El Castillo de Celadas CDA

Castillo de Celadas en la actualidad.

Publicado en: Castillos de Aragón, n º 44, Zaragoza, 2022, pp. 5-12

Javier Ibáñez González, Rubén Sáez Abad & José F. Casabona Sebastián

 

Celadas se sitúa en la parte meridional de la Sierra de Palomera, en una suave depresión recorrida por la Rambla de la Cueva, tributaria derecha de la cabecera del río Jiloca. Ocupa una amplia loma, en cuya parte más alta se localiza el Castillo (1.122 m.s.n.m.), resaltando escasamente por encima del caserío.

El hecho de que este edificio nunca dejara de estar en uso, sumado a su calidad arquitectónica y a que no se vio involucrado en los conflictos bélicos que asolaron la provincia de Teruel durante el siglo XIX (aunque sí en la Guerra Civil, con desperfectos limitados), han favorecido el buen estado de conservación general de la estructura.

Celadas, entre las órdenes militares y la Comunidad de Aldeas de Teruel.

En los años 70 del siglo XII, tras medio siglo de inestabilidad, las tierras situadas entre los valles de los ríos Alfambra y Jiloca se encontraban casi deshabitadas. La mayor parte de los pobladores hispanomusulmanes las había abandonado debido al imparable avance aragonés protagonizado por el rey Alfonso I, tras vencer en la Batalla de Cutanda (1120). Aunque la muerte de este monarca (1134) supuso un retroceso sustancial de las fronteras del Reino de Aragón, el Califato Almorávide colapsó apenas una década después. Hacia 1147, este territorio quedó integrado en la Taifa de Valencia, regida por Muhámmad ibn Mardanís, conocido como el “Rey Lobo” por los cristianos. Pero ibn Mardanís, acosado por múltiples frentes, no pudo evitar el paulatino avance aragonés por las deshabitadas y poco protegidas tierras turolenses.

El territorio en el que se encuentra Celadas debió ser conquistado por los aragoneses hacia 1169. Tras la muerte de ibn Mardanís (1171), la Taifa de Valencia cayó en manos del Califato Almohade, lo que alteró el tablero geopolítico. Alfonso II de Aragón tuvo que reforzar con premura el flanco meridional del Reino, expuesto a este poderoso enemigo; y para ello recurrió a la formación de una villa de repoblación a la que otorgó un ventajoso Fuero (Teruel, 1177) y a la entrega de territorios a nobles, obispos y órdenes militares, encomendándoles su repoblación y defensa.

Celadas fue cedida por Alfonso II de Aragón a la Orden de Monte Gaudio en 1174, de forma simultánea al Castillo de Alfambra y otras posiciones fronterizas. Pero esta situación debió ser efímera ya que, apenas trece años después, Jerusalén era conquistada por Saladino (1187), lo que obligó a la Orden a trasladar su sede maestral al cercano Castillo de Alfambra. Esta circunstancia favoreció una profunda reforma, acordada con el rey Alfonso II, por la que Monte Gaudio recibió nuevas posesiones en el Sur de Aragón y se fusionó con la Orden del Hospital de San Redentor de la Villa de Teruel (1188). Pero, en este contexto, debió verse forzada a ceder a la Villa de Teruel alguno de los territorios que había recibido en 1174, entre los que se encontraba Celadas, que pasó a quedar integrada en su alfoz y, posteriormente, en su Comunidad de Aldeas.

No obstante, la Orden no se desvinculó totalmente de Celadas, ya que debió mantener bajo su control numerosas propiedades, además de la iglesia parroquial y las importantes rentas asociadas.

Menos de una década después, en un contexto de disensiones internas en el seno de Monte Gaudio, Alfonso II promovió su integración en la Orden del Temple (1196), incluyendo todas sus posesiones en el Reino de Aragón. De esta forma, el Temple pasó a ostentar el patronazgo y los derechos eclesiásticos de Celadas, recibiendo también la “casa de Miota de Celades”, que posiblemente estaba situada en el actual emplazamiento del Castillo.

