Estudio arqueológico de El Castillo de La Hoz de la Vieja (Teruel)

Vista meridional de El Castillo, a principios del siglo XX.

Publicado en: Castillos de Aragón, n º 37, Zaragoza, 2019, pp. 36-45

Javier Ibáñez González & Rubén Sáez Abad

 

Pese a que tradicionalmente se ha considerado que El Castillo de La Hoz de la Vieja era fruto de un único episodio puntual y muy bien acotado en el tiempo, dentro de la Guerra de los Dos Pedros, el estudio arqueológico realizado en 2017 ha permitido determinar la existencia de diversas estructuras preexistentes, que nos refieren una historia mucho más rica y compleja del conjunto. La torre, construida entre finales de octubre de 1364 e inicios de febrero de 1365, se asentó sobre una antigua fortificación islámica, reutilizando parte de sus estructuras; ésta, a su vez, había aprovechado parte de lo que parece ser una potente estructura defensiva ibero-romana.

 

El emplazamiento

El Castillo (coordenadas UTM centroide: 681.627,56 / 4532.708,34; cota 995,81 m.s.n.m.) se localiza en la margen izquierda del río Armillas, en el estrecho que pone fin a un conjunto de hoces que se desarrollan desde prácticamente su nacimiento. Ocupa un minúsculo rellano situado en la parte media de una larga loma, que continúa su ascenso hasta la Ermita de San Jorge, y desde la que se domina el casco urbano de La Hoz de la Vieja. Los límites de la fortaleza quedan definidos en la parte Noroccidental por un foso, que la separa de la parte ascendente de la loma, y por sendos escarpes al Noreste y Suroeste, que coinciden con niveles rocosos subverticales; el límite por el Sureste es más laxo, descendiendo la loma con una pendiente creciente hasta los escarpes que definen la hoz sobre el curso fluvial.

 

Peculiar elección del emplazamiento

La posición del enclave permite controlar visualmente el entorno de la hoz del río y el importante camino que por ella discurría, aunque no defender directamente el paso. Desde el punto de vista poliorcético, si bien es cierto que la ubicación de esta fortificación parece la idónea para Época Antigua, no lo es tanto para el periodo Bajomedieval. En sus proximidades se alza un padrastro de grandes dimensiones que la domina en altura y desde la que podría ser utilizado por un hipotético sitiador para atacar sus muros. Este padrastro adquirirá una mayor trascendencia durante los últimos siglos de la Edad Media, a causa de los avances obrados en la guerra de sitio.

En Época Antigua las máquinas de asedio sobre las que se hacían descansar el peso de las operaciones de sitio eran los arietes pesados y las torres de asedio o helépolis (literalmente tomadoras de ciudades). Dado lo accidentado del terreno que circunda la fortificación, ninguno de esos ingenios podría aproximarse hasta ella, pues necesitaban de un espacio llano para poder desplazarse. Por lo tanto, su uso queda descartado en este caso.

Por otro lado, sí que podría utilizarse artillería para el ataque sobre sus muros. No obstante, hay que tener en cuenta, por un lado, que la artillería romana era incapaz de provocar la apertura de brechas en los recintos amurallados. Así pues, se limitaba a proporcionar fuego de cobertura para el desplazamiento de otras máquinas mayores o a apoyar las operaciones de asalto de la infantería. Y, por otro, que se trataba de piezas dotadas de una cierta exclusividad, puesto que sólo estaban en posesión de los ejércitos romanos y no en poder del componente indígena. De ahí que su uso quedara muy restringido a operaciones desarrolladas por los ejércitos romanos, ya fuera durante la conquista del solar hispano o ya bien durante las guerras civiles entre romanos, especialmente las acaecidas en el siglo I a. C.

