El Castillo de Montalbán: articulación espacial

Configuración topográfica del Castillo de Montalbán: A: extremo occidental; B: "corredor" septentrional; C: cresta occidental; D: rellano occidental; E: rellano Noroccidental; F: resalte central.; G: vaguada central; H: cumbre; I: rellano septentrional - zona Oeste; J: rellano septentrional - zona centro; K: cresta oriental. Base cartográfica: MTA5 – Instituto Geográfico de Aragón.

Publicado en: Castillos de Aragón, nº 41, Zaragoza, 2021, pp. 15-30

José F. Casabona, Javier Ibáñez & Rubén Sáez

 

El Castillo de Montalbán: articulación espacial a partir de la documentación y de los restos conservados en superficie.

En Aliaga, el hombre se alió con la geología para configurar un conjunto defensivo excepcional, prácticamente inexpugnable. En época andalusí, albergó un hisn (castillo rural), que, con la conquista de Zaragoza, pasó a manos de Alfonso I; éste se lo entregó a Lope Johanes de Tarazona. Pero al morir El Batallador, la frontera se derrumbó y la posición fue recuperada por los almorávides.

Tras la reconquista definitiva por Alfonso II, Sancho de Tarazona donó la fortaleza, la villa y la iglesia a la Orden del Hospital (1163). Pocos años después, en 1180, los sanjuanistas establecieron en Aliaga el centro de su encomienda en las sierras turolenses. Y en noviembre de 1216, concedieron fueros a los pobladores de Aliaga, en los que el servicio militar ocupaba un lugar destacado.

La primigenia aldea de Aliaga debía situarse dentro del recinto exterior del Castillo, junto a la primitiva iglesia. En el siglo XV la villa se extendió fuera de la muralla, trasladándose también la parroquial, dedicada a San Juan. No obstante, en el siglo XVI aún había una capilla en el Castillo, bajo la advocación de Santa María.

Fue probablemente a principios del siglo XIII, cuando el Castillo de Aliaga fue objeto de una importante remodelación, convirtiéndose en una fortaleza de carácter conventual.

Durante la Guerra de los Dos Pedros, el Castillo fue puesto en estado de defensa, aunque finalmente no fue atacado, al situarse muy a retaguardia. Sí que lo sería un siglo después, por los soldados castellanos del duque de Híjar (1462), partidario del Príncipe de Viana en su enfrentamiento contra Juan II. No obstante, las fuerzas de ocupación lo evacuaron al año siguiente. El de Híjar acabó reconciliándose con el monarca y éste le otorgó el título de conde de Aliaga, con el consentimiento del prior sanjuanista, lo que demuestra la debilidad de la Orden. En 1487 Fernando el Católico lo elevó al rango de ducado, título ostentado hoy por Luis Martínez de Irujo, XIXº duque de Aliaga.

Pese a la aparente titularidad nobiliar, el Castillo permaneció bajo dominio sanjuanista. En 1535 mantenía un arsenal compuesto por 22 picas, 24 lanzas, 12 paveses, 6 escopetas, 8 ballestas de acero y 3 de madera.

Hoy en día, sus construcciones están ocultas bajo varios metros de escombros, pese a lo cual es posible hacerse una idea de su organización espacial. Con una superficie próxima a los 4.000 m2, el Castillo está coronado por un peñasco de más de 30 m. de altura, en el que se asentó la torre del homenaje. A su amparo, en los flancos occidental y meridional, se dispusieron una serie de edificios y recintos concéntricos.

Buena parte del recinto exterior resulta visible hoy en día. Destacan una quincena de cubos semicilíndricos de mampostería, de unos tres metros de diámetro, por delante de los cuales se sitúa un foso. La densidad de este tipo de estructuras en el flanco Noroccidental resulta excepcional y sin parangón en territorio turolense.

Entre tanta torreta, destaca un potente torreón rectangular, de unos 8 por 7 metros de planta. Aparentemente más antiguo que el resto, sus muros de tapial calicostrado fueron revestidos posteriormente con piedra para otorgarle mayor solidez y prestancia. Su posición, en el expuesto ángulo de giro del recinto exterior, le otorga una especial relevancia.

El resto de las construcciones se debieron agrupar concéntricamente en torno a la peña donde se situaba la torre del homenaje. Este espacio hasta las murallas perimetrales, estaría ocupado por la antigua aldea de Aliaga. Dado el marcado declive topográfico existente desde la peña, las construcciones más próximas a ésta se encontrarían en una posición más relevante, lo que le daría al conjunto una peculiar apariencia escalonada.

Al igual que otras fortalezas conventuales turolenses, el Castillo de Aliaga contó con capilla y diversas dependencias monásticas (sala capitular, refectorio, dormitorios, estancias del comendador) y al menos un aljibe, construcciones seguramente adosadas a la peña.

Tras varios siglos de inactividad militar, el Castillo recuperó protagonismo durante las Guerras Carlistas. Durante la Primera, un contingente rebelde al mando de Francisco Macarulla, se hizo fuerte en su interior. La fortaleza, como recoge la prensa del momento, se había reforzado con nuevas obras, por lo que el refugio de las tropas allí no fue improvisado. Sus muros se encontraban artillados con dos obuses y dos cañones.

Para doblegar la resistencia del Castillo de Aliaga fue necesario el traslado de un poderoso ejército y de un tren de artillería de consideración, cuyo desplazamiento obligó a modificar los caminos existentes. El ejército isabelino estuvo encabezado por Leopoldo O’Donnell, acompañado por el marqués de Novaliches o el duque de Ahumada, que recibió por esta acción la placa de la Orden Militar de San Fernando.

