
Atardecer en el Castillo de la Hoz de la Vieja (José Francisco López).
Publicado en: Verde Teruel, n º 53, Teruel, 2020, pp. 64-67
Javier Ibáñez González & Rubén Sáez Abad
Situado en el tramo final de las hoces de la cabecera del río Armillas, el Castillo de La Hoz de la Vieja ocupa un minúsculo rellano en mitad de una amplia loma, en la margen izquierda del río. Esta posición permite controlar visualmente el estrecho por el que discurre el cauce fluvial y el tradicional camino que unía la zona de Montalbán con Belchite y el Valle medio del Ebro.
Fortificaciones ibero-romanas y andalusíes.
Recientemente, un estudio arqueológico ha permitido detectar que en este emplazamiento existió una fortificación de época ibérica y romana republicana, protegida por una muralla ciclópea formada por grandes bloques de más de una tonelada de peso. Y delante de ésta, un foso tallado en la roca, que además debió servir de cantera para la muralla.
Este enclave volvió a ocuparse en época andalusí, documentándose añadidos a la vieja muralla ibero-romana. A este momento también podrían pertenecer diversas estructuras que afloran a la superficie en el exterior del castillo, realizadas con piedra y mortero de yeso de color rosáceo.
Más difícil resulta establecer la cronología de los aplanamientos y entalles realizados en el farallón rocoso que limita el enclave por el Noreste, y que parecen estar vinculados con una cerca realizada con gruesos postes de madera.
La polémica construcción del castillo.
La construcción del actual edificio se remonta a la Guerra de los Dos Pedros y estuvo envuelta en una notable polémica. Algo antes del inicio de las hostilidades, se intensificaron las labores de refortificación de los castillos aragoneses, proceso que se acentuó en 1362 a raíz de la gran ofensiva castellana. Para ello, fue necesario recaudar importantes subsidios. El 28 de octubre de 1364, el rey Pedro IV ordenó al gobernador general de Aragón, Jordán Pérez de Urriés, la mejora de las defensas del Castillo de Montalbán. A esa obra debían destinarse los fondos recaudados y bienes embargados en numerosas poblaciones cercanas, incluida La Hoz de la Vieja. Como contraprestación, los de Montalbán les darían refugio en caso de peligro.
Por entonces, La Hoz de la Vieja era una de las diez principales aldeas de la Comunidad de Teruel, con 229 vecinos fiscales (monedaje de 1342), equivalentes a no menos de 500 habitantes. Su concejo no estuvo de acuerdo con que sus recursos se invirtieran en las defensas de Montalbán, por lo que propuso al monarca aragonés la construcción de un castillo que defendiera la población. Para ello, debían contar con los restos de las antiguas fortificaciones ibero-romanas y andalusíes, parte de las cuales aún se mantendrían en pie.
Las obras se iniciaron con posterioridad al 28 de octubre de 1364, ejecutándose con gran celeridad a pesar del volumen de cal y piedra necesarios, aunque para esta última pudieron reaprovechar mampuestos procedentes de las estructuras preexistentes. Las obras se enfrentaron a la dificultad añadida del fraguado del mortero de cal en unos meses tan fríos.
Sin embargo, el esfuerzo fue baldío, ya que no se cumplieron las expectativas. Los de Montalbán denunciaron que se había construido un “castillejo sin importancia"; y el 5 de febrero de 1365, el rey volvió a ordenar que se contribuyera a la mejora de las defensas de Montalbán. Más adelante, el monarca también acabó anulando el título de villa que había concedido a la población tras la conquista castellana de Teruel (1363), aunque le otorgó el privilegio de que no pudiera ser separada de la Comunidad de Teruel (1367).
La fortificación de la discordia.
Las estructuras erigidas a finales del otoño e inicios del invierno de 1364-65 eran claramente insuficientes para proteger y albergar a la nutrida población de La Hoz de la Vieja, entre 6 y 7 veces superior a la actual. Sin embargo, no pueden considerarse un “castillejo sin importancia”.
La torre es la principal y casi única estructura visible del castillo. Posee una peculiar planta, fruto de la simbiosis de un semicírculo ligeramente achatado, con un rectángulo de 9,5 m. de lado (equivalente a 38 pies) por 7,8 m. de ancho (30 pies). Esta traza pudo responder a la necesidad de reaprovechar al máximo las fortificaciones preexistentes, que quedaron casi totalmente envueltas por la nueva fábrica.
Las nuevas construcciones se efectuaron con mampostería de piedra caliza de hiladas regularizadas, trabada con calcina que incorporaba grava negruzca con abundantes aristas. El lateral Suroriental, que era el único lienzo recto, se realizó mediante mampostería encofrada, con un revestido exterior de mortero de cal que enmascara el uso de una piedra más pequeña; en sus dos esquinas dispusieron sillares de piedra rodeno.
La altura total ronda los 16 m. y está dividida en tres plantas, a las hay que sumar un cuarto nivel (inexistente en la fortaleza original) generado durante el siglo XX al excavar el relleno interior de la base. Conserva parte de las almenas del remate, algunas perforadas por saeteras. La puerta se sitúa ligeramente sobreelevada, a la altura del farallón rocoso, en el lateral Sureste. Debía tener un arco ligeramente apuntado al exterior y de medio punto al interior; desgraciadamente, las jambas y dovelas de piedra arenisca fueron arrancadas hace tiempo; poseía un cierre de tranca y estaba protegida por un vano situado en la planta superior.
Los forjados de las plantas han desaparecido, conservándose tan solo algunas de las vigas sumamente deterioradas; éstas sustentaban un suelo realizado con viguetas de menor sección, encajadas en mechinales abiertos en la fábrica y delimitados en algunos casos con ladrillos. No hay indicios de la escalera, que debía ser de mano. En la planta baja, únicamente se abre la puerta de acceso; en la primera, el flanco semicircular está perforado por tres saeteras de derrame interior; en la segunda planta hay cuatro saeteras en la parte semicircular y una pequeña ventana en la vertical de la puerta.
El Castillo de la Hoz de la Vieja no cumplió la función para la que se construyó. Tampoco tenemos constancia de que se llegase a utilizar en ningún otro conflicto bélico. Pero refleja el tesón de los hozviejanos de hace seis siglos y su esfuerzo por evitar que la villa quedase relegada a un segundo plano. Además, su peculiar traza, la integración de estructuras antiguas, su curiosa historia y la celeridad con la que se construyó, junto con su estado de conservación, hacen merecedor al castillo de una visita. Falta que el edificio se restaure para que, además, se puedan disfrutar de unas inmejorables vistas de la villa y su intrincado entorno.

Vista general desde el Sureste.

Sección de la muralla ciclópea ibero-romana que aflora del paramento bajomedieval.

Foso y torre vistos desde el Norte.

Posibles agujeros de postes, tallados en la cantera; algunas de las oquedades que aparecen en la imagen son de origen natural.

Vista meridional del Castillo a principios del siglo XX.

Vista del Castillo desde la población.

Planta baja de la torre: Rebajes en la cantera (1); sección visible de la muralla ciclópea ibero-romana (2); restos de muro islámico (2); cimentación de la torre bajomedieval (4); paramento semicircular de la torre (5); puerta de acceso a la torre (6); y paramento encofrado de la torre (7).

Alzado de la torre visto desde el otro lado del foso.

Paramento y aspilleras.

La torre vista desde el Este.

Torre vista desde el Norte.

Interior de la torre: forjados.




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