
Tanque ruso capturado por los nacionales en Santa Bárbara (Biblioteca Nacional, 6-2-1938).
Publicado en: Verde Teruel, n º 53, Teruel, 2020, pp. 34-39
Rubén Sáez, Javier Ibáñez, Ismael Villalba y Amable García
Celadas desempeñó un papel clave en el frente de Teruel durante toda la Guerra Civil. Este municipio comprende un pequeño valle en las estribaciones de la Sierra Palomera, desde donde se controlan parte de los accesos a la encrucijada de comunicaciones sobre la que se asienta la capital turolense. Por ello, ambos bandos se disputarían duramente su control.
Las ofensivas republicanas del 36 y principios del 37.
Tras la sublevación militar y la consolidación del frente, Celadas y la mayor parte del término quedó en "territorio nacional". Ya desde un primer momento, las tropas gubernamentales trataron de conquistar el enclave, a fin de interrumpir las comunicaciones entre Teruel y las posiciones de retaguardia, por ferrocarril y carretera.
Este primer intento republicano de apoderarse de Celadas terminó en un rotundo fracaso. A pesar de que en la ofensiva tomaron parte seis columnas compuestas por 20.000 hombres y apoyadas por 16 carros, 7 blindados y 12 baterías de artillería, no se alcanzaron los objetivos previstos.
Con el fin de aliviar la presión sobre el frente Norte, el Gobierno de la República lanzó una nueva ofensiva de envergadura en el sector de Teruel en abril de 1937. En esta ocasión, las fuerzas republicanas consiguieron apoderarse durante algunos días de Celadas y de la posición de Santa Bárbara, aunque terminarían retirándose tras duros combates.
La Batalla de Teruel.
Durante la Batalla de Teruel, Celadas adquirió un papel protagonista en el devenir de los acontecimientos. El 15 de diciembre de 1937, el ejército gubernamental inició una gran ofensiva sobre la capital de la provincia, destinada a rebajar la presión sobre Madrid. Este cambio de situación obligó a los mandos nacionales a trasladar tropas al frente turolense, siendo Celadas uno de los puntos de concentración de los efectivos movilizados, como la 13ª División.
No obstante, los esfuerzos resultaron insuficientes para evitar la conquista republicana de Teruel. La capitulación de los últimos defensores el 8 de enero de 1938, interrumpió las operaciones en el sector de Celadas. Ya sin presión, los mandos nacionales diseñaron su estrategia para recuperar la ciudad.
El 17 de enero se retomó el ataque nacional sobre el Alto de las Celadas y El Muletón, que fueron rápidamente conquistados. El general Rojo trató de recuperar ambas posiciones el 27 de enero, pero graves fallos de coordinación entre la artillería y la infantería hicieron fracasar el intento.
La Batalla del Alfambra.
A principios de febrero el bando nacional lanzó finalmente su ambiciosa ofensiva. El Cuerpo de Ejército Galicia, que tenía asignado el ataque en este sector, contaba con cinco divisiones (13ª, 83ª, 84ª, 85ª y 150ª) y estaba apoyado por 56 baterías, 8 de ellas con calibres superiores al 105. Estaba al mando del general Aranda y las operaciones se coordinaron desde la posición de Santa Bárbara de Celadas.
Frente a las líneas nacionales solo estaba desplegada la 59ª Brigada, apoyada por el 4º Batallón de la 151ª Brigada Mixta. A su izquierda, estaban en línea tropas de la 212ª Brigada. Las reservas republicanas de todo el sector estaban formadas por fuerzas de la desgastada 22ª Brigada (39ª División) y por la 74ª Brigada (19ª División). No se tiene constancia de fuerzas de segunda línea, por lo que el frente carecía de la necesaria profundidad para soportar el ataque. Así pues, el bando sublevado acumulaba en el sector 43 batallones frente a los 4 batallones gubernamentales. El plan operativo nacional pasaba porque la 83ª y la 84ª rompieran el frente, mientras que la 13ª al Sur y la 85ª al Norte cubrían los flancos de la maniobra.
