
El Castillo se asienta sobre un espolón rocoso que se adentra en el foso natural del valle del río Albentosa (fotografía: Archivo Qualcina / Pedro Julve).
Publicado en: Verde Teruel, n º 54, Teruel, pp. 52-57
Javier Ibáñez González & Rubén Sáez Abad
Situado en lo alto de un espolón rocoso, el Castillo de Albentosa ocupa una magnífica posición, desde la que se controla el valle del río Albentosa, foso natural de 1,5 km. de anchura y 100 m. de profundidad que obstaculiza el tradicional camino que une la costa levantina con el valle del Ebro. Esta estratégica posición explica su casi continuada ocupación durante los últimos dos mil quinientos años; y que haya sido escenario de todos los conflictos bélicos que han asolado este territorio, desde la Reconquista hasta la Guerra Civil.
Escenario bélico.
En su subsuelo se conservan restos de un antiguo poblado ibérico, que prolongó su existencia en época altoimperial romana. También de un disputado hisn o castillo rural andalusí, ocupado y perdido en sucesivas ocasiones por los aragoneses durante los años 80 del siglo XII. La posición fue definitivamente conquistada en 1195, quedando en manos de la Orden Militar del Temple, a la que ya se le había entregado en los años 1182-1187.
Buena parte de las estructuras visibles pertenecen a la fortaleza construida por los monjes guerreros, como avanzadilla cristiana en el camino hacia el Levante. Tras la conquista del Reino de Valencia, éstos decidieron permutar el señorío por distintas posesiones en Levante, aunque manteniendo el control sobre la iglesia parroquial y sus derechos asociados. De esta forma, el Castillo pasó a manos del poderoso Jimeno Pérez de Arenós (1251). Pero, al situarse dentro del territorio foral de la villa de Teruel, se inició una agria disputa con ésta, cuyo punto culminante fue su ocupación, manu militari, por los turolenses, que acabaron ganando el pleito (1271).
La posición debió ser ocupada por los castellanos durante la Guerra de los Dos Pedros. En los convulsos años 60 del siglo XV, marcados por disputas dinásticas, el Castillo fue atacado en varias ocasiones. En 1464, Juan Gil Fernández de Heredia, señor de Mora, lo recuperó y entregó al Concejo de Teruel, que instaló una guarnición permanente hasta, al menos, 1477.
Tras algo más de dos siglos de relativa calma, la fortaleza volvió a ser escenario bélico durante la Guerra de Sucesión. Aunque los primeros años de este conflicto las noticias son escasas (muerte de un centinela del Regimiento de Dragones del marqués de Boubil en junio de 1708 y de un recluta en marzo de 1711), los enfrentamientos aumentaron de intensidad en la primavera de 1711. Culminaron con la ejecución de 21 personas por los migueletes en las cercanas Casas de la Jaquesa en mayo de ese año.
Un siglo después, el viejo Castillo fue nuevamente objeto de fuertes enfrentamientos bélicos, asociados en este caso a la Guerra de Independencia. En marzo de 1810, tropas españolas se enfrentaron con el poderoso ejército napoleónico en tres ocasiones en las inmediaciones de Albentosa. El Castillo fue escenario de buena parte de estas refriegas. La fortificación siguió cumpliendo su papel militar durante las sangrientas Guerras Carlistas, momento en el que se acometió una importante reforma de la fortaleza.
En el año 1855, el vetusto Castillo fue también testigo de otra cruenta batalla: la librada contra la bacteria Vibrio cholerae, causante del cólera. Los 104 fallecidos por la epidemia en Albentosa (1 de cada 9 habitantes) fueron enterrados en el Castillo, que pasó a desempeñar funciones cementeriales. Pero durante el siglo XX tampoco se libró de los episodios bélicos, como lo demuestra la red de trincheras excavadas durante la Guerra Civil.
Transformación de un castillo templario en un fuerte isabelino.
La vieja fortaleza templaria es un recinto de planta ligeramente romboidal, de 39 x 41 m. de lado (1.500 m2 de superficie), con una torre en cada una de sus esquinas, orientadas a los cuatro puntos cardinales. La torre meridional es circular y de reducidas dimensiones; la oriental y la occidental debían ser de planta poligonal. La torre septentrional, descubierta en las excavaciones arqueológicas de 2009, es de planta cuadrada, maciza y de mayores dimensiones que el resto. Protegía la puerta de acceso al Castillo, abierta en el lateral Noroccidental. A los pies de los muros del flanco septentrional, como refuerzo de las defensas, se conservan los restos de un antiguo foso, de cronología no precisada.
En 1839, en plena Primera Guerra Carlista, los liberales plantearon una importante reforma, de la que se conservan dos planos, realizados con tan sólo dos semanas de diferencia: el Proyecto de las obras para el Castillo de Alventosa, (28-11-1839) y el Plano del Castillo de Alventosa (12-12-1839). Este segundo, firmado por A. S. Osorio, es el más detallado, diferenciando "lo ejecutado hasta la fecha" (básicamente, edificaciones medievales), de las obras "que faltan por ejecutar"; de estas últimas, parte eran recrecimientos de estructuras preexistentes y otras de nueva factura.
La fortificación resultante de la reforma poseía un doble recinto. El interior ocupaba el cuadrante meridional, en torno a una gran torre adosada a la torre circular (“garitón”), con almacén para víveres en planta baja, habitación para tropa en la primera y habitación para oficiales en la planta segunda. El recinto también constaba de un pequeño patio, tres torres poligonales (en una de las cuales se abría la puerta de acceso), las cocinas y un edificio adosado para los soldados (“cuadra para la tropa”).
Los otros tres cuadrantes restantes estaban protegidos por el recinto exterior; en él estaba integrada la torre septentrional “que defiende la población”, que contaba con polvorín y habitación para la tropa. Este espacio albergaba el horno, los “comunes” y un edificio empleado como “cuadra para caballerías” con “cuartos para cebada y paja”. Todo el conjunto estaba protegido por abundantes aspilleras y alguna tronera.
Las diferencias entre el plano de Osorio y el Proyecto realizado unos días antes, consistían en algunas de las obras que estaba previsto ejecutar, así como en la ubicación de algunas de las construcciones, como el horno.
La visita al Castillo.
La visita al Castillo, que conserva buena parte de las estructuras perimetrales y las trincheras, es libre y gratuita. Está articulada por el “Camino del Castillo templario, red de senderos culturales”, dotado de paneles y mesas de interpretación, que parte de la puerta de la iglesia y que asciende por el Vía Crucis hasta el Mirador del Castillo, dedicado a la fortaleza y a la “aldea perdida”. Del camino también parten cuatro pequeñas sendas, que acaban en un mirador. El Mirador de la Rocha, con excelentes vistas a la fachada meridional del Castillo, está dedicado a la larga historia de la fortaleza y a los acontecimientos bélicos en los que se ha visto envuelta. El Mirador de las Peñas, que ofrece panorámicas del entorno, se centra en al pasado templario del enclave. El Mirador de la Cueva, contiguo a las trincheras y a la cavidad que le da nombre, está dedicado a la Guerra Civil y a las leyendas existentes en torno al Castillo. Y, por último, el Mirador del Viaducto, situado sobre un gran puente del Ferrocarril Minero, cuenta con una mesa de interpretación dedicada a Albentosa, como nudo de comunicaciones. El recorrido cuenta con dos puntos habilitados para el descanso.

A los pies del Castillo se sitúa el Puente de Albentosa, que durante siglos fue clave en las comunicaciones entre Valencia y Zaragoza (fotografía: Archivo Qualcina / Pedro Julve).

En origen, la aldea de Albentosa se situaba más próxima al Castillo, en la zona del Calvario.

El Castillo visto desde el Este.

Torre meridional del Castillo de Albentosa.

Mirador de la Peña, con el panel dedicado a Albentosa y los templarios.

Detalle del Plano del Castillo de Alventosa de Osorio (1839).

Sección de la torre meridional y la torre interior adosada, del Plano de Osorio (1839): almacén de víveres (1), habitación para la tropa (2) y habitación para oficiales (3).

Sección de la torre septentrional, del Plano de Osorio (1839), en el que se ve el polvorín (4) y la habitación para la tropa (5).




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