Patrimonio bélico de Alfambra: el Alto del Capón

Mapa de acceso: 1.- Carretera TE-V-2008 Alfambra – Santa Eulalia; 2.- Pista de Celadas; 3.- Camino de los Corrales de Cabizgordo; P.- Aparcamiento.

Publicado en: Al-Arba, n º 25, Teruel, 2023, 4-7

Rubén Sáez Abad & Javier Ibáñez González

 

La Guerra Civil dejó una profunda huella en la mayor parte de la provincia, especialmente en los municipios de la Comarca Comunidad de Teruel. Desde que estalló el conflicto, el ejército gubernamental no dejaría de intentar recuperar la ciudad de Teruel, llevando a cabo numerosas operaciones para tratar de lograrlo. Sólo a principios de enero de 1938, y después de una ofensiva que se había prolongado durante casi tres semanas, la República lograba este ansiado objetivo. Teruel era la primera capital de provincia que tomaba el ejército republicano, lo cual tenía un importante valor simbólico. Sin embargo, no la mantendría en su poder durante mucho tiempo, pues su inesperada captura provocó el traslado de buena parte de las unidades sublevadas hasta este sector del frente, al considerar Franco una prioridad su recuperación.  

Todo el valle del Alfambra había permanecido durante los años 1936 y 1937 como retaguardia de la primera línea defensiva gubernamental (situada en la Sierra Palomera y sus inmediaciones), actuando también de enlace entre las Cuencas Mineras y el frente de Teruel, escenario donde se concentraba en ese momento buena parte de la actividad bélica. Esta relativa tranquilidad se truncó con la Batalla de Teruel, momento a partir del cual se multiplicó su importancia estratégica. Para dificultar la contraofensiva franquista sobre la capital, entre el 25 y 29 de enero de 1938 se realizó una incursión republicana contra Singra, destinada a interrumpir las comunicaciones de los sublevados con el frente de Teruel, sirviendo este territorio como punto de partida. Este ataque demostró a los mandos nacionales que, para poder conquistar Teruel y consolidar su dominio, era necesario ocupar previamente las posiciones gubernamentales de la Sierra Palomera y el valle del Alfambra.

Para ello, el 5 febrero de 1938 iniciaron una importante ofensiva, conocida como la Batalla del Alfambra. Parte de la 5ª División de Navarra rompió el frente republicano en los montes de Argente. A lo largo de la jornada siguiente la 1ª División de Caballería, compuesta por 3.000 jinetes al mando del General Monasterio, cargó sobre las llanuras del Campo de Visiedo. Parte de los atacantes avanzaron sobre Lidón y Visiedo por la izquierda, mientras el resto lo hicieron por la derecha sobre Argente y Camañas.

No obstante, la resistencia que encontraron las fuerzas nacionales a la altura de Lidón, les obligó a modificar sus planes y reorientar su ofensiva contra Argente y Visiedo. A continuación, concentrarían sus esfuerzos sobre Lidón y Camañas.

Ese rápido avance de la caballería nacional permitió aislar y tomar de revés a las fuerzas que guarnecían Sierra Palomera, que quedaron copadas. Parte de los batallones republicanos destacados en ese sector del frente se retiraron desordenadamente hacia la retaguardia. Eso no impidió que fueran hechos numerosos prisioneros (de 1.600 a 3.000 soldados, según las fuentes), además de capturar numeroso armamento (3.600 fusiles, 60 ametralladoras y 5 piezas de artillería). Este éxito franquista supondría un duro golpe para el ejército de la República, del que no podría reponerse.

El día 7 de febrero se podía dar por concluida la primera parte de la Batalla del Alfambra. Los combates se habían desarrollado bajo las duras condiciones meteorológicas que caracterizaron el invierno de 1937-38, con nieve, hielo y un frío muy intenso.  La carga de caballería del General Monasterio fue la última que se realizó con éxito en territorio español. Esta rápida maniobra les permitió a los sublevados arrollar las defensas gubernamentales que se habían encontrado en su camino, hasta alcanzar la línea Alfambra-Perales del Alfambra. A pesar de que el Alto Mando Nacional había estimado que serían necesarios, al menos 10 días para romper el frente republicano, esta acción se había logrado en tan sólo 3. En ese corto periodo de tiempo habían conquistado un extenso territorio, dentro del que se incluían un total de 14 localidades, entre las que se encontraba Alfambra. Todas ellas habían permanecido bajo control de la República desde el inicio de la Guerra.

El Alto del Capón (Alfambra).

Dada la importancia estratégica de Alfambra, el gobierno estableció varias posiciones fortificadas en torno a la localidad, para asegurarse su defensa y el control de las vías de comunicación que se mantenían abiertas con la retaguardia, ubicada en las Cuencas Mineras. Una de las posiciones más destacadas era la situada en el monte de El Capón, cuyas obras se prolongaban por espacio de más de un kilómetro de longitud, hasta enlazar con las colindantes de Cerralba.