El ataque se inició el 5 de febrero. Tras un intenso fuego artillero preparatorio y el bombardeo aéreo, avanzó la infantería. Aunque las fuerzas republicanas combatieron bien, pronto se abrió una brecha de más de 12 kilómetros en su frente, por la que penetraron la 83ª y 84ª Divisiones, quedando los efectivos de la 59ª Brigada divididos en dos. Además, la superioridad nacional en el aire permitió contener las reservas republicanas. La derrota gubernamental fue completa, aunque sin muchas bajas.
El 7 de febrero la 13ª División acabó con los últimos núcleos de resistencia republicanos, entre ellos la Loma de Casares de Celadas, haciendo que los supervivientes de los combates se replegaran hacia el río Alfambra. El frente republicano de Celadas había sido completamente barrido.
El destacado Patrimonio Bélico de Celadas.
El hecho de que Celadas se viera envuelta en las operaciones asociadas a las batallas de Teruel y del Alfambra, justifican la existencia de un considerable patrimonio de la Guerra Civil distribuido por todo el municipio, destacando las posiciones de Santa Bárbara y la Loma de Casares. Gracias a una iniciativa conjunta del Ayuntamiento de Celadas y la Sociedad Civil Santa Bárbara, y a las ayudas concedidas por ADRI Comarca de Teruel (cofinanciadas por el Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural y el Gobierno de Aragón), han podido llevarse a cabo una serie de excavaciones arqueológicas en ambas posiciones que han sacado a la luz dos interesantes escenarios históricos, que reflejan la doble vertiente del conflicto en el municipio de Celadas: la humana y la militar.
La posición de Santa Bárbara.
Santa Bárbara desempeñó un papel fundamental como observatorio para el bando nacional, siendo clave para frenar las contraofensivas republicanas de finales de enero de 1938. Sin embargo, no se explotarían al máximo sus capacidades hasta el comienzo de la Batalla del Alfambra.
En este enclave instaló el general Aranda el puesto de mando avanzado del Cuerpo de Ejército Galicia. Y desde allí se coordinó el fuego artillero y la ofensiva que permitió romper las líneas gubernamentales para alcanzar el río Alfambra entre el 5 y el 7 de febrero de 1938.
Son numerosas las estructuras de la Guerra Civil conservadas en Santa Bárbara, entre las que destaca un refugio subterráneo excavado en la roca, con doble acceso, y rodeado por una línea de trincheras que le proporciona cobertura. Junto al mismo se conserva el rótulo "Viva España", realizado con grandes piedras y destinado a evitar el "fuego amigo" de los aviones nacionales.
Las recientes excavaciones efectuadas en la posición, han descubierto una trinchera principal, rectilínea inicialmente y en zig-zag al aproximarse a las zonas más expuestas. De ella parten múltiples ramales, uno que comunicaba con el refugio subterráneo y/o con las trincheras que lo protegían. Y otro que conduce a un espacio cuadrangular, que ocupa una posición preeminente dentro del conjunto y está protegido por una serie de trincheras, a las que también se accede desde el ramal principal. Este espacio puede identificarse con el puesto de mando documentado en una fotografía conservada en la Biblioteca Nacional, fechada el 6 de febrero de 1938, en la que aparecen diversos oficiales observando el bombardeo artillero sobre la Loma de Casares.
También se ha documentado la existencia de otra estructura similar en el extremo opuesto de la posición, todavía no excavada. Quizás se trate de un segundo puesto de mando; o bien de un observatorio de artillería, dado que las visuales de ambas estructuras sobre las posiciones republicanas de Loma de Casares son complementarias. En otra de las fotografías conservadas en la Biblioteca Nacional, se documenta la presencia de una tercera estructura, todavía no identificada.
En las excavaciones se documentó el empleo de piquetas en los laterales de algunas trincheras como método de entibación. También las huellas de pequeñas fogatas realizadas para paliar el frío, así como elementos vinculados con la alimentación de la tropa (latas, botellas, cucharas) y escasos objetos personales. Además, abundan los casquillos y las balas, evidencia de los combates allí librados.
