
Vista aérea de la esquina Suroccidental: Torre Pentagonal (a), foso (b), baluardillo de Spannocchi (c), construcciones adosadas a la Torre (d) y bastión del siglo XVIII (e).
Publicado en: Castillos de Aragón, nº 40, Zaragoza, 2020, pp. 5-18
José F. Casabona, Javier Ibáñez González & Rubén Sáez Abad
En pleno corazón del Sobrarbe, el Castillo de Aínsa constituye un magnífico ejemplo de la paulatina transformación de una antigua fortificación integrada en el sistema defensivo de repoblación de la villa, en un castillo bajomedieval con singulares torres diseñadas para el uso de artillería de pólvora, para acabar convirtiéndose en una fortaleza aislada de corte renacentista defendida por baluartes artilleros (fig. 1).
El castillo de Aínsa, descrito por un ingeniero militar de finales del siglo XIX.
En noviembre de 1895, Cayetano Fuster, Capitán de Ingenieros, realizó un amplio informe sobre el Castillo de Aínsa, conservado en el Archivo General Militar de Segovia. Su concisa descripción de la fortaleza, resume a la perfección los aspectos esenciales desde el punto de vista defensivo, y sirven de excelente introducción a la misma:
A cierta distancia de la villa (…) se eleva el antiguo castillo de Aínsa ceñido (…) por la cañada afluente del Cinca en su dirección Norte, por el río Ara en la Sur, al Este por la parte de la meseta que la separa de la villa y al Oeste por la continuación de la misma planicie.
Por esto su forma es sensiblemente cuadrilátera, carece de fosos en sus frentes Norte y Sur y poseyéndolos en los otros dos se ha considerado siempre como de ataque el que da a la campaña y como de gola el que mira a la villa (…).
El castillo es una obra de fortificación cerrada y de cuatro frentes: rectos tres de ellos y ligeramente quebrado el cuarto.
El de ataque, que mira al llano de Sobrarbe, es abaluartado con cortina, dos flancos rectos y sin acasamatar y dos caras. Va precedido de un ancho foso, camino cubierto con plaza de armas entrante y un glacis.
La cortina no tiene terraplén y en su capital se levanta un antiguo torreón.
Los medios baluartes son pequeños y para artillería a barbeta. Y en la gola de cada uno de ellos levántanse unos altos torreones de donde arrancan dos grandes lienzos de muralla antiquísima que vienen a construir los flancos del castillo.
Estos lienzos de muralla, más alto el del Norte que el del Sur, son unos muros de mampostería ordinaria que por su gran elevación y a fin de formar banqueta para fusilería se hallan reforzados interiormente por una arcada sobre pilares trasdosada horizontalmente. Una escalera da acceso a la banqueta del Norte y una rampa a la del Sur.
Una capilla hallábase adosada al primero de estos flancos y un pozo existe aún junto al segundo.
Otros dos altos torreones, rematando los flancos, únense por un tercer lienzo de muralla que, iguala los anteriores, con su arcada, su banqueta y su escalera de acceso, constituye el frente de gola del castillo. Precédele un foso estrecho y poco profundo, pero sin camino cubierto ni glacis. En su capital está la puerta de entrada al castillo, defendida por un tambor o rediente aspillerado y dándola acceso un terraplén. Y finalmente unos edificios que debieron ser cuerpos de guarda hallábanse adosados en su cara anterior.
Capitán de Ingenieros Cayetano Fuster (15-11-1895), Informe sobre las propiedades que fueron de Guerra y aplicación que pueden tener en la defensa del Pirineo Central.
El estudio realizado en 2018.
En el año 2018 se realizó un análisis previo de las más de 1.100 unidades estratigráficas (constructivas) presentes en todas las estructuras visibles en superficie en el Castillo de Aínsa, acompañado de un estudio documental en diversos archivos. Estos trabajos, encomendados por la Dirección General de Cultura y Patrimonio (Departamento de Educación, Cultura y Deporte, Gobierno de Aragón), se enmarcan en el Plan Director del Castillo y de las fortificaciones de Aínsa, promovido por el Ayuntamiento de Aínsa y coordinado por D. Javier Peralta y Dña. Luisa Salinas.
El citado análisis nos ha permitido realizar una “deconstrucción” de la fortaleza y establecer sus grandes etapas constructivas, así como caracterizar distintas fases intermedias. La interpretación de los resultados presenta limitaciones, derivadas de la falta de concreción cronológica de buena parte de dichas unidades, que obedece, en gran medida, a la escasez de datos disponibles del registro arqueológico del subsuelo. El desarrollo de futuros trabajos arqueológicos, que comprendan todos los espacios esenciales de la fortaleza, permitirá disponer de mejores criterios para establecer una cronología absoluta de algunas de estas fases y subfases, para las que actualmente sólo se dispone de una datación relativa; y posiblemente permitirá establecer nuevos nexos de relación entre estructuras “alejadas” dentro de la matriz de unidades estratigráficas, permitiendo sustanciales mejoras en la interpretación de los resultados.
LA TORRE PENTAGONAL (SUROCCIDENTAL) Y LOS CONTROVERTIDOS ORÍGENES DEL CASTILLO.
