El castillo de Valacloche, puerta de Javalambre

Vista aérea del Castillo (1) y Valacloche (2). Al fondo, se ve Cubla (3).

Publicado en: Verde Teruel, n º 60, Teruel, 2023, pp. 26-31

Javier Ibáñez González & Rubén Sáez Abad

 

Históricamente, el acceso a la parte alta de la Sierra de Javalambre siempre ha sido difícil. En la actualidad, la carretera más utilizada es la que va desde la Autovía Mudéjar (A-23) a la villa de Camarena de la Sierra; sigue un trazado parecido al del antiguo camino de La Puebla de Valverde a Camarena, antaño muy complicado e incierto al tener que ascender y descender el Puerto de la Cruz (1.507 m.s.n.m.).

Pero existía otra vía más cómoda y posiblemente transitada: el antiguo camino de Villel a Camarena, que, pasando por Cascante del Río y Valacloche, unía el valle del Turia con la Sierra de Javalambre. Transformada también en carretera durante el siglo XX, en la actualidad es poco utilizada. Era un recorrido más lógico, que sólo supera la cota de los 1.200 m.s.n.m. en la subida final de la vega al casco urbano de Camarena. No obstante, este camino natural también tenía sus complicaciones; en la Hoz de las Cañadillas, en el límite entre Cascante y Valacloche, el valle se reduce a un paso de poco más de 30 m. de anchura; aunque vuelve a ensancharse en la vega de Valacloche, se estrecha nuevamente a partir de Mas de Navarrete (Camarena de la Sierra), formando una reducida franja que en muchos sectores tenía menos de 10 m. de anchura (hasta que se realizaron los desmontes de la carretera), y que se encuentra rodeada por abruptas laderas que ascienden hasta más de 350 m. de altura. Un angosto y largo pasillo, fácil de controlar en sus extremos, que debía recorrerse para penetrar en el corazón de la Sierra de Javalambre.

Al inicio de los primeros estrechamientos del río Camarena, frente a la Hoz de las Cañadillas, se encuentra el Castillo de Valacloche, auténtico guardián de la puerta de acceso a Javalambre.

 

De asentamiento andalusí a fortaleza señorial de los Fernández de Heredia.

Antes de la construcción del actual Castillo, en este emplazamiento se asentó un antiguo enclave andalusí, del que podrían conservarse algunos restos integrados en la fábrica bajomedieval. En 1180, muy poco después de la conquista aragonesa del territorio, aparece citada la foç de Vallacroch en la delimitación de la carta de población de Villel (1180); esta mención ha servido para especular sobre su pertenencia a la Orden del Temple, pero no hay ninguna prueba al respecto.

Más bien al contrario: todas las referencias documentales vinculan al Castillo de Valacloche con distintas familias de la nobleza laica. En 1270 era propiedad de Petri de Adurio. Y, aunque en 1319 fue apresado por las huestes concejiles de Teruel, fue una situación transitoria, no llegando a integrarse en su Comunidad de Aldeas. Pocos años después, estaba en manos de los Ruiz de Castelblanque, que se emparentaron con los Fernández de Heredia a través de la boda de Toda (hija de Lope Ruiz de Castelblanque), con Blasco Fernández de Heredia, Justicia Mayor de Aragón y hermano del que fue Gran Maestre de la Orden del Hospital.

Los años siguientes son algo confusos, en cuanto a la titularidad de la fortaleza; en 1351 o 1353 (los documentos señalan fechas distintas), Mateo Sánchez Cutanda vendió el lugar y el Castillo a Pedro Garcés de Marcilla, por 13.500 sueldos. Pero, esta venta acabó frustrándose, ya que, en 1354, el propio Mateo Sánchez Cutanda los donó a Juan (II) Fernández de Heredia, el hijo de Blasco y Toda. En 1361, el rey Pedro IV confirmó esta posesión al Heredia, reconociéndole el mero y mixto imperio y toda jurisdicción sobre Valacloche. De esta forma, tanto el lugar de Valacloche como su Castillo, pasaron definitivamente a depender del linaje de los Fernández de Heredia, uno de los más importantes del Reino de Aragón; esta vinculación se mantuvo hasta la abolición de los señoríos en el siglo XIX.

 

Una posición de fácil defensa.

El Castillo de Valacloche se encuentra en la confluencia en el río Camarena de los barrancos de Cubla y los Jarandales, encaramado en un alto espolón. Sus abruptas paredes rocosas ascienden 80 m. por encima del valle, acentuando la potencialidad defensiva del emplazamiento. En el flanco Suroriental, una vaguada separa, a modo de foso natural, la posición de la fortaleza de la extensa loma de la Umbría.