Pero la ventajosa posición que hacía de El Castillo de La Hoz de la Vieja, casi inexpugnable en Época Antigua, no lo era tanto durante la Baja Edad Media. Ahora sí que las piezas de artillería habían ganado en potencia y capacidad de destrucción. Las piezas basadas en el sistema de contrapeso habían adquirido unas dimensiones descomunales. Durante la Guerra de los Dos Pedros sabemos que el ejército de Pedro I dispuso para el asedio de Teruel de 1363 de 24 piezas de artillería de gran calibre. Han sido más de una docena los proyectiles recuperados en las excavaciones efectuadas en el entorno de la muralla de Teruel, algunos de ellos que superan ampliamente los 100 kilos, y que avalan este poder de destrucción. Si bien es cierto que resultaría muy complicado poder subir en piezas una máquina de esas dimensiones hasta el padrastro que dominaba la posición, en el caso de conseguirlo las posibilidades de resistencia de la torre serían escasas.

En otro sentido, la artillería de pólvora ya había empezado en el momento en el que se construye la torre a operar con una cierta efectividad. Si bien su puntería es escasa, así como su cadencia de tiro lenta, no tiene los problemas de desplazamiento que arrastran las grandes piezas de artillería de contrapeso. Su peso es escaso y una batería compuesta por varias piezas de calibre medio es capaz de ocasionar daños de consideración sobre la estructura de una fortificación. Y más en este caso, en el que podría instalarse relativamente cerca de los muros a batir, gracias a la presencia del citado padrastro. Pero, hay que señalar que en estos compases iniciales del empleo de las piezas de pólvora, estas armas resultan muy escasas y valiosas, no siendo especialmente abundantes en los trenes de asedio hasta finales del siglo XV.

Como conclusión se puede afirmar que, si bien la fortificación de La Hoz de la Vieja gozaba de una ventajosa posición en Época Antigua, en el momento en que se procedió a su construcción durante la Guerra de los Dos Pedros, su capacidad frente a las nuevas piezas de artillería resultaba más bien escasa.

 

Las estructuras que forman el conjunto

La torre

La torre es la principal y casi única estructura visible de El Castillo. Posee una peculiar planta, fruto de la simbiosis de un semicírculo ligeramente achatado, con un rectángulo de 9,5 m. de lado (equivalente a 38 pies) por 7,8 m. de ancho (30 pies). Está realizada con una fábrica de mampostería de piedra caliza de hiladas regularizadas, trabada con una peculiar calcina, que incorpora una grava negruzca con abundantes aristas; el paramento externo del lienzo Suroriental aparece con un revestimiento de mortero de cal, que parece enmascarar el uso de una piedra más pequeña; las distintas franjas que se aprecian tenuemente en su superficie podrían revelar su construcción mediante encofrado. Las dos esquinas del edificio se encuentran reforzadas con sillares de piedra arenisca rodeno.

Su altura total ronda los 16 m. y está dividida en tres plantas; a éstas hay que sumar un cuarto nivel, inexistente en la fortaleza original, generado durante el siglo XX por la excavación del relleno interior existente en la base. Conserva parte de las almenas del remate, algunas perforadas por saeteras; estas últimas también están presentes en los muros (flancos NW, NE y SW), estando enmarcadas en la mayoría de los casos con sillares de piedra rodeno. La puerta estaba situada en una posición relevante, abierta en el lateral SE; debía tener un arco ligeramente apuntado al exterior y de medio punto al interior; desgraciadamente, las jambas y dovelas de piedra arenisca fueron arrancadas hace tiempo; poseía un cierre de tranca y estaba protegida desde un vano situado en la planta superior, en la vertical de la misma.

Los forjados de las plantas han desaparecido, conservándose tan solo algunas de las vigas sumamente deterioradas; éstas sustentaban un suelo realizado con viguetas de menor sección, encajadas en mechinales en la fábrica, delimitados en algunos casos con ladrillos. No hay indicios de la escalera, que debía ser de mano. En la planta baja, únicamente se abre la puerta de acceso; en la primera, el flanco semicircular está perforado por tres saeteras de derrame interior; en la segunda planta hay cuatro saeteras en la parte semicircular y una pequeña ventana en la vertical de la puerta.

En la base de la torre, en su ángulo Suroeste, se detecta la presencia de una estructura anterior, reutilizada en la fábrica bajomedieval y que se corresponde con un engrosamiento interior de la torre. Estaba realizada con grandes piedras, que definirían el paramento extramuros; se asentaban en seco, presentando mortero únicamente en la que está en contacto con la estructura del siglo XIV.