La mayor parte de la historiografía del Castillo de Aínsa coincide en señalar que la conocida como Torre Pentagonal o Suroccidental (figs. 1.d y 2.a), constituye la fase más antigua de la fortaleza. Cristóbal Guitart (1976) dio cuerpo a esta hipótesis, fechando esta estructura en el siglo XII (en relación con la carta de población concedida en 1127 por Alfonso I el Batallador) y señalando su parecido con el Castillo de Luzás. Más allá irán Esteban, Galtier y García (1982), que la datan en torno al 1055 (cronología más acorde con la del Castillo de Luzás), año en el que se consagra la iglesia de San Félix de Aínsa.
Ambas hipótesis tienen en común la extrapolación de los actuales límites occidentales del Castillo a la fortificación originaria, pese a no existir una configuración paleotopográfica diferenciada que lo justifique. Más bien al contrario; la torre no se asienta en un punto resaltado o de fácil defensa, sino en un enclave topográficamente indiferenciado, alejado del estrechamiento que define el espolón sobre el que se asienta la villa de Aínsa, y que coincide con la zona en la que la plataforma del Llano de la Cruz Cubierta empieza a ensancharse y en el que la topografía presenta un paulatino declive hacia la fortaleza, rasgos que le restan capacidad defensiva; especialmente si esta estructura se concibe como una estructura aislada.
En la actualidad, la torre se encuentra rodeada de construcciones de cronología posterior, que dificultan su estudio y que enmascaran algunos de los elementos más significativos. Éste es el caso de una tronera para artillería de pólvora (UE 18.795, fig. 7), que se encuentra perfectamente trabada con la fábrica original del edificio, en la planta baja del muro Noroccidental de la torre. Esta estructura, por sí sola, invalida las dataciones anteriormente propuestas y retrasa inevitablemente su datación al periodo bajomedieval. Las construcciones adosadas también ocultan el talud de sillería existente en la base del muro meridional (UE 18.830), sobre el que se alza la torre, y del que actualmente sólo resultan visibles dos hiladas.
Por otra parte, la situación de la puerta de acceso y la distribución de las aspilleras, indican que la torre no se concibió para estar aislada o rodeada por una muralla, sino para estar integrada dentro de un recinto. En ese sentido, su planta pentagonal y la ubicación de la tronera están en relación con la defensa artillera del flanco occidental, como veremos más adelante.
Propuesta de seriación constructiva.
- Las evidencias más antiguas detectadas.
Las estructuras más antiguas detectadas en el estudio de paramentos se localizan en el flanco oriental del Castillo, cerca del estrechamiento que separa el espolón sobre el que se asienta la villa, del Llano de la Cruz Cubierta. La que parece ser la más antigua de todas es un pequeño lienzo (UE 18.562, figs. 1.i y 3) reaprovechado en una fábrica de finales del siglo XVI; está realizado con sillarejo, lajas retocadas y mampuestos más menudos, con alguna hilada dispuesta en espiga; está trabado con argamasa que parece contener muy escaso mortero; en su extremo septentrional se aprecia el inicio de un giro, roto por las fábricas posteriores. Este lienzo se encuentra perforado por una aspillera (UE 18.563, fig. 3) con derrame al actual paramento extramuros. La integración de esta estructura relicta en el muro actual, de mayor anchura, supuso convertir su paramento intramuros en el extramuros, de forma que lo que actualmente es el límite oriental del Castillo, originalmente se construyó como límite occidental de una fortificación, lo que explica la disposición de la aspillera.
Pero éste no es el único elemento que refleja esa pretérita configuración de las defensas. También en el flanco oriental del Castillo, en el lienzo que une la puerta de acceso de la fortaleza con la Torre Nororiental (fig. 1.h), se detecta la existencia de una fase previa, en la que lo que actualmente es el cierre oriental del Castillo en su momento fue el muro occidental de una fortificación asentada en la explanada contigua. En este caso, esta circunstancia se aprecia en el actual paramento intramuros, que en su momento se correspondía con el extramuros (UEs 18.436-18.441-18.451-18.461-18.471) y en la propia configuración de las aspilleras originales (entre otras, UEs 18.438, 18.935, 18.933, 18.931, 18.443, 18.453, 18.454, 18.462, 18.472, 18.473, 18.474), que presentan su parte más estrecha en dicho paramento (fig. 4) y que en su mayor parte se encuentran cerradas o fueron profundamente remodeladas. Al igual que en el caso anterior, la reutilización de este muro también supuso su engrosamiento, aunque en este caso la fábrica se agregó en el actual paramento extramuros.
Una tercera estructura detectada como perteneciente a la configuración más antigua de la fortaleza, se encuentra en el Torreón Nororiental (fig. 1.g). Se corresponde con los restos de una torre de planta cuadrada, situada en este mismo emplazamiento, pero de dimensiones sensiblemente más reducidas que la actual. El muro septentrional de la misma debió ser utilizado como núcleo interior del muro Norte de la actual torre, engrosándolo, mientras que el muro occidental fue parcialmente utilizado como estructura divisoria interior de la misma, conservándose relativamente bien en la planta baja (UE 18.177), algo peor en la primera planta (UE 18.191) y de forma casi residual en la segunda (UE 18.224). Como en los casos anteriores, se conservan evidencias de saeteras abiertas hacia la parte occidental (UE 18.178). También se conservan diversas evidencias e improntas de vanos en el actual muro oriental de la torre, en la primera planta.
