El Castillo de Cedrillas, la aldea olvidada

Vista aérea del Castillo y de Cedrillas, desde el Oeste, antes de la restauración. Al fondo, Monteagudo del Castillo (Pedro Julve / Archivo Qualcina).

Publicado en: Verde Teruel, n º 62, Teruel, 2023, pp. 28-33

Javier Ibáñez, Rubén Sáez & José F. Casabona

 

El casco urbano de Cedrillas se sitúa en la ladera de un cerro, al pie de las ruinas del antiguo Castillo. Esta descripción se ajusta también a la de tantos pueblos de la provincia de Teruel, que casi raya en lo tópico. Sin embargo, en el caso que nos ocupa resulta muy engañosa, ya que el actual emplazamiento de Cedrillas cuenta con solo medio milenio de antigüedad; y lo que se encuentra en la cumbre aplanada del cerro es mucho más que un castillo. En realidad, lo que habitualmente suele nominarse como el Castillo de Cedrillas, son los restos de la antigua aldea medieval protegida por un sólido recinto amurallado, en uno de cuyos extremos se situaba el castillo “propiamente dicho”. Un caso equiparable, aunque a menor escala, al de la ciudad de Teruel, que en el medievo estaba asentada en la cumbre de un cerro (el actual casco antiguo), y rodeada de murallas que integraban un pequeño castillo; con la sustancial diferencia de que hoy en día podemos transitar por las calles de Teruel, mientas que las calles y casas de la antigua Cedrillas se encuentran ocultas bajo algo más de 1 m de tierra, tal cual las dejaron sus antiguos moradores hace casi quinientos años.

 

Un equívoco secular.

El geógrafo portugués Juan Bautista Labaña visitó Cedrillas el 17 de marzo de 1611 unas décadas después de que el pueblo se trasladara desde la parte alta del cerro a su ubicación actual; señala que la cumbre es una peña alta que alrededor está tallada y cercada de una pared gruesa con dos torres, que abrazan un buen espacio llano donde antiguamente estuvo el lugar [de Cedrillas], que por la incomodidad se fue pasando a la ladera del cerro.

Sin embargo, poco más de dos siglos después de las palabras de Labaña, ya se había generado la errónea interpretación de que todo lo que había en la cumbre del cerro era un castillo; lo que queda patente en la descripción realizada en 1847 por Pascual Madoz, sobre la situación de Cedrillas a la falda de un cerro que conserva restos sobre la cima de un antiguo castillo morisco.

Un emplazamiento con mucha historia.

Las excavaciones arqueológicas, dirigidas en 2009 y 2010 por Miguel Ángel Herrero, Javier Ibáñez y Rosa Loscos, sacaron a la luz evidencias de que este emplazamiento ya estuvo ocupado más de mil quinientos años antes de la instalación de la aldea de Cedrillas. Unos seiscientos años antes de nuestra Era, estaba habitado por gentes que ya controlaban la tecnología del hierro.

Sobre las ruinas de este primer poblado se instaló un extenso asentamiento ibérico en el siglo III antes de nuestra Era. Este nuevo emplazamiento se mantuvo hasta época romana-imperial, adquiriendo una pujanza tal, que desbordó ampliamente los límites de la cumbre, extendiéndose por toda la ladera Sur hasta la actual iglesia parroquial de Cedrillas. Este núcleo de población ejerció el papel de principal centro político, económico y demográfico de un amplio territorio, que debía comprender los llanos de El Pobo, el Alto Alfambra y la parte más oriental de la Sierra de Gúdar.

La parte alta de este asentamiento se encontraba protegida por una potente muralla ciclópea, construida con grandes bloques escuadrados de piedra, muchos de los cuales rondaban o superaban la tonelada de peso. En las excavaciones también se detectaron las evidencias de la existencia de un edificio público romano de cierta entidad, al que pertenecían varios tambores de columna presentes en distintos puntos del recinto.

Por otra parte, en el Museo Arqueológico Nacional (Madrid) se conserva una excepcional pieza procedente de este yacimiento. Es una tésera de hospitalidad de bronce del siglo I antes de nuestra Era, en la que se representan dos manos entrelazadas en el anverso; en el reverso hay una inscripción en latín, que se puede traducir "Tésera de hospitalidad, con Publio Turulio, hijo de Publio de la tribu Mecia". Este elemento es la plasmación material de un pacto sagrado e inviolable, firmado entre dos partes; esta pieza encajaría con otra gemela (posee un machihembrado en sus laterales), que debió quedar en manos de la otra parte que lo suscribió. Este tipo de piezas, características de la cultura celtibérica, son muy escasas. Las últimas evidencias materiales detectadas de este gran asentamiento datan del siglo II de nuestra Era.

Más de medio milenio después, sobre las viejas ruinas romanas se instaló un emplazamiento andalusí que, por las limitadas evidencias materiales detectadas, debió ser de limitada entidad.

 

La disputada conquista de este territorio.

Aunque es posible que esta zona fuera ya ocupada en tiempos de Alfonso I El Batallador, su definitiva conquista e incorporación al Reino de Aragón no se produjo hasta medio siglo después, durante el reinado de Alfonso II.

Durante varias décadas, su posesión estuvo en disputa con el Reino de Castilla; no en vano, en el Fuero de Molina de Aragón, a esta villa castellana se le entregaba (más bien, se le otorgaba el derecho a conquistar) un territorio que llegaba hasta el Puerto de Escorihuela, muy cerca de Cedrillas. La controvertida titularidad de este espacio se zanjo en la Batalla de Monteagudo (1191), en la que el Alfonso II derrotó a un ejército castellano formado, según las fuentes aragonesas, por 7.000 hombres, matando o capturando a 4.000. Este enfrentamiento aparece reflejado en el Fuero de Cuenca como quando la de Cedriellas, en la que parece ser la mención más antigua a la localidad a la que nos estamos refiriendo.

 

Cedrillas durante el siglo XIII y la primera mitad del XIV.

La aldea de Cedrillas, que ya aparece reiteradamente citada a partir del siglo XIII, pronto alcanzó considerable pujanza. En el monedaje de 1342 figura con 171 "vecinos fiscales", cifra equivalente a algo más de 400 habitantes.

Estaba rodeada por un potente recinto defensivo, construido sobre los restos de la antigua muralla ibero-romana, reaprovechando sus grandes piedras para colocarlas en la base. A principios del siglo XIV, ya debía contar con dos portales abiertos directamente en el lienzo de la muralla. El principal debía ser el situado en el flanco meridional, frente al río y al pueblo actual; en la parte septentrional había un segundo portal, de menores dimensiones. Durante las primeras décadas del siglo XIV, el portal meridional se transformó en una torre-puerta, que le otorgaba una mayor prestancia y protección.

En el extremo oriental del recinto se encontraba el castillo “propiamente dicho”. Se trataba de una sólida torre, construida con anterioridad a la muralla y rodeada por algunas dependencias de menor entidad.

La mayor parte del resto de los más de 7.000 m2 de superficie del enclave, estaban ocupados por un denso entramado de casas adosadas a la muralla o formando manzanas exentas; entre ellas, unas estrechas calles que partían de las puertas de la muralla y discurrían por todo el conjunto; la mayor parte de las viviendas eran de modestas dimensiones, pero aún se intuye la presencia de alguna de una mayor entidad.

En la zona central de la aldea, junto a lo que podría ser una plaza próxima a la torre-puerta, se encontraba la iglesia de Santa María, parroquial de la aldea de Cedrillas que ya aparece citada en 1212. Las excavaciones arqueológicas de 2009-10 dejaron al descubierto los restos de un templo de reducidas dimensiones, debido al escaso espacio disponible dentro del recinto amurallado. Tenía una sola nave, con cubierta de madera apoyada directamente sobre los muros laterales, con testero recto y una tribuna ligeramente elevada a los pies. El acceso se efectuaba por una sencilla puerta, con arco de ladrillo, abierta en el muro meridional. La pila bautismal estaba en el centro del templo, frente a la citada puerta de entrada. Con menos de 120 m2 de superficie construida, sus dimensiones eran tan reducidas que cuesta trabajo imaginar como podían asistir a los oficios cuatro centenares de personas. Y más si tenemos en cuenta que el espacio útil disponible fuera del presbiterio no llegaría a los 70 m2. Además del retablo principal, pintado sobre tabla y dedicado a San Salvador, en el siglo XVI esta parroquial contaba con otros cuatro retablos pintados (Piedad, Ánimas, San Juan, Santa Eulalia) y un Calvario de bulto redondo (con el Crucifijo, San Juan y la Virgen).

Las estrecheces del espacio dentro del recinto debieron de ser tales que el camposanto se debió instalar en la ladera meridional del cerro, fuera de las murallas; y eso a pesar de que la costumbre era que se situase junto a la iglesia, y que incluso el propio templo albergara también alguna tumba.

Éste era el panorama previo a la grave crisis que asoló todo este territorio durante la segunda mitad del siglo XIV.

 

Cedrillas bajomedieval

Aunque desde el punto de vista económico las cosas debieron empezar a torcerse unos años antes, la Peste Negra (1348) supuso el primer gran hito de la crisis del siglo XIV en tierras turolenses; a ésta le siguió la invasión castellana durante la Guerra de los Dos Pedros (1356-69), una sucesión de plagas y sequías y una intensa crisis económica. La suma de todos estos factores, generó un grave declive demográfico; si años antes de la crisis la población de Cedrillas debía superar los 400 habitantes, en 1385 no llegaba ni a 200 pobladores (69 “vecinos fiscales”).

