El acueducto renacentista de Teruel.

Arco de la Rambla de los Mansuetos, construido en los siglos XVII-XVIII.

Publicado en: Verde Teruel, n º 60, Teruel, 2023, pp. 65-70

Javier Ibáñez González & Rubén Sáez Abad

 

A finales de la Edad Media, la ciudad de Teruel cubría sus necesidades de suministro de agua gracias a los aljibes de la Plaza Mayor, construidos en las últimas décadas del siglo XIV, y a varios pozos. Pero este sistema ya no daba más de sí, imponiéndose la necesidad de dejar atrás antiguas soluciones, y conducir hasta la urbe una cantidad suficiente de agua para cubrir las crecientes necesidades.

Pero el agua debía llevarse por gravedad, con un tipo de conducción formada por arcaduces, que imponía serias limitaciones; estos tubos troncocónicos de cerámica, de poco más de 40 cm., se encajaban unos en otros, colocándose dentro de una zanja que se rellenaba con calcina (hormigón de cal). Si la presión era fuerte, el agua tendía a salirse por las juntas, por lo que no podían emplearse sistemas de vasos comunicantes para superar los desniveles. Por ello, era necesario que la conducción salvara las irregularidades topográficas mediante minas y tramos aéreos; y que tuviera una pendiente más o menos uniforme, ni muy fuerte (ya que el agua discurriría a mucha presión y se saldría por las juntas de los arcaduces), ni muy baja (dado que tendía a obturarse por la precipitación de limos y carbonato cálcico). Además, debía tener la mínima longitud posible, para abaratar los costes de ejecución y mantenimiento.

Descartada la captación de aguas de los principales cursos permanentes (que hubiera requerido una conducción de decenas de kilómetros para salvar el desnivel entre el río y la ciudad), se vio que el único manantial que cumplía los requisitos era el de la Peña del Macho. En 1537, el Concejo asumió el reto, iniciándose las obras. Pero su elevado coste obligó a una paralización indefinida en 1538.

Poco más de una década después, el Concejo retomó este ambicioso plan, encomendándoselo a Pierres Vedel (1551). Este arquitecto galo había adquirido un notable prestigio en la ciudad, al salir airoso del arriesgado proyecto de evitar el colapso de la Torre de San Martín. Si había conseguido sustentar este campanario sobre una estructura de madera, tras retirar uno de sus dos apeos, también se le consideraba capaz de traer el agua a Teruel, con unos costes asumibles.

 

La construcción del Acueducto.

El nuevo reto era también complicado. La conducción desde la Peña del Macho tenía que discurrir por un terreno irregular, con barrancos, elevaciones y laderas muy inclinadas, sin que desde ningún punto del trazado se pudieran ver simultáneamente ambos extremos. Y el rango de la pendiente con el que podía jugar era muy limitado, debido al escaso desnivel existente entre ambos puntos.

Para llegar a las inmediaciones de la ciudad, Vedel construyó una conducción de 4.550 m. de longitud, con dos arcos (Santa Bárbara y Camino de San Cristóbal), dos minas (Peña del Macho y Caguera) e innumerables calzadas (muros de mampostería adosados a la ladera sobre los que discurría la conducción), además de 140 arquetas (para limpieza), algunas de grandes dimensiones. En reformas realizadas en las centurias posteriores, se agregaron otros dos nuevos arcos (Nogueras y Rambla de los Mansuetos) y una tercera mina (Mansuetos).

La pendiente media dada a la conducción fue del 0,91 %, equivalente a 1 pulgada cada 3 varas o 6 arcaduces (teniendo en cuenta los solapamientos). Dado el alto contenido en carbonato cálcico de las aguas de la Peña del Macho, una pendiente menor hubiera incrementado su tasa de precipitación, favoreciendo el emboce de los arcaduces; por el contrario, con una pendiente superior, el agua solo habría llegado a la mitad de las fuentes previstas.

Ésta fue la razón para adoptar la decisión de perforar la Mina de la Caguera o del Collado, peligroso túnel de 190 m. de recorrido que atraviesa las inestables arcillas y calizas del Terciario, en lugar de rodear el monte sobre el que se asienta el actual Cementerio; la segunda opción hubiera supuesto añadir unos 1.800 m. de recorrido suplementario, obligando a reducir la pendiente hasta el 0,65 % (con lo que se hubieran embozado rápidamente los arcaduces) o a limitar drásticamente el área de abastecimiento.

 

Los Arcos y la distribución de agua por el interior de la ciudad.

Pese a las dificultades, la conducción llegó en 1552 hasta el último gran obstáculo: el Barranco de los Arcos. Para salvarlo, Vedel construyó un monumental acueducto, considerado una de las obras hidráulicas más emblemáticas del Renacimiento hispano: “un acueducto con que el siglo del Renacimiento se esforzó en emular la grandiosidad de los romanos” (J. Mª Quadrado, 1844).

Realizado con sillares almohadillados, tiene 102 m. de longitud y 28 m. de altura. Consta de dos niveles, con 6 arcos en el superior (por el que van las aguas) y 2 en el inferior (por el que discurren las personas).

