El castillo de Santa Croche (Albarracín)

El Castillo de Santa Croche, visto desde la carretera que discurre a sus pies.

Publicado en: Verde Teruel, nº 59, Teruel, 2022, pp. 40-44

José F. Casabona, Javier Ibáñez & Rubén Sáez (ARCATUR)

 

El imponente Castillo de Santa Croche aparece ante nuestros ojos al girar una curva, en la serpenteante carretera que va desde Teruel a Albarracín. La fortaleza se encuentra sobre unos altos peñascos, a 40 m. por encima del río Guadalaviar, en una zona en la que el curso fluvial discurre encajado entre profundas hoces.

            Aunque se desconoce su origen, dada su estratégica ubicación, lo más probable es que en este emplazamiento se asentase una fortificación andalusí, que sirviera de defensa avanzada a la madina de Albarracín.

Sabemos qué en 1186, Fernán Ruíz de Azagra, segundo señor de Albarracín, se lo entregó a Lope de Varea, su escudero. De este modo, además de proteger uno de los principales accesos a Albarracín, el castillo se convirtió en el corazón de un pequeño señorío. En 1242 la heredad pasó a la Orden de Santiago, en cuyas manos permaneció hasta 1261, año en el que el maestre de la orden realizó una permuta con la familia Heredia, convirtiéndose éstos en los señores de Santa Croche.

 

Un momento convulso.

Entre 1460-70 tuvo lugar uno de los numerosos episodios armados en los que se vio envuelto el Castillo de Santa Croche. El siglo XV fue un periodo especialmente convulso en Aragón. El Compromiso de Caspe y la llegada al poder de los Trastámara no supuso la paz para el territorio. Tras la victoria de Fernando I, el Reino siguió en un constante estado de inestabilidad. El reinado de Juan II (1458-1479) fue de especial tensión bélica, a causa de los enfrentamientos en Navarra, Castilla y la sublevación catalana. A ellos se le sumaron los choques con su hijo, el Príncipe de Viana. Nobles y localidades tomaron partido y lucharon entre sí. 

Teruel protagonizó muchos de estos enfrentamientos. Una de estas confrontaciones nobiliarias afectó al Castillo de Santa Croche, hasta el punto que tuvo que intervenir la Diputación del Reino. Sus tropas, al mando de Ximeno de Urrea, vizconde de Biota, ocuparon la fortaleza, que pertenecía a Ferrant López de Heredia.

El vizconde, actuando en representación del Reino, nombró alcaide de Santa Croche a Martín Aznar, que con 9 peones debía custodiar el castillo.  Por una carta del 20 de junio de 1470, sabemos que la Diputación del Reino pagaba un salario de 100 sueldos jaqueses al mes al alcaide y de 60 sueldos a cada peón, es decir 640 sueldos jaqueses al mes. Se trataba de una cantidad importante, pero dentro de las posibilidades de la institución.

Poco tiempo después, los diputados alcanzaron un acuerdo con el Heredia. El diputado Johan Gil de Palomar, originario de Mosqueruela, fue el encargado de recibir el castillo para devolvérselo a su señor. En este momento, el alcaide se negó a entregarlo argumentando que el vizconde de Biota le había ofrecido no 100, sino 200 sueldos de salario, y que aún se le debían varias mensualidades, así como los gastos efectuados durante la custodia del castillo. También exigió ser absuelto de cualquier responsabilidad por razón de sus actos, además del propio juramento de homenaje.

Los diputados aceptaron pagar el sueldo, para lo cual hubo de recurrir a los fondos del recaudador de Teruel y a las rentas de las Barracas de la Jaquesa (Albentosa), la principal aduana del sur del Reino.

