y originales del archivo de la misma casa. Huesca, 1619.
[11] VILLA, I. “El Castillo-Palacio de Calatorao. Lugar del Señorío del Pilar (1213-1840)”, VIII Jornadas de Castellología Aragonesa, Zaragoza, 2018, p.35-177
[12]CASABONA, J.F., IBÁÑEZ, J.& SAEZ, R., “Arqueología y fuentes documentales. Los orígenes de la artillería de pólvora y de las torres artilleras en Teruel”. IV Congreso de Arqueología y Patrimonio Aragonés. Zaragoza, pp. 419-430.
[13]CASABONA, J.F., IBÁÑEZ, J.& SAEZ, R., “Artillería de pólvora y fortificaciones en el Sur de Aragón”, V congreso de Castellología. Ciudad Real-Montiel, 1,2 y 3 de marzo de 2023, en prensa.
[14] GOMEZ VALENZUELA, M., Navegación por el Ebro (1399-1602), Zaragoza, 2018, p. 163, doc. 176.

Castillo de Biel, que en 1532 guardaba ballestas de passa de acero, pero sin cuerda.

Rodén, castillo en el que se documentan falconetes con sus servidores y una cureña de ballesta quebrada y sin nuez, en 1532.

Mapa de los lugares de la Mitra Cesaraugustana y su equipamiento militar en 1532.

Castillo de Albalate, el único que en 1532 contaba con el único equipamiento militar operativo.

Ermita de Nuestra Señora del Pilar (Andorra), en el emplazamiento del antiguo castillo; fotografía realizada por Juan Cabré Aguiló entre 1908 y 1910. IPCE. La fortaleza andorrana contaba con “tres tiros de fierro desbaratados y desencabalgados”.

Vista de la torre principal del castillo de Cutanda; contaba con tres cañones de hierro y algunas ballestas en diverso estado.

Vista de Miravete de la Sierra, el castillo contaba con una ermita de San Francisco, donde había “dos tiros de fierro” uno grande y otro pequeño, el grande contaba con tres servidores. En la cubierta de la ermita se guardaban doce paveses viejos y en una habitación una ballesta de passa.

Vista de Linares de Mora y su castillo; guardaba cuatro tiros de fierro viejos, tres servidores, tres ballestas y un torno.




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