Algo más de un siglo después, tras la disolución del Temple, estos derechos y posesiones pasaron a la Orden de San Juan de Jerusalén; en esa transición debieron existir maniobras para privarles de la iglesia de Celadas, que acabaron fracasando en 1326, tras la renuncia de Andreas Contioch, rector de Alloza, a todo derecho sobre dicho templo, reconociendo su pertenencia a la Orden de San Juan[1].

Su posesión en manos sanjuanistas está bien documentada durante la Edad Moderna, como lo demuestra el hecho de que en 1729, ante una situación de penuria, el Concejo solicite a la Encomienda de Alfambra (de la que dependía en aquel momento) los granos procedentes de la décima, para emplearlos como sementera y abastecer la panadería[2]. En 1765 hay un nuevo documento de confirmación del derecho que tiene la Orden sobre la décima del trigo candeal, centeno, ordio, espelta, avena y de cualquiera otros panes y frutos y corderos, que se nacen, siembran, cogen y crían en los términos y montes de dicho lugar[3], que se repite en 1779[4].

Las pingües rentas asociadas justifican la renovación y mantenimiento de la iglesia parroquial y, como veremos, de una importante sede y almacén en el municipio: el Castillo.

 

El Castillo de Celadas y la Orden de San Juan.

Pese a que el Castillo de Celadas es uno de los mejor conservados de la Comarca Comunidad de Teruel, las referencias documentales conservadas al mismo son muy limitadas y relativamente tardías. Lo que, en cierta medida, podría explicar la escasa atención de que ha sido objeto hasta la fecha por parte de los investigadores. Y las discrepancias existentes, tanto a nivel cronológico, como de su titularidad.

Cristóbal Guitart no duda en fecharlo en el siglo XV o XVI y asociarlo a algún comendador sanjuanista[5]. Pero Segismundo Ubed (2001, op. cit, pp. 102-105) adelanta sensiblemente su construcción, al considerar que ya existía durante la visita de Pedro IV (julio de 1348), especulando la posibilidad de que estuviera vinculado con Juan López de Celadas[6]. Descartada esta última propuesta, por ser demasiado temprana y discordante con lo que se está construyendo en esas fechas en nuestro territorio, Ibáñez, Casabona y Sáez (2022) consideran que lo más probable es que se construyera en el siglo XV, aunque a falta de más evidencias, resulta razonable ampliar la horquilla a las últimas décadas del siglo XIV y las primeras del XVI; y concuerdan con Guitart en atribuir la construcción y titularidad del edificio a la Orden de San Juan[7].

No contamos con ninguna información documental medieval del edificio, más allá de su hipotética ubicación en el mismo emplazamiento de la “casa de Miota de Celades” referida en 1196. Sin embargo, hay diversas referencias de los siglos XVI y XVIII al Castillo, a las que hay que agregar otras que también parecen corresponder al mismo, aunque no se cite como tal.

La primera mención data de mayo de 1583 y se vincula con la demolición de la iglesia parroquial con vistas a la construcción de un nuevo templo. Para ello, se solicitó al obispo de Teruel la correspondiente autorización para el traslado del Santísimo Sacramento, desde la parroquial a la iglesia del Castillo durante el tiempo que durase la reedificación de la Iglesia Mayor[8]. Ésta es la primera referencia segura al Castillo, que además aporta el dato de que éste contaba con una capilla de suficiente entidad como para desempeñar provisionalmente las funciones de parroquial.

Esta situación se mantuvo hasta diciembre de 1588, momento en el que baxo Su Señoría (Jayme Ximeno, obispo de Teruel) el Smo. Sacramento, que estaba en la iglesia del castillo, acompañado de todo el pueblo y muchos clérigos, para consagrar la nueva parroquial[9]. El uso como parroquial durante un lustro, de una iglesia radicada en un edificio de corte palacial, sin que aparentemente mediase más autorización que la episcopal, resulta más fácil de explicar si dicha construcción estaba en posesión también de los sanjuanistas. El silencio sobre la titularidad del mismo se justifica plenamente si pertenecía a la Orden. Si el Castillo hubiera sido de un tercero, lo más probable es que en las dos referencias se mencionase al titular, especialmente si tenemos en cuenta la repercusión que sobre el uso del edificio debió tener el uso de su capilla durante un tiempo tan prolongado.