En suma, las estructuras más antiguas conservadas en el actual edificio se encuentran en el flanco oriental y se corresponden con la parte occidental de una fortaleza que se encontraría situada en la explanada que da hacia la villa. Al menos la segunda de las estructuras (UEs 18.436 y otras), se correspondía con una construcción de grandes dimensiones (al menos 30 m. de lado), que contaba con aspilleras situadas a cuatro alturas distintas, lo que permite identificarla como el Castillo y no como un simple lienzo de muralla; en su esquina septentrional contaba con una torre de planta cuadrada (la tercera estructura referida). Lo que actualmente es la plaza de armas del Castillo, sería un espacio extramuros del conjunto.
Más difícil resulta precisar la función del muro UE 18.562, que, aunque tenía una orientación similar a la segunda estructura, no estaba bien alineado con ésta; podría corresponder tanto a una parte del edificio, como a un lienzo de muralla anexo.
Tampoco es posible establecer la cronología concreta de las estructuras, aunque lo más probable es que se vinculen con el castillo plenomedieval asociado al desarrollo de la villa, tras la repoblación de 1127. Desgraciadamente, la instalación de un foso (actualmente relleno y documentado en la intervención arqueológica realizada en 2010 por Mª José Calvo y Julia Justes) y de sucesivas estructuras en la explanada, hacen poco probable la conservación de otras estructuras vinculadas a esa fortaleza.
- La ampliación de las estructuras defensivas hacia el sector occidental.
En un momento no precisado, posiblemente ya de la Baja Edad Media, pero anterior a la generalización de la artillería de pólvora, se produjo una importante ampliación hacia el Oeste de las fortificaciones, que alcanzaron una posición próxima al actual límite occidental del Castillo. Desconocemos si se trató de la agregación de un nuevo recinto, manteniéndose el núcleo principal del Castillo en el emplazamiento descrito en el punto anterior, o de la construcción de una nueva fortaleza en sustitución de la anterior. Tampoco está claro si esta nueva línea de defensas estuvo protegida por un foso de limitadas dimensiones, aunque las deficientes cualidades defensivas del emplazamiento elegido (con la topografía natural en suave descenso hacia las torres), haría más que recomendable su presencia.
En todo caso, se tiene constancia de la construcción de dos nuevas torres de planta cuadrada (una situada en la parte Noroccidental y otra en la Central del flanco Oeste) y del lienzo que las unía. De la Torre Cuadrada Noroccidental (figs. 1.a y 8.a) tan sólo se conserva visible la base (muros UEs 18.344, 18.335, 18.337 y 18.348) y dos aspilleras (UE 18.334 y 18.336), a las que hay que agregar los restos de una tercera (UE 18.347), muy transformada por su reutilización parcial como escalera.
La Torre Central (figs. 1.c y 8.b) era más grande, conservando mucho más alzado, aunque parcialmente oculto por construcciones posteriores por el paramento Oeste. Especial desarrollo mantiene el muro occidental (UEs 19.113, 19.115 y 19.117), del que se conservan tres plantas, con anchura decreciente; el muro meridional (UEs 19.122 y 19.123) se mantiene en las dos plantas inferiores y el septentrional sólo en la esquina de la planta baja (UE 19.124). En la planta baja se abría un apreciable número de aspilleras, tres en el muro Oeste (UE 19.118, 19.119 y 19.120) y otra en la esquina Suroeste (UE 19.121), resaltando su función defensiva; por el contrario, en la primera planta destaca la presencia de una sala con chimenea (UE 19.114) y una alacena (UE 19.116), lo que parece indicar un carácter más residencial y posiblemente noble. Por último, en la planta superior había una ventana (UE 19.113) abierta a lo que actualmente es el foso.
Es lógico suponer la presencia de una tercera torre en la esquina Suroccidental, que cerrase por completo ese frente, aunque, partiendo del supuesto de que la Torre Pentagonal es más tardía (como lo demuestra la incorporación de la tecnología de la pólvora), esta estructura no se ha conseguido identificar. No obstante, al pie de la actual Torre Suroccidental, en la zona de la carretera, se ha detectado la presencia de una posible fábrica de cal y canto (UE 18.827), realizada con grandes bloques de piedra redondeados, que tanto podría estar vinculada con la plataforma sobre la que se alza dicha Torre, como con una construcción anterior.