Sin embargo, no aceptaron las reclamaciones económicas adicionales; y decidieron diffinir lo que se ha comido, e gastado e malmetido, ya que Heredia señalaba que se habían gastado muchas cosas del castillo y de sus rentas (como los herbajes). Más aún, existía un inventario realizado en el momento de la toma del castillo por el vizconde, que no coincidía con el realizado por el alcaide; por lo que se le acusó a este último de un importante fraude en el armamento del castillo, lo que nos permite asegurar que éste se encontraba bien artillado; literalmente se dice:

… algunas armas e tiros de polvora que eran del castiello, sanas e buenas se le hallan levado, e en lugar de aquellas se hayan puesto malas e crebadas” (21 de agosto de 1470).

Finalmente, el alcaide entregó el castillo al Diputado Gil de Palomar, quedando a cargo de un “portero” y 6 peones. Sin embargo, ante las citadas carencias, la esposa de Ferrant Lopez de Heredia, encargada de la recepción del castillo, se negó a recibirlo si las cosas no estaban en orden. De todo ello se dio parte al rey y al arzobispo de Zaragoza. Al final, el conflicto se solucionó, y la fortaleza retornó a manos de los Heredia

En el fogaje de 1495, el castillo tenía tres fuegos: Johan de Heredia (alcaide), la viuda de Mahoma Musaire y Brayem Farag; todo indica que se habría recuperado la normalidad.

En 1518 por vínculos matrimoniales el castillo pasó a ser propiedad del poderoso Pedro Torrero. En el siglo XVIII, al no tener descendencia directa la familia Heredia, terminó en manos del conde de Priego. El mismo caso le sucedió al conde de Priego, que murió sin descendencia legítima en el año 1783. En 1853, tras fallecer el dueño de la fortaleza, el duque de Canzano, la baronía de Santa Croche se desmembró, siendo adquiridas sus tierras por la familia de Julián de Ródenas.

 

La fortaleza.

El castillo, emplazado sobre peñascos, ofrece una magnífica silueta.  Su planta es irregular, de aproximadamente 40 por 22 metros, al adaptarse a una complicada orografía. Está construido en mampostería regularizada, trabada con morteros de cal o de yeso. Mayor calidad presentan los vanos, esquinas y elementos singulares (caso de las troneras para los cañones), que están realizados con sillería de piedra rodeno.

Cuenta con varios recintos defensivos diferenciados y escalonados.  El muro mejor conservado es el que mira hacia el Este y que presenta un remate almenado, cuyo interior está recorrido por un adarve.

Dentro del conjunto destaca la torre del homenaje, de planta rectangular y de aproximadamente 9 por 5 metros, que se localiza en la esquina Nororiental. En ella se conservan restos de estancias; entre ellos, el arranque de una que podría estar cubierta con bóveda de medio cañón.

El acceso al castillo se efectuaba a través de una puerta con arco rebajado compuesto por sillares de piedra rodeno. Éste se encuentra protegido por un semitorreón circular de gran tamaño, de 9 por 5 metros, y que presenta troneras enmarcadas en sillares de piedra rodeno. Su función sería la defensa de la puerta de acceso al castillo que se sitúa justo a sus pies. Es, precisamente, ese sector en el que se concentran las troneras para la disposición de piezas de artillería, al constituir el punto más vulnerable de todo el recinto. Sin duda, en la construcción de esta parte del edificio ya se había previsto el uso de la artillería de pólvora como parte fundamental de la defensa. 

En la actualidad, la fortaleza se encuentra pendiente de una restauración, que le devuelva parte de su pasado esplendor; y que permita su visita en adecuadas condiciones de seguridad.

Vista interior de la antigua puerta de acceso al castillo, flanqueada por una poderosa torre circular.
Vista exterior de la puerta flanqueada por un lienzo de muralla que le proporciona protección.
El lienzo Este que conserva parcialmente el remate de almenas.
Flanco Sur del castillo, donde más patente resulta la erosión.
Aspillera.
Acceso al castillo presidido por la torre circular dotada de troneras para el uso de piezas de artillería.
El castillo, visto desde el entorno del Molino de Santa Croche.
El castillo se adapta perfectamente a la orografía del peñasco sobre el que se encuentra situado.

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