La fortaleza se adapta perfectamente a la configuración topográfica del afloramiento rocoso sobre el que se asienta, formado por calizas triásicas subverticales. Tiene casi 70 m. de largo por entre 7 y 10 m. de ancho, aunque se engrosa en la parte central, alcanzando casi los 25 m. Está articulada en cinco niveles, situados a distintas alturas. La plataforma superior se corresponde con la parte oriental, integrando las torres Este y central; esta última, habitualmente identificada como la “torre del Homenaje”, conserva parte de un arranque de bóveda y sobresale claramente por encima de las restantes estructuras. Unos 7 m. más abajo está la plataforma occidental; en ella destaca el potente torreón Oeste, de planta circular, desde el que se debía controlar, tanto la confluencia de los barrancos en el río, como la propia Hoz de Las Cañadillas; entre esta estructura y la “torre del Homenaje”, discurre un grueso paredón, que delimita esta plataforma por el Norte, y que debió servir de camino de ronda. En la parte central, a los pies de la “torre del homenaje”, hay al menos otros tres niveles o terrazas, que descienden por la ladera Sur, apeando 20 m. por debajo de la plataforma superior; se encuentran mal conservados y la terraza inferior es prácticamente inaccesible.

En el conjunto se detecta la existencia de distintas fases constructivas y de dos posibles ampliaciones. Las estructuras más antiguas están realizadas mediante encofrados de piedra y mortero de cal, técnica que también se utiliza en las terrazas situadas al pie de la “torre del Homenaje”. La mayor parte de la ampliación hacia el Oeste se efectuó mediante una excelente fábrica de mampostería regularizada. Por su parte, la “torre del Homenaje” incorpora una sillería de buena calidad en sus esquinas.

En el año 2019, dentro del proyecto de instalación de un mirador paisajístico, se efectuó un sondeo en la plataforma occidental del Castillo. Se detectaron tres espacios diferenciados y varios horizontes cronológico-funcionales. El horizonte más antiguo comprende la ampliación de esta parte de la fortaleza (posiblemente en fechas muy avanzadas del siglo XIV, perteneciendo ya a los Fernández de Heredia) y su ocupación bajomedieval. A este periodo corresponde lo que parece ser el cubo de un lagar, de planta cuadrada, revestido con yeso. Se encuentra en una estancia, contigua al torreón Oeste. A finales de la Baja Edad Media o durante las primeras décadas de la Edad Moderna, la fortaleza debió caer definitivamente en desuso, iniciándose un prolongado horizonte de abandono, que llevará aparejada la degradación y colapso de parte de las estructuras. Este periodo de olvido se verá interrumpido durante la Guerra Civil, momento en el que se reocupó el emplazamiento, se perforó el lienzo Norte del sector occidental para realizar unas garitas con “troneras” para fusil y, posiblemente, se derribó alguna otra estructura. Tras este efímero episodio, se reinició la etapa de abandono, aunque con una degradación acelerada por las desafortunadas intervenciones realizadas durante el último conflicto bélico.

 

El Mirador del Castillo de Valacloche.

En 2019, el Ayuntamiento instaló el ya mencionado mirador paisajístico, en la parte más alta de la loma de la Umbría. A él se asciende por un camino señalizado, que parte del casco urbano de Valacloche; dicho mirador integra varias mesas de interpretación, desde una de las cuales se tiene una espléndida vista del Castillo.

En la actualidad, la visita al interior del Castillo resulta muy peligrosa, debido al riesgo de desprendimientos y a la existencia de importantes desniveles no protegidos. Por ello, la desaconsejamos totalmente; deberemos conformarnos con ver las imponentes panorámicas exteriores de la fortaleza, aunque siempre desde una razonable distancia; todo ello, a la espera de que en un futuro, que esperamos no muy lejano, se restaure y se le devuelva su pasado esplendor a esta aguerrida fortaleza.

Vista aérea del Castillo desde el Sur.
La fortaleza vista desde la carretera de Cubla a Cascante.
El Castillo de Valacloche se encuentra encaramado en un espolón rocoso.
Plataforma oriental del Castillo, vista desde el mirador recientemente habilitado.
La torre central, o “del Homenaje”, se encuentra seccionada de arriba abajo, percibiéndose el arranque de su bóveda.
La estrecha plataforma occidental está delimitada por un grueso muro y por el torreón Oeste.
Potente murallón que delimita la plataforma occidental, con la torre central o “del Homenaje” al fondo.
Murallón y torre Oeste, en la plataforma occidental.
La torre central o “del Homenaje” emerge por encima de las restantes estructuras.
Restos del torreón Este.
Torreón Oeste, desde el que se debía controlar la Hoz de Las Cañadillas.
Estructuras conservadas en los aterrazamientos inferiores.
Garita abierta durante la Guerra Civil en el murallón Norte de la plataforma occidental, con “aspillera” para fusilería.

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