Asociada a la formación de esta nueva línea defensiva, debió cerrarse el espacio por el flanco septentrional (fig. 1.e), conectando la antigua Torre Nororiental con la Torre cuadrada Noroccidental (lienzo UEs 18.005 y otras), y por el flanco meridional (fig. 1.k), uniendo la Torre Pentagonal con la estructura que pudiera existir en el actual ángulo Suroriental, (lienzo UEs 18.400 y otras), dando forma a lo que actualmente es el Castillo. Para ello se construyeron unas sólidas fábricas, con numerosas aspilleras y que tenía adosados varios edificios y/o estructuras de madera, de los que se conservan numerosos mechinales y alguna ménsula. Para asegurar un rápido acceso al adarve septentrional, se construyeron unas escaleras de las que aún se mantienen las improntas a la altura de los arcos 4 (UEs 18.031 y 18.033), 5 (UE 18.043), 6 (UE 18.054-18.033) y 7 (UE 18.062-18.063), que debían tener un primer y corto tramo perpendicular a la muralla, ascendiendo (quitar) tras lo cual girarían, una al Este y otra al Oeste, ascendiendo por el engrosamiento del muro. Dado el volumen construido que implican los edificios adosados en el flanco septentrional, cabe suponer que su construcción debió llevar aparejada la definitiva desaparición de las estructuras del antiguo castillo situado en la explanada oriental.
En un momento no precisado se construyó en el interior de ese espacio, cerca de la esquina Nororiental, un pequeño templo (fig. 1.f) cubierto con bóveda de cañón, de factura bajomedieval.
- El castillo bajomedieval con artillería de pólvora.
A partir de su edificación, las estructuras del flanco occidental se convirtieron, con diferencia, en la parte más expuesta de todo el conjunto defensivo; lo que justifica que fuera el sector más dinámico desde el punto de vista constructivo, tal y como lo demuestran las sucesivas reformas y ampliaciones acometidas en las décadas y centurias siguientes. Dentro de este proceso de mejora de las posibilidades defensivas del emplazamiento, se circunscribe la instalación de las dos primeras torres diseñadas para el uso de artillería de pólvora.
Se trata de dos torres tipológicamente muy distintas, que no se construyeron de forma simultánea y cuyo diseño se encuentra claramente emparentado con distintos modelos de torres medievales. Aunque el problema que deben resolver es muy parecido (la cobertura con fuego artillero del espacio existente en el flanco occidental), las soluciones a las que llegaron los maestros que las diseñaron fueron muy distintas.
La primera de estas estructuras es la Torre Pentagonal (figs. 1.a y 2.d), a la que ya nos hemos referido en los apartados anteriores. Su peculiar planta ha sido puesta en relación con fortificaciones de la segunda mitad del siglo XI. Pero, en realidad, su saliente en forma de “quilla” trata de dar respuesta a la necesidad de proporcionar un lateral oblicuo y resaltado respecto a los alineamientos de las estructuras existentes en ese flanco, desde el que se pudiera batir un sector del Llano de la Cruz Cubierta próximo a la línea defensiva. Para ello, instalaron en ese lateral de la “quilla” (el Noroccidental), la única tronera de toda la torre (UE 18.795, fig. 7). La ausencia de una tronera en el otro lateral de la “quilla” (el Suroccidental) hay que ponerlo en relación con la escasa efectividad que tendría en ese otro flanco, contiguo a un importante desnivel (la ladera que desciende hasta el río Ara), en el que nada podría hacerse con la artillería del momento.
En último término, la solución aplicada en Aínsa tiene muchos puntos en común con la planteada en 1361 en un documento referido al Castillo de Los Fayos; en él se dibuja la traza de una torre cuadrada girada 45º: torre quadrada, más es menester quel cayro venga en vers la parte don se poria trabucar (ACA, Cancillería, registro 1469 fl. 31r). En este caso, el problema a resolver era distinto, pero la solución tiene muchos puntos en común: generar un flanco expuesto en forma de quilla; adaptación a la topografía que, en el caso de Aínsa, no servía tanto para proteger la torre, como para proporcionar un buen ángulo de tiro.
La solución dada a este problema también tiene muchos puntos en común con la aplicada algo antes de 1422 en el Torreón de la Bombardera de la muralla de Teruel; aunque en este caso lo que se hace es achaflanar las esquinas de una torre rectangular (aunque también se puede plantear que lo que se achaflanó fue la punta de una “quilla” más pronunciada que la de Aínsa); de esta forma, se generaron nuevos planos en los que colocar troneras, cubriendo de este modo todos los ángulos de tiro necesarios.
Todo indica que, en el momento en el que se diseñó la Torre Pentagonal de Aínsa, no existía un foso o éste era de mucha menor entidad que el actual, y que su defensa no dependía de la tronera, sino de las aspilleras distribuidas por las distintas estructuras del flanco occidental. Aunque la tronera se situaba en la planta baja de la torre, ésta se encontraba a la misma cota que el Llano, por encima del interior del foso. Y recordemos que, hasta el sitio español de Gibraltar de 1779-83 (momento en el que se diseñó el “cañón de Koehler”), las piezas artilleras de pólvora no podían disparar por debajo de la horizontal.
La segunda de las estructuras bajomedievales destinadas a albergar artillería de pólvora es la Torre Circular (figs. 1.d y 8.a), construida en la esquina Noroccidental, junto a la antigua torre cuadrada existente en ese emplazamiento. Está formada por un muro perimetral ultrasemicircular (UE 18.366) realizado con fábrica de sillería trabada con mortero de cal. En la planta inferior el muro está perforado por un cuidado conjunto de cinco troneras; hay dos pares de troneras geminadas (UEs 18.367-18.368 y 18.370-18.371, fig. 9), vanos contiguos que comparten un lateral que en el paramento interior recuerda a un parteluz, pero cuya orientación (en función de los abocinamientos) permite un ángulo de tiro bien diferenciado; uno de los pares se orienta hacia el Suroeste y el otro al Nornoroeste. La quinta tronera (UE 18.369) está orientada hacia el flanco Noroccidental de la torre. Un conjunto de siete ménsulas (UEs 18.373 a 18.379) definen el apeo de la siguiente planta de la torre, que carecía de troneras y aspilleras visibles.
