El Castillo de Singra: la atalaya del Alto Jiloca

El Castillo ocupa la cumbre de un cerro situado sobre el caserío de Singra.

Publicado en: Verde Teruel, n º 60, Teruel, 2023, pp. 38

Javier Ibáñez González & Rubén Sáez Abad

 

En torno a Singra se encuentran un conjunto de elevaciones que resaltan en el ancho y extenso valle del Alto Jiloca. Aunque no alcanzan grandes alturas (no más de 90 m. sobre el curso fluvial), su ubicación en el centro del valle hace de ellas unas posiciones singulares, sin parangón en los primeros 50 km. del río desde su nacimiento. Esta importancia se incrementa, por el hecho de discurrir por este corredor natural la principal vía de comunicación entre el Valle del Ebro y la costa levantina. Por ello, no debe de extrañarnos que, históricamente, estos cerros hayan albergado posiciones defensivas, desde la Edad del Bronce hasta la Guerra Civil. Y que hayan servido de frontera entre distintas entidades políticas (como los términos de las villas de Daroca y Teruel y sus respectivas comunidades de aldeas). E incluso entre estados enfrentados militarmente (el Reino de Aragón y el Califato Almorávide, durante parte del reinado de Alfonso I El Batallador).

El Castillo de Singra se asienta en la cumbre de uno de estos cerros, dominando el caserío. Se trata de un mirador privilegiado, en el que se conservan restos arqueológicos de época andalusí y bajomedieval cristiana, así como escasas evidencias de época ibérica y, tal vez, de ocupaciones anteriores. En 1960, Florentín Andrés y Valero indicaba haber visto en su momento, los restos de “un edificio rectangular de grandes sillares, una cisterna y torreón idéntico a la torre-campanario, todo cercado por una muralla que también cercaba iglesia y torre, y una galería comunicaba todo con el pueblo”, afirmando que el torreón y la muralla habían sido derruidos en tiempos de la última guerra carlista.

Sin embargo, a falta de excavaciones arqueológicas y de las consiguientes labores de restauración, en la actualidad no son muchos los restos visibles en superficie. En la cumbre se conserva un muro, perteneciente a una estructura de cierto porte, realizado con sólida mampostería trabada con mortero de cal. A media ladera también hay restos de algunas estructuras semienterradas. Y en la parte baja se conservan la base de un torreón cuadrado, de unos 4 m. de lado, realizado con mampostería que incluye algunos grandes bloques de piedra, con abundante mortero de cal; esta estructura debía formar parte del recinto perimetral que protegía el enclave.

Muy cerca del Castillo se encuentra la Iglesia de la Purificación. Su robusta torre, con múltiples fases constructivas, tiene una apariencia híbrida, entre campanario y fortaleza. Sin duda, a ello contribuye que se encuentren cerrados todos sus huecos de campana, salvo los del flanco oriental; y el propio hecho de que se trate de una construcción más antigua que el templo barroco anexo. De hecho, algunos autores consideran que esta torre formaba parte del propio Castillo. Pero, sin negar su eventual uso defensivo, se trata de una estructura perfectamente diferenciada e independiente de la fortaleza, y su función habitual debió ser la de campanario.

Muro de la estructura situada en la zona de la cumbre.
Torreón cuadrado del recinto perimetral.
La Iglesia de la Purificación y su peculiar torre-campanario.

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