El 850 aniversario de la llegada de la Selva Mayor a la provincia de Teruel

Grabado de la abadía de La Sauve-Majeure, de Leo DROUYN (1851), Album de La Grande-Sauve dessiné et gravé a l’eau-forte, Bordeaux (BNF).

Publicado en: La magia de viajar por Aragón, 146, Zaragoza, 2024, 20-29

Javier Ibáñez González & Rubén Sáez Abad

 

En 1174 se establecieron en tierras turolenses los monjes de la Selva Mayor de Gascuña; estos pacíficos monjes benedictinos, que regían su vida con la máxima de ora et labora (“reza y trabaja”), al llegar a tierras turolenses cambiaron sus herramientas de trabajo por las armas, transformándose en auténticos monjes guerreros.

La situación en la frontera Sur de Aragón así lo requería. Hacía menos de tres años que había fallecido Muhammad ibn Mardanis (conocido como el “Rey Lobo”), que regía las taifas de Valencia y Murcia. Y que su hijo y heredero había tenido que pactar la entrega del reino a los almohades. A partir de ese momento, las despobladas tierras turolenses se convirtieron en frontera con el poderoso Califato Almohade, que comprendía todos los territorios hispanomusulmanes, además de Marruecos, Argelia, Túnez y parte de Libia. La preocupación del rey Alfonso II de Aragón era máxima, recurriendo a todos los medios a su alcance para reforzar la desguarnecida frontera meridional del reino; en 1171 estableció una guarnición al mando de un tenente en el antiguo Tirwal (posición fortificada andalusí conquistada hacia 1169), impulsando posteriormente la formación de una villa de repoblación (Teruel), a la que otorgó un ventajoso Fuero (1177). Y entregó importantes territorios a nobles, obispos y órdenes militares para su defensa y repoblación.

Fue en este complejo contexto geopolítico, en el que el joven monarca aragonés recurrió a los monjes de la Selva Mayor. Esta congregación religiosa había sido creada casi un siglo antes (en 1079) por Fray Gerardo de Corbie, que instaló la abadía de Silva Maioris en una amplia zona boscosa situada en las cercanías de Burdeos. Su relación con las tierras hispanas era muy fuerte, al convertirse el monasterio en un destacado hito del Camino de Santiago francés. Pocos años después de su fundación, el rey Sancho Ramírez (bisabuelo de Alfonso II) le donó distintas posesiones en la zona de las Cinco Villas y Monzón; pero en ninguna de ellas, los monjes se vieron obligados a desempeñar funciones militares.

Pero la situación cambió radicalmente al llegar a tierras turolenses. Alfonso II les entregó el castillo de Alcalá con todas sus pertenencias en febrero de 1174; y entre los cometidos indicados en esta donación, se indicaba expresamente su contribución a la “destructionem Sarracenorum”; además, les exoneraba del pago de la quinta parte del botín obtenido en el saqueo del territorio musulmán, que habitualmente debía entregarse a la Corona. De esta forma, los frailes de la Selva Mayor se convirtieron en monjes guerreros al llegar a la frontera aragonesa con el Califato Almohade.

El hecho de que sucesivos monarcas les donaran otras posesiones para su repoblación, como las Cuevas de Domingo Arquero (1208), indica que estos monjes consiguieron desempeñar bien su nuevo cometido en esta primera línea defensiva.

El vínculo entre Alcalá y la Selva Mayor se mantuvo durante dos siglos, hasta la Guerra de los Dos Pedros; la invasión castellana supuso la destrucción de su castillo, por lo que los monjes decidieron vender su señorío a los Fernández de Heredia (1375). Tras abandonar las tierras turolenses, los frailes de esta congregación ya no volvieron a desempeñar funciones militares.

 

El legado de la Selva Mayor.

A pesar de que han pasado seis siglos y medio de la marcha de Alcalá de los monjes de la Selva Mayor, aún se conservan cuatro relevantes construcciones de las que fueron titulares.

La más visible es el Castillo, que anteriormente había sido una fortaleza andalusí, incorporada al Reino de Aragón por Alfonso I (1118) y perdida tras su muerte (1134). Las excavaciones arqueológicas han permitido identificar las estructuras de la fortaleza conventual, diferenciándolas de las escasas construcciones andalusíes conservadas y de la importante reforma realizada por los Fernández de Heredia. Los monjes de la Selva Mayor reutilizaron durante varias décadas la antigua fortaleza hispanomusulmana, hasta que, a mediados del siglo XIII, erigieron su castillo conventual. Esta nueva construcción se adaptó perfectamente al espolón rocoso. Contaba con un estrecho y alargado patio central, que debió servir de claustro, dentro del que se conservó un aljibe andalusí, forrado de una excelente sillería. En torno al patio estaban los edificios que acogían las distintas dependencias conventuales: sala capitular, refectorio, habitaciones de los frailes, capilla y dependencias auxiliares. El arrasamiento de la construcción septentrional impide establecer su función. En el edificio meridional, mejor conservado, se han identificado cuadras, almacenes y/o bodegas. Al Sureste se mantiene la torre del homenaje, que sobresalía en planta y altura, y que todavía es perfectamente reconocible; sobre ella se asentó el edificio principal del castillo de los Fernández de Heredia. En el extremo occidental había un aljibe de grandes dimensiones tallado en la roca, que parece ser también de origen andalusí.