A diferencia de la Torre Pentagonal, la base de la Torre Circular se encontraba a una cota parecida a la del foso; este emplazamiento y el hecho de que las troneras se sitúen en la parte más baja, demuestran que esta estructura se construyó con posterioridad a la apertura del foso; y que la función de la artillería de pólvora prevista en la misma era la de defender el foso. La disposición de las troneras se estudió con gran detalle, para cubrir todos los ángulos, batiendo un espacio más cercano que el de la Torre Pentagonal, con piezas más pequeñas, pero con una precisión y una cobertura muy superior.
Por otra parte, la construcción del monumental foso (figs. 1.b, 2.b y 8.c) marcó un antes y un después en la defensa de ese flanco, neutralizando parcialmente la desfavorable topografía en declive hacia las defensas y marcando el límite histórico definitivo del Castillo. Gran parte de todos los esfuerzos defensivos realizados a partir de ese momento, tendrán como principal objetivo garantizar la defensa de dicho foso.
Como vemos, la implantación de la artillería de pólvora en el Castillo de Aínsa supuso el diseño de dos torres muy diferentes, basadas en modelos de clara raigambre medieval. Los resultados son también bien distintos, aunque no se encuentran totalmente determinados por la forma: la turolense Torre de la Bombardera se parece más, morfológicamente, a la Torre Pentagonal que a la Circular; pero su cobertura artillera (que es el objetivo buscado) tiene muchos más puntos en común con la Torre Circular. Y las tres beben de una misma fuente: una reinterpretación de la poliorcética medieval, muy distinta a la renacentista, que eclosionará en la centuria siguiente.
Resulta complicado establecer con precisión la datación absoluta de las dos torres artilleras ainsetanas. La Pentagonal, construida con anterioridad a la apertura del gran foso, parece una solución más simple y arcaizante. A modo de hipótesis de trabajo, planteamos que su construcción pudo realizarse en fechas tempranas del siglo XV. Por el contrario, el Torreón Noroccidental fue edificado en un momento en el que ya se había abierto el gran foso e implica un mayor conocimiento y previsión en los ángulos de tiro, pudiendo datar de un momento avanzado del siglo XV, tal vez de sus últimas décadas.
- Tiburzio Spannocchi y la fortaleza renacentista.
Aunque las soluciones adoptadas en el siglo XV debieron suponer un importante avance en el sistema defensivo del Castillo de Aínsa, en la centuria siguiente quedaron obsoletas, al consolidarse el diseño de un nuevo tipo de estructuras, los bastiones artilleros, más acordes con la defensa y aprovechamiento de la artillería de pólvora. En un contexto de recurrentes tensiones bélicas con la vecina Francia, la presencia de diversas cuadrillas que operaban con bastante impunidad por la zona (la villa de Aínsa llegó a ser capturada por Lupercio de Latrás en 1588) y con la revuelta interna en el Reino de Aragón en defensa de su foralidad, el Castillo de Aínsa, al igual que la mayoría de las más destacadas fortalezas del área pirenaica, fue objeto de una importante reforma a finales del siglo XVI.
Fue en ese momento cuando el actual conjunto defensivo adquirió su actual carta de naturaleza, pudiéndose asegurar ya en esas fechas la completa desaparición del viejo castillo situado en la explanada oriental. La nueva fortaleza, creada en un contexto en el que se podía temer la hostilidad de los habitantes del territorio, se organizó de forma autónoma e independiente del sistema defensivo de la villa, lo que implicaba otro cambio significativo respecto al castillo medieval.
En febrero de 1592 se ordenó empezar a preparar materiales para la refortificación de Aínsa, diseñándose su nueva traza y ordenándose la preparación de una primera dotación económica de 4.000 ducados y la realización de las primeras obras más urgentes. La intervención principal debió iniciarse en el mes de septiembre, bajo la dirección de Tiburzio Spannocchi, desarrollándose a muy buen ritmo. Como era de esperar, buena parte de los esfuerzos se siguieron centrando en el flanco occidental / Llano de la Cruz Cubierta, por su potencial exposición a los ataques artilleros. Las primeras obras se realizaron con gran rapidez: en noviembre ya se habían erigido dos baluardillos (figs. 2.c y 8.e) de 14 pies de altura (unos 3,6 m.) respecto al fondo del foso, que debían sustituir a las dos antiguas torres artilleras. En la esquina Noroccidental se amortizó totalmente la antigua Torre Circular; para asegurar la resistencia de los nuevos muros perimetrales, se macizó la antigua torre y se construyeron unos potentes machones o contrafuertes interiores (UEs 18.314, 18.320, 18.574), algunos de ellos en esquina y escalonados (UE 18.313-18.315-18.423).