En la visita episcopal de Analso de Miranda, realizada en 1721, se indica la existencia de seis ermitas en Celadas, citando en primer lugar la de Ntra Señora del Castillo, que está dentro del Castillo, que tiene el lugar[10]. En 1732, se referencia la existencia de la Capellanía de la Virgen de la Concepción del Castillo, fundada por los difuntos María Tío (fallecida en 1698) y Lucas Fuertes[11]. Estos documentos reflejan la existencia de una ermita en uso, dotada con una capellanía provista por unos particulares que nada tenían que ver con el Castillo, que contaba con cierto grado de devoción popular y estaba integrada en el calendario de culto. Y sin que se mencione en ningún caso la titularidad del edificio. Todas estas circunstancias, sumadas al silencio sobre a quién pertenecía la fortaleza, parecen difíciles de justificar, salvo que estuviera en posesión de los sanjuanistas.

A estas referencias de índole eminentemente religiosa, hay que agregarle otras citas que parecen corresponder al mismo edificio, aunque no aparece expresamente citado como el Castillo. Estas menciones figuran en la documentación asociada a sus hipotéticos titulares, la Orden de San Juan, y se centran en la función general del edificio, perfectamente concordante, como veremos más adelante, con su configuración previa a la restauración de Postguerra. En 1779 se indica que, para conservar el grano y otros fines, la Orden de San Juan tiene en el propio lugar de Celadas una Casa y Arsenal que lindaban con camino que va a Cella y con otro camino con Cerrado del vínculo, con casa de la viuda de Miguel Pobo, con cerrado de Pedro Esteban Gómez y con casa de José Esteban Marco[12]. En 1790, la misma propiedad se menciona como graneros y cerrado a ellos contiguo, lindantes con casas de Pedro Esteban, Pablo Fombuena y corrales de Cristóbal Hernández y Pedro José Guillén, en el camino que va a Cella[13]. Aunque el “camino que va a Cella” (actuales calles Horno y Carracelda) se encuentra a unos 70 m. de distancia del Castillo, hay que tener en cuenta que el edificio estaba dentro de un cerrado, del que pudo formar parte la manzana de casas que actualmente lo separa del antiguo camino.

En un momento no precisado del siglo XIX, el edificio pasó a manos del Ayuntamiento. Esto debió suceder con posterioridad a 1847, como se desprende del hecho de que Pascual Madoz señale que había 229 casas de construcción regular, inclusa la municipal; y que a la vez que indique que se encuentran a un lado de la población restos de fortificaciones moriscas[14], en lo que parece ser una referencia al Castillo.

 

Características del edificio previas a la rehabilitación de Postguerra.

Durante la Guerra Civil, el 88 % de los edificios de Celadas fueron total o parcialmente destruidos[15]. Por suerte, el Castillo fue uno de los menos dañados, tanto por su solidez como porque no debió ser objeto de combates específicos para su control; aun así, tanto la cubierta, como la mayor parte de la primera planta del edificio resultaron destruidos. A raíz de lo cual, fue objeto de significativas obras de rehabilitación, realizadas en 1941-42 por el Servicio Nacional de Regiones Devastadas, con proyecto y dirección de obra de José María Lafuente. Por suerte, de forma previa a esta intervención, se levantó su planta, sección y alzado principal y se realizó alguna fotografía, documentación esencial para el estudio del edificio.

La documentación disponible se centra en la parte del edificio actualmente conservada, prestando muy escasa atención a las estructuras situadas en su parte posterior, que se encontraban casi totalmente arrasadas.

