
El castillo de Alfambra desde la lejanía. Se aprecia su posición dominante sobre el terreno circundante.
Publicado en: Al-Arba, Teruel, 2021, pp. 5-9
Rubén Sáez Abad & Javier Ibáñez González
Cuando uno se aproxima desde la lejanía al castillo de Alfambra parece hallarse frente a una fortificación aparentemente inexpugnable. Pero nada más alejado de la realidad, pues cualquier fortaleza en la Edad Media era susceptible de ser tomada, al existir las técnicas y recursos necesarios para capturar hasta el más inaccesible de los castillos. Para ello vamos a ponernos en el lugar de un hipotético sitiador, lo que nos permitirá acercarnos a las estrategias y recursos poliorcéticos que éste podría utilizar para tomar el castillo de Alfambra. Al mismo tiempo, estos recursos también nos ayudarán a interpretar cuál era el funcionamiento de su sistema fortificado y a qué respondían cada uno de sus diferentes elementos.
Como primer paso, es necesario establecer una diferenciación inicial entre los sectores del castillo susceptibles de ser asaltados y los susceptibles de ser batidos. En el primer caso, se refiere a los espacios a través de los cuales podría ser lanzado un ataque contra los muros. Respecto a los segundos, alude única y exclusivamente a aquellos que podían ser batidos por el fuego de la artillería de sitio, con independencia de que a través de ellos el castillo pudiera o no ser atacado por los contingentes de infantería sitiadores.
El castillo de Alfambra resulta casi totalmente inaccesible por tres de sus frentes (Norte, Oeste y Sur), a causa de los acusados desniveles que presenta el terreno, lo que hace que cualquier posible ataque sobre él necesariamente debería llegar a través del sector Este y, más específicamente, del Sureste. Se trata del único espacio donde el terreno permite ascender hasta los muros de la fortaleza, al presentar una orografía menos accidentada. Cualquier ofensiva destinada a apoderarse de la fortaleza alfambrina tendría que desarrollarse sobre este reducido sector. Este planteamiento defensivo debió conducir, con total seguridad, a la concentración en él de algunas de las principales estructuras defensivas con que contaba el castillo.
Por otro lado, desde el punto de vista poliorcético el acceso hasta el castillo de Alfambra parece responder a una cuidada planificación. En todo momento obligaba a cualquier posible atacante a exponer su flanco derecho durante la maniobra de ascenso, lo que lo dejaría sumamente expuesto frente a los disparos de los soldados de la guarnición. Hay que tener en cuenta que ese es un principio poliorcético básico, pues los soldados de infantería siempre portaban en su mano derecha la espada, siendo la izquierda en la que se llevaba el escudo. Obligándole a exponer su flanco derecho al soldado, se le privaba de cualquier posible protección frente a los disparos que pudieran llegar desde lo alto de los muros.
Al igual que el castillo de Alfambra resulta susceptible de ser asaltado únicamente por el sector Sureste, también puede ser batido únicamente con fuego de artillería desde este espacio. A diferencia de lo que sucede en muchas ocasiones, en su entorno más inmediato no existe ningún “padrastro”. Los padrastros eran elevaciones del terreno próximas a los castillos y a una cota similar, desde las que sus muros podían ser batidos por el fuego de artillería. Únicamente, tras la generalización de las piezas de pólvora, los muros del castillo de Alfambra podrían ser batidos desde todos los sectores que lo rodean, dado que hasta ese momento las piezas difícilmente eran capaces de disparar por encima de la horizontal.
Una vez definido el sector Sureste como el único susceptible de ser empleado para el asalto de la fortificación, es el momento de estudiar qué estrategias y máquinas podrían ser utilizadas para llevarlo a cabo. En la Edad Media eran cuatro las opciones posibles para conseguir doblegar la resistencia de una plaza fuerte:
- Captura por medio de gestiones diplomáticas.
- Asalto por hurto o por sorpresa.
- Bloqueo
- Bloqueo activo.
Prescindiendo de la captura por medio de gestiones diplomáticas, vamos a centrarnos en las otras tres. El uso del asalto por sorpresa, sin el apoyo prestado por máquinas de asedio adicionales, sólo tenía sentido cuando la desproporción entre atacantes y defensores era acusada. En este supuesto, atacando los muros de forma simultánea por diferentes puntos, se conseguía obligar a los defensores a dividir sus fuerzas y se facilitaba la conquista de la plaza en cuestión.
Pero, en el caso del castillo de Alfambra, teniendo en cuenta que el asalto sólo podía concentrarse sobre un pequeño espacio del sector Sureste, esta estrategia tenía muy pocas posibilidades de éxito, aunque la desproporción entre atacantes y defensores fuera muy acusada. El reducido espacio a defender permitiría a la guarnición concentrar en este sector el grueso de sus efectivos, ocasionando un elevado número de bajas entre las tropas de sitio. Tan sólo efectuando el ataque, aprovechando alguna circunstancia climatológica propicia, como una especial oscuridad, una intensa lluvia o una niebla penetrante, existiría la posibilidad de sorprender a la guarnición y completar la operación con éxito.
