
Ortofotografía de la Plaza de los Moros: plataforma principal (a), saliente Noroccidental (b), posición del bloque constructivo adosado al muro occidental (c), depresión (d), estructuras de la ladera Suroriental (e), antigua entrada al castillo (f), camino que descendía hasta la aldea de Libros (g), muro Suroccidental (h) y actual acceso al mirador (i).
Publicado en: Castillos de Aragón, n º 39, Zaragoza, 2020, pp. 4-8
Rubén Sáez Abad & Javier Ibáñez González
El Castillo de Libros, tradicionalmente conocido como la “Plaza de los Moros”, está encaramado en la cumbre de un alto e irregular peñasco, en la margen derecha del río Turia (fig. 1). Controla la entrada a un tramo de profundas hoces, tan estrechas en algunos puntos que no permitían ni tan siquiera el paso de un camino; de hecho, hasta la apertura de la actual carretera N-330, el antiguo camino que unía Libros con Villel transitaba por las empinadas e incómodas laderas de la margen izquierda.
La fortaleza se asienta en la cumbre del cerro conocido como “El Mortero”, tormo delimitado por un meandro abandonado del río y por el curso fluvial actual; se trata de un antiguo relieve residual, formado por materiales triásicos con un fuerte buzamiento, que quedaron cubiertos por rellenos terciarios y que fueron exhumados por la erosión fluvial. A sus pies se encuentra el casco urbano de Libros, instalado sobre parte del meandro; la antigua aldea medieval debía ocupar las partes más bajas de la ladera Suroriental del tormo, también sumamente incómodas (fig. 2).
Fortaleza de órdenes militares.
En origen, la posición debió estar ocupada por una fortificación islámica, conquistada por Alfonso I, que la donó a la Orden de Monte Gaudio en diciembre de 1187. En ella se instaló un comendador, cargo que ejercía fray Fortuyn Xemeni en el momento del traspaso de los bienes de esta orden al Temple (abril de 1196).
Aunque dependiente de Villel, el Castillo de Libros siguió albergando al menos un freire, que ejercía la función de comendador; en noviembre de 1212, el Temple otorgó carta de población a Libros, siendo comendador fray Ramón Guerau.
Al igual que Villel, el Castillo de Libros fue una de las posiciones que se opuso a la orden de aprehensión dictada por Jaime II contra el Temple. Su defensa corrió a cargo de Pedro Rovira, el único freire existente en la misma, que se rindió a finales de junio de 1308. Al igual que las restantes posesiones templarias en Aragón, la fortaleza pasó a manos de la Orden del Hospital en 1317.
Cuatro décadas después, en el contexto de la Guerra de los Pedros, el rey ordenó a Fortum Gonçalvez, comendador hospitalario de Villel, que reparase los castillos de Libros y Cabronciello, siendo ésta la última referencia que hemos localizado a la fortaleza. Este aparente silencio documental, podría apuntar a su abandono tras la guerra con Castilla, momento en el que pudo ser demolida, no volviendo a ser posteriormente reconstruida.
Estructuras conservadas.
Son escasos los restos visibles en superficie de la antigua fortificación. Las estructuras de mayor entidad son los muros perimetrales que dan forma a una irregular plataforma (figs. 3.a, 4 y 5), de unos 28 m. de largo (N-S) por entre 8 y 15 m. de ancho (E-W), con un pequeño saliente en la esquina Noroccidental; dicho saliente (figs. 3.b y 5) constituye la parte más alta del cerro, conservándose algunos restos que podrían corresponder a una estructura turriforme (fig. 6). Además, en el espacio interior se detecta la presencia de algunos muros que afloran a la superficie, definiendo lo que podrían ser dos bloques constructivos diferenciados; uno de ellos, adosado al muro occidental (fig. 3.c), de unos 4 m. de anchura; el otro, en la esquina Suroriental. En este último sector hay una pequeña depresión circular (fig. 3.d), que corresponde, según la tradición, a la entrada una a antigua galería que descendía hasta el río; a menudo, este tipo de leyenda recurrente coincide con la presencia de un aljibe.
En la parte superior de la ladera Suroriental también se detecta la presencia de otras estructuras vinculadas con el castillo (fig. 3.e), de muy difícil acceso en la actualidad, que reflejan la complejidad en la traza del conjunto y la posible existencia de construcciones a distintos niveles.