La intervención fue distinta en la Torre Pentagonal. Al tratarse de una estructura de gran porte, situada por encima de la rasante del foso, lo que se hizo fue envolver su base, aunque sin amortizarla.
Las obras también se extendieron por el resto de la fortaleza. Se construyó el baluarte llamado de Coscolla, que puede identificarse con la Torre Suroriental (figs. 1.j y 10), orientada hacia Coscojuela de Sobrarbe. A estas estructuras, se le sumó uno de los elementos más característicos del conjunto (figs. 1.e, 1.h y 11): en las dos Cortinas que no tenían andamio se les añadido por de dentro contrafortillos que están a la imposta de los arcos para que sirvan de andamio (Carta de Spannocchi a Felipe II, Jaca 7-11-1592, AGS, Guerra Antigua, leg. 372, f. 24). Se trata del imponente sistema de pilastras y arcos adosados en el paramento intramuros de los flancos septentrional y meridional (y posteriormente también incorporados en el muro oriental), destinados a soportar un ancho adarve, además de conferir mucha más solidez al paramento.
Otra de las intervenciones realizadas en ese periodo fue la detección de agua en el actual patio (allose dentro del Castillo el agua abundantemente, Carta de Spannocchi a Felipe II, Jaca 7-11-1592, AGS, Guerra Antigua, leg. 372), lo que dio origen a la construcción del aljibe actual (fig. 1.l)
Las intervenciones siguieron en los meses siguientes, bajo supervisión del ingeniero sienés. A la plaza se trasladaron 6 piezas artilleras pequeñas procedentes de Jaca (Carta de Hernando de Acosta a Felipe II, Jaca 16-2-1593, AGS, Guerra Antigua, leg. 349, f. 192), planteándose la posibilidad de trasladar más piezas procedentes de Épila.
En septiembre de 1594, Spannocchi informó a Felipe II de un contrato cuyas obras se concentran en el flanco oriental. Se trataba de la construcción del baluarte que se dize de Armenaque, estructura que puede identificarse con la existente en la esquina Nororiental (fig. 1.g), que debía sustituir e integrar los restos aprovechables de la antigua torre medieval. También se realizó un pedaço de Cortina de hazia la Villa que es vieja y delgada y será ochenta pies de largo y con puerta en alto (AGS, Guerra Antigua, leg. 407, f. 117); esto es, se construyó el lienzo occidental (fig. 1.h), reutilizando buena parte de la fábrica antigua (a la que ya nos hemos referido anteriormente), engrosándola y adosando un sistema de contrafuertes y arcos como el de los flancos Septentrional y Meridional; y se abrió una nueva puerta de acceso a la fortaleza. La referencia de que ésta se encontraba “en alto”, indica que en ese momento ya se había excavado el foso que separaba el Castillo de la villa, certificándose la total desaparición de los restos del viejo castillo medieval.
En tan sólo dos años, Spannocchi reconfiguró totalmente la fortaleza, otorgándole en gran medida su apariencia actual, y ocultando o relegando a un segundo plano las viejas fortificaciones artilleras. Aunque en este proceso se reutilizaron todas las obras anteriores que fue posible, el volumen de obra construido en un periodo tan corto fue muy notable.
Las obras no se limitaron a la intervención de Spannocchi. Debieron continuar los años siguientes, aunque a menor ritmo, en la medida en la que las tensiones con Francia continuaban y se precisaba de la existencia de una fortaleza que encabezara la segunda línea defensiva en este sector.
Una de las construcciones de mayor entidad debió ser el potente muro (fig. 12) que unió los bastiones Noroccidental y Suroccidental, situado por delante de la antigua torre central de ese flanco y de las demás estructuras preexistentes. Su base se realizó mediante una peculiar fábrica de sillería ataluzada con chaflanes (UE 19.086), sobre la que se alza otra fábrica de sillería de buena talla (UE 19.086) y sucesivos recrecimientos de sillería menos trabajada (UEs 19.082, 19.067 y 19.066), a los que se adosará un edificio de gran entidad, con aspilleras y ventanas (alguna de apreciable tamaño) abiertas en este paramento.
Esta estructura debió reforzar sustancialmente el frente occidental, pero restó efectividad a los baluartes construidos por Spannocchi, que tan apenas sobresalían del plano definido por dicho muro. Éstos, además, quedaron desdibujados al erigirse sobre ellos nuevas edificaciones de tres o cuatro plantas (fig. 2.d). Sin duda, estas obras incrementaron notablemente la capacidad de la fortaleza como cuartel; pero otorgaron a este flanco una importante componente vertical, haciéndolo más vulnerable frente a potenciales ataques artilleros realizados desde el Llano de la Cruz Cubierta.
En julio de 1620 se documentan nuevas obras, correspondientes al retejado, sustitución de vigas y aleros y otras intervenciones en la Casa del Señor Castellano (los edificios adosados al flanco occidental) y en el Polvorín. También se obró en la torre de San Basilio y en la esquina Suroriental (fig. 1.j) del conjunto.