Las baterías reales arrojaron sobre la fortaleza más de 3.000 proyectiles, que debieron ocasionar cuantiosos daños, aunque los intentos de minado fracasaron. Ante el incesante bombardeo, Macarulla capituló el 16 de abril de 1840. El Castillo sirvió después de acuartelamiento para las tropas del Ejército del Centro, antes de continuar contra las últimas posiciones carlistas aragonesas.

De la fortaleza medieval ha sobrevivido su perímetro exterior, cubriendo los escombros las sucesivas subdivisiones internas. En él se superponen el acuartelamiento liberal, la fortificación carlista y la fortaleza conventual. Sólo a través de la arqueología y el estudio documental se podrá avanzar más en el conocimiento de esta fortificación excepcional.

Las ruinas del Castillo de Montalbán ocupan la cumbre de un crestón rocoso que emerge unos 80 m. por encima de los espacios circundantes, al Sureste del casco urbano. Sus abruptas laderas dividen en dos la depresión de Montalbán, situada en la parte alta del río Martín. Centro de poder de la Orden Militar de Santiago en Aragón, su estado actual es el resultado del intenso bombardeo a que fue sometido durante los meses de mayo y junio de 1839.

El objeto del presente trabajo es el de realizar una primera aproximación al Castillo y su articulación espacial desde una óptica integradora, que combina la información aportada por las fuentes documentales y la prospección arqueológica, como fase previa a las futuras excavaciones propuestas dentro del Plan Director[1].

La fortaleza ha sido objeto previamente de algunas publicaciones[2]. Pero, pese al importante corpus documental disponible (con transcripciones in extenso de numerosos documentos[3]), la bibliografía no ha hecho excesiva referencia a los aspectos materiales de la fortaleza; tal vez ello obedezca a la dificultad para identificar las estructuras documentadas, dado el estado en el que se encuentran. A ello tampoco contribuye la inexistencia (según la información actualmente disponible) de las excelentes representaciones gráficas asociadas a las fortalezas sitiadas por los liberales durante las Guerras Carlistas; tan sólo tenemos constancia de un grabado, poco conocido, publicado en Londres, realizado a partir de algunos apuntes tomados sobre el terreno[4].

FORTALEZA CONVENTUAL

El Castillo de Montalbán se asentó sobre las ruinas de una antigua fortaleza andalusí. Algún autor señala la posibilidad de que ya fuera ocupada por Alfonso I, aunque no se dispone de referencias documentales que lo avalen. En 1158, la iglesia de Monte Albán aparece en la lista de templos donados por el Papa Adriano IV al obispo de Zaragoza; y en 1187, la fortaleza estaba en manos de Fernán Ruiz de Azagra, 2º señor de Albarracín y vasallo de Alfonso II.

Dos décadas después, Pedro II intentó crear una villa de realengo en Montalbán, que le permitiera consolidar este tramo de la frontera con los sarracenos y sirviera de punta de lanza para la conquista de nuevos territorios en este sector del Sistema Ibérico. Para ello, concedió un ventajoso fuero a sus pobladores (1208). Sin embargo, el proceso fracasó y la posición debió perderse un tiempo después. En 1210 fue nuevamente reconquistada con la ayuda de los freires de la Orden Militar de Santiago, a los que les fue entregada; Pedro Sessé fue su primer comendador. El monarca estableció la condición de que construyeran un nuevo templo, bajo la advocación de Santa María del Castillo, que no debe confundirse con la iglesia parroquial de la villa.

Los santiaguistas transformaron la fortaleza preexistente en un castillo conventual, centro de una encomienda que comprendía, además de Montalbán, los actuales municipios de Torre de las Arcas, Castel de Cabra, Palomar de Arroyos, Escucha y Utrillas.

La primera referencia al convento, el único con el que contó esta Orden en Aragón, data de 1223. Al frente del mismo había un tenent logar de prior, sometido únicamente al prior de Uclés, en el Reino de Castilla, máxima jerarquía de la Orden. De tan tempranas fechas, tenemos constancia de tres priores: Mateo (1247), Pedro de Torn (1272-1275) y Ramón de Torres o Çatore (1283-1299).

OBRAS REALIZADAS EN 1278

A partir de 1275, Montalbán se convirtió en la sede de la Encomienda Mayor de Aragón, que incluía todas las posesiones de la Orden de Santiago en el conjunto de la Corona de Aragón, tanto en los reinos de Aragón[5] y Valencia[6], como en Cataluña[7] y, de forma más efímera, en el Reino de Murcia[8]. El comendador de Montalbán tenía el honor de poder sentarse a la derecha del gran maestre en los Capítulos Generales y demás actos que tuvieran lugar en la casa prioral de Uclés.

Tan sólo tres años después, se tiene constancia de un contrato de obras suscrito entre Pedro Ibáñez de Soria y Antonio Bordallo, comendador de Montalbán[9], por el que el primero indica que

“faré et basterré de nuevo una casa acostada a la bodega de vestras casas, que tenga entro a la primera torre et que sea cerrada aderredor de tapias et sea alta quanto convenga, en guisa que deffienda el Adarve de danno d’agua, e devo fer e bastecer otra casa acostada al Adarve, en el lugar do vos me sennalastes, que sea cerrada de tapia por a establia, et devo tapiar en el corral de dos tapias y media en quanto aparece que ya fue tapiado, et devo fer dius las tapias buen alliçaç, et devo teiar las dichas casas et reteiar el terrado de la claustra et el terrado del establia con mi teia, et vos dándome teia devo teiar la casa de la cárcel e vos devedes dar toda la fusta que y fera menester”

En el documento no aparece referencia al lugar concreto donde se debían realizar las obras. Aunque Mur i Raurell[10] las sitúa en la Casa de San Marcos de Teruel, consideramos altamente probable que, en realidad, correspondan al Castillo de Montalbán; no en vano, en esas fechas todos los contratos conocidos asociados a la Casa de San Marcos fueron suscritos directamente por el comendador de dicha Casa, que en este documento no aparece ni tan siquiera citado. De hecho, en ninguna parte del documento se menciona la Casa de San Marcos de Teruel o su encomienda; tan sólo, al comendador de Montalbán. Además, entre las edificaciones citadas, Pedro Ibáñez menciona “vestras casas”, en referencia a las del comendador de Montalbán; y este último es el que se compromete a realizar los pagos y a cumplir con las condiciones pactadas.