Se trata de una construcción de cuidada sillería[16], con una fachada con cuerpo central de 11,6 m. de longitud (15 varas) y 8,9 m. de altura (11,5 varas), en el que se abre la puerta principal, con arco apuntado al exterior y rebajado al interior[17]. Poseía dos plantas más la bajocubierta[18]. Antes de la rehabilitación ya contaba con dos balcones (con indicios de haber tenido plataforma volada), que originariamente pudieron ser ventanas[19]. También había una segunda puerta en la fachada, adintelada y de clara cronología posterior; se encontraba entre la puerta principal y la torre de la derecha, en la misma posición que, en el lado izquierdo, ocupa una aspillera; dada la marcada simetría de la fachada, cabe suponer que en el emplazamiento de la segunda puerta pudo existir una segunda aspillera.

Al igual que en la actualidad, el cuerpo central estaba flanqueado por sendas torres de planta cuadrada, de 5 m. de lado (6,5 varas), aunque entonces no sobresalían por encima de la fachada, sino que tenían la misma altura que ésta. Sus ventanas rompían la fábrica original; como en el caso de la segunda puerta, algunas de ellas pudieron ser, en origen, aspilleras; ese es el caso de la ventana inferior de la torre Este, que José Mª Lafuente representa en su plano como aspillera, pero que en las fotografías aparece como ventana; otro tanto podría suceder con las ventanas existentes a la altura de la segunda planta, ubicadas en la parte frontal de ambos torreones, como lo demuestra la presencia de sendas aspilleras en los laterales del torreón Oeste, situadas a la misma altura[20].

Originalmente, la parte superior de los muros de ambas torres era plana y estaba a la misma altura que la fachada. La falta de preeminencia de las torres respecto al resto de la fachada podría apuntar a la pretérita existencia de un coronamiento almenado, pero no se ha detectado ninguna evidencia que lo corrobore. Posteriormente, los muros laterales y posteriores de los torreones se recrecieron con lo que parece ser una fábrica de tapial, con el fin de poder disponer sendas cubiertas a una vertiente.

La base del muro meridional de la torre Este contaba con una peculiar hilada de grandes sillares, casi el doble de altos que los del resto de la fábrica, sustentados por otra hilada de piedras más menudas, que podría corresponderse con una reparación de otra hilada inferior de sillares; ambas hiladas sobresalían ligeramente respecto al resto del paramento. Desgraciadamente, quedaron ocultas tras la restauración de Postguerra, lo que nos impide determinar si se trataba de una fábrica anterior.

En la única fotografía previa a la rehabilitación de Postguerra en la que se aprecia el lateral occidental, se observa como éste era sensiblemente más amplio que el actual (que es 8 m. de lado). Desgraciadamente, Lafuente no reflejó en sus planimetrías la prolongación de este muro más allá de la parte rehabilitada, no habiendo llegado hasta nuestros días ningún resto de la misma; en dicha imagen se observa la presencia de una fábrica de mampostería irregular por debajo de la de sillería, en la parte más septentrional de esta fachada, sin que se pueda precisar si se trata de una fase anterior o de una reparación; también se ve una ventana de grandes dimensiones, que parece romper la fábrica de sillería y una importante reparación por debajo de ésta. Como detalle más relevante de la fábrica de sillería, se aprecia la existencia de dos aspilleras, que se identifican con bastante claridad. Por encima de la fase principal hay un recrecimiento en sillería, que permite configurar la cubierta de la parte principal del edificio, a doble vertiente.

No hay ninguna fotografía del lateral oriental, realizada de forma previa a la Postguerra, por lo que la única información disponible es la recogida en las planimetrías de Lafuente. En la parte central del paramento de ambas plantas figuran sendas ventanas de grandes dimensiones, que poseen un alzado considerable, como se desprende de la sección C-D.

