
Ortofotografía de la iglesia (A) y sus alrededores, marcando la posición del torreón circular (B).
Publicado en: Castillos de Aragón, n º 46, Zaragoza, 2023, pp. 25-30
Javier Ibáñez González, Rubén Sáez Abad y José F. Casabona Sebastián
La de Perales del Alfambra es una de las fortificaciones menos conocidas de todo el Territorio Monte Gaudio, espacio de la actual Comarca Comunidad de Teruel, donde esta orden militar contó con sus principales posesiones, allá por las últimas décadas del siglo XII. A pesar de que se conocía su existencia en la parte posterior de la iglesia y había un vago recuerdo de su funcionalidad, guardado en la memoria colectiva de la población, esta fortificación no adquirió auténtica carta de naturaleza hasta la primavera de 2022. Fue entonces cuando se desarrolló la investigación documental correspondiente y se acometieron los primeros trabajos arqueológicos en este enclave[1].
La Orden de Monte Gaudio fue creada por el conde Rodrigo Álvarez de Sarria en 1173, instalando su casa maestral en el Mons Gaudii, extra muros civitatis Jerusalem. Tan sólo un año después, Alfonso II de Aragón le cedió el Castillo de Alfambra y otras posiciones fronterizas con los musulmanes, entre las que se encontraba Perales de Suso. Con esta medida, la monarquía buscaba proteger la frontera meridional del Reino frente al Califato Almohade, que se encontraba en expansión.
Tras la pérdida de Jerusalén en 1187, después de la debacle sufrida por las armas cristianas en la Batalla de los Cuernos de Hattin, y donde debieron perecer buena parte de los miembros de la Orden, todo cambió. Esta circunstancia le obligó a trasladar su sede maestral al Castillo de Alfambra y a someterse a una profunda reorganización interna, que pasó por su fusión con la Orden del Hospital de San Redentor de la Villa de Teruel (1188). Dentro de esta serie de profundos cambios, también recibió nuevas posesiones en el Sur de Aragón, con lo que vio reforzada su posición.
En el marco de esos reajustes territoriales, Perales pasó a depender de la Villa de Teruel. Eso no fue óbice para que la Orden siguiera manteniendo bajo su control derechos y rentas parroquiales. Finalmente, en 1196, como consecuencia de las disensiones internas, Alfonso II impulsó la incorporación de Monte Gaudio y sus posesiones aragonesas al Temple.
Dada la temprana cesión de Perales a Monte Gaudio, apenas cinco años después de que se produjera la conquista del territorio y antes de que se promoviera cualquier intento repoblador, es muy probable que existiera en la localidad un antiguo enclave andalusí. Éste pudo situarse en la zona de la actual iglesia, espacio que se encontraba ligeramente elevado respecto al entorno circundante. En el momento de su entrega a la Orden, debía estar prácticamente despoblado. Cuando poco más de dos décadas después, los derechos de Monte Gaudio se traspasaron al Temple (1196), ya se documenta la existencia de la esclesia e la casa de Perales; tomando como paralelo el caso de Camañas (inmerso en la misma dinámica), la “casa” de Perales pudo ser una torre o pequeña posición fortificada, próxima a la iglesia.
La torre. Arqueología y documentación.
Pese al alejamiento de la frontera sarracena con la conquista del Reino de Valencia durante el reinado de Jaime I, la proximidad del Reino de Castilla vino imponiendo nuevas necesidades defensivas, que se prolongaron durante los siglos XIV y XV.
La torre de Perales se construyó entre 1348 y 1355, en un contexto inmediatamente anterior a la Guerra de los Dos Pedros, pero en el marco de una acusada inestabilidad peninsular que amenazaba con derivar en un conflicto armado entre Aragón y Castilla. Fue una obra promovida por el rey Pedro IV, con cargo a las primicias, cedidas por el arzobispo cesaraugustano. La identificación con la estructura sobre la que se ha intervenido arqueológicamente no deja margen de duda: el documento, conservado en el Archivo Diocesano de Zaragoza, señala que las primicias habían sido utilizadas “pro construenda turre in angulo ecclesie”, exactamente donde hoy se conserva, pese a las reformas sufridas por el templo parroquial.
La torre es de planta circular, de 7 m. de diámetro (unas 9 varas), con muros de 1,6 metros de espesor (2 varas), muy ligeramente ataluzados. Es obra de mampostería irregular trabada con mortero de cal. Se conserva la base y una parte significativa de su alzado; este último se encuentra integrado en la fábrica de la iglesia barroca, no pudiéndose precisar su altura debido a la densa hiedra que recubre todo este sector del edificio.
