Cutanda, Paisaje y Patrimonio

La Cañada Mayor, con las lomas de arcillas al fondo y las de yesos y calizas en primer plano. A la izquierda, detrás del Cabezo Gordo, asoma el casco urbano de Cutanda.

Publicado en: Verde Teruel, n º 51, Teruel, 2020, pp. 51-61

Javier Ibáñez González & Rubén Sáez Abad
Fotografías: Pedro Julve (Archivo Qualcina), Tamara López & los Autores

 

Diversidad paisajística.

Situado a caballo entre el valle del río Pancrudo y un conjunto de pequeñas sierras y muelas que compartimentan el territorio, en paisaje de Cutanda es más rico y variado de lo que podría esperarse.

Posiblemente, el paisaje más característico y conocido es el de los amplios campos de labor de secano que rodean el pueblo y que se extienden, sin solución de continuidad, hasta Barrachina; sus colores son cambiantes a lo largo del año, en función del ciclo del cereal, con una eterna transición del naranja al verde y después al amarillo, para retornar al naranja. Unas extensas lomas cubiertas de matorral delimitan ese espacio; las situadas al Norte tienen tonos rojizos y anaranjados y están formadas por arcillas y conglomerados; las del Sur, blanquecinas y grisáceas, están constituidas por yesos y calizas. La escasa cubierta vegetal de las lomas obedece a una secular deforestación y aprovechamiento para pastos. El toque de verdor y frescor en todo este espacio, lo aporta el barranco de la Cerradilla, antaño ocupado por infinidad de pequeñas huertas y hoy en día, cada vez más, por vegetación de ribera. Y junto al Castillo, sorprende la presencia de un abrupto y alto tormo, tallado en conglomerados.

El paisaje cambia sensiblemente si nos dirigimos hacia el Sur, hasta la estrecha pero fértil vega del Pancrudo, aún en explotación. Debido al encajamiento del curso fluvial, lo que en el entorno del pueblo son suaves lomas, aquí se convierten en pequeñas sierras, seccionadas por encajados barrancos y por alguna cañada algo más amplia.

El antiguo término se prolonga aún más hacia el Sur, por Los Villares, Monte Cervera y Cabezo de Fuente Estud; se trata de un espacio topográficamente complejo, en el que se alterna algún pequeño fondo de valle cultivado, con abruptas laderas y cumbres aplanadas yesíferas, con pequeñas depresiones generadas por la disolución de la roca y ocupadas por campos. En algunos puntos, las carrascas y las sabinas van ganando terreno al matorral, anunciando la futura recuperación de sus antiguos dominios.

El paisaje de la parte septentrional del antiguo término municipal de Cutanda se encuentra marcado por el predominio de las arcillas y el paulatino encajamiento de la rambla del Sabinar y otros cursos menores, conforme se aproximan al barranco de la Cerradilla, en el que desaguan. Aquí también se va espesando paulatinamente el monte, especialmente en la zona de La Lastra y el Sabinar.  

El variado paisaje cutandino refleja a la perfección la secular y compleja relación entre el Hombre y el Medio Natural; y aunque es el fruto de una sucesión de viejos paisajes históricos, es el llamado “paisaje rural tradicional”, creado a partir de la repoblación aragonesa, el que resulta más patente.

 

El Patrimonio Cultural de Cutanda.

Cutanda atesora numerosas evidencias de su complejo pasado histórico. Algunas se vinculan a su etapa andalusí, como el Castillo y el Castillico de Cervera. Este último se sitúa en un pequeño espolón, sobre la vega del río Pancrudo; se trata de una torre de planta rectangular, de grandes dimensiones y de 4 m. de altura conservada, realizada con sillarejo y fábrica encofrada de piedra y mortero de yeso.

En el casco urbano destaca la iglesia de la Asunción, construida en el primer cuarto del siglo XVII. Es un templo de cantería y ladrillo, de tres naves cubiertas con bóveda de cañón, con crucero con cúpula vaída. Su portada está presidida por el escudo del arzobispo Juan de Peralta. A los pies posee una torre de ladrillo, en la que no faltan detalles decorativos mudéjares. Fue incendiada en 1839 por los carlistas, pese a lo cual conserva una interesante dotación litúrgica, entre la que destaca varias cuidadas piezas de orfebrería y el retablo gótico de San Juan Bautista; este último data del siglo XV y está dedicado a la vida y martirio del santo, con un Calvario en su parte superior; en algunas escenas aparecen fortificaciones, que podrían representar al Castillo de Cutanda.

La ermita de San Juan, de la que procede el retablo, se encuentra al pie del Castillo, a la salida de la población hacia Olalla. Se trata de un templo gótico, reformado en el siglo XVII y cubierto parcialmente con bóveda de crucería. Es posible que este edificio fuera la antigua iglesia parroquial de Cutanda.

Otras dos construcciones destacadas del casco urbano son la fuente vieja, del siglo XVI, y la antigua Casa Consistorial; esta última sigue el modelo de las casas concejiles aragonesas de Edad Moderna, aunque los tres arcos de la lonja se encuentran actualmente tabicados.

A medio kilómetro al Norte del pueblo se encuentra la ermita de San Vicente, templo barroco de finales del siglo XVII. Y distribuidos en distintos puntos del antiguo municipio hay un completo repertorio de peirones, recientemente recuperados, dedicados a San Vicente, San Cristóbal (que sustituye al desaparecido de las Ánimas del Purgatorio), San Juan, Santa Bárbara, San Antón y la Virgen del Rosario, además del peirón de la Fuente.

Antigua huerta del barranco de la Cerradilla.
El barranco de la Moratilla desciende desde el entorno del casco urbano de Cutanda (al fondo), hasta la vega del Pancrudo.
Vega del río Pancrudo, entre los antiguos términos de Cutanda y Navarrete. Al fondo, el Monte Cervera y la rambla del Villarejo cerca de la confluencia en el río Pancrudo.
Imagen otoñal en las proximidades de la vega del Pancrudo.
Vista aérea del casco urbano de Cutanda.
El Castillico de Cervera, situado sobre un pequeño espolón en la vega del Pancrudo.
Sobrio campanario de la iglesia de la Asunción, con algunos detalles mudéjares.
Ermita de San Juan, posiblemente la primigenia iglesia parroquial de Cutanda.
Fachada principal de la ermita de San Vicente.

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