A mediados del siglo XVII, cuando el marqués de Heliche recoge la traza de esta fortaleza en su Atlas, la posición cuenta con amplios caseríos adosados al flanco occidental y algún edificio menor en el oriental, además de las construcciones asociadas a los cuatro baluartes, la capilla y el aljibe. También refleja los grandes fosos situados al Este y al Oeste de la fortaleza y una posición defensiva externa en la parte septentrional, al otro lado del vallejo de Comas, destinada a reforzar este flanco e impedir que el castillo fuera batido desde una posición situada a similar altura.
- La ampliación de los bastiones occidentales y la decadencia.
La Guerra de Sucesión volvió a otorgar relevancia a esta posición, que fue atacada por el marqués de Saluzzo (21-6-1707), defensor de la causa borbónica. Cinco años después, se inició un nuevo proceso de refortificación, para lo cual se demolieron 30 edificios cercanos a la fortaleza, ampliando la explanada que existía entre ésta y la villa, para facilitar su defensa; también se demolió parte de la muralla de esta última, con el fin de asegurar que la única posición fortificada de Aínsa fuera el Castillo. Posiblemente, en ese mismo contexto se ampliaron los bastiones Noroccidental (figs. 1.a, 14 y 8.f) y Suroccidental (figs. 1.a y 2.e), con el fin de que éstos tuvieran capacidad de batir con mayor efectividad el foso.
Ésta fue la última gran reforma realizada en la fortaleza. A lo largo del siglo XVIII la fortaleza fue perdiendo paulatinamente relevancia. En 1738 se documenta la necesidad de realizar reparaciones en la misma, pero éstas seguramente no llegaron a acometerse. Cuatro años después, la ciudadela fue abandonada.
Durante el convulso siglo XIX la posición volvió a ser reocupada, documentándose la realización de reparaciones de limitada entidad en 1833, 1875 y 1876, asociadas a las Guerras Carlistas. Pero la trascendencia de dichas obras fue muy limitada y no implicó cambios significativos en la configuración de la fortaleza.
En 1879, una vez finalizada la Tercera Guerra Carlista, se planteó la venta del Castillo, pero la subasta quedó desierta. A partir de ese momento, el Castillo pasó a ser utilizado como cantera para materiales constructivos, por parte de los vecinos de Aínsa.
En 1895, el Capitán Fuster, cuya descripción hemos utilizado como introducción a la fortaleza, concluía que las fortificaciones de la villa de Aínsa no pueden desempeñar ningún papel eficaz para la defensa de la zona oriental de los Pirineos Aragoneses. El Castillo de Aínsa, como fortificación militar, estaba definitivamente sentenciada.
Aun así, en 1914 se proyectó su reforma para adaptarlo como cuartel de carabineros y campo de instrucción de tiro. Y, finalmente, durante la Guerra Civil y en la postguerra, el conjunto volvió a ser utilizado efímeramente como cuartel militar, iniciándose el proceso de restauración en los años 80.
La compleja evolución del Castillo de Aínsa.
Pese a la engañosa apariencia de uniformidad y simplicidad, el Castillo de Aínsa es el fruto de una compleja sucesión de fases constructivas, que parten de una fortificación integrada en el sistema defensivo de una villa de realengo, hasta convertirse en un cuartel militar, pasando por un castillo con torres artilleras y una fortificación renacentista.
Este complejo proceso obedece a la importancia de la plaza como cabeza de una segunda línea defensiva frente a Francia, además de por el destacado papel desempeñado por la posición para asegurar el control del Sobrarbe por parte de la Corona. Estas circunstancias explican las sucesivas transformaciones y cambios de diseño para adaptar la posición a las necesidades poliorcéticas de cada momento.
La posición siempre se vio mediatizada por las limitaciones impuestas por la topografía en la que se asienta. El ligero, pero significativo declive del Llano de la Cruz Cubierta hacia sus fortificaciones, obligó, ya en la Baja Edad Media, a concentrar un importante esfuerzo defensivo en el punto en el que dicho Llano se estrecha. Lo que, a largo plazo, convirtió a ese nuevo flanco occidental en la zona de atención preferente, relegando a un segundo plano a las defensas de repoblación que acabaron desapareciendo. Poco subsiste, pues, de ese castillo primigenio, integrado en el recinto de la villa y asentado en la explanada oriental. Tan sólo restos de algunos lienzos, reaprovechados en la fortificación posterior.
El nuevo castillo bajomedieval marcó las líneas maestras de las posteriores fortificaciones, definiendo un amplio espacio delimitado por una alta muralla, pero en el que se concentraban las principales estructuras defensivas en el flanco occidental. En esos momentos aún se debía mantener la estrecha trabazón de la nueva fortaleza con el sistema defensivo de la villa, extendiéndose su caserío hasta las proximidades del Castillo.
En el siglo XV se incorporó la artillería de pólvora para reforzar las defensas del flanco occidental. Esto obligó a la construcción de torres específicamente diseñadas para este fin, que fueron sustituyendo o relegando a un segundo plano a las preexistentes; primero, la Torre Pentagonal, cuya peculiar forma llevó a distintos autores a una errónea datación en los siglos XI-XII. Después, la Torre Circular, mucho mejor adaptada para dicha función. En todo caso, se trata de torres de raigambre medieval, cuyo diseño se adaptó a las nuevas armas durante el siglo XV.