Aunque no sabemos a ciencia cierta si Cedrillas llegó a caer en manos de los castellanos, sí que se registran obras “de urgencia” en las murallas, así como el arrasamiento de la posición fortificada del extremo oriental (el castillo “propiamente dicho”). Unos años después, en las últimas décadas del siglo XIV y/o en las primeras del XV, se construyó un nuevo núcleo fortificado en la parte occidental, que debió sustituir al viejo castillo. También se renovaron varios tramos de la muralla en el flanco Noroccidental.

La recuperación demográfica tras la crisis debió ser lenta, prolongándose durante varias generaciones. Tuvo que pasar siglo y medio, para que la población llegara a los 400 habitantes (fogaje de 1495). Pero ya para entonces, empezaban a soplar aires de cambio. Parte de la nueva población debió empezar a desplazarse a un arrabal situado al pie del cerro, junto a un cruce de caminos cercano a la vega del Mijares, germen del pueblo actual. La unión dinástica de las coronas de Aragón y Castilla propició una paulatina disminución de las necesidades defensivas en el interior peninsular. Y las incomodidades y estrecheces de la cumbre, debían ser cada vez más patentes.

Y aunque hacia 1554 debió de acometerse la última gran obra pública en la antigua aldea medieval (construcción del cuerpo de campanas sobre la base de la antigua torre-puerta), el arrabal extramuros fue adquiriendo cada vez más relevancia, en detrimento del vetusto asentamiento. En 1569 se construyó la fuente, contigua a la ermita de San Salvador (erigida poco antes), aportando un suministro de agua del que se carecía en la cumbre. Muy poco tiempo después, se levantaron las Casas del Concejo, inexistentes en la aldea medieval, lo que implicaba el traslado del poder político al nuevo emplazamiento. Y paralelamente, o poco después, se construyó la nueva iglesia parroquial. El viejo templo de la cumbre quedó relegado a la función de ermita, aunque mantuvo su advocación.

Como ya hemos visto, cuando Labaña visitó el emplazamiento a finales del invierno de 1611, el proceso de traslado de la población ya había concluido. Años después vendría el expolio de la muralla del flanco meridional, para aprovechar sus piedras, y el paulatino olvido del Cedrillas medieval, hasta que llegó a confundirse con el Castillo

 

El Castillo de Cedrillas: perspectivas de futuro.

En 2009 y 2010, casi cuatrocientos años después de la visita de Labaña, el Castillo fue objeto de labores de consolidación, que frenaron el deterioro de gran parte de sus estructuras. Y las excavaciones arqueológicas asociadas sacaron a la luz una pequeña parte de los restos de la Cedrillas medieval, aportando, además, nuevas perspectivas sobre su pasado prehistórico, ibérico, romano y andalusí, prácticamente desconocido hasta esa fecha.

Es posible que futuras intervenciones arqueológicas permitirán profundizar más en ese conocimiento, dejando visibles más estructuras, y permitiéndonos caminar por las calles por las que transitaron las primeras quince generaciones de cedrillenses. Entonces podremos decir con rotundidad, que hemos recuperado los recuerdos de la aldea olvidada.

Vista aérea desde el Norte, antes de la restauración; en ella se aprecia la torre-puerta (A), la puerta Norte (B), el castillo “propiamente dicho” (C), el núcleo fortificado occidental (D), la iglesia de Santa María (E), una manzana de casas (F) y casas adosadas a la muralla (G). (Pedro Julve / Archivo Qualcina).
Vista Suroccidental del conjunto.
Vista Suroriental del conjunto.
Vista del conjunto desde el Sur, antes de la restauración.
Vista de la torre-puerta, desde el interior del recinto, antes de la restauración.
La torre-puerta tras la restauración.
Cubierta del paso de la torre-puerta; en primer plano se ve la bóveda de la torre-puerta; detrás de ésta, los arcos rebajado y de medio punto del portal original.
La torre-puerta vista desde el exterior.
Vista exterior de la puerta Norte, antes de la restauración.
Vista de la puerta Norte desde el interior del recinto.
Vista exterior de las fortificaciones Noroccidentales.
Vista de las fortificaciones Noroccidentales desde el interior del recinto.
Interior de la torre Noroccidental.
Restos de la iglesia de Santa María, durante las excavaciones arqueológicas (Mª Mar Ibáñez / Archivo Qualcina).
Lienzo septentrional de la muralla, antes de la restauración.
Interior del recinto amurallado.
Columna romana, integrada en la fábrica medieval.

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