El Castillo de Camañas, fortaleza efímera

Estratégica situación del Castillo de Camañas, en uno de los principales caminos que une los valles del Bajo Alfambra y el Alto Jiloca, atravesando un paso de montaña de Sierra de Palomera.

Publicado en: Castillos de Aragón, n º 44, Zaragoza, 2022, pp. 27-33

Javier Ibáñez González, José F. Casabona Sebastián & Rubén Sáez Abad

 

El Castillo de Camañas se sitúa en la parte más alta de una suave loma que domina la parte suroccidental de los Llanos de Visiedo, en la zona de tránsito a las estribaciones de Sierra de Palomera. Aunque el actual caserío no se encuentra excesivamente alejado de la antigua fortaleza, en origen debía situarse más próximo, siendo el epicentro del mismo el templo románico de la Virgen del Consuelo, actualmente ermita, pero antaño iglesia parroquial. Durante la Edad Moderna, el pueblo se fue desplazando hasta su actual emplazamiento, más amplio y cómodo; este proceso culminó en las últimas décadas del siglo XVI con la construcción del nuevo templo parroquial.

Hasta fechas recientes, se ha prestado escasa atención a esta fortificación por parte de los investigadores[1], no tanto por su falta de interés, como por la ausencia de referencias documentales a la misma como “castillo”, al asimilarse de forma temprana al concepto de “casa” de la Orden, como veremos más adelante.

 

Una efímera posición estratégica.

Tradicionalmente, en este sector de las serranías turolenses el camino entre Zaragoza y Valencia ha discurrido, o bien por el valle alto del río Jiloca, o por el valle inferior del río Alfambra; estos dos posibles ramales convergían en el entorno de la actual ciudad de Teruel, desde donde partían múltiples caminos hacia el Levante (por el Puerto de Escandón o por el Turia), la Sierra de Albarracín y la Sierra de Gúdar. Dentro de este esquema, el emplazamiento de Camañas se encontraba en un punto periférico, en un sector del Altiplano alejado de estas destacadas vías de comunicación.

Sin embargo, sí que estaba bien posicionada en los caminos, de carácter más secundario, que unían el valle alto del Jiloca y el curso inferior del Alfambra; entre ambos cursos fluviales media el Altiplano, situado unos 200 m. por encima de ambos valles; y en su parte occidental, la Sierra de Palomera, estrecho pero largo y alto murallón natural, cuyas cumbres se alzan entre 400 y 500 m. por encima del valle del Jiloca, separándolo del Altiplano. Esta barrera natural discurre desde las proximidades de Monreal del Campo, hasta las cercanías de la Ciudad de Teruel. Es atravesada por un limitado número de pasos de montaña; de Norte a Sur, los principales son los de Bueña, Aguatón, la Virgen del Castillo, Villarrosano, Celadas y Barranco de la Cueva, aunque estos dos últimos tienen un enlace más complicado hacia el valle del Alfambra.

Desde el emplazamiento en el que se sitúa el Castillo de Camañas, se controla el acceso a uno de estos principales corredores que cruzan la Sierra de Palomera, el paso de la Virgen del Castillo o de la Punta de la Silla[2] (entre los términos municipales de Aguatón, Torrelacárcel y Torremocha del Jiloca), que enlaza al pie de la fortaleza con uno de los principales caminos que cruzan el Altiplano en dirección a Alfambra.

En el momento en el que el rey Alfonso II donó el Castillo de Alfambra (1174) y, anexo al mismo, el enclave de Camañas, la frontera con los almohades estaba muy próxima al nudo de comunicaciones del entorno de Teruel; y la Villa allí instalada en 1171, todavía se encontraba en una fase muy temprana (y posiblemente incierta) de su repoblación[3]. En estas circunstancias, el enlace seguro entre la cabecera del primero de los ríos y la parte inferior del segundo tenía un especial valor estratégico, al comunicar los dos potenciales focos de resistencia aragonesa frente a un hipotético avance almohade que consiguiera controlar el entorno de Teruel. En estas circunstancias, la posición ocupada por Camañas podía desempeñar una función relevante, al controlar ese camino entre los dos valles, evitando que éstos quedaran aislados por la Sierra de Palomera.

Fue en este contexto en el que se debió erigir la primera fortificación de esta posición, que puede considerarse como el núcleo originario de lo que consideramos como el Castillo de Camañas. Ésta debió construirse a partir de 1174 (año en el que pasa a Monte Gaudio) y antes de 1186-87, momento en el que la aldea de Camañas se integra en el alfoz de la Villa de Teruel[4] y en el que la posición ya había perdido su pretérito interés geoestratégico[5].