Si comparamos las mencionadas estructuras, con las descritas en la visita de 1499 (a la que nos referiremos más adelante) y con los restos arqueológicos visibles en la superficie, las similitudes resultan más que evidentes.

Las obras contratadas implican la construcción de edificios de nueva planta contiguos a otras estructuras preexistentes (torre, adarve, casas con bodega del comendador), así como reparar un corral y retejar las cubiertas del terrado de la claustra, el establo y la cárcel.

A partir del esquema que hemos trazado combinando la descripción de 1499 con los restos visibles, puede apuntarse que la primera de las nuevas construcciones se centró en la parte más alta, en el Castillo “de Homenaje” (según los términos empleados en la citada visita); en esas fechas ya existía la torre primera (1278) o torre e omenage (1499), situada dentro del muro perimetral de la fortaleza (adarve); con la nueva obra, esta zona se segregó, quedando cerrada aderredor de tapias, lo que pudo suponer la individualización del citado Castillo “de Homenaje”.

La segunda casa a la que se refiere el documento podría situarse en la zona de las dependencias conventuales, adosadas, como veremos, al adarve y contiguas a una caballeriza grande y buena (1499, ¿la establia de 1278?).

La reiterada referencia a “tapiar” parece sugerir que las fábricas construidas eran a base de encofrados, hecho que explicaría el bajo coste de la intervención y que coincide con los restos conservados en el Castillo “de Homenaje”.

En cuanto a las reparaciones y retejados, lo más significativo es la referencia a la claustra (también documentada en 1499), ya que no sólo indica la existencia de esa estructura en 1278, sino que la necesidad de que sea retejada apunta la posibilidad de que llevase construida no unos pocos años, sino décadas.

REFORTIFICACIÓN ASOCIADA A LA GUERRA CON CASTILLA.

Pese a su dependencia nominal del priorato de Uclés, durante la Guerra de los Dos Pedros los freires santiaguistas de Montalbán combatieron decididamente en el bando aragonés. La invasión castellana de buena parte del Reino, transformó a Montalbán en la cabeza de la frontera meridional de Aragón, lo que obligó a una completa renovación de sus fortificaciones, incluidas las murallas de la Villa. El 19-12-1362, el rey ordena la realización de todas las obras de fortificación necesarias, pese a la oposición de los vecinos que se negaban al derribo de casas. El 28-3-1363, ordena a García López de Sesé que adopte las medidas necesarias para la defensa de Montalbán y que se repare el Castillo y se abastezca de alimentos y otros bienes; en caso de invasión, la población de las aldeas se refugiaría dentro de las murallas de la villa de Montalbán; y en el caso de que éstas cayeran, podrían cobijarse en el Castillo.

Se dio la circunstancia de que, en plena ofensiva castellana y ante los elevados costes de las obras, el comendador santiaguista y el Concejo se enzarzaron en pleitos sobre quien debía pagar los trabajos, lo que obligó a intervenir al Rey. Dada su importancia estratégica, al final se invirtieron grandes cantidades recaudadas por todo el Reino[11].

Las obras debieron continuar tras la finalización del conflicto, teniéndose constancia a través de la visita de 1499, de la realización de importantes obras en tiempos del rey Martín el Humano (1396-1410), tanto en la reparación de la muralla perimetral o adarve que daba a la villa[12], como en la propia puerta de acceso a la misma[13], en lo que puede considerarse como una fase avanzada dentro de los procesos de reconstrucción de las infraestructuras del Reino tras la Guerra de los Dos Pedros.

LA VISITA DE 1499.

Periódicamente, las órdenes militares realizaban visitas a las distintas encomiendas, en las que se repasaba el estado de su patrimonio. Al igual que las visitas pastorales aportan valiosa información sobre las iglesias parroquiales, las visitas efectuadas por las órdenes constituyen una fuente excepcional para el conocimiento de los castillos, en un momento en el que éstos todavía eran el centro del poder señorial[14].

En 1499 se efectuó una de estas visitas al Castillo de Montalbán[15]; aunque hacía un tiempo que el edificio había dejado de utilizarse como convento, buena parte de sus instalaciones se encontraban en un estado de conservación aceptable y se habían realizado obras en fechas recientes. Incluso se contemplaba la posibilidad de devolver la vida conventual al conjunto, lo que no llegó a suceder[16].

Este documento nos aporta una valiosa información sobre la configuración de la fortaleza a finales de la Edad Media, estableciendo una clara división en tres bloques: la iglesia (con el claustro cercano), el Castillo “propiamente dicho” (o Castillo “del Homenaje”) y las dependencias conventuales (también nominadas Fortaleza); a éstos, habría que añadir un cuarto bloque de otras dependencias, estructuras dispersas distribuidas por el espacio intermedio entre todos ellos.

La iglesia y el claustro del Castillo.

La visita empieza por la iglesia de Santa María del Castillo, que formaba parte del conjunto castral. Su construcción ya estaba prevista en 1210, documentándose su existencia en 1242. En 1499 la iglesia se encontraba en buen estado y había sido objeto de recientes reparaciones en la cubierta y en el coro (de nuevo fecho).

