
Retrato de José de la Mar, primer Presidente Constitucional del Perú. Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú.
Publicado en: Diario de Teruel, 7-4-2023
Javier Ibáñez González, Rubén Sáez Abad & Luis Sorando Muzás. (ARCATUR / A. H. C. Voluntarios de Aragón)
En el mes de marzo se cumple el 213 aniversario de la batalla de Albentosa, en la que un contingente español trató de frenar el avance del ejército napoleónico sobre Valencia. Las fuerzas españolas estaban al mando de José de Lamar, que estaba llamado a desempeñar en las décadas siguientes un papel destacado en las guerras de emancipación americanas.
De guerra en guerra.
José de La Mar y Cortazar nació en Cuenca (Presidencia de Quito), el 12 de mayo de 1776. Era hijo del guipuzcoano Marcos La Mar Migura (Tesorero Real de las Cajas de Guayaquil y Cuenca) y de la guayaquileña Josefa Paula Cortázar Lavayen. Muy tempranamente se trasladó a la Península junto a su tío Francisco Cortázar, para cursar estudios en el Colegio de Nobles de Madrid. Ingresó en el ejército español como subteniente del Regimiento de Saboya.
Su bautismo de fuego tuvo lugar en la campaña del Rosellón durante la Guerra contra la Convención, siendo ascendido a capitán en 1795. Ya en la Guerra de la Independencia, y tras haber alcanzado el grado de teniente coronel, participó en la defensa de Zaragoza, bajo las órdenes de José de Palafox. En los combates por la defensa de la capital zaragozana fue herido de gravedad, por lo que mereció el título de “benemérito de la patria en grado heroico” y ascendido a coronel.
Posteriormente, se trasladó al frente valenciano. En la batalla de Albentosa (2-3 de marzo de 1810), estaba al mando del 2º y 3º Batallones de Cazadores de Valencia, siendo quien ostentaba el mando de las fuerzas españolas destacadas en la localidad para hacer frente al nutrido ejército napoleónico.
En 1812 pasó de forma definitiva al frente de Valencia, ostentando el mando de una columna de 4.000 granaderos, que recibió el nombre de Columna La Mar. Fue herido de nuevo y hecho prisionero en el hospital de Tudela por los franceses, que se lo llevaron prisionero a Francia. Estuvo preso en el castillo de Semur (Borgoña), de donde logró evadirse. Tras atravesar Suiza y el Tirol, arribó al puerto de Trieste, donde embarcó rumbo a España.
Será a partir de entonces cuando arranque su carrera en territorio americano. En 1815 fue enviado a Lima como Subinspector del Virreinato del Perú, donde combatió al frente de las tropas españolas contra los contingentes independentistas. Pero, tras la rendición de los castillos del Callao en 1821, se pasó al bando independentista, confiando en las propuestas monárquicas de José de San Martín.
En 1822, mientras visitaba a su familia en Guayaquil, la junta de esta localidad lo nombró comandante de la provincia. Al frente de sus tropas logró la capitulación del realista Villegas y se apoderó de las fragatas Prueba y Venganza, así como de la corbeta Alejandro. En reconocimiento a este triunfo, fue nombrado Gran Mariscal (22 de marzo).
En 1822 el Congreso Constituyente nombró una Junta Gubernativa para asumir funciones ejecutivas del gobierno, que quedó integrada por un triunvirato compuesto por el general José de la Mar, el comerciante Felipe Antonio Alvarado y el conde Manuel Salazar y Baquijano. La insubordinación del ejército en el “motín de Balconcillo” consiguió que esta Junta fuera depuesta, asumiendo la presidencia José de la Riva Agüero.
En 1824 fue nombrado General en Jefe de la División Peruana del Ejército Unido Libertador del Perú, siendo su papel clave en la trascendental batalla de Ayacucho.
El 22 de agosto de 1827, La Mar fue nombrado presidente de la República a propuesta del sacerdote Francisco Xavier de Luna Pizarro, representando a los liberales. No tardaría en dar comienzo la guerra contra la República de la Gran Colombia, donde fue derrotado por Antonio José de Sucre (1829), coyuntura aprovechada por Agustín Gamarra, La Fuente y Santa Cruz para su derrocamiento. Falleció el 11 de octubre de 1830 exiliado en Cartago (Costa Rica), a los 54 años de edad.
La Mar en la batalla de Albentosa.
El 1 de marzo de 1810, el mariscal francés Suchet partió de la ocupada ciudad de Teruel en pos de la conquista de Valencia, capital del Levante. Dirigía el 3º Cuerpo de Ejército francés, formado por 8.000 soldados. Para frenar el avance napoleónico se había desplegado en Albentosa un contingente español formado por unos 2.000 hombres, al mando de José de La Mar.
Dada la evidente inferioridad numérica en que se encontraban las tropas españolas, La Mar llevó a cabo un ingenioso despliegue. Consciente de que las fuerzas francesas, en su camino hacia Valencia, debían pasar por el antiguo puente medieval situado al pie del Castillo, realizaron una “cortadura” o rotura parcial del mismo. Para mantenerlo en funcionamiento, colocaron una tablazón, que se retiró al aproximarse el ejército napoleónico.