 

Otras estructuras y materiales

Además de la torre, se observan restos de un posible recinto defensivo exterior, que aprovecharía el afloramiento rocoso subvertical que delimita la loma por el Noreste; en él se aprecian aplanamientos y diversos entalles de origen antrópico (además de abundantes gnamas y formas naturales de disolución), pudiendo corresponder estos últimos a los postes principales de una empalizada de madera; ésta permitiría aprovechar el afloramiento rocoso a modo de adarve.

Al Sureste de la torre también se observa la existencia de restos sumamente degradados de estructuras de piedra y yeso blanco y rosáceo, pertenecientes a construcciones indeterminadas.

En la parte Noroeste se encuentra el foso que separa el rellano del resto de la loma y que también debió desempeñar las funciones de cantera. La construcción del foso parece coetánea a la de la estructura reutilizada en ángulo Suroeste de la torre.

Por último, en la superficie del enclave se observa la presencia de escasos fragmentos de cerámica a mano (posiblemente del Hierro I), cerámica a torno de técnica ibérica, cerámica islámica (común y vidriada, identificándose un ataifor) y cerámica bajomedieval. Los materiales aparecen dispersos por la parte Suroriental de la loma, desplazados por los intensos procesos erosivos.

 

Intervención arqueológica realizada

La intervención arqueológica realizada en 2017 fue promovida y financiada por la Dirección General de Cultura y Patrimonio del Gobierno de Aragón; tenía como principal objetivo corroborar si la fábrica de la torre integraba restos de una construcción anterior.

La actuación arqueológica consistió en catas murales / limpieza de paramentos, con retirada puntual del nivel superficial del terreno. Los trabajos se efectuaron en:

A.- Interior del edificio, flanco Noroccidental (paramento semicircular), en la zona en la que se concentra el engrosamiento interior de las fábricas.

B.- Interior del edificio, flanco Suroriental (zona próxima a la esquina Sur), en la parte en la que se observaron irregularidades en la fábrica del siglo XIV, con alternancia de muros a dos caras y otros construidos "contra terrero".

C.- Exterior del edificio, flanco Suroccidental, en un sector en el que se detectó el "afloramiento" de una estructura anterior a la fábrica del siglo XIV.

 

Resultados

Este enclave arqueológico presenta múltiples fases de ocupación atribuibles a su estratégica posición sobre uno de los principales estrechos o "puertas" del río Armillas. La intervención arqueológica ha permitido establecer cuatro "horizontes" distintos de ocupación, que describimos en orden inverso (de más reciente a más antiguo).

 

I.- Horizonte de abandono, desescombro e intento de recuperación

Este horizonte comprende un periodo de tiempo indefinido, que va desde el cese de uso de la estructura, hasta la actualidad. Esta fase viene marcada por su paulatino declive, con el arranque de los sillares y dovelas de la puerta de entrada (UE 7) para su reutilización. En el interior de la torre se produce el desplome (UE 24) de una parte del paramento del flanco occidental (trazado curvo) y el paulatino colapso de sus forjados. Este nivel de derrumbe dejó una huella erosiva en los muros (UE 6), patente en una mayor disgregación de los morteros, presente en todos los paramentos interiores a una altura aproximada de 1 m. por encima del hipotético nivel de suelo; esta mayor degradación de los morteros se produjo en un contexto de ausencia de drenaje, umbría permanente, densa vegetación umbrófila y abundancia de materia orgánica. El mencionado nivel de relleno desapareció debido al desafortunado desescombro (UE 5) realizado entre 1965-68, que fue más allá del citado derrumbe y que supuso la destrucción del suelo de la torre y de la mayor parte de los niveles arqueológicos existentes por debajo del mismo, hasta una cota de -1 m. Sobre los restos que quedaron, se formó un pequeño nivel superficial de tierra de color marrón oscuro con alto contenido orgánico, acumulado durante el último medio siglo

La excavación de 1965-68 estaba ligada a un intento de recuperación del edificio, en el que también se efectuaron diversas reparaciones (UE 2) en la base de su esquina meridional, en el paramento Suroriental y en parte del Suroccidental, mediante sillería de piedra arenisca en la esquina y mampostería en los muros, trabada en ambos casos con mortero de cemento.