Tomando en consideración la extrema dificultad que acarreaba el lanzamiento de un asalto sin medios técnicos de apoyo, las estrategias para apoderarse del castillo de Alfambra serían básicamente dos: rendirlo por hambre o asaltarlo y capturarlo por la fuerza. Será, precisamente esta diferenciación, la que permita distinguir las dos últimas técnicas de sitio que podría utilizar un hipotético sitiador.
La primera de las dos estrategias era la que menos coste tenía desde el punto de vista humano. El ejército sitiador se tenía que limitar a bloquear la ciudad, por medio de la construcción de una línea de cerco o de circunvalación dotada de fuertes y trincheras, además de fosos. La verdadera clave del asedio se encontraba en conseguir impedir la entrada de tropas de refresco o de víveres dentro de la plaza sitiada. Sólo si la línea de bloqueo alcanzaba la impermeabilidad total era posible doblegar la resistencia de los sitiados, pues en caso contrario las operaciones se podían prolongar indefinidamente.
Sin embargo, el empleo de esta estrategia de ataque resultaba muy lento y terriblemente costoso desde el punto de vista económico, al obligar a inmovilizar ante los muros enemigos ejércitos considerables durante espacios de tiempo muy prolongados. Su mantenimiento requería de grandes cantidades de dinero y alimentos, viéndose en ocasiones los atacantes obligados a levantar el asedio al escasear los víveres, lo que podía frustrar el trabajo de varios meses o incluso años.
Esta estrategia sería la óptima para el asedio del castillo de Alfambra, pues la fortificación se encuentra rodeada de un terreno bastante llano, lo que facilitaría la construcción de la línea de circunvalación en torno a ella. La considerable visibilidad permitiría el control de una amplia extensión de terreno y, por ende, la detección precoz de cualquier movimiento que pudieran efectuar los enemigos, tanto los que integraban la propia guarnición, como aquellos que pudieran integrar un posible ejército de socorro.
Al igual que resultaba muy difícil de atacar el castillo, dado el estrecho acceso existente para ascender hasta sus muros, esta ventaja también se convertía en un arma de doble filo para sus moradores, pues, a su vez, dificultaría el abastecimiento de la guarnición, que sólo podría efectuarse a través de este espacio. Bastaría la disposición de un cuantioso retén y la erección de obras especiales en su flanco Sureste, para neutralizar cualquier salida que pudieran realizar los defensores contra las líneas de sitio para intentar su ruptura.
Pero, si se tiene en cuenta que no resultaría muy complicado que las poblaciones vecinas hubieran concentrado dentro de los muros parte de sus provisiones, de forma previa al comienzo del asedio, lograr la rendición del castillo de Alfambra por hambre podía convertirse en una tarea larga y complicada. Por otro lado, el vital abastecimiento de agua quedaba garantizado con la presencia del aljibe, de unas dimensiones considerables, lo que permitiría a la guarnición prolongar la resistencia en el tiempo.
Considerando los problemas que acarreaba recurrir al empleo de la estrategia de bloqueo, cabía la opción de tratar de reducir la duración del asedio, en la medida de lo posible. Hay que tener en cuenta que cada día de más que se consumiera en un sitio acarreaba un coste económico adicional para el ejército sitiador. Ahí es donde entraban en juego las máquinas de asedio, capaces de facilitar la captura de una fortaleza sitiada en un menor tiempo y, por tanto, con un coste menor.
De cara a poder superar un recinto amurallado existían diferentes opciones, siendo posible:
- Superar las murallas por su parte inferior por medio del empleo del minado.
- Superar las murallas por altura con escaleras, escalas, grúas elevadoras o torres de asedio.
- Atravesar las murallas rompiendo un lienzo con arietes y taladros, contando en esta tarea con el apoyo proporcionado por las piezas de artillería.
Así pues, a cualquier hipotético atacante del castillo de Alfambra no le quedaría más remedio que tomar sus murallas a viva fuerza si quería hacerlo en un tiempo prudencial. Gracias a la presencia de las fortificaciones erigidas en el ese sector Sureste, y que se elevaban considerablemente en altura, cualquier posible asaltante quedaría batido hasta una distancia de aproximadamente 500 metros por el fuego de los arqueros defensores. Por lo tanto, cualquier estrategia de ataque tendría que pasar, necesariamente, por la consideración de que cualquier movimiento obrado en ese radio de acción debería hacerse bajo el fuego enemigo.