En cuando a la parte posterior del edificio, la única imagen existente refleja su complejidad. Se trata de un muro de mampostería, posiblemente encofrada, con restos de diversos revestimientos y de posibles fases constructivas diferenciadas. Se encontraba perforado por múltiples vanos, algunos de ellos cerrados con posterioridad; la presencia de puertas en planta baja y varias ventanas en baja y en primera, evidencian que buena parte, o la totalidad, del espacio posterior carecía de cubierta desde hacía ya tiempo. En la actualidad, aún se conservan restos de un paramento de sillería, otra aspillera suelta en otro paramento y dos basas de columnas góticas, conjunto de restos que requieren un estudio de detalle.

La fábrica original del edificio incorporaba un mínimo de diez aspilleras (incluida la localizada en la parte posterior), todas ellas adinteladas y de dos hiladas de sillar de altura, a las que podrían añadirse otros tres vanos que pudieron abrirse a partir de una aspillera preexistente y las posibles evidencias de otra aspillera en el lateral occidental de la torre Este. Como no podía ser de otra forma, gran parte de las aspilleras estaban destinadas a proteger la fachada principal y la puerta de acceso; pero también estaban presentes en al menos una de las fachadas laterales y en la parte posterior del edificio. La mayor parte de las documentadas desaparecieron durante la rehabilitación de Postguerra[21], habiendo sido reemplazadas por vanos más amplios o por una fábrica renovada de sillares.

Este significativo número de aspilleras, que originalmente pudo ser sensiblemente superior, refleja una indudable preocupación por la defensa del edificio; no en vano, el siglo XV estuvo marcado por conflictos recurrentes en este territorio. Pero, a pesar de dicha prevención, no hay indicios de la existencia de ninguna tronera para artillería de pólvora. Esta tecnología se encuentra documentada en la Ciudad de Teruel a partir de 1411[22]; y en 1443 ya hay referencias a la misma en el Castillo de Alfambra, del que dependía esta fortaleza, con la apreciable cantidad de cuatro bombardas y la presencia de piquetas para tallar los proyectiles[23]. Los ejemplos se multiplican conforme avanza el siglo XV. Aunque esta ausencia no es un dato fiable a nivel cronológico, sí que podría ser un indicio de que el Castillo de Celadas se construyó en un momento previo a la generalización del uso defensivo de la artillería de pólvora.

En cuanto a la configuración interior del edificio, únicamente contamos con los planos de Lafuente. La planta baja estaba dividida mediante muros de carga, de 50 a 70 cm. de anchura, la mayor parte de los cuales se respetaron en la rehabilitación. Dicha distribución era irregular, como si integrara estructuras conservadas de otros edificios anteriores. Este hecho es especialmente patente en la sala del cuadrante noroccidental, de traza irregular y con una puerta de acceso con dos escalones; además, por sus dimensiones (unos 50 m2) y la orientación del eje longitudinal (Este-Oeste), parece el espacio más apto de los existentes para albergar la capilla utilizada como parroquial en 1583-88. En el estrecho zaguán, situado entre la puerta de acceso y la puerta interior a la citada sala, se encontraba la escalera, que comunicaba con la planta superior. Esta última estaba dividida por un tabique central; los gruesos muros interiores de la planta baja se transforman aquí en los tres pilares que sustentaban la cubierta, configuración que se mantiene en la planta bajocubierta.

La presencia de amplios espacios diáfanos en la planta superior y en la parte oriental de la planta baja, pueden relacionarse con una de las funciones principales del edificio desde sus orígenes: la de granero y almacén. Posiblemente fue la que más pervivió a lo largo del tiempo, tal y como hemos indicado al referirnos a las fuentes documentales.

 

Posteriores transformaciones del edificio.