El edificio era de una sola nave, con cubierta de madera sobre arcos diafragma. El documento habla de los cuatro pilares que sustentarían los arcos de cal y canto, lo que implica que contaba con tres tramos. La distribución de los altares parece reforzar esta hipótesis: el testero estaba presidido por el retablo de Santa María, dorado e pintado e muy antiguo, con una imagen de nuestra señora con su hijo[17]; a la derecha (lado del Evangelio) un altar pintado de Santiago, ocupando un lugar preeminente al ser el santo titular de la Orden; enfrente un altar de San Pedro y una imagen de San Bartolomé; a continuación, sendos altares de San Blas (retablo viejo) y de San Abdón y San Senén, uno frente a otro; y en el tramo de los pies, a cada lado de la puerta, un retablo de madera pintado con nuestro redentor crucificado y otro de Santa Águeda.

El templo tenía coro y tribuna con el antepecho de pedrería e bien adornado, probablemente a los pies. En el centro de la nave, junto al altar mayor, se encontraba el sepulcro de alabastro protegido con reja de hierro, correspondiente a un caballero de la casa de Híjar, supuesto hijo del rey Jaime I de Aragón (1213-1276). Tanto Labaña[18] como Blasco de Lanuza[19] lo identifican con Pedro Fernández de Híjar.

Cerca del templo, los visitadores entraron en la claustra la qual hallaron de nuevo cubierta y adrexado e las paredes blanqueadas y enrededor estaban algunos enterramientos y otras muchas sepulturas… Esta construcción sería la misma que se había retejado en 1278 y sobre la que se había vuelto a intervenir poco tiempo antes de la visita, gastando 2.500 sueldos en ello.

De nuevo junto a la puerta de la iglesia, visitaron una capilla de cruceros dedicada a Santa Águeda, con un altar con una imagen de nuestra señora de bulto con su fijo en braços e cubierto con un pano de seda muy viejo. El edificio debía tener una cierta entidad, ya que también a la una parte de dicha capilla [había] un enterramiento de un caballero onrrado e toda la capilla pintada alrededor. En futuras excavaciones arqueológicas se podrá llegar a determinar si se trataba de la iglesia primigenia, sustituida por el templo anteriormente descrito de mayores dimensiones (lo que justificaría la reiteración en la imagen Santa María con el Niño), o de una especie de capilla funeraria vinculada a un personaje relevante no identificado.

La iglesia debía situarse en el “rellano occidental”, con la cabecera orientada hacia el Oeste e integrada en el límite perimetral de la fortaleza; se conservan diversas estructuras asociadas al mismo, detectándose el propio suelo de yeso del edificio, en un corte generado por la erosión.

Más difícil resulta localizar el claustro. Lo más probable es que ocupara buena parte del denominado “rellano Noroccidental”, entre la iglesia y las dependencias conventuales, a las que nos referiremos más adelante.

En cuanto a la capilla de Santa Águeda, la visitaron tras retornar desde el claustro a la puerta de la iglesia, para después dirigirse hacia el Castillo “del Homenaje”; desde esa posición se situaba a la mano derecha de la iglesia. Con ese recorrido, la capilla pudo situarse en el propio rellano occidental o en parte de la vaguada central más próxima a la muralla meridional.

El Castillo “de Homenaje”.

Desde la capilla de Santa Águeda, los visitadores pasaron al Castillo “propiamente dicho”:

Et luego yn contienente los dichos señores subieron mas arriba al castillo e omenaje y llegados hallaron. Una puerta pequenna con dos puertas clavadas de fierro y cerradura con altabio? Y entrados, a la mano derecha hallaron una torre llamada del palomar, toda maltratada et entanto della caydo todo…

A la mano yzquierda hallaron otra torre que se llama y es del omenaje e que es de una bóveda e a mas su pretil e almenas, al cual entra por una puent levadiza e dentro en la dicha torre una mazmorra y asin mismo la hallaron ynabitable e maltratada por et entre las dichas torres hallaron dos adarves de la una torre a la otra, los quales estaban syn pretil e almenas et todo syva cayendo lo que il hera menester mucho reparar i mandaronlo poner por relacion para que sus altezas manden ver a quien pertenesce el reparo.  Et entre los dichos adarves parece aver un castiemiento e de gran tiempo sta caydo e hecho de los tiempos de mosen Enzina…

…saliendo de la dicha fortaleza, a la mano ysquierda va un adarve a la larga, sobre las pennas que llega a una torre que se dize barrana el qual  todo esta mal reparado e ay Algunas partes syn petril e almenas y la torre toda cayda de lo qual dicho adarve e torre es la guarda e defensa de Rio.

Lo primero que llama la atención es que, para diferenciar esta parte de la fortaleza del resto del conjunto, los visitadores hablan del Castillo “del Homenaje”; de este modo, se remarca su función representativa, como espacio específicamente asociado al acto de vasallaje, fundamental en el ámbito feudal.

No ofrece ninguna duda la ubicación del Castillo “del Homenaje” en la parte más elevada y abrupta del crestón rocoso (sector de la cumbre), siendo acordes las estructuras descritas con los restos visibles en superficie.

La descripción es congruente con la de un castillo roquero, de carácter eminentemente defensivo, que servía de protección al resto del conjunto y que albergaría las estructuras más antiguas; tal y como hemos señalado anteriormente, parte de las estructuras pudieron ser construidas en 1278, en tiempos del comendador Bordallo. Pero en esas fechas ya existían estructuras anteriores.

La muralla perimetral (adarve) se cuenta entre las estructuras ya existentes en 1278; por el contrario, el muro que separa el Castillo “del Homenaje” del resto del conjunto, individualizándolo, pudo ser una de las obras acometidas en esas últimas fechas. A este recinto interior se accedía por una puerta con un marcado carácter defensivo: pequeña, reforzada y con un cierre que debía ser similar al de tranca.