A lo largo de la primera mitad del siglo XX también se registra la construcción de una pequeña estructura auxiliar, de apariencia turriforme, situada dentro del recinto, a unos 50 m. al Sureste de la torre,. Esta estructura no aparece en las fotografías más antiguas de El Castillo, documentándose en la serie B del Vuelo Americano (1956).

 

II.- Horizonte castillo bajomedieval

A este horizonte se adscribe el grueso de las estructuras de la torre, descritas anteriormente. Las fuentes documentales nos permiten establecer el contexto de su construcción, en plena Guerra de los Dos Pedros. Durante los prolegómenos y el inicio de la Guerra de los Dos Pedros, se produjo una intensificación de las labores de refortificación de los castillos distribuidos por todo el territorio aragonés, con la consecuente repercusión económica sobre la población. Este proceso se incrementó en 1362, a raíz de la gran ofensiva castellana; se recaudaron nuevos subsidios económicos para la reparación de fortificaciones, que en el caso de La Hoz de la Vieja debían destinarse a Montalbán, lugar en el que debía refugiarse la población en el caso de que las circunstancias así lo obligaran. En octubre y noviembre de 1362, el jurado y el justicia de Montalbán recorrieron diversas aldeas de Teruel próximas a Montalbán (entre ellas La Hoz de la Vieja), embargando animales, alimentos, paños y otros bienes.

El 28 de octubre de 1364, Pedro IV da instrucciones a Jordán Pérez de Urriés, gobernador general de Aragón, para mejorar la defensa del castillo de Montalbán. Para ello, se contaba con la contribución obligatoria de los que tenían que refugiarse en este castillo en caso de peligro, así como con la venta de las primicias de los dos años siguientes de Montalbán, sus aldeas y diversos lugares de la Comunidad de Teruel. Entre los contribuyentes se encontraba La Hoz de la Vieja. Sus vecinos recurrieron al rey, solicitando destinar esos recursos a la reparación del castillo que existía en La Hoz, lo que les fue concedido. La fortificación prevista debía ser de notable entidad, ya que tenía que albergar a todos los habitantes; y en aquellas fechas, La Hoz de la Vieja era uno de los diez principales núcleos de población de la Comunidad de Teruel, contando con entre 229 y 188 vecinos fiscales (monedajes de 1342 y 1385, respectivamente), equivalentes a no menos de 500 habitantes; esto exigiría mucho más que la simple torre conservada. Al final, las expectativas no se cumplieron; el 5 de febrero de 1365, el monarca repitió la orden de pago para la fortaleza de Montalbán, lo que se atribuye a la denuncia, por parte de los de Montalbán, de que los de La Hoz había construido un "castillejo sin importancia". El rey también acabó anulando el título de villa que había concedido a la población tras la conquista castellana de Teruel, aunque le otorgó el privilegio, junto con Rubielos, Sarrión y Mosqueruela, de que no pudieran ser separados de la Comunidad de Teruel (1367).

Las fuentes documentales nos permiten fechar con gran precisión la construcción de la torre durante el otoño y principios del invierno de 1364-65; las obras se desarrollaron en un tiempo record, posiblemente menos de tres meses si se tiene en cuenta que las fechas consideradas son las de las datas de los documentos, no las del inicio y final de los trabajos; y que se efectuaron en la estación del año menos adecuada para ello, con indudables problemas para el fraguado de los morteros. Además del importante volumen de piedra empleado (buena parte de la cual procedería de la reutilización de las construcciones preexistentes), fue necesario producir grandes cantidades de cal. En estas circunstancias, no es de extrañar que integraran en la nueva fábrica todas las estructuras posibles de la fortaleza anterior (tal y como veremos al tratar los siguientes horizontes). No sabemos hasta que punto estas condiciones influyeron en la creación de sucesivos niveles de regularización de los muros, marcados por juntas o líneas de discontinuidad de la fábrica, patentes especialmente en el paramento curvo; para ello se procedió a utilizar piedras más planas y o pequeñas; también podría estar en relación con el uso de cofres en el paramento exterior del muro Suroriental.