Desde el Alto del Capón se podía controlar el camino de Celadas, potencial ruta de penetración de las tropas nacionales. Además, esta posición, junto con la cercana de Cerralba, era un punto de control excepcional sobre gran parte del valle del Alfambra y la Sierra de El Pobo. Cuando se produjo la ofensiva franquista, las posiciones del sector de Alfambra estaban defendidas por la 39ª División republicana.

A principios de este año hemos realizado una primera campaña de excavaciones arqueológicas (complementada con la instalación de un nuevo panel y diversa señalética), dentro del Proyecto “Atrinchérate 2022-23”, promovido por la Comarca “Comunidad de Teruel” y patrocinado por el FITE 2020. La zona de intervención arqueológica comprende un estrecho espolón, rodeado por una trinchera perimetral. Además, una trinchera auxiliar corta transversalmente la cima y comunica sus dos laderas, facilitando un rápido trasvase de tropas entre ambos sectores de la posición sin tener que exponerse al fuego enemigo.

Los parapetos que protegían las trincheras estaban realizados con un paramento interior de piedra seca y un relleno exterior de tierra procedente de la excavación de la zanja. De este modo se evitaba que, en caso de impacto de algún proyectil de artillería, las esquirlas provocadas en las rocas se convirtieran en metralla. 

Además, la posición contaba con varios refugios excavados en la roca, que aprovechan la alternancia de niveles de arcillas muy blandas, con otros de calizas tableadas, mucho más duras. Los abrigos se excavaron en las arcillas, utilizando como techo los niveles de calizas; pero la escasa consistencia de las paredes arcillosas y el escaso espesor y fisuración de las calizas, favorecen la existencia de desprendimientos y el colapso de parte de las obras. Las excavaciones arqueológicas han recuperado la entrada de dos de estos refugios, pero no se ha excavado su interior, al no reunir las necesarias condiciones de seguridad para la visita. Ambos refugios se encuentran comunicados entre sí por su parte trasera. Otros de estos subterráneos, que se encuentran inmediatos a los excavados, tienen sus bocas tapadas por la caída de grandes bloques de la cornisa superior, intuyéndose tan sólo su acceso.

En uno de los refugios se ha identificado una precaria perforación en la roca, a modo de chimenea, destinada a facilitar la salida del humo de generado por las hogueras que se hicieran cerca de la puerta de acceso; este detalle nos recuerda las precarias condiciones con las que los soldados republicanos destacados en esta posición debieron hacer frente a los rigores del invierno de 1937-38.

En la trinchera principal hay un grafiti con el nombre “VICENTE”, dejado seguramente por alguno de los soldados que pasaron tanto tiempo durante la guerra en esas posiciones. Son muy escasos los materiales que se localizaron durante la excavación, destacando un peine con sus respectivas balas. Esta escasez nos confirma que la retirada de la posición se hizo sin sostener significativos combates con las fuerzas nacionales, al no haberse hallado casquillos o restos de metralla, muy habituales en las trincheras que han sido objeto de combates.

En las alturas cercanas a El Capón y en dirección a las posiciones de Cerralba, también es posible apreciar la presencia de muchos más vestigios de la Guerra Civil, todo lo cual integraría un único conjunto defensivo. Se trata de ramales de trinchera localizados a distintas alturas y que también tienen asociados refugios excavados en la roca. También es posible apreciar la presencia de estructuras cuadrangulares, que podrían corresponder a espacios de vida; a diferencia de los refugios, no están excavados en la roca y siguen un patrón muy similar al detectado en otras localidades próximas. 

En el mismo municipio se conservan muchos otros vestigios de la Guerra Civil, aprovechando la presencia de pequeñas cerros o muelas, algunas muy próximas a la estudiada, como la situada encima del Corral de Cabigordo. También se conserva una gran estructura rectangular de hormigón, situada a la salida de la población por la carretera TE-V-1008, frente al cementerio; tiene unos 100 m2 y se utilizó como refugio, puesto de mando y polvorín.

Fotografía aérea del Alto del Capón: A.- Trinchera perimetral; B.- Trinchera auxiliar; C.- Refugios abiertos en la roca; D.- Conducto de evacuación de humos.
Fotografía aérea de la ladera occidental del Alto del Capón.
Entrada a uno de los refugios del Alto del Capón.
El Alto del Capón visto desde las posiciones de Cerralba.
Grafiti con el nombre de “VICENTE”.
Exterior de la chimenea excavada en la roca para la expulsión del humo de uno de los refugios.

0 Comentarios

Enviar un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *