
Vista general del Castillo de Santa Croche.
Publicado en: Programa de fiestas de Albarracín 2022, Teruel, 2022, pp. 12-15
José F. Casabona, Javier Ibáñez & Rubén Sáez (ARCATUR)
El Castillo de Santa Croche se sitúa sobre unos altos peñascos, a 40 m. por encima del río Guadalaviar, en un tramo en el que este curso fluvial discurre encajado entre profundas hoces.
Tiene planta irregular, de unos 40 por 22 metros. Está construido en mampostería regularizada, trabada con morteros de cal o de yeso, salvo vanos, esquinas y elementos singulares, realizados con sillería de piedra rodeno. Está formado por una torre del homenaje de planta rectangular, situada en la esquina Nororiental. Además, cuenta con hasta tres recintos defensivos diferenciados y escalonados.
Dada su situación estratégica, este emplazamiento debió albergar una fortificación andalusí. En 1186, Fernán Ruíz de Azagra, segundo señor de Albarracín, se lo entregó a su escudero Lope de Varea. De esta forma, además de ser un punto clave en la defensa de uno de los principales accesos a la ciudad de Albarracín, la fortaleza se convirtió en el corazón de un pequeño señorío, vinculado con algunas de las más importantes familias de la nobleza hispana.
Castillo de Santa Croche, 1470.
El siglo XV en Aragón fue un periodo convulso. En contra de lo que se suele indicar, el Compromiso de Caspe y la llegada al poder de los Trastámara no supuso la paz para el territorio; tras la victoria de Fernando I, el Reino seguirá en un constante estado de enfrentamientos internos y externos. El reinado de Juan II (1458-1479), fue de especial tensión bélica: Navarra, Castilla, la sublevación catalana, los enfrentamientos con su hijo el Príncipe de Viana… Nobles y localidades tomarán partido y lucharán entre sí, en un contexto en el que tropas regulares e irregulares asolaron el territorio.
Teruel protagonizó muchos de estos enfrentamientos. Una de estas confrontaciones nobiliarias afectó al Castillo de Santa Croche, hasta el punto que tuvo que intervenir la Diputación del Reino, ocupando la fortaleza, que pertenecía a Ferrant López de Heredia; dirigió la operación Ximeno de Urrea, Vizconde de Biota.
Gracias a los registros de la Diputación del Reino, conocemos los detalles de este episodio: financiación, protagonistas, problemas prácticos y algún dato singular sobre el equipamiento militar del castillo y la sociología de las gentes de guerra.
El vizconde, actuando en representación del Reino, nombró alcaide a Martín Aznar, que con 9 peones debía custodiar el castillo. Por una carta del 20 de junio de 1470, sabemos que la Diputación del Reino pagaba un salario de 100 sueldos jaqueses al mes al alcaide y de 60 sueldos a cada peón, es decir 640 sueldos jaqueses al mes, una cantidad importante, pero dentro de las posibilidades de la institución que gestionaba el impuesto del General.
Poco tiempo después, los diputados alcanzaron un acuerdo con Heredia y el diputado Johan Gil de Palomar, originario de Mosqueruela, fue el encargado de recibir el castillo para devolverlo a su señor. En este momento, el alcaide se niega a entregarlo argumentando que se le habían ofrecido 200 sueldos de salario, por parte del Vizconde, y que aún se le debían varias mensualidades, así como los gastos efectuados durante la custodia del castillo. También exige ser absuelto de cualquier responsabilidad por razón de sus actos, además del propio juramento de homenaje.
Los diputados aceptan pagar el sueldo, para lo cual se recurrirá a los fondos del recaudador de Teruel y a las rentas de las Barracas de la Jaquesa (Albentosa), la principal aduana del sur del Reino.
Sin embargo, no aceptan las reclamaciones económicas adicionales; además, surgen problemas sobre la gestión económica de la ocupación y deciden “diffinir lo que se ha comido, e gastado e malmetido”, ya que Heredia señala que se han gastado muchas cosas del castillo y de sus rentas (herbajes); por ello, su esposa, encargada de recibir el castillo, se niega a hacerlo si las cosas no están en orden.
Más aún, existía un inventario realizado en el momento de la toma de la fortaleza por el vizconde, que no coincide con el inventario hecho por el alcaide; y se le acusa a este último, de un importante fraude en el armamento del castillo, lo que nos permite asegurar que éste se encontraba bien artillado y confirmar que la artillería de pólvora era un recurso habitual en estas fechas; literalmente se dice:
“… algunas armas e tiros de polvora que eran del castiello, sanas e buenas se le hallan levado, e en lugar de aquellas se hayan puesto malas e crebadas” (21 de agosto de 1470).
El alcaide entregó el castillo al Diputado Gil de Palomar, quedando a cargo de un “portero” y seis peones. Sin embargo, ante las carencias citadas, la esposa de Ferrant Lopez de Heredia (en representación de su marido) se niega a aceptar el castillo. De todo ello se dio parte al rey y al arzobispo de Zaragoza.
Al final, la fortaleza volvió a manos de los Heredia y en el momento del fogaje de 1495, el castillo tenía tres fuegos: Johan de Heredia, alcaide, la viuda de Mahoma Musaire y Brayem Farag; de este modo se habría recuperado la normalidad.

El castillo, tal y como se ve desde la carretera que une Albarracín con Gea.

Puerta de acceso al castillo desde su parte interior.




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