La intervención realizada se ha centrado en el sector en el que se observa la presencia de estructuras previas, lo que nos ha permitido analizar las obras que se realizaron para reaprovecharlas y que posiblemente favorecieron la traza curva del paramento en su parte septentrional.

En la parte exterior de la torre, a la estructura preexistente UE 20 (a la que ya nos referiremos más adelante), se le adosó el zócalo UE 12 en la zona del foso; se trata de una fábrica de mampostería trabada con mortero de cal, con abundante grava negruzca con aristas; tiene entre 110 y 120 cm. de altura y sobresale unos 15 cm. de la vertical del paramento; su función parece ser la de forrar exteriormente las estructuras preexistentes en ese sector, engrosándolas y regularizando la base de la torre, no estado presente en el resto del edificio. También en el exterior, a la citada estructura UE 20 también se le adosó la fábrica UE 8, en este caso en el flanco Suroccidental; se trata de un muro de mampostería trabado con el mismo mortero que el resto de la torre, pero con un paramento exterior irregular; es posible que el objetivo de este acabado fuera el de generar una superficie "rugosa", destinada a facilitar la trabazón de un hipotético muro de cierre del recinto, que nunca llegó a construirse.

Además de estas dos fábricas principales, se debieron rellenar huecos e irregularidades de la estructura UE 20, ya en el interior de la torre. Éste es el caso de UE 11 (que debía rellenar un hueco) y de UE 10; esta última servía de base de regularización, asentada sobre las UEs 12, 20 y sobre los niveles de relleno preexistentes; estos últimos fueron vaciados en 1965-68 (UE 5), dejando la UE 10 parcialmente descalzada.

Sobre todas estas fábricas se levantó el muro UE 9, que constituye la envolvente principal de la torre, con una anchura aproximada de 150 cm. (2 varas)

En el flanco Suroriental de la torre no se conservan estructuras previas; pero sí que se aprecia como la base del muro (UE 15) se construye directamente contra el relleno preexistente eliminado en 1965-68, por lo que ese "paramento" interior tiene una traza irregular. Por encima de ese nivel de rellenos, el muro (UE 14) presenta un paramento interior regular y la estructura tiene una anchura total de 115 cm. (1,5 varas).

A las evidencias descritas hay que agregarle los revestimientos de mortero de yeso rosáceo (UE 23), conservado de forma muy puntual en el paramento interior de la torre, dispuesto sobre UE 9 y UE 10, en el flanco Suroccidental. Presenta una curva que parece marcar la transición desde el paramento vertical hacia una superficie de tendencia horizontal, que se correspondería con el suelo de la torre.

Además de la torre, también debía estar prevista la construcción de un recinto capaz de albergar a toda la población, que probablemente debía estar trabado a la torre en la "rugosa" fábrica UE 8. No hay indicios de que esta obra se llegase a realizar.

 

III.- Horizonte fortaleza andalusí

Según todos los indicios, el "castillo fuerte" que querían reconstruir los vecinos de La Hoz de la Vieja para evitar las onerosas contribuciones al castillo de Montalbán, se correspondería con una antigua fortaleza andalusí. A la presencia de materiales islámicos en el exterior de la torre, se le suma la aparición de algunos fragmentos de ese momento en un relleno (UE 16) en el interior; se trata de un nivel de tierra arenosa, grisácea y muy suelta, con algunos carbones; ocupa parte de una oquedad en la zona del inicio de la curva del paramento (sector occidental). Debió formar parte de un estrato con mayor desarrollo, destruido en el vaciado UE 5. Este nivel se sitúa junto a la estructura UE 17, que se corresponde con los restos de un muro muy deteriorado, que parece tener una doble hoja y entre 65 y 70 cm. de anchura; está realizado con mampuestos de tamaño medio-grande y presenta restos de mortero en alguna de las juntas, que podría ser de yeso o de yeso y cal, sin áridos visibles. Esta estructura parece estar vinculada con otros dos restos (UE 18 y UE 19), todos los cuales formarían parte de un mismo muro, el cual, en su extremo oriental (UE 19), inicia un giro en curva. Finalmente, la estructura queda cubierta por el muro de la torre UE 9.

También se detectan los restos de otro posible muro, realizado con mampostería con piedras de tamaño medio-grande y trabado con un mortero de yeso o de yeso y cal. Se localiza en la parte Suroccidental del interior del edificio, envuelto por la fábrica UE 10-11 (recordemos que trabada con un mortero muy distinto), resultando visible en una oquedad contigua a UE 16.

Pese a que su indudable construcción es anterior a la torre, la datación andalusí se sustenta en muy escasos materiales, por lo que deberá ser refrendada en los futuros trabajos de excavación del registro arqueológico conservado en el subsuelo.

A este mismo periodo también podrían corresponder los escasos restos visibles de otros muros trabados con mortero de yeso rosáceo, situados en las proximidades de la torre; y los aplanamientos y entalles de origen antrópico (posiblemente vinculados a una empalizada de madera), situados en el afloramiento rocoso que parte de la torre en dirección SE. No obstante, esta atribución también deberá ser corroborada en futuros estudios.

 

IV.- Horizonte ¿fortificación ibérica?

En la base del flanco Suroccidental del exterior del edificio, en la zona donde se inicia la curvatura del muro, se detecta la presencia de un potente muro (UE 20) realizado con grandes bloques de piedra (sólo se puede medir las dimensiones del lateral pequeño, alcanzando dimensiones de 90 x 46 cm.), realizado a "junta seca". Conserva sólo 3 o 4 hiladas y sobre él descansa parte del muro perimetral de la torre del siglo XIV, que nada tiene que ver con éste. La estructura también presenta notables discordancias respecto a las atribuidas al Horizonte III, como su carácter "ciclópeo", la ausencia de mortero y ciertas diferencias de alineamiento.

La presencia de materiales ibéricos descontextualizados en el enclave y en el propio interior de la torre, y el hecho de que el paralelo más significativo para este tipo de estructuras sean las murallas de muchos de los asentamientos fortificados de la Segunda Edad del Hierro (tanto asociados a la denominada cultura ibérica como a la celtibérica) y/o de la época romana republicana de toda la provincia, nos lleva a proponer, a nivel de hipótesis de trabajo, dicha filiación para la estructura estudiada.

A este mismo momento debe corresponder el foso UE 24, situado al Noroeste de la torre, que rompe el perfil original del afloramiento rocoso y que también debió aprovecharse como cantera para el enclave. Dada la posición del muro UE 20, la excavación del citado foso está en relación directa con la construcción de dicha estructura ciclópea, con independencia de que el foso haya podido sufrir retoques o ampliaciones posteriores.

Tal y como hemos señalado para las estructuras asignadas al Horizonte III, aunque queda fuera de toda duda la clara discordancia de UE 20 (y, por tanto, de UE 24) con la torre del siglo XIV, su datación dentro de época ibérica y/o romana republicana deberá ser refrendada con futuros trabajos de excavación del registro arqueológico conservado en el subsuelo.

 

Conclusiones

La intervención arqueológica realizada en 2017 corrobora el hecho de que El Castillo de La Hoz de la Vieja se asienta sobre los restos de una fortaleza anterior, conservándose restos de la misma tanto dentro de los propios muros del edificio, como en su subsuelo. La premura con la que se construyó el edificio (menos de tres meses) y la escasez de recursos disponibles, justifican el máximo reaprovechamiento de las estructuras preexistentes.

En la torre se ha detectado la existencia de una serie de construcciones de posible filiación islámica (Horizonte III), con una traza distinta a la del castillo del siglo XIV, en la que se emplearon unos morteros perfectamente diferenciados de los utilizados en la torre bajomedieval. También hay indicios de la existencia de una muralla ciclópea perteneciente a un asentamiento fortificado de época ibérica y/o romana republicana (Horizonte IV), a la que también pertenecería el foso. La existencia de ambas fases cronológico-culturales (la islámica y la ibero-romana), se encuentran bien atestiguadas por los materiales arqueológicos existentes en la superficie del enclave, en el nivel superficial de la torre y en un pequeño relleno de tierra asociado a sus fábricas.