Tras finalizar su construcción en 1554, se enfrentó a la difícil distribución del agua por el interior de una ciudad con una topografía compleja y unas calles muy estrechas, por las que debía discurrir preferentemente la conducción. El número y ubicación de las fuentes debía garantizar el suministro de agua a todos los vecinos, imponiéndole el arzobispo de Zaragoza el emplazamiento de tres de ellas.

Para salvar el obstáculo de la muralla, fue necesario macizar la torre contigua al Portal de San Miguel, remodelar un lienzo de la cerca y perforar el Torreón de la Bombardera, entrando la conducción a la ciudad por la Mina de las Carnicerías.

En 1558 el agua llegó a la Plaza Mayor, siendo recibida con gran alborozo por los turolenses. En los siguientes años, se fue completando la Traída. El resultado final fue una red urbana de casi 2.500 m. de conducciones, que alimentaban doce fuentes, un zariche y el exaguadero de las Carnicerías, así como alguna captación privada.

Para salvar los desniveles existentes dentro de la ciudad, se construyeron cinco grandes arcas de considerables dimensiones, a las que hay que sumar otras cuarenta arcas más pequeñas, para facilitar la limpieza. En fechas posteriores se agregó algún pequeño ramal y se sustituyeron algunos tramos por galerías subterráneas, con el fin de facilitar las frecuentes labores de mantenimiento.

Este denso entramado se completó con la derivación que llevaba agua a las fuentes del Arrabal: la Fuentebuena y la Fuentemala, esta última alimentada con sobrantes de la anterior.

De esta forma, Teruel contó con una red de suministro sin parangón en todo el Reino de Aragón, que permitía a los vecinos del casco antiguo disponer de un punto de agua a menos de 5 minutos de sus casas.

Durante más de 370 años, el Acueducto de los Arcos fue la principal fuente de abastecimiento a la ciudad. En 1931 se realizó una nueva traída de las aguas, obra de José Torán de la Rad. Pero la de Vedel siguió estando operativa durante décadas, para acabar abasteciendo a los Antiguos Viveros del ICONA hasta hace pocos años.

Hoy en día, la Traída renacentista es uno de los recursos turístico-culturales de mayor amplitud del municipio. Además de ver Los Arcos y el Arco de San Cristóbal, se puede recorrer la mayor parte de su trazado rural, hasta la Peña del Macho. También recomendamos la visita a los centros de interpretación de las Murallas y del Teruel Subterráneo (Aljibes de la Plaza), donde se pueden ver distintas partes de la estructura y, en la segunda de estas instalaciones, una sección dedicada a la Traída de las Aguas.

Trazado de la Traída, desde la Peña del Macho al Acueducto de Los Arcos (Mapa IGN).
1.- Peña del Macho
2.- Mina de la Peña del Macho.
3.- Arco de las Nogueras.
4.- Arco de la Rambla de los.
5.- Mina de los Mansuetos.
6.- Arco de Santa Bárbara.
7.- “Arca principal LXXX”.
8.- Mina de la Caguera o del Collado.
9.- “Arca principal 110”.
10.- “Arca grande de piedra picada 133” y Fuente del Calvario.
11.- Arco del Camino de San Cristóbal.
12.- Acueducto de Los Arcos
Mina de la Peña del Macho, posiblemente construida con anterioridad a la dirección de Pierres Vedel.
Arco de las Nogueras, construido en los siglos XVII-XVIII.
Mina de los Mansuetos, posterior a 1583 y que fue objeto de múltiples remodelaciones, la última documentada en 1965.
Apeo de Los Arcos en una antigua torre de la muralla, junto al Portal de San Miguel.
Antigua “Fuentebuena”, situada en el emplazamiento de la “Fuente de Santa María”
El Arco de Santa Bárbara, forma parte de las obras realizadas por el maestro galo.
“Arca principal LXXX”, realizada por Pierres Vedel.
El Acueducto-viaducto de Los Arcos constituye la parte más emblemática de la Traída.
Trazado urbano de la Traída y de los principales puntos de abastecimiento de agua, representado sobre el Plano de Teruel de 1881 (Cartoteca del Centro Geográfico del Ejército).
  1.- Fuente del Calvario.
  2.- Arco del Camino de San Cristóbal.
  3.- Los Arcos.
  4.- Mina de la Puerta de Zaragoza.
  5.- Fuente de Juan Pérez Arnal.
  6.- Fuente de San Miguel.
  7.- Fuente de la Plaza Mayor.
  8.- Fuente del Salvador.
  9.- Fuente de San Andrés
  10.- “Exaguadero de la Carnizería Baxa”.
  11.- Fuente de San Juan.
  12.- Fuente del Hospital.
  13.- Fuente del Fuerte.
  14.- Fuente de Santa María (o del Deán).
  15.- Fuente de Santiago.
  16.- Fuente de las Claras.
  17.- Fuente de San Martín (desaparece en 1566).
  18.- Fuente de la Trinidad (sustituye a la de San Martín).
  19.- Zariche de la Andaquilla.
  20.- Fuentebuena.
  21.- Fuentemala.

 

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