Este vano estaba protegido por la torre del Palomar; según se indica en otra parte del texto, esta torre se situaba sobre la zona del aljibe (construcción visible actualmente en superficie), dominando el espacio existente entre la iglesia, el claustro y las dependencias conventuales (incluido el acceso a estas últimas). Se trataría, pues, de una estructura clave, tanto para la protección del Castillo “del Homenaje” como para el control del espacio que articulaba las comunicaciones interiores del resto del recinto.

En el interior del Castillo “del Homenaje”, en la visita de 1499 se mencionan las ruinas de un castiemiento, parte de las cuales podrían corresponder a la casa acostada a la bodega de vestras casas, construida por Pedro Ibáñez en 1278.

Y en la parte más alta del relieve, se localizaba la torre del Homenaje, estructura  de marcado carácter defensivo, además de representativo: abovedada, coronada con pretil y almenas, con acceso en alto mediante puente levadizo y con una mazmorra en la planta baja (posiblemente ciega). Vasallaje, defensa y justicia señorial, todo ello compendiado en una sola estructura, posiblemente la más antigua de todo el conjunto (la torre primera de 1278). En la actualidad, las ruinas de un palomar enmascaran los restos de la antigua torre, aunque estos últimos resultan fácilmente diferenciables.

Ambas torres estaban integradas en el referido recinto, que debió poseer un camino de ronda protegido igualmente con pretil y almenas, aunque estos últimos elementos se habían caído en 1499. A estas estructuras se le sumaba un largo paño de muralla sobre las pennas, que unía el Castillo “del Homenaje” con la torre Barrana, destinada a la guarda e defensa de Río. Las estructuras descritas son perfectamente identificables en la actualidad: un largo lienzo de muralla, que discurre por el estrecho filo de un nivel rocoso subvertical (cresta Oriental). Ambas estructuras, torre y adarve, serían claves para el control, tanto del flanco Este, como de las dependencias conventuales.

En 1499, el Castillo “del Homenaje” reunía las estructuras más deterioradas de todo el conjunto: la torre del Palomar estaba toda maltratada et entanto della caydo todo; la torre del Homenaje la hallaron inhabitable e maltratada; la torre Albarrana estaba toda cayda; los adarves estaban syn pretil e almenas; y las construcciones del interior del recinto (castiemiento) hacía gran tiempo sta caydo. El maestre Álvaro de Luna (1445-53) había ordenado la reparación de algunas de estas estructuras a mediados de esa complicada centuria. En todo momento, el alcaide de la fortaleza existente en 1499 atribuyó ese deterioro a los tiempos del Comendador Encina, que aparece reiteradamente citado en la visita como responsable del abandono y la degradación; et fueron los dichos señores [en referencia a los visitadores] informados e por que bienes algunos no hallaron del dicho mosen enzinas para mandar e fazer obrar lo que a su tiempo fue caydo e maltratado. Lo más probable es que el citado Encina o Enzinas fuera Antón Olsina (o Olzina), comendador de Montalbán documentado en los años 70 de dicha centuria y del que desconocemos hasta qué fecha permaneció en el cargo.

Por si existía alguna duda sobre el declive militar de la fortaleza, cabe apuntar que el alcaide informó a los visitadores que no tenía ni hombres, ni armas a su cargo.

Dependencias conventuales.

La visita continúa por las dependencias conventuales, incluidas dentro del conjunto y a las que el documento se refiere como la fortaleza, posiblemente por contar también con un recinto diferenciado, al igual que el Castillo “del Homenaje”. Ocupaban la zona occidental y central del rellano septentrional.

Se accedía por unas buenas puertas con una cerradura de fierro, tras las cuales había una buena portada o porche cuya construcción había mandado el Señor don Martín. Sobre dicho porche se instaló una sala e cozina, a la que se abrían dos retraimientos pequeños (¿alcobas?); la sala contaba con una buena chiminea, dos ventanas orientadas a la Villa y una escalera de acceso independiente desde la zona de la entrada. Esta combinación de puerta y porche, sobre los que se instala una sala con ventanas de entidad y una escalera independiente, está presente en otras villas del ámbito turolense (p.e. palacio sanjuanista de La Iglesuela del Cid). Esta construcción, de las pocas en que se referencia la existencia de ventanas dentro de la visita, debía cumplir también con las funciones de representación del poder, que en general desarrollan las torres del Homenaje, y que, como ya hemos visto, en este caso se encontraba ya muy maltrecha en esas fechas. Es muy probable que se tratasen de las estancias del comendador, que desde luego no residiría en el interior del ruinoso Castillo “del Homenaje”.

Bajo los citados retraimientos, junto a la escalera de acceso a la sala, había una caballeriza grande, diferenciada de las existentes cerca de la iglesia (a las que nos referiremos más adelante), lo que refuerza la exclusividad de esta parte de las dependencias. Junto a la caballeriza había una especie de masador (cámara pequeña donde tenyan harina e almesvan) y el antiguo dormitorio conventual (retraimiento bueno con una chimenea que es donde dezian que dormyan los freyres quando el convento estaba poblado); se trataría de un dormitorio comunal, presente en otras órdenes monásticas.

Al lado del dormitorio, se encontraba el antiguo refectorio, transformado en granero: sala grande muy buena e labrada e obrada de muy buena madera pintada, que agora es granero que dizen que hera refitorio de los freyeres, la qual paiscera bien gra para ello. Al igual que en el caso del dormitorio, el gran refectorio común era uno de los espacios esenciales de la vida monacal; esta referencia también nos permite conocer la existencia de otra techumbre pintada, elemento habitual en el Medievo turolense.