En los trabajos arqueológicos se descubrieron los restos de dos aspilleras; una casi completa (de una anchura interior de 95 cm. por una altura de 65 cm.), situada en el flanco septentrional de la estructura; la segunda, de la que se conservan escasas huellas, se encuentra en la parte occidental. Es casi seguro que debió existir una tercera aspillera, localizada en el flanco meridional, no conservándose debido a una mayor pérdida de paramentos en ese sector. En la parte oriental de la torre se localiza la puerta de entrada desde la iglesia, de 65 cm. de anchura.
Los derrames laterales de las aspilleras se ejecutaron mediante encofrados de mortero de yeso con alguna piedra, conservándose incluso la huella de las tablas en la aspillera septentrional. Esta parte de la torre contrasta con el resto de la estructura, de mampostería trabada con mortero de cal. Pero ambas fábricas parecen formar parte del mismo proceso constructivo; primero se debió levantar la mampostería con mortero de cal y piedra hasta la altura que debían tener las aspilleras, dejando el hueco correspondiente de las mismas; inmediatamente después se realizarían los encofrados de yeso, que definirían el derrame; luego continuaron con la fábrica de mampostería, cubriendo posiblemente las aspilleras con piedras más regulares y de mayor tamaño, trabadas ya con mortero de cal.
Nos encontramos ante una construcción muy sólida, pero de tosca factura, posiblemente debido a su rápida realización. Pese a que los detalles que requirieron una mejor ejecución (las aspilleras y, posiblemente, el vano de entrada) se realizaron con encofrado de yeso, la precipitación en los trabajos queda patente en el limitado cuidado puesto al realizar la fábrica de mampostería que sirve de base a la aspillera septentrional, en la que dejaron un molesto “pico” de la piedra; posiblemente, se pensase que éste quedaría regularizado mediante un enlucido de yeso de dicha base, pero éste nunca llegó a realizarse (o, al menos, no se detectan restos del mismo).
El último acceso conservado, desde la iglesia parroquial, también se realizó mediante encofrado, tanto los laterales como el arco de medio punto que la cubre. Pero, a falta de catas murales que permitan ver adecuadamente los paramentos existentes bajo los revocos de yeso, y/o de la profundización de la excavación en el interior del relleno, no se puede precisar si se efectuó de forma simultánea al resto de la fábrica de la torre o si la actual puerta es el resultado de la modificación de un vano anterior. Un dato que podría apuntar hacia esta segunda posibilidad es la posición de la puerta respecto a las aspilleras: la aparente base de la puerta se sitúa a media altura de las aspilleras, lo que implica que el nivel de la primera se localizaba 1,50 m. o incluso más alto con respecto al suelo de la torre; aunque, por sí sola, esta circunstancia no permite obtener conclusiones, sí que nos obliga a ser prudentes.
La torre estaría integrada en el conjunto de la iglesia parroquial. Durante la Guerra de los Dos Pedros las fuentes históricas se refieren al Castillo de Perales, que no pudo ser otro que el conjunto formado por la torre y la iglesia, y que pudo contar con un recinto más amplio, al igual que ocurre en otros casos como Godos y Jabaloyas en Teruel, o Romanos y Villarreal de Huerva en Zaragoza.
Sin embargo, la construcción con la que presenta evidentes concomitancias es la de la torre adosada al ángulo del templo parroquial de Santa Tecla de Cervera de la Cañada (Comunidad de Calatayud, Zaragoza), también de planta circular. Según la bibliografía pudo ser anterior a la construcción del templo actual (primeras décadas del siglo XV). Al igual que la de Perales, sus defensas se encuentran orientadas hacia el enemigo castellano, que se había convertido en la principal amenaza.
Obras posteriores.
La torre debió ser objeto de sucesivas reformas, que en gran medida debieron estar acompasadas con las efectuadas en el templo anexo, que, a juzgar por la documentación estudiada, debieron ser especialmente importantes a finales del siglo XV.
Respecto a la torre, la reforma más antigua constatada fue el macizado de su base con un relleno de tierra. En él se han recuperado abundantes materiales (cerámica decorada de Teruel, ollería vidriada, cantarería y cerámica común, destacando entre esta última un fragmento de flauta bizcochada), mayoritariamente de la segunda mitad del siglo XIII y del siglo XIV, además de algún resto constructivo, como una gruesa viga de madera.
