
Cerro del Castillo visto desde la zona de Laguna de Gallocanta.
Publicado en: Verde Teruel, n º 45, Teruel, 2018, pp. 36-39
Jesús Gerardo Franco Calvo y Antonio Hernández Pardos
Situados ambos castillos en la actual Comarca del Jiloca, por su cercanía comparten una historia y características comunes. Ambos se sitúan en un promontorio, junto a la localidad, en el cual de modo previo existió un asentamiento de época celtibera.
Desde la segunda mitad del siglo XIII la situación geoestratégica aragonesa cambia en el momento en el que se llega a Valencia y finaliza la “reconquista”, ya que los conflictos se trasladan a la frontera con Castilla, lo que obligará a la construcción de fortificaciones y a las constantes reparaciones de las mismas. La defensa de la Comunidad de Aldeas de Daroca se establecerá mediante la formación de varias líneas defensivas. En la primera de ellas es donde se encontraban tanto el Castillo de Torralba como el Castillo de Tornos junto a los de Used, Santed, Berrueco, Castejón, Bello, Odón, Villar del Salz, Blancas, Pozuel, Ojos Negros y Peracense.
El castillo de Tornos
Subir al castillo de Tornos supone una recompensa, no solo por el pequeño esfuerzo realizado en el ascenso, sino por las magníficas vistas que el visitante obtiene del entorno. Desde aquí se domina visualmente la planicie y las atalayas de Castejón, la laguna de Gallocanta, el Campo de Bello y la frontera con Castilla. A sus pies, en la vaguada constituida entre los cerros del Castillo y de San Cristóbal, la localidad de Tornos, donde podemos visitar la ermita de Nuestra Señora de los Olmos, situada junto a un poblado celtibérico, la Iglesia del Salvador o el magnífico peirón de San Antón, en la Plaza.
El castillo está ubicado sobre un cerro paleozoico, a 1109 metros sobre el nivel del mar, que presenta un fuerte desnivel por el lado Noroeste, hacia la localidad de Tornos, mientras que por el lado Sureste la pendiente es más suave. El castillo se encuentra perfectamente señalizado en la carretera que discurre desde Calamocha a Tornos, con un desvío hacia la izquierda que nos permitirá llegar, a través de un camino, hasta ese extremo Sureste por donde podremos ascender hoy en día, y que también tuvo que servir de acceso durante la Edad Media.
El castillo de Tornos se asienta sobre restos ibéricos, los cuales todavía se aprecian en algún pequeño tramo de los lienzos de la muralla medieval, que deja ver piedras de gran tamaño, asentadas en seco y que nos recuerda a las que podemos apreciar en los muchos yacimientos celtibéricos que nos encontramos en el entorno.
Estos territorios fueron ganados, por el Reino de Aragón, tras la batalla de Cutanda del año 1120. Tras unos años en los que la localidad quedó bajo la propiedad del Monasterio de Oña o del Monasterio de Marimond, en 1211 Pedro II la compra junto a la localidad de Burbáguena, pasando ambas a formar parte del fuero de Daroca. Poco tiempo antes, en el año 1200, el mismo Pedro II había recibido de su madre la donación del Castillo de Tornos, siendo esta la primera noticia que tenemos del mismo.
Tras la conquista de Valencia la frontera entre Aragón y Castilla se convierte en un punto de continuos conflictos. Constituida ya la Comunidad de Aldeas de Daroca su protección se realizará mediante la formación de diferentes líneas de castillos y torres defensivas. El Castillo de Tornos será el principal de la primera de esas líneas defensivas, hasta que sea sustituido por el de Peracense, al ser comprado por la comunidad a los Ximénez de Urrea.
El Castillo de Tornos siempre tuvo una especial relación con los reyes, hasta tal punto que es, junto al de Santed, uno de los pocos en la zona, que dependían directamente de la corona, tal y como se cita en documentos de finales del siglo XIII. Es decir, el Rey se reservaba el derecho a nombrar alcaides, que tenían que vivir, junto con su familia, en el interior del recinto y eran los encargados del mantenimiento y buen estado del mismo. Esta relación con la monarquía aragonesa les permitió tener a la localidad de Tornos una protección especial, así lo vemos en una carta del infante Pedro en 1291 en la que indica que debido al robo y cautiverio que sufrieron unos vecinos de Tornos, los responsables, unos almogávares que vivían en Ferrera de Ojos Negros, perderán sus bienes. Vinculada también a esta protección especial podemos situar el ahorcamiento de un trovador que llegó a la localidad cantando coplas contra el rey.
Es con Jaime II con quien se realiza una reparación completa del castillo, desde 1295 hasta 1320, siendo posiblemente este el momento en el que el castillo adopta la forma actual.
Con Pedro IV el castillo pasa por uno de los momentos de mayor actividad bélica, principalmente con la guerra de los Dos Pedros, por lo que en 1346 manda que se realicen las obras necesarias para prevenir posibles asedios, entre las que se encuentran la construcción de un aljibe. Solamente un año después, siendo alcaide Domingo Marcuello, el castillo se mantendrá fiel al rey, contra la petición de los unionistas, que se encontraban en el cercano Castillo de Berrueco.
La finalidad con la que estos castillos fueron construidos y conservados se perdió a finales del siglo XV, por lo que la falta de mantenimiento conllevó que entraran rápidamente en ruina.
La estructura que hoy se conserva adopta una forma de cuadrilátero con lados entre 35 y 40 metros de longitud, conformados sobre los niveles cuarcíticos que afloran en superficie y que le dan al conjunto un carácter defensivo, de modo natural. Los trabajos arqueológicos han permitido poder sacar a la luz el perímetro completo de la muralla, al mismo tiempo que se ha procedido a consolidar los restos existentes. El castillo cuenta con tres torreones de planta cuadrada, dos de ellos con mampuestos cuarcíticos, de pequeño tamaño, asentados con argamasa, mientras que el tercero presenta una base de mampuestos, sobre los que se asienta el tapial. Existen dos accesos al interior del recinto, el principal en el lado oeste con una anchura de 2,25 metros y con lo que se ha interpretado como peldaños constituidos en rodeno. En el muro sur aparece el otro acceso, justo en la esquina de uno de los torreones al cual da paso. La excavación arqueológica ha permitido, además, acondicionar una especie de tránsito alrededor de la muralla exterior, por lo que el visitante que se acerca hasta la cima puede discurrir con cierta facilidad por los restos conservados.

Torreón situado en el extremo Noroeste. Al fondo la localidad de Tornos.

Torreón de tapial situado en el extremo Sureste.

Tramo de muralla del lienzo este.

Torreón con los afloramientos cuarcíticos.

Detalle del acceso principal.

Vista general en el momento de la consolidación de las estructuras.




0 Comentarios