La posición de Loma de Casares.
La Loma de Casares fue uno de los principales vértices sobre los que pivotó la línea republicana en este sector y el que mejores capacidades defensivas poseía de todo el conjunto. Su custodia se encomendó al 233º Batallón (59ª División), siendo el último reducto republicano del frente de Celadas en caer durante la Batalla del Alfambra.
Las recientes excavaciones arqueológicas han descubierto cuatro estructuras de refugio y vida (A, B, C y D), utilizadas por los soldados republicanos y comunicadas entre sí mediante una trinchera auxiliar (E), que enlazaba con una trinchera principal (F) y unía las posiciones de retaguardia con la línea de combate. Dos de los espacios de vida eran subterráneos, excavados en la roca. Uno de ellos apareció hundido, no pudiéndose precisar si colapsó por causas fortuitas o debido a los bombardeos del 7 de febrero. Como cubierta de los espacios de vida también se emplearon planchas de fibrocemento, en algunos casos sustentadas con piquetas de hierro; pobre protección para afrontar el invierno turolense más duro del siglo XX.
Estos refugios disponían de repisas o alacenas talladas en la roca y de un minúsculo hogar, en algún caso incluso con una pequeña chimenea excavada en la roca. La presencia de clavos entre las cenizas de los hogares atestigua la quema de cajas de madera debido a la escasez de combustible. Además de las omnipresentes latas de conserva, también se han hallado efectos personales vinculados con la higiene, como cepillos de dientes (uno de ellos cuidadosamente colocado en una repisa), cuchillas de afeitar y fragmentos de peine. También un gemelo, alguna moneda, una bota, una cantimplora, frascos de medicamentos, numerosas botellas y otros elementos de uso diario. La presencia de estos objetos es un fiel reflejo de la precipitada evacuación de la posición.
Además, se han hallado numerosas evidencias de la virulencia alcanzada por el bombardeo, como el colapso de estructuras o los miles de fragmentos de metralla dispersos por toda la posición. La trinchera auxiliar que comunicaba los espacios de vida discurría hasta una trinchera principal, que, rectilínea en un primer tramo, se desarrolla en zig-zag y con una marcada pendiente cuando se aproxima a las posiciones de tiro de media ladera.
Junto a los cuatro espacios de vida excavados, se ha detectado al menos otra docena de estructuras de este tipo dispersas por toda la loma. También se perciben perfectamente la red de trincheras y puestos de tirador que conforman las posiciones de combate. Todavía resta localizar algunas posiciones claves para entender el despliegue general del 233º Batallón en la Loma de Casares, como el puesto de mando del batallón o los de las diferentes compañías. Futuras excavaciones tendrán que revelar lo que todavía esconde esta posición.

Logo "Celadas, entre dos batallas".

Celadas a mediados de febrero de 1938 (Biblioteca Nacional).

Los efectos de las operaciones militares son visibles en el casco urbano de Celadas (Biblioteca Nacional, 18/2/1938).

Mapa de situación de la posición de la Loma de Casares.

Refugio subterráneo de Santa Bárbara.

Vista aérea de los espacios excavados.

Oficiales nacionales en el exterior del puesto de mando (Biblioteca Nacional). Las letras identifican los espacios descubiertos.

Parte posterior del puesto de mando (Biblioteca Nacional). Las letras identifican los espacios descubiertos.

Estructura fotografiada en Santa Bárbara el 6-2-1938, aún no identificada (Biblioteca Nacional).

Mapa de situación de la posición de la posición de Santa Bárbara.

Bombardeo de Loma de Casares visto desde la posición de Santa Bárbara (Biblioteca Nacional, 6-2-1938).

Tramo de trinchera F que desciende hasta las posiciones de tiro.

Refugio B.




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