Pero en el periodo que media entre la construcción de ambas torres, se realizó una estructura clave en la nueva defensa de la fortaleza: el profundo foso del flanco occidental. La Torre Pentagonal se diseñó para batir con una pieza artillera una parte del Llano de la Cruz Cubierta situado delante de las defensas. Por el contrario, la Torre Circular se construyó para batir hasta con un total de cinco piezas artilleras, el interior del gran foso; pese a ser aparentemente menos ambicioso el cometido de la segunda torre respecto al de la primera, su efectividad era muy superior, y es el reflejo de una mayor madurez en la aplicación de la artillería de pólvora como arma defensiva, aunque partiendo aún de diseños constructivos medievales.
Las décadas siguientes supusieron cambios radicales en los sistemas de fortificación. Pero habrá que esperar a la última década del siglo XVI para que Tiburzio Spannocchi incorpore los nuevos modelos defensivos en el Castillo de Aínsa. En un nuevo contexto geopolítico, la fortaleza quedó totalmente segregada de las defensas de la villa de Aínsa. La función del Castillo iba más allá de la protección de la villa y el control del territorio frente a un enemigo externo: también estaba pensado para defender a la guarnición allí instalada frente a la potencial hostilidad de los vecinos de la villa.
En un ejercicio de pragmatismo, el ingeniero sienés trató de aprovechar al máximo las estructuras preexistentes: no se construyó una fortaleza ex novo como la Ciudadela de Jaca, sino que se adaptó y modernizó un castillo preexistente, tal y como planteó en Berdún o en la Aljafería.
A las obras realizadas por Spannocchi le siguieron, en la centuria siguiente, otras nuevas construcciones destinadas a ampliar y mejorar la capacidad de la fortaleza como cuartel militar. Obras imprescindibles, pero que mermaron la efectividad artillera de los baluartes del flanco occidental. Por ello, cuando la fortaleza se vio envuelta en la Guerra de Sucesión, se planteó la ampliación de dichos baluartes, con el fin de otorgarles operatividad. Ésta fue la última gran reforma, que cerró el ciclo constructivo del Castillo. Las intervenciones realizadas en el siglo XIX no debieron aportar gran cosa a lo ya edificado, centrándose, fundamentalmente, en mantenerlo; pese a la ocasional reocupación de la fortaleza, su declive era ya imparable.
En la actualidad, el conjunto presenta una engañosa apariencia de simplicidad, derivada de las transformaciones operadas en las últimas fases constructivas y al hecho de que tan sólo afloran a la superficie las estructuras perimetrales, no resultando visibles la mayor parte de las interiores. En todo caso, el Castillo de Aínsa es el resultado final de un complejo proceso evolutivo, que ha dado lugar a un palimpsesto poliorcético, en el que conviven estructuras asociadas a distintas estrategias defensivas, y entre las que destacan las destinadas a favorecer la efectividad de la artillería de pólvora propia y minimizar los daños que pudiera ocasionar la enemiga.
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SALINAS, L. & PERALTA, J. (inédito), Plan director de la fortificación de la Villa de Aínsa.

Ortofotografía en alta resolución del Castillo de Aínsa (Municipios 2006): Estructuras de la esquina Noroccidental (a, vid. detalle en fig. 8), foso (b), Torre Central (c), estructuras de la esquina Suroccidental (d, vid. detalle en fig. 2), flanco septentrional, con contrafuertes y arcos (e), restos del templo (f), Torre Nororiental o baluarte de Armenaque (g), flanco oriental, con estructuras medievales reutilizadas, puerta, contrafuertes y arcos (h), lienzo UE 18.562 (i), baluarte de Coscolla (j), flanco meridional, con contrafuertes y arcos (k) y aljibe (l).

Lienzo UE 18.562 y aspillera UE 18.563, en el flanco oriental, al Sur de la puerta.

Lienzo oriental; lo que actualmente es el paramento interior del edificio, se concibió como paramento exterior, con tres niveles de aspilleras, con derrame hacia lo que actualmente es el paramento exterior. Los arcos y contrafortillos fueron construidos por Spannocchi en 1592.

Restos del paramento occidental (UE 18.177) de la antigua torre situada en la actual esquina Nororiental del edificio, con la saetera UE 18.178.

Paramento interior del lienzo septentrional, a la altura del arco 5: restos del engrosamiento de la base de la escalera (UE 18.043), posiblemente demolido al construirse los contrafuertes de los arcos.

Esquina Noroccidental: Torre Cuadrada Noroccidental (a), Torre Central (b), foso (c), Torre Circular (d), baluardillo de Spannocchi (e) y bastión del siglo XVIII (f).

Torre Circular: troneras geminadas UE18.370 y 18.371.

Torre Suroriental o baluarte de Coscolla.

Sistema de contrafuertes y arcos del flanco septentrional, que sustentan el nuevo adarve y refuerzan el muro.

Muro del flanco occidental. En su parte central sobresalen los restos de la antigua Torre Central.

Planta del Castillo y la villa de Aínsa en el Atlas del Marqués de Heliche.

Ampliación del bastión Noroccidental.




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