Además, dispuso parapetos de troncos en la margen derecha del río Albentosa, desplegando un destacamento que debía defenderlo de cualquier intento de avance francés.
El dispositivo de defensa se completaba con la presencia de 6 piezas de artillería en el Castillo. Como posición de retaguardia quedaba el campamento ubicado en el Corral de Félix, desde el que se disponía de una visión privilegiada del campo de batalla, lo que facilitaba el envío de socorros a los puntos atacados.
Pero, a pesar del adecuado despliegue de las fuerzas españolas, Suchet logró rebasar estas posiciones defensivas. Consciente de su superioridad numérica, envió a parte de sus fuerzas atacar a los atrincheramientos españoles localizados en el puente. Y simultáneamente, envió al grueso de la caballería cruzar el río a 3 kilómetros de distancia aguas arriba, en una zona que ya no podía cubrir el despliegue español.
Con esta maniobra envolvente, el ejército español, quedó flanqueado. Sin posibilidad de defenderse, inició su retirada en dirección a Valencia. Aunque los franceses podrían haber cortado su retirada, prefirieron dedicarse a saquear las poblaciones que mediaban entre Albentosa y Sagunto, lugar en el que Suchet se reunió con la columna de Habert
Aunque La Mar no había conseguido impedir el avance de Suchet en dirección a Valencia, sí que facilitó la organización de la resistencia armada en retaguardia.
Mientras tanto, el General Villacampa aprovechó la marcha de Suchet para atacar Teruel el 7 de marzo. La respuesta francesa consistió en el envío de fuerzas desde Zaragoza hasta el Jiloca y el despliegue de la División de Montmarie en Daroca.
Aunque Villacampa no logró tomar la capital turolense, sí que batió a los destacamentos franceses desplegados en Caudé y Albentosa, ambos destinados a mantener abiertas las líneas de comunicación galas con retaguardia. En la Venta Malamadera (Caudé) derrotó a una columna gala enviada desde Zaragoza, apresando a 250 soldados, además de incautarse de 2 piezas de artillería de campaña y de 3 cajas de cartuchería.
El 10 de marzo de 1810, Villacampa atacó también a las fuerzas francesas desplegadas en Albentosa. Logró apoderarse de otros 4 cañones y de 260 prisioneros, entre oficiales y tropa. Entre los capturados se incluían 160 soldados polacos del 1º Regimiento de la Legión del Vístula. Estos éxitos de Villacampa destruyeron completamente la línea de comunicaciones del 3º Cuerpo.
Suchet, carente de artillería y de suficientes tropas como para acometer el asedio de Valencia y consciente de la delicada situación en la que se encontraba su retaguardia, decidió emprender el camino hacia Teruel el propio 10 de marzo. Solo el regreso del poderoso 3º Cuerpo de Ejército permitió a los franceses forzar la retirada de Villacampa y restablecer la situación en Teruel.
Una ruta por el escenario de la batalla.
Desde hace varios meses Albentosa dispone de un conjunto de mesas de interpretación dedicadas a la Batalla de Albentosa. Se distribuyen por cuatro de los seis principales escenarios de este enfrentamiento: el campamento napoleónico, el Camino Real de Zaragoza a Valencia, las defensas del puente medieval y el campamento español. Han sido promovidas y financiadas por el Ayuntamiento de Albentosa. En cuanto a los otros dos escenarios restantes, está prevista la instalación de otra mesa de interpretación en el poco conocido Fuerte de San Cristóbal; el Castillo, uno de los principales pivotes defensivos hispanos, ya cuenta con un itinerario temático (El Camino del Castillo Templario), que incluye cuatro miradores (los del Viaducto, Cueva, Peña y Castillo) y ocho mesas de interpretación.
El hilo conductor de estos sistemas expositivos es la organización del sistema defensivo español y los movimientos tácticos de las tropas napoleónicas para tratar de superar estos obstáculos. Una aguerrida historia, en la que desempeñó un importante papel José de La Mar y Cortazar, 17 años antes de ser el primer presidente de la República de Perú.

El Mariscal Suchet. Musée de l’Armée (París).

Detalle del Croquis de Albentosa y sus inmediaciones (A. S. Osorio, 1840). Los números se corresponden con la leyenda del mapa: 1.- Castillo. 2.- Torre de San Cristóbal. 3.- Población. 4.- Río Manzanera [o Albentosa]. 5.- Camino a Sarrión [Camino Real, dirección Zaragoza]. 6.- Camino a Barracas [Camino Real, dirección Valencia]. 7.- Camino a Manzanera. 8.- Molino. 9.- Acequia [y puente].

Retrato de mediados del siglo XIX del General Villacampa.




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