El estudio arqueológico se ha visto dificultado por la compleja configuración de las estructuras perimetrales presentes en el interior de la torre; esta característica obedece tanto al solapamiento de fases constructivas y a las variaciones de la fábrica bajomedieval (con muros que en algunos casos poseen dos hojas y en otros solo una, al colocarse "contra terreno"), como al vaciado del interior del edificio realizado en 1965-68, en el que se debieron movilizar algunos mampuestos y se favoreció el desprendimiento de otros. Dicho vaciado supuso la retirada de buena parte del relleno arqueológico (contra el que atestaba la base de los muros de la torre), dejando un amplio hueco de más de 1 m. de profundidad respecto al suelo del siglo XIV, y generando la falsa apariencia de que la torre tenía una planta por debajo del nivel de la puerta.

A las evidencias estudiadas en la torre, se le suman las existentes en el entorno de la misma, como una serie de muros que afloran en la superficie y diversas estructuras excavadas en la cantera rocosa. A falta de una intervención arqueológica de mayor entidad, su concreción cronológica resulta más complicada. Lo más probable es que no se encuentren relacionadas con el castillo del siglo XIV ya que, aunque debía estar prevista la construcción de un recinto que albergase todo el vecindario (unas 500 personas), el plazo de tiempo en el que se realizaron las obras difícilmente debió permitir efectuar otras construcciones.

Con el fin de poder acometer la futura consolidación de El Castillo de La Hoz de la Vieja con las debidas garantías para la preservación del Patrimonio Arqueológico, y de aclarar la evolución histórica de la fortaleza, consideramos necesario proceder a la excavación arqueológica del espacio interior de la torre. Igualmente, consideramos recomendable realizar sondeos arqueológicos en el exterior, con el fin de corroborar la identificación de estructuras de lo que debía ser el espacio ocupado por el recinto defensivo.

Vista meridional de la fortaleza en la actualidad. Además de la compleja topografía del entorno de la torre, se ve la existencia de otra pequeña estructura turriforme (que no aparece en la fig. 1ª), construida con anterioridad a 1956.
Vista desde el Norte. Torre, foso y padrastro.
Fachada Noroccidental de la torre, vista desde el lado opuesto del foso.
Planta baja de la torre, en la que se indican algunas unidades estratigráficas (UE) de carácter estructural y las zonas de intervención arqueológica (A, B y C), referidas en el correspondiente apartado.
Vista del interior de la torre, antes de la intervención, en la que se aprecia el desplome UE 24 y la diversidad de fábricas.
Distintas fábricas diferenciadas en el interior de la torre, pertenecientes al Horizonte II; para comprender su morfología hay que tener en cuenta que, en el momento de su construcción, existía un relleno, que fue eliminado con el desescombro UE 5. El muro UE 15 presenta un "paramento" irregular al haber estado construida "contra terrero" (el relleno eliminado en UE 5); UE 11 y parte de UE 10 estaban rellenando huecos dentro de ese relleno, aunque esta última tiene partes con un paramento irregular. Por último, tanto UE 9 como UE 14 se levantan sobre las anteriores y se corresponden con los muros de doble hoja (dos paramentos exentos), que forman la envolvente de la torre.
Las diferencias entre en mortero empleado en la construcción de la torre bajomedieval (en la imagen, la fábrica UE 9) y los morteros anteriores (en este caso UE 19, de época islámica) son muy significativas.
Distintas unidades estratigráficas diferenciadas en la fachada Suroriental.
Inicio del giro del muro UE 19, menos pronunciado que el de la torre, que acaba solapándose totalmente sobre él.
Solapamiento de la fábrica UE 9 (torre bajomedieval) sobre la estructura UE 19 (muro andalusí). El límite entre ambas queda bien definido por el uso de morteros diferentes.
Muro ciclópeo UE 20, sobre el que descansan las distintas fábricas bajomedievales pertenecientes a la torre.

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