Tal y como hemos indicado anteriormente, durante la Postguerra, el Castillo fue objeto de significativas obras de rehabilitación, a cargo de José María Lafuente. Este arquitecto fue, en gran medida, el responsable de su actual configuración. Adoptó algunas decisiones muy lesivas para el edificio[24], ya fuera para otorgarle una mejor iluminación natural (sustitución de aspilleras por vanos de mayor anchura) o para otorgarle una mayor prestancia y ajustarse a una visión preconcebida sobre su apariencia (recrecimiento de las torres laterales por encima de la parte central de la fachada). Pero debemos tener en cuenta el contexto en el que se realizó la intervención, además del hecho de que el Servicio Nacional de Regiones Devastadas se dedicó sistemáticamente a sustituir edificios, más que a rehabilitarlos. Teniendo en cuenta estas circunstancias, este arquitecto demostró poseer, en la mayoría de las ocasiones, un criterio bastante avanzado, como lo demuestra el esfuerzo realizado en documentarlo antes de la intervención[25]. En las obras se invirtieron un total de 95.165,38 pts.

Con posterioridad a esta rehabilitación general, tenemos constancia de sendas obras, una de ellas centrada en la parte oriental del edificio (2005) y otra destinada a reparar la cubierta (2019).

 

A modo de conclusión.

Pese a no ser los señores temporales de Celadas, la Orden de San Juan construyó en esta localidad, durante el siglo XV, un edificio fortificado de gran calidad arquitectónica, con rasgos que permiten incorporarlo dentro de la tipología de castillo-palacio. Aunque su función representativa resulta evidente, queda fuera de toda duda la existencia de otros usos igualmente importantes. El que más perduró a lo largo del tiempo fue el de almacén de rentas en especie y las consiguientes funciones burocrático-administrativas aparejadas. Pero también se concibió para uso residencial y religioso (capilla); y todo ello sin olvidar su potencialidad defensiva.

Para comprender la presencia de esta interesante construcción, tampoco debemos olvidar que debió reemplazar a la “casa de Miota de Celades” de Monte Gaudio y/o al edificio templario que la sustituyó, y cuyos restos pudieron integrarse en la nueva fábrica y/o estar conservados en su subsuelo.

 

[1] AHN, Órdenes Militares, leg. 140, nº 16. UBED, S. (2001), Celadas y entorno (historia y vida), Celadas.

[2] AHPZ - J/001222/000016.

[3] AHN, Órdenes Militares, leg. 140, nº 53. UBED (2001), op. cit, pp. 201-203.

[4] AHN, Órdenes Militares, leg. 140, nº 64. UBED (2001), op. cit, pp. 203-205.

[5] GUITART, C. (1987), Los castillos turolenses, IET, p. 45; GUITART, C. (1988) Castillos de Aragón, vol. 3, Mira, Zaragoza, p. 189.

[6] Asocia su edificación a una noticia, según la cual a Juan López de Celadas se le concedió un privilegio real (de carácter indeterminado) en 1330 (UBED, 2001, op. cit., pp. 104-105)

[7] Aunque desde finales de los años 80 del siglo XII Celadas estaba incorporada al alfoz de Teruel, hay que desechar la vinculación del Castillo con el Concejo de esta Villa, que centró sus esfuerzos defensivos en la construcción de sus murallas y en el mantenimiento de alguna otra posición defensiva de gran importancia estratégica dentro de su territorio. Tampoco fue erigido por el Concejo de Celadas: las aldeas de la Comunidad de Teruel ya tenían bastante con el obligado pago de gran parte de los gastos de mantenimiento de la muralla turolense y, cuando fue posible, con la construcción de un recinto propio que defendiera la población. El otro gran poder presente en Celadas fueron las sucesivas órdenes militares que, como ya hemos indicado, se mantuvieron como patronos de la iglesia y titulares de importantes rentas; en el periodo propuesto para la construcción del edificio, era la Orden de San Juan la que ostentaba los citados derechos. IBÁÑEZ, J., CASABONA, J. F. & SÁEZ, R. (2017), Guía de los castillos de las órdenes militares en Aragón, Qualcina y Arcatur, Teruel. IBÁÑEZ, J., CASABONA, J. F. & SÁEZ, R. (2022), “El Castillo de Celadas y la Orden de San Juan”, III Jornadas sobre el Territorio de Monte Gaudio, Arcatur y Qualcina, Orrios & Escorihuela, pp. 20-26.