Junto al refectorio había otra escalera grande de yeso, que daba acceso a un corredor al que se abría otra gran sala situada sobre el refectorio; ésta también contaba con una chimenea pequeña, una ventana que daba a la Villa y un retraimento pequeño de manera de estudio e  […] una cámara pequeña. No es posible conocer la función de este espacio, que tenía un cierto carácter de zona de tránsito (desde él se pasaba a otras dependencias); pero las dimensiones y la presencia de algunos elementos (ventana, chimenea) permiten señalar su relevancia (¿sala capitular?).

Desde dicha sala se accedía por una puerta a un corredor sobre la parte del Rio (ya en el lateral oriental del conjunto), que daba paso a unas privadas (letrinas) realizadas por mandato de Señor don Manrique. Por otra puerta, se entraba a una cámara e departamento bueno dentro del qual había otro retraimiento pequeño, que bien pudieron ser las dependencias abaciales.

Nuevamente en la planta de abajo, había otras estancias que debían estar abiertas a un patio interior y adosadas a las peñas sobre las que se alza el adarve que daba paso a la torre albarrana. Estas dependencias se encontraban en muy mal estado: una sala grande muy maltratada quese quería caher; sobre ella, había otra cámara con retraimiento, que también se quería caher. Junto a ésta había otra sala undida con todo caydo de ella y una cocina la qual estaba descubierta e algo della caydo.

En este último punto, discurría la muralla que separaba las dependencias conventuales del resto del conjunto, y que también estaba en mal estado: una adarve todo medio caydo y pretil con almenas et el qual llega hasta el omenaje e a la torre que deze de palomar.

Pese a la ruina de una parte del conjunto y al cambio de función de algunas estancias principales, las dependencias conventuales se encontraban en relativamente buen estado. No en vano, se siguieron mejorando en tiempos del maestre Rodrigo de Manrique (1476-77), con la construcción de las privadas, lo que indica que la comunidad religiosa asentada en los años 70 del siglo XV aún debía ser suficientemente representativa.

Otras dependencias.

En la visita también se mencionan otras dependencias en el espacio comprendido entre el Castillo “de Homenaje”, la iglesia, el claustro y las estancias conventuales:

Una cueva grande y buena, en la que había una cámara destruida, en las proximidades de la iglesia.

Una caballeriza, igualmente grande y buena, en la zona de tránsito entre la iglesia, el adarve septentrional y el acceso a las dependencias conventuales, posiblemente rellano Noroccidental y en el resalte central, respectivamente.

Un aljibe bueno e con mucha agua e cubierto con una tapa de madera, situado al pie de la torre del Palomar y cerca del muro que cerraba las dependencias conventuales. En la actualidad, esta estructura es perfectamente identificable, situándose en la vaguada central.

A éstas hay que agregar otras estructuras que podrían situarse en el camino de acceso al Castillo:

Una bodega e cueva grande que es fuera de la dicha fortaleza en la cuesta junto con ella muy buena, posiblemente ubicada en el extremo occidental del relieve.

E desde allí volvieron e subieron por una escalera arriba a una la cocinas con buena chimena ventanas a que salen a la parte de dicha villa a la mano yzquierda. Estas estructuras también podrían estar en relación con las detectadas en el extremo occidental, si bien estas últimas, por su posición, sugieren una función más defensiva del camino de acceso.

EDAD MODERNA.

El deterioro detectado en la visita en 1499 se fue acentuando en los años siguientes. No volvió a instalarse ninguna comunidad religiosa, por lo que las dependencias conventuales se siguieron degradando; y las construcciones defensivas, ya poco operativas, acabaron perdiendo todo interés. En único espacio que se mantuvo en uso fue la iglesia.

A finales de marzo de 1611, el geógrafo portugués Juan Bautista Labaña[20] visitó Montalbán, citando el Castillo, la iglesia parroquial y la iglesia del castillo; de esta última destaca que en ella fue enterrado Pedro Fernández de Híjar. Pocos años después, en 1622, Blasco de Lanuza[21] añade que en el Castillo, que "era muy fuerte", hubo un monasterio santiaguista del que se conservaba el claustro, con muchos sepulcros antiguos, y la iglesia, destacando la tumba del citado hijo de Jaime I el Conquistador; también transcribe el epitafio de esta última[22], existente en un arco de la Iglesia delante del Sepulcro.

A este templo también se refiere el padre Faci[23], que describe la imagen de la Virgen y su altar. En esas fechas, el templo aún contaba con un capellán, que celebraba treinta misas anuales y era considerado como un santuario al que se acudía desde muchos pueblos de la comarca.

Sin embargo, en los años 70 del mismo siglo XVIII, el edificio se encontraba muy deteriorado, debido al mal estado del tejado, según queda reflejado en las visitas pastorales. En 1771 se indica que no se podía celebrar misa en este templo[24]. En 1772 se va más allá, ordenando que los objetos de culto se bajen a la parroquial y amenazando con su derribo[25]. Sin duda, en estas visitas se trasluce la tensión existente entre el poder diocesano y los santiaguistas (titulares del edificio), en claro proceso de decadencia.

La amenaza debió surtir efecto, y en 1785 no se hace referencia a dicho deterioro[26]. Es más, en dicha visita se indica la existencia de una torre con dos campanas medianas y una pequeña, estructura de la que no poseemos más constancia.

LA DESTRUCCIÓN DEL CONJUNTO.

Durante el siglo XIX, el viejo conjunto castral volvió a desempeñar funciones defensivas lo que supuso su total arrasamiento. En mayo de 1809, Montalbán logró rechazar un ataque napoleónico, retrasando efímeramente su ocupación por los franceses.

