El acueducto de Albarracín a Cella: una gran obra de ingeniería romana olvidada

Galería con ventanas de registro y aireación,  en Albarracín.

Publicado en: Aragón es otra historia, n º 4, Zaragoza, 2022, pp. 39-41

Javier Ibáñez González & Rubén Sáez Abad

 

En el tramo del valle del río Guadalaviar comprendido entre el Castillo de Santa Croche y la villa de Gea de Albarracín, podemos visitar una de las obras de ingeniería hidráulica más admirables de toda la Hispania romana: el Acueducto de Albarracín a Cella. Un sorprendente y costoso alarde técnico, realizado en un perdido rincón del Imperio romano, hace casi dos mil años. Y que además, supone el primer trasvase conocido entre grandes cuencas hidrográficas realizado en la Península Ibérica, llevando aguas desde el Guadalaviar (cuenca del Turia) a la cabecera del río Jiloca (cuenca del Ebro).

Esta obra aparece indirectamente citada en el cantar de gesta más famoso del medievo hispano, el Poema del Mio Cid, cuando se refiere a Cella (Celfa) como “la del canal”. Lo que indica que en el momento de su redacción, aún se mantenía el recuerdo de esta estructura.

 

Una obra legendaria.

Fuera ya de uso, la presencia de esas extrañas cavidades excavadas en la roca sorprendió durante centurias a los viajeros que recorrieron esos parajes. Su construcción estaba envuelta en un halo de misterio, atribuyéndose tanto a los árabes, como a distintos pueblos de la Antigüedad; incluso dio pábulo a la leyenda de que había sido realizada por el amor que le profesaba el señor musulmán de Albarracín a una dama de Cella.

Ya en 1832, Cean-Bermúdez no dudó en identificar esta estructura como un “acueducto de riego”, incluyéndola en su Sumario de las Antigüedades Romanas que hay en España.

 

Su recorrido.

Con más de 24 km. de longitud, es uno de los mayores acueductos romanos de la Península Ibérica. Hay diversas hipótesis sobre su captación de agua; tradicionalmente, se considera que debía tomarse del río Guadalaviar, a la altura del Azud de Santa Croche. Pero recientemente, Isaac Moreno ha propuesto que el agua procedía de las fuentes que actualmente abastecen a la ciudad de Albarracín.

Aunque ambas propuestas suponen un trazado inicial completamente distinto, acaban convergiendo en las proximidades del Castillo de Santa Croche. Muy cerca del mismo se encuentra la “Cueva de los Espejos”, el primer tramo de entidad visitable. Desde él, continúa por El Tocón y El Martinete, alternándose tramos destruidos con otros sepultados bajo la tierra caída de la ladera. En el Barranco del Rebollar es posible apreciar muros de fábrica bien conservados.

Ya a la altura del Azud de Gea, el acueducto se encuentra excavado a considerable altura respecto al nivel del río, atravesando a continuación el Barranco de los Pasos y el de los Burros, para desaparecer en las eras de Gea. Una vez superada la localidad, reaparecen sus muros de mampostería en La Cañada, hasta conducir a un nuevo tramo excavado en la roca.

En la ladera situada entre La Cañada y La Hoya del Moro, el acueducto penetra en las entrañas del altiplano; se trata de un estrecho y claustrofóbico túnel de 5 km. de longitud (uno de los más largos del Imperio Romano), que discurre a una profundidad máxima de 60 m. Su única conexión con el exterior son unos 140 pozos verticales de ventilación (putei), dispuestos regularmente, y que tienen hasta 50 m. de profundidad (altura equivalente a un edificio de 20 plantas). Estos pozos, actualmente colmatados, se excavaron para extraer los escombros generados por la apertura del túnel y para facilitar la limpieza de la conducción.       

El acueducto reaparece al otro lado de la montaña, entre la Rambla del Rubiol y la Hoya de la Balsa del Tío Gómez, alternándose los tramos excavados en la roca con los construidos de fábrica. Lo volvemos a encontrar a la entrada de Cella, donde hay pequeños canales excavados que llegan hasta la altura del solar del Patín.

 

Técnica constructiva empleada.   

Su construcción fue un gran reto técnico; empezando por el propio diseño, que requería enlazar con precisión dos puntos muy distantes, entre los que mediaba una abrupta topografía; un error tan aparentemente nimio como añadir 1 milímetro más de inclinación por cada metro, hubiera impedido llevar el agua hasta Cella.

El acueducto tiene una pendiente media del 0,2 %, aunque varía entre 0,1 y 0,34 % en distintos tramos, posiblemente para adaptarse a las variaciones geológicas. Para su replanteo sobre el terreno, los ingenieros romanos debieron recurrir a la libella (bastidor con plomada) y el chorobate (nivel de agua) en la nivelación, y a la groma (escuadra de agrimensor con plomadas) en las alineaciones.