[8] APCe, Cinco Libros, 1577-1635. UBED (2001), op. cit, pp. 139-140.

[9] APCe, Cinco Libros, 1577-1635. UBED (2001), op. cit, pp. 140-142.

[10] ADT, Apuntamiento de Analso de Miranda. UBED (2001), op. cit, pp. 144-146.

[11]UBED (2001), op. cit, pp. 169-170.

[12]AHN, Órdenes Militares, leg. 140 nº 53. UBED (2001), op. cit, pp. 203-205.

[13]AHN, Órdenes Militares, leg. 140 nº 53. UBED (2001), op. cit, pp. 203.

[14] MADOZ, P. (1847), Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus `posesiones de ultramar, tomo VI, Madrid, p. 295

[15] De los 645 edificios censados (entre casas, pajares, parideras, etc.), 368 estaban totalmente destruidos y 180 presentaban daños superiores al 50 %. Solo 97 estaban poco afectados.

[16] La anchura de sus muros es de 1,05 cm. de espesor en planta baja (4 pies) y 0,52 m. en la superior (2 pies).

[17] La portada actual se encuentra totalmente rehecha; el arco exterior es similar al original, aunque con un dovelaje distinto y, posiblemente, ligeramente más ancho (2 m. en la fábrica original, 2,3 m. en la actual); nada podemos decir del arco rebajado interior, igualmente rehecho, al no disponerse de más información que la planta elaborada por José Mª Lafuente, en la que aparece interiormente un vano más amplio (unos 3 m.).

[18] La planta inferior de 4 m. de altura (aprox. 5 varas y 1 pie); la superior, que descansaba su forjado sobre el escalonamiento del muro, era de 3,70 m.; mientras que la altura de la bajocubierta oscilaba entre 0,8 y 2,6 m

[19] En torno a 1,20 m. de anchura, equivalentes a poco más de 1,5 varas.

[20] Una de ellas visible en la fotografía antigua (lateral occidental) y otra parcialmente conservada en la fábrica actual (lateral oriental). En el lateral occidental de la torre Este también se intuía la presencia de otra aspillera, a la misma altura; pero actualmente se encuentra enmascarada por los rejuntados. De existir otra en el lateral oriental de dicha torre, ésta desaparecería al abrirse con posterioridad una ventana.

[21] Tan sólo se conservan dos: una en el lateral oriental de la torre Oeste, en la primera planta; y la segunda en la parte posterior del edificio.

[22] IBÁÑEZ, J. et al., 20220, La muralla de Teruel, ARCATUR & Qualcina, Teruel. CASABONA, J. F., IBÁÑEZ, J. & SÁEZ, R., 2022. “Arqueología y fuentes documentales. Los orígenes de la artillería de pólvora y de las torres artilleras en Teruel”. IV Congreso de Arqueología y Patrimonio Aragonés, pp. 419-430.

[23] CASABONA, J. F. (2018), “El Castillo de Alfambra a partir de las fuentes documentales”, I Jornadas sobre el Castillo de Alfambra y la Orden de Monte Gaudio, Arcatur & Qualcina, Teruel, pp. 15-22.

[24] Alguna no llegó a efectuarse, como la tardía propuesta de colocar un reloj en una especie de pequeña espadaña o saliente situado en la parte superior de la fachada.

[25] José María Lafuente Villalba (nacido en 1908), se tituló en 1935 y su primera obra documentada fue un edificio de viviendas en Calatayud (1936), donde ejerció de arquitecto municipal. Tras la Guerra, trabajó en Regiones Devastadas, con obras tan destacadas como la urbanización de la Plaza de San Juan, el Palacio de Justicia de Teruel, la reconstrucción del Ayuntamiento de Teruel, el actual colegio Pierres Vedel (antiguo Juan Espinal) de Teruel, la antigua escalinata y pérgola de la Glorieta, varias fases en el Seminario Conciliar de Teruel y de la Diputación Provincial de Teruel. También intervino en alguna reforma en las Escuelas Graduadas de Teruel (actual Archivo) y diversas obras en Perales de Alfambra. Todas estas obras se desarrollaron entre 1940 y 1955. En el caso de Celadas, construyó la vivienda del secretario y el alguacil (contigua al Castillo, ocupando parte de su emplazamiento), las escuelas, las viviendas de los maestros, un conjunto de seis casas para labradores y fue el responsable de la rehabilitación de buena parte de los edificios dañados durante la Guerra Civil. Vid., entre otros, VERÓN, J. (2001), Arquitectos en Aragón. Diccionario histórico, vol. III, Zaragoza, p. 246.

Fachada principal en 1940, de forma previa a las obras de rehabilitación (Foto Miñana, AHPTE - RRDDTF/00113). Nº 1 a 4: Aspilleras visibles (situadas por encima de los números); las nº 1 y 2 aparecen representadas en el plano de Lafuente; la nº 3 y 4 no aparecen en dicho plano, porque ya debían estar tapiadas; la nº 4 es fácil de identificar actualmente.
Fachadas principal y lateral occidental en 1941 (AHPTE - RRDDTF/00111). Nº 1 a 6: Aspilleras visibles (situadas por encima de los números); las nº 1, 2 y 3 aparecen representada en el plano de Lafuente; la nº 4, 5 y 6 no aparecen en dicho plano, porque ya debían estar tapiadas.
Fachada posterior del Castillo en 1942, de forma previa a las obras de rehabilitación (Archivo Histórico Provincial de Teruel, ES/AHPTE - RRDDTF/00112).
Plano de la planta baja antes de la rehabilitación, realizado por José Mª Lafuente en febrero de 1941, modificado (ES/AHPTE - RRDDT/Carp. 230/12612). A.- Aspillera documentada antes de la rehabilitación de Postguerra y reflejadas en el plano de Lafuente; B.- Aspilleras documentadas fotográficamente, pero no reflejadas en el plano de Lafuente; C.- Posible aspillera desaparecida antes de la restauración de postguerra. D.- Zaguán; E.- Sala Noroccidental.
Plano de la planta superior antes de la rehabilitación, realizado por José Mª Lafuente en febrero de 1941 (ES/AHPTE - RRDDT/Carp. 230/12612). B.- Aspilleras documentadas fotográficamente, pero no reflejadas en el plano de Lafuente; C.- Posibles aspilleras desaparecidas antes de la restauración de postguerra.
Plano de cubiertas antes de la rehabilitación, realizado por José Mª Lafuente en 1941 (ES/AHPTE - RRDDT/Carp. 230/12617).
Alzado de la fachada principal antes de la rehabilitación, realizado por José Mª Lafuente en 1941 (ES/AHPTE - RRDDT/Carp. 230/12614).
Sección longitudinal A-B (vid. fig. 4) antes de la rehabilitación, realizada por José Mª Lafuente en febrero de 1941 (ES/AHPTE - RRDDT/Carp. 230/12614). Dada la considerable altura de las plantas, había una pequeña estancia en el rellano de la escalera, que no queda reflejada en ninguna planimetría.
Sección transversal C-D (vid. fig. 4) antes de la rehabilitación, realizada por José Mª Lafuente en febrero de 1941 (ES/AHPTE - RRDDT/Carp. 230/12614). Por encima de la planta superior había una “falsa” o planta bajo cubiertas, de la que no se dispone de ninguna planimetría.
Fachada principal en 1941, tras las obras de rehabilitación (Foto Diego de Quiroga y Losada, ES/AHPTE - RRDDTF/00114). Las diferencias de color de la pátina de la piedra permiten diferenciar las modificaciones realizadas.
El reloj que nunca se instaló. José Mª Lafuente llegó a proyectar, en 1945, una espadaña que debía presidir la fachada principal del edificio, en la que se instalaría un reloj, que nunca llegó a ejecutarse (ES/AHPTE - RRDDT/Carp. 230/12621).

0 Comentarios

Enviar un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *