
El Castillo visto desde la Villa.
Publicado en: Verde Teruel, n º 55, Teruel, 2021, pp. 27-31
José F. Casabona, Javier Ibáñez & Rubén Sáez
Erigido en un alto y estrecho afloramiento rocoso al Sureste del casco urbano, el Castillo de Montalbán fue durante el medievo una de las principales fortificaciones del Reino de Aragón. Desgraciadamente, esta antigua fortaleza se encuentra oculta bajo toneladas de escombros, a la espera de que los arqueólogos la saquen a la luz. Por suerte, contamos con una detallada descripción realizada en 1499 que nos permite hacernos una idea de como era.
Un poco de historia.
Este enclave, que emerge unos 80 m. por encima de los espacios circundantes, albergó previamente una fortaleza islámica. En 1158 la iglesia de “Monte Albán” ya aparece en la lista de parroquias asignadas por el Papa Adriano IV al obispo de Zaragoza. En 1187, la fortaleza estaba en manos de Fernán Ruiz de Azagra, segundo señor de Albarracín y vasallo de Alfonso II.
Dos décadas después, Pedro II intentó crear una villa de realengo (1208), concediendo un ventajoso fuero a sus pobladores. Pero el proceso fracasó, y la posición debió ser recuperada por los musulmanes. No sería hasta dos años después, en 1210, cuando Montalbán fue reconquistada definitivamente con la ayuda de los freires de Santiago, a los que les fue entregada.
Los santiaguistas transformaron la fortificación primigenia en una fortaleza conventual, centro de una encomienda que comprendía también los actuales municipios de Torre de las Arcas, Castel de Cabra, Palomar de Arroyos, Escucha y Utrillas.
La primera referencia a su convento data de 1223. Al frente del mismo había un “tenent logar de prior”, sometido únicamente al prior de Uclés (Cuenca), máxima jerarquía de la Orden de Santiago. El dirigente santiaguista de Montalbán tenía el honor de poder sentarse a su derecha en los Capítulos Generales y demás actos celebrados en la casa prioral de Uclés (Cuenca). A partir de 1275, Montalbán se convirtió en la sede de la Encomienda Mayor de Aragón, que incluía todas las posesiones santiaguistas de la Corona en Aragón.
Pese a depender del priorato de Uclés, durante la Guerra de los Dos Pedros los freires santiaguistas de Montalbán combatieron en el bando aragonés. La invasión castellana convirtió al castillo montalbino en la cabeza de la frontera meridional de Aragón, lo que obligó a una completa renovación de sus fortificaciones. Las obras debieron continuar también durante el reinado de Martín I el Humano (1396-1410).
Los comisionados de la Orden visitaban cíclicamente las distintas encomiendas, en las que se repasaba el estado de su patrimonio, levantando el acta correspondiente. En 1499 se realizó una de estas visitas al Castillo de Montalbán, que aporta una valiosa información sobre su configuración a finales de la Edad Media. En ella, el conjunto aparece dividido en tres grandes espacios: la iglesia (y el claustro cercano), el Castillo “del Homenaje” y el convento (nominado “La Fortaleza”).
La iglesia y el claustro del Castillo.
La construcción de la iglesia de Santa María del Castillo, agregada al conjunto castral, ya estaba prevista en 1210, documentándose su existencia en 1242. Orientada hacia el Oeste, e integrada en el límite perimetral de la fortaleza, tenía una sola nave dividida en tres tramos, con cubierta de madera sobre arcos diafragma. Estaba presidida por el retablo de Santa María, poseyendo además otros dedicados a Santiago (el santo titular de la Orden), San Pedro, San Blas, santos Abdón y Senén, Cristo Redentor y Santa Águeda, además de una imagen de San Bartolomé.
El templo tenía coro y tribuna, probablemente a los pies. En el centro de la nave, junto al altar mayor, había un sepulcro de alabastro protegido con reja de hierro, que Labaña y Blasco de Lanuza identificaron como el de Pedro Fernández de Híjar, hijo de Jaime I.
Cerca de la iglesia se situaba el claustro. También en las cercanías había una capilla dedicada a Santa Águeda; se desconoce si se trataba de una iglesia anterior o de una capilla funeraria vinculada al caballero que en ella estaba enterrado.
El Castillo “de Homenaje”.
Reformado en 1278, se situaba en la parte más elevada y abrupta del crestón rocoso, reuniendo las características propias de los castillos roqueros. A este recinto interior se accedía por una puerta con un marcado carácter defensivo: pequeña, reforzada y con un cierre de tranca.
Este vano estaba protegido por la Torre del Palomar, situada sobre la zona del aljibe (construcción visible actualmente en superficie), dominando el espacio existente entre la iglesia, el claustro y las dependencias conventuales. Se trataba de una estructura clave para proteger el Castillo y el espacio que articulaba las comunicaciones interiores del resto del recinto.
En la parte más alta del relieve se localizaba la Torre del Homenaje, estructura de marcado carácter defensivo y representativo. Abovedada, coronada con pretil y almenas, se accedía a ella a través de un puente levadizo y contaba con una mazmorra en la planta baja (posiblemente ciega). Vasallaje, defensa y justicia señorial, todo ello compendiado en una sola estructura, posiblemente la más antigua de todo el conjunto
Ambas torres estaban integradas en el recinto, que poseía un camino de ronda protegido con pretil y almenas. A estas estructuras se le sumaba un largo paño de muralla, erigida sobre un estrecho filo rocoso, que unía el Castillo “del Homenaje” con la Torre Barrana, que protegía el sector del río.
Dependencias conventuales.
A las dependencias conventuales se accedía a través de una portada, que daba paso a un porche, sobre el que había una sala y cocina, a la que se abrían otros dos espacios, quizás alcobas. La sala contaba con una buena chimenea, dos ventanas orientadas a la Villa y una escalera de acceso independiente desde la zona de la entrada. Estas debían ser las dependencias del comendador, desempeñando también las funciones de representación de la Orden; vendrían a sustituir al incómodo y parcialmente arruinado Castillo “del Homenaje”.
Bajo estas estancias había una caballeriza grande, una especie de masador y el antiguo dormitorio conventual. Se trataría de un dormitorio comunal, presente en otras órdenes monásticas.
Al lado del dormitorio, se encontraba el antiguo refectorio, con techumbre pintada, que en 1499 era utilizado como granero. Junto al refectorio había otra escalera, que daba acceso a un corredor al que se abría otra gran sala situada sobre el refectorio; ésta también contaba con una chimenea pequeña, una ventana que daba a la Villa, pudiendo desempeñar quizás las funciones de sala capitular. Desde dicha sala se accedía por una puerta a un corredor que daba paso a unas privadas (letrinas). Por otra puerta, se entraba a una cámara que, bien pudieron ser las dependencias abaciales. Además, existían otras estancias en ruinas.
Aunque en 1499 la comunidad religiosa había abandonado el convento, gran parte de sus instalaciones estaban en buen estado, barajándose la posibilidad de que volvieran a ser ocupadas.
Otras dependencias.
En la visita también se mencionan otras dependencias situadas en el espacio comprendido entre el Castillo “de Homenaje”, la iglesia, el claustro y las estancias conventuales. Se trataba de una cueva con una cámara, una caballeriza y el citado aljibe. A ellas, hay que agregar otras situadas en el camino de acceso al Castillo, como una bodega y cueva grande, entre otras.
El ocaso de la fortaleza.
El deterioro del Castillo de Montalbán, ya apreciable en 1499, se fue acentuando durante las décadas siguientes. No volvió a instalarse ninguna comunidad religiosa, por lo que las dependencias conventuales se siguieron degradando. Las construcciones defensivas también, siendo la iglesia el único espacio que se mantuvo en uso.
El 28-3-1611 el geógrafo portugués Juan Bautista Labaña visitó Montalbán, indicando que “en la iglesia del castillo está enterrado Don Pedro Fernández de Yxar, hijo del rey Don Jaime I, que fue comendador de esta encomienda”. Pocos años después, en 1622, Blasco de Lanuza insiste sobre ese asunto y añade que se conservaba el claustro y la iglesia, con “muchos sepulcros antiguos”.
A este templo también se refiere el padre Faci, que describe la imagen de la Virgen y su altar. En esas fechas, el templo era considerado como un santuario al que se acudía desde muchos pueblos de la comarca y contaba con un capellán que celebraba treinta misas anuales.
Sin embargo, en la visita pastoral de 1771 se señala que no se podía celebrar misa en este templo; al año siguiente se ordenó que los objetos de culto se trasladasen a la parroquial, dando un plazo de cuatro meses para su reparación, bajo amenaza de derribo. La advertencia surtió efecto: en 1785 estaba en buenas condiciones y contaba con una torre-campanario no referida anteriormente en la documentación.
Durante el siglo XIX, el viejo Castillo recuperó sus funciones militares. En mayo de 1809, Montalbán logró rechazar un ataque napoleónico, retrasando efímeramente su ocupación por los franceses. Pero fueron las Guerras Carlistas las que supusieron su ruina definitiva. La plaza, defendida por los liberales, fue atacada en varias ocasiones por los carlistas. En 1836, el general Quílez fracasó ante sus muros, incendiando la villa como venganza. Y en mayo y junio de 1839, Cabrera volvió a atacarla con un ejército formado por más de 11 batallones. Tras 50 días de sitio, en el que se arrojaron 600 granadas y otros 3.000 proyectiles sobre sus muros, y en el que se realizaron diversas minas, la posición fue evacuada por los liberales. Cabrera se apoderó únicamente de un montón de ruinas.
Tras estos episodios, el Castillo, sepultado por una ingente cantidad de escombros y casi invisible, quedó relegado al olvido. Los trabajos arqueológicos previstos para los próximos años, aspiran a devolver a esta imponente fortaleza parte del antiguo esplendor que el bombardeo carlista le robó.
Itinerario de los Castillos de la Orden de Santiago.
Este itinerario temático parte del Castillo de Montalbán, visitando el recinto amurallado de esta villa, la iglesia fortificada de Castel de Cabra y el poco conocido Castillo de Torre de las Arcas. También puede prolongarse hasta el Castillo de Tormón, encaramado en el relieve que da nombre al municipio.

El Castillo y la iglesia parroquial emergiendo por encima del caserío. Primera mitad del siglo XX.

Organización funcional, según la visita realizada en 1499: acceso al conjunto (A), iglesia (B), dependencias auxiliares (C), Castillo “del Homenaje” (D), dependencias conventuales (E) y torre Albarrana (F). Ortofotografía: Municipios 2006.

Estructura que sustenta el rellano occidental, en el que se situaba la iglesia.

Hipótesis de distribución del sector central: iglesia (1); claustro (2); capilla de Santa Águeda (3); Torre del Palomar (4); Torre del Homenaje (5); castiemiento (6); aljibe (9); cueva con cámara destruida (10); caballeriza (11); porche en planta baja y sala en la alta (12); caballeriza en planta baja y retraimientos en la alta (13); masador (14); y cocina sita junto al adarve (22).

El Castillo “del Homenaje” se asienta sobre la parte más alta de la cumbre.

Hipótesis de distribución del sector oriental: Torre del Palomar (4); Torre del Homenaje (5); castiemiento (6); adarve sobre las pennas (7); Torre Albarrana (8); aljibe (9); caballeriza (11); porche en planta baja y sala en la alta (12); caballeriza en planta baja y retraimientos en la alta (13); masador (14); dormitorio de los freires (15); refectorio en planta baja y sala grande con retraimiento en la alta (16); escalera grande de yeso (17); privadas (18); cámara con retraimiento pequeño (19); sala grande en planta baja y cámara con retraimiento en la alta, en estado ruinoso (20); sala hundida (21); y cocina junto al adarve (22).

Rellano septentrional, en el que se ubicaban las dependencias conventuales.

Grabado incluido en DUNCAN, F. (1877). En él se identifican las dependencias conventuales (A), torre del Homenaje (B), iglesia del Castillo (C) y la rampa de acceso (D).

Itinerario temático de los Castillos de la Orden de Santiago.

Torre de Castel de Cabra.




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