Los dos recintos amurallados que protegían la villa de Alcalá también están vinculados a la etapa de la Selva Mayor. El más antiguo, que aprovechó en su flanco oriental un afloramiento rocoso y dividía en dos el espolón, debió ser utilizado ya en época andalusí. Posteriormente, se creó un segundo recinto, del que se conserva un importante tramo de muralla y una alta torre en la parte Suroriental. Pese a su considerable alzado, cuesta diferenciarlo del caserío adosado al mismo. También se mantiene un pequeño portal contiguo a la oficina de turismo.

Dentro del segundo recinto, junto a la subida al Castillo, se encontraba la antigua iglesia parroquial de San Simón y San Judas. Fue construida a finales del siglo XII o en las primeras décadas del XIII. Su elemento más destacado es la portada románica, la más meridional de Aragón, con indudables paralelismos con la de la iglesia de San Jacobo de Ruesta, que también perteneció a la Selva Mayor. El templo era de tres tramos y coro alto; su cabecera absidial estuvo integrada en el recinto amurallado.

El cuarto edificio vinculado directamente a la Selva Mayor es el Santuario de la Virgen de la Vega. Su fase más antigua, construida sobre las ruinas de una antigua villa altoimperial romana, es un edificio de fechas avanzadas del siglo XIII o ya de principios del XIV. Fue descubierto en las excavaciones arqueológicas realizadas en 2009 y parte de las estructuras se pueden ver gracias a las “ventanas arqueológicas” cubiertas con cristales pisables. El templo, de considerables dimensiones, es de una nave, con tres tramos más el presbiterio. Contaba con dos puertas, una abierta en el lateral meridional y otra a los pies, y poseía una cubierta de madera sustentada mediante arcos diafragma. La talla de la Virgen de la Vega o del Espino data también de esas mismas fechas.

Además de estas cuatro grandes construcciones vinculadas a la Selva Mayor, en el municipio subsisten otros muchos elementos que datan de ese mismo periodo y que están vinculados, directa o indirectamente, a los monjes benedictinos. El más directo y evidente es la traza urbana del segundo recinto amurallado de la villa, que albergó la ampliación del siglo XIII del núcleo de repoblación originario; se trata de una intrincada red de callejuelas, articuladas por las calles Castillo Alto y Castillo Bajo, que se adaptan a la fuerte pendiente, con algún paso cubierto que comunica los viales principales.

Fuera de la villa, los principales ejes que articularon el paisaje rural tradicional también debieron crearse siguiendo los criterios establecidos por la Selva Mayor. Otro tanto se puede decir de un porcentaje muy significativo de las masías que han subsistido hasta nuestros días; aunque éstas fueran construidas por los masoveros, se establecieron en el lugar asignado por los monjes, dentro de las tierras más alejadas de la villa, en fechas avanzadas del siglo XIII y durante la centuria siguiente. Por último, alguno de los molinos (importante instalación asociada a las rentas señoriales) pudo construirse en esa etapa y pertenecer a los monjes, que seguramente arrendarían su explotación.

Como vemos, aunque ya han trascurrido casi seis siglos y medio de la marcha de los monjes de la Selva Mayor, todo el territorio permanece impregnado de esa pretérita presencia, que tan importante resulta para entender el pasado y el presente de Alcalá de la Selva.

Estado actual de la abadía de La Sauve-Majeure, en la comuna francesa de La Sauve (departamento de Gironde).
Mapa de distintas donaciones realizadas a la Selva Mayor, plasmadas sobre el mapa “L’Espagne 1027 a 1212” de Antoine Ph. HOUZE (1844, Atlas historique et geographique de l’Espagne, Paris).
Distintas perspectivas del Castillo de Alcalá, realizadas por Manfredo Fanti en 1840 (SGE), modificado: “Vista tomada desde el punto 4 (Molinos) al Oeste” (izq.); “Vista tomada desde el punto b (Alto de Tumborrubio) al Norte” (der.).
Extremo oriental del Castillo.
Vista aérea del Castillo y de la parte más antigua del casco urbano de Alcalá: Castillo (A); afloramiento rocoso utilizado como muralla (B); segundo recinto fortificado (C); y antigua iglesia románica de San Judas y San Simón.
Plano de estructuras identificadas de la fase del Castillo de la Gran Selva, incluidas las estructuras anteriores reutilizados en esta fortaleza.
Vista general de la zona central del Castillo, durante el proceso de excavación.
Vista meridional del Castillo; el cuerpo que sobresale en la parte central era la base de la torre del homenaje de la etapa de la Selva Mayor; a su izquierda, el muro meridional de esta misma fase; a la derecha, la torre del homenaje de los Fernández de Heredia, con su peculiar balcón.
La muralla alcanza su máxima altura (unos 12 m.) en la esquina de la C/ Castillo Bajo nº 5, donde debía existir un torreón sobresaliendo sobre el alzado (esquina de sillería).
Portal de la calle Castillo Bajo.
Antigua portada románica de la parroquial de San Simón y San Judas.
Vista general de los restos arqueológicos descubiertos en la nave central del Santuario de la Virgen de la Vega, durante el proceso de excavación.
Planta del Santuario barroco de la Virgen de la Vega (muros en color beig), dentro del cual aparecieron los restos del templo de la etapa de la Selva Mayor (muros de colores rojizos y vanos y altar de color amarillo).
Plano de los recintos amurallados de Alcalá de la Selva.
Vista aérea del cañón del río Alcalá; el territorio está plagado de caminos y trazas parcelarias que se remontan a la etapa de los monjes de la Selva Mayor.
Masía del Carrascalejo. Al fondo, la Muela y el Chaparral.
Fachada principal del molino de Villanueva, en la que se ve el cárcavo de salida de una de sus dos muelas. Se sitúa en una hoz del río Alcalá, al pie del Castillo.

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