La situación del castillo de Alfambra dificultaba recurrir a la estrategia de minado para tratar de provocar el derrumbe de sus murallas, especialmente teniendo en cuenta la considerable altura a la que se alzaban las defensas. No obstante, la arcilla sobre la que se asienta sí que resultaría relativamente fácil de excavar, sobre todo si se compara con la dureza de la roca presente en otras fortalezas. Esto permitiría recurrir a la excavación de minas para provocar el colapso de lienzos completos de muro. No existirían grandes dificultades para poder excavar túneles que llegaran hasta la base de las murallas, siendo el principal hándicap para el empleo de este recurso la elevada pendiente que deberían seguir esas posibles minas.
La superación de las murallas del castillo de Alfambra también podría efectuarse por su parte superior con escaleras, escalas, grúas elevadoras y torres. Pero, el empleo de estos ingenios se vería condicionado por la elevada pendiente por la que tendrían que ser desplazados, siendo necesaria la construcción de una rampa de considerable anchura para facilitar su ascenso. Otro tanto sucedería con los arietes, máquinas utilizadas habitualmente para provocar la ruptura de los muros.
Pero, el empleo de estos recursos tampoco sería fácil en ningún caso. Dada la enorme pendiente existente en la ladera y la estrechez del acceso, se requeriría de un considerable trabajo por parte de los zapadores, de cara a adecuar la subida para su correcto desplazamiento. Y. hay que tener en cuenta que deberían efectuar estos trabajos en todo momento bajo el fuego enemigo, lo que les obligaría a recurrir a abundantes máquinas protectoras.
Las únicas máquinas que podría ser factible desplazar ladera arriba serían los manteletes. Resultaban más ligeros que el resto de ingenios, siendo su peso de apenas unas docenas de kilos. Sin embargo, los manteletes tampoco podrían aportar mucho al contingente atacante, dado que los defensores podrían aprovechar la considerable pendiente para arrojar rodando troncos, piedras o ruedas de fuego, elementos todos ellos capaces de arrollar a los soldados y acabar con su vida.
En cuanto a la artillería de sitio, en ningún momento podría buscar la ruptura de los muros, dado que a través del sector Sureste sería imposible abrir una brecha practicable para el asalto de la infantería. Aunque se consiguiera demoler una parte del muro, dada la enorme pendiente los atacantes no podrían instalar sus escalas y los soldados de la guarnición siempre se encontrarían en una posición ventajosa frente a los asaltantes.
Por lo tanto, las máquinas sólo tendrían la opción de disparar “a piedra perdida” y únicamente desde la plataforma en la que se localiza la Iglesia Vieja. El objeto de sus disparos sería alcanzar el interior de la fortificación y eliminar el mayor número de defensores posible, además de dificultar su tránsito para que no pudieran acudir hasta el frente Sureste y contribuir a su defensa.
El ataque sobre el castillo de Alfambra sólo se podría culminar con éxito, en el caso de que existiera una perfecta coordinación entre las tropas que llevaran a cabo el asalto por el frente Sureste y el batido de los muros de forma simultánea, con el fin de prestar fuego de cobertura a la maniobra de ataque. En ese sentido, serían muy grandes las limitaciones con la tecnología artillera medieval, consiguiendo optimizarse su rendimiento únicamente tras la puesta en marcha de las piezas de artillería de pólvora.
Pero para ello ya deberíamos situarnos a finales del periodo medieval, pues sólo a principios del siglo XV la artillería de pólvora empezó a usarse con cierta profusión en los asedios. Durante los siglos previos la guarnición del castillo de Alfambra no habría tenido ninguna dificultad para repeler el asalto a través del estrecho pasillo que daba acceso al castillo por su flanco Sureste, consiguiendo un reducido número de soldados mantener a raya a ejércitos muy superiores numéricamente.

Vista general del castillo de Alfambra. Es posible apreciar lo inaccesible de su posición por su frente Oeste, Norte y Sur.

Torre Nororiental destinada a proteger ese vulnerable sector de las murallas del castillo.

El castillo de Alfambra bajo la niebla, condiciones climatológicas que favorecerían el lanzamiento de un asalto por sorpresa contra sus muros.

Dibujo explicativo de cómo se efectuaban las obras de minado destinadas a provocar el colapso de un lienzo de muralla.

Reconstrucción de un trabuco de contrapeso, la más grande de las piezas de artillería medievales para el lanzamiento de piedras. Trebuchet Park, Castillo de Belmonte (Cuenca).

Mantelete, la única máquina de asedio que podría ser desplazada ladera arriba por el flanco Sureste de la fortificación.

Despliegue de máquinas de asedio en la Iglesia Vieja, punto de partida desde el que tendría que lanzarse cualquier ataque que se efectuara sobre el castillo de Alfambra.




0 Comentarios