Pero los efectos más devastadores se produjeron casi tres décadas después, durante la Primera Guerra Carlista. Montalbán, plaza liberal, fue atacada varias veces por los carlistas. En 1836, el general Quílez fracasó ante los muros del Castillo, incendiando la Villa como venganza. Balmaseda también intentó bloquear Montalbán.

Pero la embestida más dura fue la de Cabrera, que en mayo y junio de 1839 la atacó en varias ocasiones con un ejército formado por más de 11 batallones, lo que obligó a abandonar el pueblo y refugiarse en el fuerte (el Castillo). Pese a los esfuerzos del general liberal Ayerbe por levantar el sitio, el ataque prosiguió. Tras 50 días de asedio, en el que se arrojaron unas 600 granadas y 3.000 balas, y en el que se realizaron diversas minas en la muralla, la posición fue evacuada por los liberales; salvados los efectos de boca y guerra, las minas desplomaron aquellos muros ensangrentados el 11 de junio [de 1839][27]. De esta forma, Cabrera consiguió apoderarse, efímeramente, de un montón de ruinas.

Tras este episodio bélico, el Castillo, sepultado bajo una ingente cantidad de escombros, quedó relegado al olvido; la iglesia castral tampoco llegó a recuperarse, desplazándose la imagen de la Virgen, patrona de la localidad, a la iglesia parroquial.

En el contexto de estos acontecimientos bélicos, se realizó la única representación gráfica conocida del Castillo[28]. La ilustración fue realizada por el teniente general W. H. Askwith, en el contexto de las Guerras Carlistas. Pese a su limitado detalle y una cierta exageración en la altura del relieve, la imagen parece ajustarse relativamente bien a la realidad, trasmitiendo la sensación de un conjunto que se desarrolla en varios bloques; a la izquierda se identifican las ruinas de lo que fueron las extensas dependencias conventuales; a la derecha, el edificio de la iglesia; y en el centro, en la parte más elevada y abrupta, aparece lo que podría ser la vieja torre del Homenaje. Dentro del grabado, la rampa de acceso adquiere un papel relevante; aunque se conservan restos arqueológicos de esta estructura, no disponemos de ninguna referencia documental mínimamente detallada a la misma, aparte de las indicadas en el apartado de “otras dependencias”, de la visita de 1499, que no dejan de ser dudosas; en este grabado se reflejan algunas construcciones indeterminadas asociadas a la citada rampa.

LOS PALOMARES DEL ANTIGUO CASTILLO.

En fechas avanzadas del siglo XIX o, incluso, a principios del siglo XX, se construyeron tres palomares turriformes sobre las antiguas ruinas del Castillo; uno, sobre los restos de la antigua torre del Homenaje; el segundo, en la zona ocupada por la antigua iglesia; y el tercero presidiendo el “sector 6 resalte central”. Este último es el único que se mantiene en pie en la actualidad. Durante más de un siglo, estas estructuras constituyeron un referente visual, que sobresalía sobre el paisaje urbano de Montalbán, contribuyendo a mantener vivo el recuerdo del viejo Castillo entre la población.

 

[1] Este Plan Director ha sido promovido por el Ayuntamiento de Montalbán, contando con la financiación del Parque Cultural del Río Martín. Ha sido realizado por un equipo interdisciplinar (por orden alfabético): José F. Casabona Sebastián (historiador del Arte y arqueólogo), Javier Ibáñez González (doctor en Historia y Arqueólogo), Rubén Sáez Abad (doctor en Historia Militar), Javier Sanz Sabugo (arquitecto) y José Mª Sanz Zaragoza (arquitecto).

[2] GUITART, C. (1988), Castillos de Aragón, vol. 3, Mira, Zaragoza. IBÁÑEZ, J., CASABONA, J. F. & SÁEZ, R. (2017), Guía de los castillos de las órdenes militares en Aragón, Qualcina y ARCATUR, Teruel.

[3] SÁINZ DE LA MAZA, R. (1980), La Orden de Santiago en la Corona de Aragón. La encomienda de Montalbán (1210-1327), IFC, Zaragoza. SÁINZ DE LA MAZA, R. (1988), La Orden de Santiago en la Corona de Aragón. La encomienda de Montalbán bajo Vidal de Vilanova (1327-1357), I.F.C., Zaragoza.

[4] DUNCAN, F. (1877) The english in Spain; the story of the war of succession. Between 1834 and 1840. Londres, p. 288.

[5] Como la localidad zaragozana de Villanueva de Huerva y la desaparecida aldea de Otón (Monforte de Moyuela), así como las distintas posesiones de la Encomienda de San Marcos de Teruel y de las casas de la Merced de Teruel y Castiel.

[6] Museros, Anna, Orcheta y Torres y las encomiendas de Fadrell y Enguera, además de otras posesiones dispersas en otros territorios.

[7] Sidamunt, Palau d’Anglesola, monasterio de San Vicente de Junqueras y monasterio y encomienda de San Pedro de la Piedra, además de otras posesiones dispersas en otros territorios.

[8] Encomiendas de Aledo, Ricote y Cieza.

[9] AHN, OO.MM., Uclés, carp. 207, nº 50. SAINZ DE LA MAZA (1980), op cit., doc. 71.

[10] MUR i RAUREL, A. (1988), La Encomienda de San Marcos. La Orden de Santiago en Teruel (1200-1556), IET, Teruel.

[11] LAFUENTE, M. & MARTINEZ, S. (2011) “Ejército y fiscalidad en la encomienda santiaguista de Montalbán (Aragón) durante la guerra de los Dos Pedros (1356-1366)”. Espacio, Tiempo y Forma, Serie III, H.ª Medieval, t. 24, pp.109-142.

[12] Donde mando adrezar y hazer una esquina grande en el enque dixeron avia gastado mas de ochocientos sueldos

[13] Una buena portada o porche de  la qual dixeron que avia mandado hacer el dicho Señor don Martin.

[14] Son sobradamente conocidos los inventarios de la Orden del Temple, en el periodo inmediato a su disolución: MIRET I SANS, J. (1911-12) “Inventari de les cases del Temple de la Corona d´Aragó de 1289” Boletín de la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona, vol. VI, págs. 61-75, revisado posteriormente por SANS I TRAVE, J. 2002, “Armes queviures i bestiar d´agunes comandes del Temple a Catalunya, Aragó i València segons uns inventaris de 1289 (primera part)” Sacra Militia. Revista di Storia degli Ordini Militari, Any III, págs. 47-88.

Sanjuanistas, calatravos, o el señorío de la mitra cesaraugustana… cuentan también con visitas, utilizadas con frecuencia en la investigación y que aportan información sustancial sobre el estado de sus castillos. Sin embargo, en Aragón se ha prestado poca atención a esta fuente para la Orden de Santiago, que sin embargo es utilizada de forma sistemática en el área castellana. Esta documentación evidencia un claro contraste entre la riqueza de armas y recursos de los más antiguos, y su progresiva reducción conforme avanzan los siglos, siendo el periodo entre el XV y el XVI el momento en que se certifica el declive de las fortalezas, con algunas excepciones (evolución hacia formulas palaciales, o reconversión en residencias de comendadores).

[15] AHN, OM, L.1115.

[16] Tal y como se refleja en la visita realizada en 1501.

[17] Posiblemente, la misma que fotografió Juan Cabré en 1909-10 para el Catálogo monumental de la provincia de Teruel, t. III, fig. 275.

[18] LABAÑA, J. B. (ed. 2006), Itinerario del Reyno de Aragón, por donde anduvo los últimos meses del año 1610 y los primeros del siguiente 1611, I.F.C., Zaragoza, pp. 218-219.

[19] LANUZA, B. de (1622), Historias ecclesiasticas y seculares de Aragon, lib. II, p. 228.

[20] LABAÑA, J. B. (ed. 2006), op cit., pp. 218-219.

[21] LANUZA, B. de (1622), op cit., lib. II, p. 228.

[22] Esta es la sepultura del muy noble Don Pedro Ferrandez señor que fue de Ixar, fillo que fue del Rey Don Jayme, Rey que fue de Aragón, el qual priso Valencia (p. 228).

[23] FACI, R. A. (1739), Aragón dote de María Santísima, 2ª parte, Zaragoza, p. 59

[24] La hermita esta amenazando ruina, destruidos los tejados y con grande riesgo, sin que nadie pueda exponerse a celebrar allí (ADZ, Visitas, 1771, fl. 126). En la visita pastoral también se señala que contaba con dos capillas pequeñas, dedicadas a Santa Ana y a San Blas, además del altar principal dedicado a la Virgen.

[25] Notifique al patrono la repare y ponga adrezo en el tiempo de 4 meses con la protesta de que pasados mandemos echarla enteramente a tierra (ADZ, Visitas, 1772, fl. 365).

[26] ADZ, Visitas, 1785, fl. 197.

[27] PIRALA, A. (1868), Historia de la Guerra Civil y de los partidos liberal y carlista, t. V, p. 179.

[28] DUNCAN, F. (1877), op cit., p. 288.

El Castillo de Montalbán visto desde la Villa.
El Castillo y la iglesia parroquial emergiendo por encima del caserío. Primera mitad del siglo XX.
Organización funcional del Castillo, según se desprende de la visita realizada en 1499: acceso al conjunto (A), iglesia (B), dependencias auxiliares (C), Castillo “del Homenaje” (D), dependencias conventuales (E) y torre Albarrana (F). Ortofotografía: Municipios 2006.
Hipótesis de distribución del sector occidental del Castillo: Acceso y posible emplazamiento de la bodega y cueva documentadas en la cuesta de la fortaleza (1); cuesta de acceso (2); iglesia (3). Ortofotografía: Municipios 2006.
Estructura que sustenta el rellano occidental, en el que debía situarse la iglesia.
Hipótesis de distribución del sector central del Castillo: iglesia (3); claustro (4); capilla de Santa Águeda (5); torre del Palomar (6); torre del Homenaje (7); castiemiento (8); aljibe (11); cueva con cámara destruida (12); caballeriza (13); porche en planta baja y sala en la alta (14); caballeriza en planta baja y retraimientos en la alta (15); masador (16); y cocina sita junto al adarve (24).
El Castillo “del Homenaje” se asienta sobre la parte más alta de la cumbre.
Hipótesis de distribución del sector oriental del Castillo: torre del Palomar (6); torre del Homenaje (7); castiemiento (8); adarve sobre las pennas (9); torre Albarrana (10); aljibe (11); caballeriza (13); porche en planta baja y sala en la alta (14); caballeriza en planta baja y retraimientos en la alta (15); masador (16); dormitorio de los freires (17); refectorio en planta baja y sala grande con retraimiento en la alta (18); escalera grande de yeso (19); privadas (20); cámara con retraimiento pequeño (21); sala grande en planta baja y cámara con retraimiento en la alta, en estado ruinoso (22); sala hundida (23); y cocina sita junto al adarve (24).
Rellano septentrional, en el que se ubicaban las dependencias conventuales.
“Montalván, Aragón”, grabado incluido en DUNCAN, F. (1877), op cit. p. 288 (modíficado). En él se identifican las dependencias conventuales (A), la torre del Homenaje (B), la iglesia del Castillo (C) y la rampa de acceso (D).
A la izquierda, el palomar occidental, situado sobre las ruinas de la antigua iglesia y que fue demolido entre 2007 y 2009. A la derecha, el palomar central, el único que se mantiene actualmente en pie.

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