El acueducto presenta en su recorrido diferentes soluciones constructivas. La mayor parte del trazado se encuentra excavado en una roca fisurada e inestable, con túneles de 1,25 m. de anchura y 1,95 m. de altura media, llegando hasta los 2,25 m. en función del espesor de los niveles de caliza tableada del techo. Todavía resulta posible apreciar multitud de pequeñas oquedades o repisas en las que se colocaban las lucernas con las que se iluminaban durante los trabajos, así como las marcas producidas por los picos y punteros empleados. En los tramos en los que la galería discurría cerca de los escarpes rocosos, se abrieron ventanas cuadradas de registro y aireación, normalmente dispuestas a entre 10 y 11 m. de distancia. En el largo tramo que se adentra en la montaña que sirve de interfluvio entre las cuencas del Guadalaviar y del Jiloca, se horadaron los altos pozos verticales a los que ya nos hemos referido.

También hay tramos aéreos de fábrica, construidos en mampostería con piedras de gran tamaño, trabada y revocada con mortero de cal para asegurar su impermeabilización. Es posible que estos canales también se encontrasen cubiertos.

Igualmente, se apunta la posible existencia de construcciones aéreas para cruzar algunos barrancos, con canales de madera de sabina.

Almagro estimó que el volumen de roca extraído de los túneles rondaba los 20.000 m3, a lo que se sumarían otros 25.000 m3 de los pozos de ventilación y 5.000 m3 más de los tramos excavados a cielo abierto, lo que da un total de 50.000 m3, cantidad que incluso pudo ser algo superior. Lo que equivale a unas 125.000 toneladas. Para hacernos una idea de la magnitud de esas cifras, apuntar que con ese material se podía haber construido una pirámide de 62 m. de lado y 39 m. de altura, medidas tan solo 3,7 veces inferiores a las de la Pirámide de Keops; y que el peso de dicho material equivale a 12 veces el de la Torre Eiffel.

 

Datación y finalidad de la obra.

Los materiales arqueológicos detectados (terra sigillata hispánica, lucernas y cerámica común romana), permiten fechar su construcción hacia finales del siglo I o comienzos del siglo II d. C., confirmando que su destino era Urbiaca, la ciudad romana situada en el actual emplazamiento de Cella, citada en el Itinerario de Antonino.

Este ímprobo esfuerzo constructivo proporcionaría un caudal máximo de 24.000 m3 diarios de agua, una cantidad muy superior a la que precisaría esta ciudad. Por ello, se ha planteado la posible existencia de otros usos, como el riego o la existencia de un sistema de molinos escalonados que aprovechasen ese caudal.

También se ha debatido sobre la existencia de la Fuente de Cella en el momento de la construcción del acueducto. De esta surgencia manan unos 300.000 m3 diarios de agua de muy buena calidad, ocho veces más de la que podía proporcionar el acueducto. Por ello, resulta sumamente improbable que, de haber existido este manantial, se hubiera acometido una obra tan compleja y costosa.

Casi dos mil años después de su construcción, el acueducto de Albarracín a Cella sigue escondiendo muchas incógnitas. Aunque se pueden visitar muchos tramos, sólo es accesible una pequeña parte de la galería más larga, de 5 km. de longitud; y no se han abierto ninguno de los profundos pozos que la comunicaban con el exterior. Pese a toda nuestra tecnología, la rehabilitación completa del conjunto es una obra inabordable.

Pero lo peor de todo es que, pese a que todos los investigadores reconocen su importancia dentro de la ingeniería hidráulica romana, este acueducto sigue siendo una obra muy poco conocida e insuficientemente valorada por el gran público.

Galería con ventanas de registro y aireación, vistas interiores y exteriores. Sector del Azud de Gea (Albarracín).
Galería con ventanas de registro y aireación, vistas interiores y exteriores. Sector del Azud de Gea (Albarracín).
Tramos previos o iniciales de la galería, en la Cañada de Monterde (Gea de Albarracín).
Tramos previos o iniciales de la galería, en la Cañada de Monterde (Gea de Albarracín).
Pozo de escaso desarrollo en la ladera de La Cañada (Gea de Albarracín).
Parte superior de uno de los pozos colmatados de la zona de La Hoya del Moro (Gea de Albarracín). Se estima que podría descender unos 50 m. hasta alcanzar la galería.
Tramo aéreo del acueducto en la zona de La Cañada (Gea de Albarracín).
Tramo aéreo picado en la roca en la zona de la Fuensanta (Cella).

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