Pese a la pérdida del señorío temporal sobre Camañas, Monte Gaudio mantuvo importantes posesiones en la aldea, además del patronazgo de su iglesia parroquial, con las rentas eclesiásticas aparejadas. Y entre las múltiples posesiones que mantuvo, se incluyó el Castillo de Camañas, ahora transformado en Casa de la Orden.

 

La Casa de la Orden.

En el momento del traspaso de Camañas a Teruel, la situación geopolítica había cambiado sustancialmente respecto a la existente en el momento de la donación de Alfambra. La Villa de Teruel se había consolidado como la cabeza de la frontera del flanco meridional del Reino. Los avances aragoneses hacia el Sur eran palpables; se había tomado Villel, principal castillo andalusí del Alto Turia; y por la Depresión de La Puebla – Sarrión, se había conquistado, aunque de forma efímera, el Castillo de Albentosa. En ese contexto, el camino entre Alfambra y la Virgen del Castillo o Punta de la Silla y el propio Castillo de Camañas, habían perdido su relevancia estratégica. Esta circunstancia queda bien reflejada en el traspaso en 1196 de la antigua fortaleza de Monte Gaudio a la Orden del Temple[6], en la que se menciona la iglesia e la casa de Cay Maynes[7], no refiriéndose al edificio como “castillo”, sino como “casa”, a diferencia de lo que sucede con la fortaleza de Alfambra y con otras fortificaciones próximas a la frontera sarracena.

Pero, pese a que desde el punto de vista estratégico pasó a ser una posición muy periférica, el Castillo siguió desempeñando importantes funciones político-administrativas, representativas y, posiblemente, residenciales. Y es que la Orden, pese a no ser titular del señorío temporal de la aldea, mantenía en la misma intereses de suficiente entidad como para justificar el mantenimiento de una encomienda en Camañas. Tal es la cuantía de sus propiedades que, en 1251, Guillermo de Cardona, maestre del Temple en Aragón y Cataluña, decidió instalar cinco nuevos repobladores en parte de las tierras que la Orden tenía en Camañas; esta intervención debió ser expresamente autorizada por Jaime I de Aragón, al pertenecer la aldea a Teruel y ser, por tanto, de realengo[8].

Pese a ese reparto de tierras, la Orden debió retener una apreciable reserva señorial, como lo demuestra el inventario realizado en 1304 por el frater Miguel Dalberit, vicario de Camañas[9]. En él figuran, entre otras posesiones, dos mulos, dos bueyes, cuatro rejas y dos arados; dicho equipamiento estaría vinculado a un lote de tierra de cierta entidad, equivalente al que podría asociarse a una o dos masías. La presencia de dos tipos distintos de animales de tiro permitiría trabajar suelos más pesados o realizar labores más profundas (con los bueyes) y suelos más ligeros o efectuar labores más rápidas (las mulas). Todas estas dotaciones estarían guardadas en el Castillo / Casa de la Orden, en el que también se depositarían las correspondientes rentas en especie.

Tras la disolución de la Orden del Temple (1312), sus posesiones aragonesas pasaron a manos de la Orden de San Juan; entre ellas, el antiguo Castillo. La relación de Camañas con esta Orden se mantuvo hasta el siglo XIX[10], periodo durante el cual la vetusta fortaleza siguió desempeñando las funciones de Casa de la Orden. Pero, pese a los sucesivos episodios bélicos que asolaron el territorio en las centurias siguientes, no tenemos constancia de que la antigua fortaleza desempeñase ninguna función defensiva relevante; ni tan si quiera en el belicoso siglo XIX, y aunque se documente la presencia de Cabrera a principios de 1837. No obstante, el recuerdo del antiguo Castillo quedó profundamente enraizado en la memoria colectiva[11].

 

La torre.

El Castillo de Camañas está formado por dos partes perfectamente diferenciadas, cada una de las cuales es representativa de las dos principales etapas funcionales del conjunto. La estructura más antigua es la torre situada en la esquina suroccidental, que originariamente era exenta. Se trata de una estructura de tapial calicostrado, construida sobre un cuidado zócalo de mampostería regularizada, con sillares en las esquinas. Tiene una planta ligeramente rectangular, de 5,80 por 4,50 m., con muros de unos 115 cm. (1,5 varas). Contaba con al menos tres alturas, habiéndose perdido toda su parte superior, incluido su hipotético coronamiento de almenas.

Esta torre tenía una puerta en el flanco oriental, situada en alto, destinada a incrementar su capacidad defensiva; actualmente, este vano se encuentra tapiado; se abría a la primera planta, con jambas y arco de medio punto de sillería al exterior y dintel de madera al interior. Posiblemente estuvo protegida tanto por su parte superior (ya desaparecida), como por la inferior, en este último caso con una aspillera que aún se conserva, con dintel pétreo y jambas encofradas. En el muro occidental también se conservan posibles restos de una segunda aspillera, posteriormente tapiada por el exterior, igualmente a nivel de la planta baja.

La torre ha sido objeto de múltiples reformas, algunas posiblemente bajomedievales. Tras cerrar la puerta en alto, se abrió otra en la planta baja, que comunicaba con el recinto anexo, con jambas y arco de sillería ligeramente rebajado, que finalmente también fue tapiada. Posteriormente también se habilitó otra puerta, en este caso situada en la primera planta, en el lateral septentrional, abierta extramuros de la fortaleza y cubierta con dintel realizado con rollizos de madera, que también fue cerrada en un momento indeterminado. Posiblemente, de forma paralela a esta última intervención, se forró el paramento exterior con una hoja de mampostería; desconocemos si el objetivo era darle una mayor durabilidad, debido al deterioro del tapial, u otorgarle una mayor prestancia; el hecho es que, para acometer esta intervención, fue necesario “adelgazar” el grueso muro de tapial, con el fin de que la mampostería se apoyase sobre el zócalo preexistente. Pero esta obra no obtuvo el fruto deseado; pese a la colocación de una capa de mortero entre el tapial y el forrado exterior, éste no logró adherirse, por lo que acabó cayendo la mayor parte del mismo, debilitando y degradando aún más la estructura

En cuanto a las divisiones interiores, casi no se conservan restos de los forjados, salvo una viga con molduras en las esquinas, que parece posterior a la fábrica original

En fechas no precisadas, se habilitó la actual planta superior de la torre como palomar, excavando para ello unos nichos en el paramento interior de los muros oriental y septentrional (no disponemos de información de los otros dos laterales), que fueron revestidos con mortero para asegurar su durabilidad.

Tanto por sus características, como por el contexto geopolítico y estratégico, la torre parece datar del periodo de pertenencia de Camañas a Monte Gaudio, por lo que podría ser el único edificio conservado de esta Orden, aparte de alguna otra posible estructura conservada en el Castillo de Alfambra.

 

El recinto anexo.

Contiguo a la torre, se construyó un recinto de planta rectangular, de 28 x 23 m., delimitado por unos sólidos muros constituidos por mampuestos de considerable tamaño, formando hiladas regularizadas trabadas con mortero de cal y con grandes sillares en las esquinas; es posible que sobre los mismos se alzasen también muros de tapial. El flanco septentrional del recinto prácticamente ha desaparecido, por corrimientos en la ladera, mientras que el occidental se encuentra sumamente deteriorado. El acceso al mismo debía efectuarse por el flanco oriental, por el sector en el que actualmente se localiza la rampa de subida.

Nada sabemos de su distribución interior, salvo que en su momento se comunicaba con la torre a través de una puerta en planta baja; y que debía contar con dependencias dedicadas a almacenes, establos y, posiblemente, espacios residenciales.

Este recinto podría corresponder a la etapa templaria, momento al que también pertenece el grueso de la fábrica de la antigua parroquial y que se corresponde con la nueva repoblación organizada por esta Orden[12]. Su función esencial sería económico-administrativa y residencial, con independencia de que pudiera seguir manteniendo ciertas capacidades defensivas.

Además del citado recinto, junto a la parte exterior del ábside de la antigua iglesia parroquial hay un controvertido cuerpo poligonal de función desconocida, realizado con mampostería regularizada y sillares en las esquinas. Se ha llegado a plantear que fuera una torre de otro recinto amurallado, construida con anterioridad al templo. Pero, las juntas de obra visibles antes de la restauración, sugieren que esta fábrica es posterior a la cabecera de la iglesia; la presencia de la ventana del ábside limitó su altura, por lo que difícilmente puede ser un torreón previo, debiendo buscarse otro tipo de explicaciones.

 

El Castillo de Camañas en la actualidad.

Hoy en día, la vetusta fortaleza es sólo un pálido recuerdo de lo que en su día fue. Todo a su alrededor ha cambiado; el espacio en el que antaño debió situarse la aldea medieval, actualmente está ocupado por eras y escasos restos de pajares en ruinas. Como ya hemos indicado anteriormente, la iglesia parroquial también se desplazó, aunque pervivió el antiguo templo, transformado en ermita de la Virgen del Consuelo.

En un momento no precisado de la Edad Moderna, o en el propio siglo XIX con la desamortización de los bienes de las órdenes militares, las estructuras existentes en el interior del recinto colapsaron, manteniéndose únicamente el sólido zócalo inferior, con el interior del espacio relleno de escombros y tierra; posiblemente, los materiales que aún resultaron útiles se retiraron y se reaprovecharon en otras construcciones; y el espacio debió quedar habilitado como era.

La torre permaneció en pie, aunque su parte superior estaba muy deteriorada, por lo que se demolió parcialmente y se colocó una nueva cubierta; en ese momento, o en otro posterior se transformó en pajar, abriéndose el correspondiente vano de comunicación, posiblemente en el lateral meridional. Pero la degradación de la torre continuó, colapsando el forrado exterior de mampostería. El caso es que, muy avanzado el siglo XX, se tomó la errónea decisión de revestir el muro septentrional con cemento; lo que en un primer momento pareció una buena idea, ha favorecido, tanto una erosión diferencial, como la acumulación de humedad en la zona de contacto con el cemento, que está disgregando el tapial. Por suerte, el considerable espesor del muro ha evitado su colapso.

A finales de los años 50 o durante los años 60 del siglo XX, se instaló un depósito de aguas dentro del recinto anexo a la torre, caracterizado por su rotunda volumetría. Esta obra hidráulica supuso, en su momento, un importante destrozo, privándonos para siempre de parte de las estructuras que pudieran existir en el subsuelo.

Recientemente, el conjunto del Castillo ha pasado a manos municipales y se está planificando su proceso de rehabilitación.

 [1] GUITART, C. (1987), Los castillos turolenses, IET, p. 45; GUITART, C. (1988), Castillos de Aragón, vol. 3, Mira, Zaragoza, p. 172; IBÁÑEZ, J., CASABONA, J. F. & SÁEZ, R. (2017), Guía de los castillos de las órdenes militares en Aragón, Qualcina y Arcatur, Teruel, pp. 118-119; IBÁÑEZ, J., CASABONA, J. F. & SÁEZ, R. (2019), “El Castillo de Camañas”, II Jornadas sobre el Territorio de Monte Gaudio, Arcatur y Qualcina, Camañas, pp. 39-44.

[2] El Santuario de la Virgen del Castillo se localiza al pie de la antigua fortaleza islámica que protegía el paso de la Punta de la Silla. La vinculación de Camañas con ese enclave pervivió en forma de romería anual (a la que ya se refirió el Padre Faci en 1739), mucho tiempo después de que la fortaleza perdiera su función defensiva.

[3] Aún debía mantenerse en el recuerdo la fracasada repoblación de Cella, el antiguo hisn al-Sahla, promovida por el mismísimo Alfonso I, por lo que el éxito de Teruel no estaba asegurado.

[4] La pertenencia de la aldea de Camañas a la Orden de Monte Gaudio fue efímera; con anterioridad a 1196 su dominio ya se había traspasado a la Villa de Teruel. El profesor Antonio GARGALLO (1997, El Concejo de Teruel en la Edad Media (1177-1327): La formación del territorio, vol. 1, IET, Teruel) defendía que dicho cambio pudo realizarse hacia 1187-88, en el marco de un reajuste territorial derivado de la donación del Castillo de Villel a Monte Gaudio y de la reorganización de la Orden derivada de la conquista de Jerusalén por Saladino, el traslado de la sede Maestral a Alfambra y la fusión con la Orden del Hospital de San Redentor de la Villa de Teruel.

[5] Cristóbal GUITART (1987, op cit, p. 45; 1988, op cit., p. 172), vincula el Castillo de Camañas con las obras defensivas realizadas en el Campo de Visiedo en 1357, a raíz del reconocimiento del estado de las defensas efectuado por Bernardo de Cabrera; pero no se dispone de ninguna referencia documental que avale esta afirmación, que se hace extraña teniendo en cuenta la gran entidad del cercano Castillo de Visiedo y el carácter fuertemente arcaizante y la limitada capacidad defensiva (para los parámetros de la segunda mitad del siglo XIV) del de Camañas, hasta el punto de que no hay ninguna referencia conocida que apunte a su puesta en defensa durante la Guerra de los Dos Pedros.

[6] Tras la reorganización de Monte Gaudio, pronto surgieron disensiones internas que ponían en peligro sus enclaves en la frontera con los sarracenos, por lo que el propio Alfonso II promovió la asimilación de Monte Gaudio, con todas sus posesiones aragonesas, por el Temple (1196).

[7] Transcripción recogida en GORDILLO, J. L. (1974) Castillos templarios arruinados en el sur de la Corona de Aragón, Prometeo, Valencia.

[8] LEDESMA, Mª L. (1991) Cartas de población del Reino de Aragón en los siglos medievales, I.F.C., Zaragoza.

[9] VILAR, Mª (2000), Els béns del Temple a la Corona d'Aragó en suprimir-se l'Orde (1300-1319), Fundació Noguera, Barcelona.

[10] Durante medio milenio, los sanjuanistas ejercieron el patronazgo de la parroquial, construyendo una nueva iglesia en tiempos de Jaime Gimeno de Lobera, segundo obispo de Teruel (1580-94). En el interior de este templo gótico-renacentista hay una cruz patada (frecuentemente utilizada por los sanjuanistas) tallada en su fábrica, que nos recuerda la vinculación con la Orden.

[11] En 1876, en una recopilación de sellos concejiles a nivel nacional, aparece el sello de Camañas con una torre almenada, mazonada y terrazada. Para justificar este sello, el alcalde, Gregorio Valero, indicó que solo puede decirse por tradiciones que antiguamente contaba esta población con un fuerte Castillo construido por los Moros, el que fue después habitado por los Caballeros Templarios y a esto tal vez se deba el usar en el sello de esta corporación la indicada fortaleza (CLEMENTE, E. & BLANCO, L., 2002, Los sellos municipales de tinta en la provincia de Teruel en el siglo XIX, IET – IFC, Teruel, p. 98). El recuerdo de la antigua fortaleza pervivía, vinculándola a musulmanes y templarios; sin embargo, los sanjuanistas, que fueron los que durante más tiempo ostentaron su posesión, fueron relegados al olvido.

[12] CASABONA, J. F., SÁEZ, R. & IBÁÑEZ, J. (2019), “El Consuelo de Camañas y Santa Ana de Alfambra”, II Jornadas sobre el Territorio de Monte Gaudio, Arcatur y Qualcina, Camañas, pp. 13-30; CASABONA, J. F., IBÁÑEZ, J. & SÁEZ, R. (2022), “La Virgen del Consuelo de Camañas como paradigma de iglesia templaria”, III Jornadas sobre el Territorio de Monte Gaudio, Arcatur y Qualcina, Orrios & Escorihuela, pp. 51-58.

El Cerro del Castillo (1), visto desde el Noroeste. Al fondo, la Sierra del Pobo y el valle del Alfambra.
El conjunto visto desde el Sureste, antes de la colocación de setos y pantallas vegetales que enmascaran parcialmente el depósito de las aguas.
Flanco oriental de la torre del homenaje, con la antigua puerta en altura.
Zócalo de la torre (esquina Suroeste), con sillares en las esquinas.
Fachada Suroeste de la torre; sobre el zócalo de mampostería regularizada y sillería (1), se alzaba el muro de tapial, del que se conserva el núcleo (2) y el paramento interior. Debido posiblemente a su deterioro, el paramento exterior de tapial fue picado y revestido con una capa de mortero (3), para luego forrarlo con una mampostería, de peor calidad que la base (4).
Vista interior de la torre (lateral oriental), con la puerta original tapiada (1), la aspillera en planta baja que la defendía (2) y la segunda puerta que se abrió en la torre (3), igualmente tapiada.
Aspillera del lateral Suroeste; tras las intervenciones asociadas al forrado del paramento exterior, únicamente resulta visible el paramento interior.
Paramento exterior del zócalo del recinto adosado a la torre (lateral oriental, junto a la esquina Sureste). El paramento interior se encuentra oculto por un relleno de tierra bajo el que podrían conservarse diversos restos arqueológicos.
Puerta de la planta baja de la torre del homenaje, que comunicaba con el interior del recinto.
Vista Suroccidental de la torre del homenaje; en este lateral, el más deteriorado de todos, se abrieron en el siglo XIX los vanos de comunicación de la torre, transformada en pajar, con la era.

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