Es posible que el acceso a la fortaleza se situase en el flanco occidental, donde se aprecia la existencia de un posible vano, que daría acceso a una especie de corredor (fig. 3.f y 7), desde el que se descendía por la empinada ladera hasta conectar con la calle Carmen (fig. 3.g y 8), por un paso actualmente bloqueado por grandes desprendimientos de bloques. El citado saliente de la esquina Noroccidental permitiría controlar el camino de subida y la puerta de entrada al recinto.
Las estructuras visibles son de mampostería encofrada de piedra irregular, trabada con mortero de yeso. Se encuentran afectadas por múltiples patologías, como la degradación de los morteros por acción del agua y de elementos vegetales, desprendimiento de mampuestos de los muros, acción de la humedad derivada de los rellenos, etc. El muro Suroccidental (fig. 3.h y 9), que es de los que presentan mayor alzado, es el que se encuentra en un estado más preocupante, al haber perdido casi todo el paramento exterior, quedando al descubierto su núcleo, del que deben desprenderse mampuestos con relativa frecuencia, como lo indican las piedras acumuladas en su base y la escasa pátina que presenta la superficie del mortero.
Pese al deterioro general de las estructuras, fruto de la posible reutilización de parte de sus piedras y de más de medio milenio de abandono, se aprecia la posible existencia de rellenos con potencias que en algunos puntos son superiores a un metro y medio, lo que nos permite suponer la conservación de contextos de interés arqueológico. Dichos niveles se encuentran sometidos a intensos procesos erosivos por arroyada difusa, frenados por las estructuras de la antigua fortaleza. En superficie se observa la presencia de cerámica decorada de Teruel del siglo XIV y de cantarería bajomedieval.
Hace unos tres años, se acondicionó el Castillo como mirador, abriendo un nuevo acceso por la ladera Noroccidental (fig. 3.i), instalando un par de mesas y un vallado de protección de madera, confiriéndole la apariencia que actualmente posee.
Un olvido inexplicable.
El Castillo de Libros no figura en el listado de fortificaciones recogido en la ORDEN de 17 de abril de 2006, del Departamento de Educación, Cultura y Deporte, por la que se aprueba la relación de Castillos y su localización, considerados Bienes de Interés Cultural en virtud de lo dispuesto en la disposición adicional segunda de la Ley 3/1999, de 10 de marzo, del Patrimonio Cultural Aragonés. Esta ausencia no es atribuible a la escasa bibliografía existente, ya que la fortaleza aparece recogida en Castillos de Aragón de Cristóbal Guitart, auténtica obra de referencia para la castellología aragonesa; y en los Castillos templarios arruinados en el Sur de la Corona de Aragón, de José Luis Gordillo. Tampoco creemos que obedezca a la entidad de los restos conservados, ya que en la citada Orden se incluyen otros castillos que mantienen muchas menos evidencias. Ni a la falta de interés de los mismos, dada la importante información arqueológica que puede proporcionar para el conocimiento histórico del Alto Turia en el periodo comprendido entre los siglos XII y XIV, como para las fortificaciones de las órdenes de Monte Gaudio y del Temple en el Sur de Aragón.
Todo parece indicar que la ausencia del Castillo de Libros en la relación de fortificaciones de la ORDEN de 17 de abril de 2006, es atribuible, exclusivamente, a un simple olvido.
Urge enmendar esta situación, ya que, de facto, supone privar a este Bien de las medidas de tutela y protección que le corresponden en virtud de la Disposición Adicional Segunda de la Ley 3/1999, de 10 de marzo, del Patrimonio Cultural Aragonés.

Situación y detalle del cerro El Mortero. Mapa Topográfico de Aragón 1:5.000, hoja 612-07. Gobierno de Aragón.

Vista aérea desde el Sur del cerro El Mortero y del meandro abandonado del río Turia, antes de la instalación del mirador (Pedro Julve / Archivo Qualcina).

La plataforma principal vista desde el saliente Noroccidental.

La plataforma principal vista desde el Sur, con el saliente Noroccidental al fondo.

Una de las estructuras conservadas en el saliente Noroccidental.

Acceso desde la plataforma al antiguo camino que descendía hasta la aldea de Libros.

Vista Suroccidental de la parte alta y media de la ladera del cerro El Mortero, en la que se aprecia la grieta por la que debía descender el dificultoso camino de acceso al castillo.




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