La parte superior de este relleno fue truncada, tanto por la posterior instalación del “tumbo” (al que nos referiremos más adelante), como por la erosión y desmantelamiento de la torre; es posible que se encontrase cubierto con un pavimento de yeso, del que se conservan restos que han quedado adheridos al muro y que marca la línea de enlucido del paramento interior. En todo caso, este segundo macizado supuso la amortización de las aspilleras, con la consiguiente pérdida de función militar de la estructura. En ese momento histórico ya había pasado el peligro, por lo que carecían de finalidad.
A partir de esta reforma, se realizó al menos una regularización del paramento con mortero de yeso, así como un enlucido más fino, efectuado también con este material, sin que (hasta la realización de catas murales) podamos establecer si forman parte de un único proceso o de dos intervenciones distintas.
En el siglo XVII se construyó la actual iglesia barroca, integrándose en su fábrica la antigua torre defensiva. Aunque, por la magnitud del nuevo templo, cabe suponer que estaría prevista su sustitución por una torre campanario al uso, ésta se demoró mucho en el tiempo. En fechas muy avanzadas de la Edad Moderna (como se desprende de los materiales presentes en los rellenos asociados), en la vetusta torre se construyó una escalera central, conocida por los vecinos de Perales como “el tumbo”; gracias a sus testimonios orales, sabemos que estaba rodeada por un tabique circular de piedra y yeso, que dejaba un pasillo de poco más de 70 cm. respecto a los muros de la torre. De esta estructura, para cuya construcción se rompió el nivel del suelo, tan sólo se conserva la base del apeo de un poste de madera con mortero de yeso.
La torre quedó definitivamente sin función con la construcción del actual campanario neomudéjar, obra de Benón Fuertes (hacia 1920). En esas fechas, su estado de conservación debía ser muy deficiente, estando en amenaza de ruina. Poco tiempo después, se demolió el “tumbo”, por el peligro que suponía para los niños que subían a jugar allí.
Futuros trabajos arqueológicos y documentales deberán ayudar a ampliar la información sobre el interesante conjunto fortificado de Perales del Alfambra, que tras la última intervención arqueológica ha comenzado a tomar forma y a recuperar parte de su pasada configuración.
BIBLIOGRAFÍA.
FOREY, A. (1971), “The Order of Mountjoy”, Speculum, 46, Medieval Academy of America, pp. 250-266.
FOREY, A. (1973), The Templars in the “Corona de Aragon”, Oxford University Press, London.
GARGALLO MOYA, A. (1997), El Concejo de Teruel en la Edad Media (1177-1327): La formación del territorio, I.E.T., Teruel.
IBÁÑEZ GONZÁLEZ, J. (Coord.), CASABONA SEBASTIÁN, J. F. & SÁEZ ABAD, R. (2017), Guía de los castillos de las órdenes militares en Aragón, Qualcina y ARCATUR, Teruel.
LEDESMA RUBIO, Mª. L. (1982), Templarios y Hospitalarios en el Reino de Aragón, Guara, Zaragoza.
LEDESMA RUBIO, Mª. L. (1991), Cartas de población del Reino de Aragón en los siglos medievales, I.F.C., Zaragoza.
SÁEZ ABAD, R.; CASABONA SEBASTIÁN, J. F. & IBÁÑEZ GONZÁLEZ, J. (2022), “El Castillo de Perales del Alfambra”, III Jornadas sobre el Territorio de Monte Gaudio, Qualcina y ARCATUR, Teruel, pp. 27-34.
UBIETO ARTETA, A. (1981), Historia de Aragón I: La formación territorial, Zaragoza.
[1] Intervención realizada dentro de un proyecto colaborativo realizado entre varios ayuntamientos del Territorio Monte Gaudio y cofinanciado por ADRI Teruel

La torre cubierta de hiedra antes de la intervención arqueológica.

Planta de la torre, con la puerta y las tres aspilleras; los colores representan el grado de conservación; el más claro indica una fábrica igual o inferior a 4 m de alzado; el más oscuro, corresponde con una conservación superior a los 5 m de altura.

Puerta de comunicación de la torre con la iglesia, antes de la excavación arqueológica.

La puerta, durante el proceso de excavación.

Sector de la aspillera Nororiental, en fases iniciales de la excavación.

La aspillera Nororiental tras las excavaciones arqueológicas.

Aparente disparidad de niveles entre la puerta y la aspillera Nororiental.

Torreón e iglesia de Cervera de la Cañada, con indudables puntos en común con los de Perales de Alfambra.




0 Comentarios